Hiccstrid: One Shots.
1. Servicio de despertador.
Hipo.
Esto lo cambia todo.
Suspiró Hipo cuando el ojo del dragón reaccionó al plasma del Furia Nocturna.
La luna estaba en su punto máximo en el cielo, no habían más centinelas de dragones gracias a que ese asunto hacía muchos años ya se había superado, algunos dragones nocturnos correteaban por el cielo y en los reforzados tejados de las casas.
Primera casa, la más cercana a la suya, la de su primo Patán, no pensaba llegar a la puerta a mitad de la noche, pero por fortuna ellos ya habían desarrollado un buen método para llamarse en caso de que los Jinetes de la Academia de Dragones se necesitaran.
Chimuelo tomó un silencioso vuelo hasta las escotilla del techo de Patán, como lo hacían antes de que las cosas se pusieran aburridas para los jinetes y Berk tuviera paz, abrió dicha escotilla y comenzó a moverlo lentamente.
Le decía entre susurros mientras lo movía un poco.
Y lo movía del brazo un poco más, pero su voz era claramente silenciada por los ronquidos del vikingo pelínegro.
Le insistía Hipo aunque queriendo despertarlo de buena manera.
Patán.
Oh Astrid, eres tan suave como una almohada.
Decía entre sueños el dormido Patán.
Dijo molesto Hipo mientras golpeaba su desprotegida cabeza en modo de zape.
Hipo.
Arriba cabeza de carnero.
Dijo al espabilarse un poco.
Hipo.
Tenemos cosas que hacer, despierta a los gemelos y nos vemos en la academia.
Patán.
Espera, ¿qué hora es?
Hipo.
Media noche, ahora arriba.
Le ordenó al salir el jefe de los jinetes.
Patán.
Necesitamos horarios Hipo... ¡¡HORARIOS!!
Decía molesto mientras se ponía los pantalones y el resto de su vestuario.
Hipo.
Papatez, amigo despierta.
Susurraba Hipo al dormido vikingo de la misma manera.
Patapez.
5 minutos más. Mama... dile a Hipo que estoy enfermo.
Hipo.
Bueno, ahora sabemos el porqué de sus múltiples enfermedades en el pasado. Ya Patapez arriba, Albóndiga tiene hambre.
Patapez.
Mi bebé tiene hambre.
Contestó sobresaltado mientras se levantaba de la cama y brincaba poniéndose su casaca sobre su playera de dormir y tratando de poner un bota mientras saltaba con el otro pie en el suelo.
Hipo.
Amigo tranquilo. Era mentira, te necesito despierto.
Patapez.
Oh Hipo... con el hambre de Albóndiga no se juega.
Hipo.
Lo siento, última vez. Asegúrate de que Patán despertó a los gemelos y vayan a la academia, es urgente.
Papatez asintió con la cabeza ya completamente despierto y tomó vuelo a la cabaña de los gemelos.
Hipo por su parte aterrizó en la escotilla de Astrid. La abrió lentamente y descendió con Chimuelo.
A diferencia de los otros, Astrid solía despertarse en cuanto escuchaba el abrir de la madera, había entrenado su oído para eso, pero conforme aquellas llamadas se hacían menos frecuentes y con los pesados entrenamientos a los que fue sometida para unirse a la guardia de Berk, estaba inmersa en un sueño tan profundo que ni siquiera se percató de aquello.
Hipo se acercó a ella con la intención de despertarla, pero, ¿como no perderse en aquel rostro perfecto que solo irradiaba paz?, sus cabellos liberados de aquella cotidiana trenza, su respiración silenciosa pero aún presente, tan vulnerable como en pocos momentos ella luce, acostumbrados a los campamentos Hipo había visto dormida a Astrid miles de veces, pero eso no quitaba el hecho de que quedaba completamente extasiado cada vez que lo hacía.
Sin catorce de sus propios movimientos se arrodilló frente a la cama y comenzó a pasar la parte trasera de su mano entre las mejillas de la dormida chica, sonrió al notar que aquella se estremeció un poco más y liberaba una pequeña sonrisa entre sueños con cada movimiento de su mano.
Hipo lo sabía, estaban irremediablemente enamorado de esa chica, ya no era un niño que estaba atraído por la hermosa niña de ojos azules, era un hombre que profundamente adoraba cada detalle de la mítica vikinga, de la rebelde rubia, de su mejor amiga, su confidente, la única persona que lo conocía totalmente y a la persona a quien conocía a la perfección.
Mientras acariciaba su mejilla seguía pensando en lo mucho que quería ocupar el lado vacío de aquí a cama y estrecharla en sus brazos, pero no, porque aunque había probado sus labios unas tres veces cuando eran más que unos adolescentes, su situación actual se delimitaba como solo amigos muy cercanos, la amaba tanto, la necesitaba tanto, que prefería seguir con ese título que arriesgarse a perderla. Después de todo y aunque la fragua y el entrenamiento habían hecho lo suyo, a manera física y mucho más emocional, seguía sin sentirse lo suficiente para la chica que con solo tronar los dedos podría tener al hombre que deseara.
Dijo en modo de susurro sin darse cuenta que aún acariciaba su mejilla. Ella abrió los ojos lentamente, los abrió y cerró varias veces hasta despertar, encantada por aquel tacto solo le dio una sonrisa.
Hipo.
Buenas noches M'lady.
Le murmuraba sonriendo mientras acomodaba un mechón travieso que cubría su perfecto rostro.
Hipo.
Disculpa la intromisión pero necesito en la academia.
Astrid saltó de repente preocupada.
Astrid.
¿Que pasa? ¿Dagur?
Dijo moviendo a Hipo y sacando el hacha de debajo de su cama.
Le contestó sonriendo y quitándole el hacha.
Hipo.
He descubierto algunas cosas del ojo del dragón, creo que te puede interesar, te dejaré que te cambies... espero afuera...
Le sonrió mientras Astrid se sonrojaba al notar que solo llevaba un camisón.
Hipo.
Por seguridad hasta que despiertes bien, yo cuido el hacha.
Dijo Patán cuando vio llegar a Astrid e Hipo a la academia.
Patán.
Ahora Hipo amigo mío, dame una buena razón para verme despertado a mitad de la noche... Y MÁS TE VALE QUE SEA BUENA... tenía un sueño maravilloso.
Respondió el líder con los ojos en blanco, no era su parte favorita saber que alguien además de él tenía sueños respecto a Astrid.
Hipo.
En fin, a lo que los traje... ¿gemelos?
Casi en modo sincronizado los gemelos se quedaron dormidos en sus respectivos bancos apoyando su espalda con la del otro, salieron en sus pijamas solo con sus cascos.
Astrid.
DESPIERTEN CABEZAS DE CARNERO.
Les gritó Astrid mientras hacía que ambos chocaran sus cascos y despertaran de golpe.
Brutilda.
Oye... piedad hermana, ¿no ves la hora?
Brutacio.
Buena manera de despertar rubia... me gusta la idea... de nuevo. Lo llamaremos Despertador Thorton, o te despierta o te mando dormir para siempre.
Hipo.
Agg. Basta y pongan atención... ¿Amigo?
El Furia Nocturna enseguida dio una flama baja y activo el ojo del dragón.
Dijeron todos al unisono cuando este cilindro proyecto en la pared un mapa, lleno de símbolos, marcas y dragones que no conocían.
Poco entendían de esas marcas, poco conocían sobre los dragones que había y definitivamente pocos sabían que ese mapa, los llevaría a la aventura de sus vidas.
2. Melodías nocturnas.
Shot basado en el campamento que tuvieron en la Isla Melodía.
Hipo.
¿Quién diría que los dragonios son buenos escogiendo lugares de descanso?
Decía el líder mientras se sentaba cómodamente al lado de la rubia en lo alto de la cascada.
Astrid.
Merecen una buena cena por esto.
Brutilda.
Mientras no la prepares tú.
Se escucho a lo lejos la voz de Brutilda lo que hizo a todos reír, bueno a todos menos a una.
Se quejaba la ojiazul mientras abrazaba sus rodillas y enviaba su cabeza hacia atrás para recibir todo el sol posible. De el reojo pudo ver a Hipo mirándola, ella giró un poco y le regaló una tímida sonrisa que fue correspondido inmediatamente por él, sin palabras, sin más gestos que mirarse y sonreírse lograban comunicarse.
Ella lo sabía, estaba por completo enamorada del ojiverde, lo había estado desde adolescente, desde niña sintió un enorme curiosidad por aquel chico, tan inteligente, tan creativo, pero su mente no estaba ahí, su mente siempre estuvo en entrenar, en ser una guerrera digna de Berk, todo cambió cuando comenzó a interactuar mucho más con su compañero en el entrenamiento de dragones, era nefasto para el arte de matar dragones, pero podía ver en aquellos ojos un corazón puro, bondad, inteligencia y valor, mucho valor, porque aunque todos se burlaran constantemente de él, era capaz de enfrentar al mundo.
Cuando era adolescente y se convirtió en su compañera leal en la academia, se sintió plenamente conectada a él. Ahora ella ya estaba irremediablemente enamorada de él, con las únicas tres veces que decidió tomar la iniciativa en el pasado, él le correspondió, pero conforme pasaba el tiempo se dio cuenta que él nunca tomó la iniciativa, quedó entonces claro para ella, correspondía a sus movimientos, porque ser amable estaba en su naturaleza, pero al parecer no tenía interés más allá de una amistad leal con ella y por más que su corazón y cuerpo exigieran algo más, su mente aceptaba eso, al final, ella no era más que una guerrera de Berk, no lo suficiente para él linaje Haddock, no sólo era el heredero de Berk, era el héroe del pueblo, el Maestro de los Dragones, el dueño de un Furia Nocturna, la mente creativa de la utópica aldea... ella sabía que él podría tener algo mucho mejor.
Patapez.
Este lugar es sorprendente.
Decía Patapez aturdido por la belleza del lugar, el sonido de una cascada era la banda sonora perfecta para los agotados jinetes, el camino "al más allá" resultó más largo de lo que pensaron y necesitaban con urgencia un descanso.
Patán.
Ok, nunca voy a regresar a Berk.
Brutacio.
Berk, ¿qué es eso?
Los dragones por su parte jugaban todos en el agua.
Hipo.
Supongo que no tenemos que votar para hacer un campamento.
Opinó el jefe emocionado de volver a las antiguas costumbres de los jinetes.
Patán.
Me haré cargo de la fogata...
Hipo.
¿Patán ofreciéndose a hacer la fogata?
Astrid.
¿Patán ofreciéndose a hacer ALGO?
Hipo.
Será mejor estar cerca en caso de que tengamos que salvarle el trasero.
Dijo Hipo poniéndose de pie y ofreciendo su mano para ayudarle a levantarse a Astrid quien la recibió gustosa.
Astrid.
Si solo pone en riesgo su propia vida, creo que deberíamos dejarlo.
Patán.
Bien Colmillo enciéndela.
Ordenó Patán el cual había derramado un líquido verde en dirección a unos troncos formados como fogata. Cuando Colmillo disparó fuego en él, el rastro verde se encendió y enseguida aprendió la fogata dando una mínima explosión.
Patán.
Gel de pesadilla monstruosa no salgas de casa sin él.
Astrid.
¿Te das cuenta que solo pudiste pedirle a cualquiera de los dragones que lanzaran fuego a los troncos y subir prendido de igual manera?
Patán.
No Astrid, no me quitarás mi gloria.
Dijo Patán ignorando la lógica de Astrid y pasando al lado de ella mientras apagaba el rastro con arena.
La noche cayó rápidamente, como siempre Patapez se había encargado de preparar un delicioso pescado para el grupo y sus dragones, los dragones después de cenar durmieron profundamente, habían volado todo el día en contra de una tormenta.
Los chicos estaban alrededor de la fogata recordando sus viejas aventuras y planeando el paso siguiente en su misión de recapturar a Dagur.
Brutacio.
Ya ya ya, basta de hablar de trabajo.
Brutilda.
Si, perturban nuestras vacaciones.
Hipo.
Brutilda estas no son vacaciones, es exploración.
Brutacio.
Llámalo como quieras amigo de una pierna.
Dijo Brutacio con las manos al aire.
Brutacio.
El asunto es que necesitamos descansar y Dagur no es la clase de temas que permiten a mi genial mente descansar... ¿y si mejor jugamos?
Patapez.
¿Jugar? ¿Oh no, conozco tus juegos, no volveré a comer el pescado regurgitado de Chimuelo?
Hipo.
Eso solo se hace una vez en la vida.
Brutacio.
O cuentas o haces. Para los mundanos, verdad o reto.
Astrid.
Juegos de adolescentes, ¿en serio?
Patán.
Oh vamos dulzura, ¿a qué le tem...
Astrid.
Vuelve a llamarme dulzura.
Hipo.
Bien chicos, jugaremos siempre y cuando no involucre algo asqueroso.
Se resignó él tampoco contento con el juego Hipo mientras con su mano hacía que Astrid bajara el hacha, para este tiempo, él estaba completamente acostumbrado a salvarle la vida a Patán.
Patán.
Comienzo... Astrid, verdad o reto.
Le ordenó Hipo al instante mientras Astrid respiraba para no matar a Patán.
Le dijo haciéndole una mueca.
Patán.
Anda dulzura... cumple o sino serás una perdedora.
Dijo ella con los ojos en blanco, para molestia del castaño Astrid se acercó a Patán y besó su mejilla, era lo más cercano que Patán había estado en el rostro de la ojiazul y justo cuando iba a decir un mal comentario recibió un puñetazo de Astrid que lo mandó al suelo.
Astrid.
Te advertí que no me dijeras dulzura de nuevo.
Brutilda.
Patán sí masacrado por Astrid nunca va a perder su gracia.
Patapez.
Mi turno... Tacio, ¿cuentas o haces?
Brutacio.
Oh hermano, siempre que pueda poner en riesgo mi vida tomaré el chance... hago.
Patapez.
Abraza a tu hermana y dile cuanto la amas.
Brutacio.
Ahh Hipo más que nada asqueroso.
Se quejó y de mala gana la abrazó sin que ninguno de los dos dejaran de hacer muecas de asco.
Brutacio.
Te quiero mucho hermanita, no deseo por nada del mundo que te caigas a un pozo y nunca puedan sacarte de ahí... bueno tal vez sí, no, de hecho sí... pero ojalá no sufras... tanto.
Brutilda.
Mi turno. Patapez, ¿cuántas o haces?
Brutilda.
Según tú, ¿quién es más listo, tú o Hipo?
Patapez.
Amm yo bueno, ambos nos enfocamos en diferentes cosas... no es que, bueno ustedes ya saben, Hipo es bueno en las cosas y yo en otras.
Decía mientras sentía que comenzaba a perder el aire y no dejaba de jugar con sus dedos.
Hipo.
Tranquilo Patapez, no es una competencia, todos superamos a otros en diferentes cosas y si me permites decir, en miles de aspectos eres cien veces más listo que yo, dilo sin problemas.
Le dijo calmado al ver el estado de su amigo.
Brutilda.
Oye amigo, en verdad deja de meterte en los retos de los demás.
Se quejó Brutilda al ver que Hipo reconfortaba a Patapez, cuando su principal meta era poner nervioso al vikingo.
Brutacio.
Así que muchas gracias de hablar... bien jefazo, ¿haces o dices?
Dijo tranquilo Hipo, no es como que tuviera muchos secretos y el único que podría ponerlo nervioso solo lo conocía a medias Patapez.
Brutacio.
Si solo pudieras elegir a uno de nosotros... solo a uno... para pasar el resto de tu vida varado en una isla desierta, ¿a quién sería?
Brutilda.
Agg, esa es fácil todos sabemos que va a decir Astrid.
Dijo burlonamente Brutilda, bueno al parecer no solo Patapez tenía sus sospechas.
Hipo.
Bien se acabó el juego, será mejor descansar, mañana nos espera un largo día.
Dijo el líder cambiando descaradamente de tema y levantándose para acomodar sus cosas de dormir.
Patán.
La princesa Hipo puede llevar a ser tan aburrida.
Paso un poco menos de media hora, los gemelos, Patán y Patapez dormían profundamente en sus lugares, Astrid por su parte abrió los ojos perturbada por un ruido, poca atención puso al ruido cuando al abrir los ojos vio a Hipo sentado en la orilla del mar mirando la enorme luna que se encargaba de iluminarlos.
Se levantó y se sentó a su lado, mientras él la miraba y le regalaba una sonrisa.
Astrid.
Creí que debíamos descansar.
Se quejo Astrid mientras enfocaba su vista al enorme círculo plateado.
Hipo.
Si bueno, al menos cuatro de 6 me escucharon.
Le respondió volteando a ver al profundamente dormido resto de los jinetes.
Astrid.
¿Por qué no te molestó tanto la pregunta de Brutacio?
Hipo.
¿Qué?, no no para nada...
Dijo exigiendo a sus ojos no despegarse de la Luna y evitar cualquier contacto con Astrid.
Hipo.
Creo que no es bueno para la confianza del grupo decir o al menos sugerir que hay favoritismos, no creo que ayude como unidad.
Respondió ahora mirándola un poco. Un cómodo silencio se abrió paso y gobernó unos minutos hasta que Astrid lo interrumpió.
Astrid.
Tenías razón Hipo hay muchas cosas aquí afuera y es hermoso.
Hipo.
Y esto es solo el comienzo Astrid, quién sabe qué más podremos encontrar aquí.
Respondió Hipo para después voltear a verla y acercarse aún más a ella.
Hipo.
Entre tú y yo... Tilda tenía razón.
Astrid.
¿La pregunta era demasiado fácil?
Astrid sonrió un poco sonrojada pero emocionada por aquella declaración. La ojiazul involuntariamente se acomodó en el hombro de Hipo, él por su parte después de la sorpresa inicial y su lucha por controlar su respiración correspondió poniendo su cabeza sobre la de la rubia.
El sueño sin darse cuenta pronto llegó y se apoderó de ambos, pero el sueño de aquellos, también significó el peligro de una melodiosa tonada para sus dragones.
Por la mañana al despertar uno al lado del otro se convertiría en la menor de sus preocupaciones.
Mente en guerra.
Shot basado en el tiempo que estuvo Patapez hipnotizado como Thor el Rompehuesos.
Hipo.
Patán, ¿te das cuenta de lo que hiciste?, tonto creaste...
Patapez.
Mi propio súper vikingo, Thor Rompehuesos... ¡ME ENCANTA!
Durante un momento en que Patapez creyó ser alérgico a Albóndiga fue con Gothi quién sugirió un remedio hipnótico para curarlo, pero esto salió mal cuando Patán intervino y quiso "mejorar a Patapez" y creó a un ser sin miedo, un vikingo venerado, un héroe como un dios, egocéntrico y fuerte.
Mientras bajaban por la colina de Gothi para llegar al pueblo, el andar del mismo Patapez dejaba ver a un ser humano completamente diferente a aquel tímido pero querido vikingo. Mientras Patán lo veía con emoción, orgullo y realización a su creación, Hipo y Bocón compartían un estado de preocupación por aquella actitud.
Patapez.
¿Pero que es esa belleza que veo venir hacía mi?
Pregunto el vikingo renovado mientras veía con atención caminar hacia ellos una rubia ojiazul.
Astrid.
¿Te sientes mejor?
Patapez.
Mejor que nunca belleza.
Le respondió mientras abrazaba sus hombros y la atraía hacia él. Astrid abrió los ojos e hizo una mueca de desconcierto.
Patapez.
Dijo que a un valiente guerrero como yo le sentaría bien una esposa que lo sirviera y ado...
No pudo terminar cuando el grito de batalla lo interrumpió, no, no era Dagur, era Astrid y su fiel hacha la cual fue detenida por la hábil mano de Patapez.
Dijo analizando la arrebatada hacha y lanzándola al aire, por fortuna esta se enterró en la pared de una casa y los únicos asustados fueron un grupo de terrores terribles.
Gritó Astrid mientras Hipo la tomaba por la cintura.
Hipo.
Aaa... ¿As me das un segundo?
Hipo.
Decía forcejeando con ella mientras la retiraba del lugar.
Patapez.
Guerrera... me gusta.
Astrid.
Dame un motivo, UNO SOLO PARA NO MATARLO.
Hipo.
Por qué no es el... bueno si es, en esencia, pero no es... agg, ¿como lo explico sin que suene más retorcido de lo que es?
Astrid.
Bien, comienza por el inicio, porque no tengo intenciones de dejar con vida a Patapez.
Hipo.
En realidad Thor Rompehuesos...
Astrid le regaló una mirada incrédula.
Hipo.
Gothi lo hipnotizó, Patán intervino y ahora Patapez es un idiota.
Astrid.
¿Y por qué Gothi no lo soluciona?
Hipo.
Digamos que Thor rompió su bastón y bueno... ahora solucionarlo será un poco más difícil.
Astrid.
Bueno, pues más vale que esté solucionado pronto, no pienso llevar a ese idiota a la Orilla del Dragón, suficiente tengo con Patán. "Una esposa para servirme y adorarme".
Hipo.
Hahaha por un momento pensé que el origen de tu Furia fue el término "belleza".
Astrid.
Oh no, eso solo fue el inicio del fin.
Le respondió en un tono fresco y casi igual de divertida, Hipo solía tener ese efecto en ella.
Hipo.
Tengo qué preguntar, sé que odias los apodos... eso me hace pensar, ¿cómo es que aún sigo vivo después de tantos M'Lady?
Cuando sus palabras salieron sin pensarlas se arrepintió completamente de ellas, no quería hacerle saber que aquel mote era tan importante para él y que en él solía esconderse un te amo.
Astrid.
Supongo que el hecho de que siempre te digo Chico Dragón, me gusta M'Lady y bueno ya sabes... eres tú, interviene en ese hecho.
Hipo.
Es un alivio saber que entonces mi vida no está en riesgo, porque créeme recordarme que no te tengo que hablar por apodo es un trabajo difícil. Espera, ¿porque soy yo?
Astrid no pudo evitar sonrojarse, esperaba que Hipo pasará eso por alto.
Astrid.
Bueno ya sabes... me gusta que tú me lo digas, pero no es como que Patán pueda salir vivo si me lo dice.
Mierda Astrid cállate ya pensó para ella.
Hipo.
Oh créeme, si Patán te lo dijera yo sería el primero en matarlo.
Hipo discretamente se golpeó la frente suplicándole a sí mismo dejar de hablar.
Astrid.
Entonces, ¿tratas de recordarte a ti mismo que no me digas así?
Dijo burlona ante esa idea, si Hipo supiera que cada que la llamaba así era una caricia a su alma.
Astrid.
¿Nunca pensaste que si no me gustara hace mucho te lo habría informado?
Hipo.
Si bueno, ahora que lo dices, es cierto...
Confesó Hipo mientras llegaban a la cabaña.
Astrid.
¿Ves?, es decir, no me distingo por ser una persona que se calla esa clase de cosas, especialmente contigo, prácticamente lo sabes todo de mí.
Decía mientras se estiraba todo lo posible tratando de recuperar su hacha y se odiaba a sí misma por seguir con el tema con tampoco filtro.
Hipo.
Conozco su alma señorita.
Decía Hipo poniéndose detrás de Astrid y estirándose apenas para bajar el hacha.
Hipo.
Aunque admito que es recíproco el asunto.
Finalizó para después tratar de entregársela.
Astrid se volteó para recibir su arma pero se encontró peligrosamente cerca del castaño, Astrid trató de moverse para ocultar el hecho de que su respiración comenzaba a acelerarse, pero en cambio se encontró con el verde de un bosque que tenía el mismo problema con su respiración, pero ninguno de los cuerpos parecía estar dispuestos a obedecer a sus mentes, no querían moverse, contrario a eso, querían estar aún más cerca y en un acto de rebeldía corporal ambos se encontraron a una distancia mínima, milímetros eran los encargados de separarlos, la mano de Hipo hacía bastante que había bajado el hacha al suelo, porque ni siquiera la hoja de tan fina arma creada por el mismo cabría entre ambos cuerpos, como unidos por un cordón Astrid comenzó a caminar hacia atrás mientras Hipo la seguía, hasta que se permitió estar acorralada por la pared y la penetrante mirada del hombre que amaba.
Ella quería que la besara, ella quería que él por una vez en su vida tomara la iniciativa, ella quería que rompiera el muro que por años ha tratado de construir, porque con ese beso, con ese simple beso ellas sabria que para él, una amistad tampoco es suficiente.
El peleaba una mortal batalla entre su mente que le recordaba que era su amiga y todo lo que estaba en juego señora corresponde y la perdía y su cuerpo que exigía posar sus labios sobre los de ella, probarlos en verdad, no como el adolescente que tuvo el placer de apenas saborear la superficie de sus labios, quería probarlos en totalidad, quería sentir su aliento sobre su rostro mucho más de lo que ya lo estaba sintiendo, su mano izquierda con facilidad se reveló a la mente y se posó en la pared a centímetros de la cabeza de la rubia, lo que obligó a acercarse más, en esta batalla el cuerpo estaba obstinado a ganar.
X: Ayuda mi cabaña se incendia.
Hipo.
Pero... Thor Rompehuesos.
Se dirigieron a la cabaña, en ese momento la mente y el cuerpo fueron brutalmente vencidos por el entorno.
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