🌟Hola, preciosas. ¡Súper emocionada de iniciar y compartir con ustedes esta nueva historia!🌟
POV Gerónimo
—Según los análisis de los votantes que tenemos, hemos evidenciado que el 30 % de los votantes son hombres mayores de 40 años, y un 20 % son mujeres de esa edad —expone Peter, el analista de datos, señalando la gráfica.
Observo las líneas ascendentes y descendentes. Los jóvenes serán decisivos en las próximas elecciones, eso está claro. Pero hay algo que me inquieta.
—Sin embargo, hay una baja participación entre los adultos de 30 a 40 años —señala—. Han perdido la confianza en el sistema. Debemos encontrar una manera de que regresen.
Levanto la mano pidiendo la palabra. Arnold me la cede.
—Habla.
—Podría encargarme de ese sector de la población. Puedo pensar en nuevas estrategias que los animen a ir a las urnas.
Arnold levanta la mano en un gesto que me obliga a detenerme.
—No, Gerónimo. Hemos visto la acogida que tienes dentro de los jóvenes, especialmente entre las jovencitas. Ahí es donde te quiero.
Frunzo el ceño. No me gusta el rumbo de esta conversación.
—Pero, Arnold… siempre he trabajado en las campañas con Marla…
Me interrumpe de nuevo. Ni siquiera lo duda.
—Bien dijiste que habías trabajado.
Su tono es firme, inamovible, incuestionable. Me queda claro que ya tomó una decisión.
—Ahora necesitamos darle espacio a la juventud. Ellos son la nueva fuerza, y en sus manos está la decisión.
Siento un latido punzante en las sienes.
"¿Acaso quiere decir que mi mujer está vieja?"
Mis puños se cierran bajo la mesa. Me esfuerzo en mantener la expresión neutra, pero la rabia se instala en mi pecho como un peso insoportable.
"¿Cómo esperan que le diga esto a Marla… sin que suene como una traición?"
"¿Cómo le explico que la están cambiando por alguien más joven… sin destrozarla?"
—Gerónimo, no te tomes esto personal.
La voz de Marco me devuelve a la sala. Me mira con esa expresión neutra que siempre usa cuando cree que está diciendo lo correcto. Pero esta vez suena diferente. Más distante.
—Soy tu amigo y aprecio a Marla, pero debemos avanzar.
"¿Avanzar?" Como si ella fuera un obstáculo. Como si todo su trabajo no valiera nada.
Mi respiración se vuelve pesada. No quiero cerrarme, pero esto no es solo trabajo.
—Hemos contratado un grupo de jóvenes que formarán parte de tu equipo… entre ellos está mi hija, Brenda, quien te ayudará a dirigirlo —interviene Arnold.
"¡Ahhh claro...! Ahora todo encaja. No es solo un cambio de estrategia. Es una jugada."
Suspiro profundo y alterno mi mirada entre Arnold y Marco, incrédulo.
—Pero tu hija es modelo. ¿Qué tiene que ver en una campaña política?
Arnold suelta el botón de su chaqueta con tranquilidad y me mira con esa arrogancia disfrazada de lógica implacable.
—Brenda estudió política internacional y tiene una especialización en comunicación social. El modelaje fue solo un pasatiempo. Tiene muchos seguidores, principalmente jóvenes de su edad, y nos ayudará a atraerlos a nuestro lado. Ella será la nueva jefa de prensa.
Frunzo el ceño.
—¿Jefa de prensa…? —repito, incrédulo. Es una responsabilidad enorme para alguien sin experiencia, pero Me guardo el comentario—. ¿Por qué no la integras a otro equipo? —protesto, intentando no sonar demasiado obvio.
—Primero, porque confío en ti… segundo, eres el mejor, y quiero que aprenda de ti.
Cierro los ojos por un momento, intentando controlar la frustración que me carcome.
"¿Cómo le diré a mi esposa que ha sido reemplazada por alguien más joven?"
"¿Y que, además, viajaré y prácticamente viviré con ella durante los próximos 12 meses?"
"Esto es una mierda."
Renunciar ahora sería un golpe demasiado fuerte. He luchado por esto durante años. Pero aceptar significaría pasar un año entero con alguien que no es mi esposa, dejándola atrás.
¿Vale la pena?
Arnold se levanta de su silla y camina hacia la puerta de cristal abriéndola.
—Hija, ven. Te voy a presentar al equipo de trabajo para las próximas elecciones.
La joven entra con paso seguro, sus caderas balanceándose con confianza. No se puede negar que es hermosa, pero su mirada tiene un brillo que me pone en alerta.
—Papi, ya los conozco… —responde con una sonrisa ladeada, deslizándome una mirada evaluadora de pies a cabeza.
La incomodidad se instala en mi pecho.
—Ven, te los vuelvo a presentar —insiste Arnold—. Ellos serán tu apoyo. Durante los próximos 12 meses, seremos una familia.
Me levanto para estrecharle la mano, pero ella se acerca sin vacilar y me besa demasiado cerca de la comisura de los labios.
Me alejo con discreción, apretando la mandíbula.
—Hola, Gerónimo… —murmura con voz melosa antes de lamerse los labios con descaro.
Respiro hondo y mantengo mi postura profesional.
—Buen día, Brenda —respondo con tono seco.
Ella sonríe, bajando la mirada lentamente, con un gesto que pretende ser casual, pero que está lleno de intención.
—Puedes llamarme Bre… Ya que seremos los mejores amigos.
"¡Dios…! Esto será un maldito problema."
Arnold la presenta al resto del equipo, pero yo solo pienso en salir de aquí.
—¿Qué tal si para celebrar vamos a almorzar? —propone Brenda con una falsa inocencia en la voz.
Me pongo de pie de inmediato. Durante mis 20 años de matrimonio, siempre he tratado de almorzar con mi esposa.
—Les agradezco, pero no puedo. Tengo un compromiso previo —digo con firmeza, dirigiéndome a la salida.
Arnold me detiene con la mirada. Su ceja se eleva con autoridad.
—Tu compromiso primordial es con la campaña. A partir de este momento, tu vida debe estar enfocada en ganar las elecciones. Así que no hay excusas.
"¡Maldita sea! ¿Quién se cree este imbécil para manipularme así?"
Mis puños se aprietan. Estoy a punto de estallar y mandar todo a la mierda, pero Marco se acerca con paso firme y me da unas palmaditas en el hombro.
—Cálmate, Gerónimo. Sabes que Arnold es un maldito adicto al trabajo. Vamos… relájate.
Respiro hondo y cuento mentalmente hasta cien, tratando de recuperar la serenidad.
Finalmente, asiento.
Brenda se toma la confianza de enlazar su brazo con el mío. Arnold ve mi incomodidad y suelta una carcajada.
—Hija, ven. Gerónimo actúa como si lo estuvieras seduciendo. No entiende que los jóvenes son más espontáneos, más libres.
Ella sonríe y me guiña un ojo con descaro.
—Tranquilo, papi. Ya se acostumbrará… A propósito, debemos cambiar su guardarropa para que tenga una apariencia más joven y fresca.
Siento un escalofrío recorrerme la espalda.
"Esto solo va a empeorar."
GERÓNIMO BÁEZ "ZADDY"
POV MARLA
—Hola, mi amor —me dice mientras se acerca, envolviéndome en sus brazos y rozando sus labios con los míos.
"Este hombre es como el vino… entre más añejo, más sabroso." Suspiro, sintiéndome como una adolescente en sus brazos.
Gerónimo es mi Hulk. Un hombre de casi dos metros de estatura, con músculos esculpidos como si hubieran sido cincelados en piedra. Desde la universidad, el fisicoculturismo ha sido su pasión, y el amor por el deporte lo mantiene tan atractivo como el primer día… o incluso más.
Su piel trigueña resalta la intensidad de sus ojos negros, profundos y enigmáticos, capaces de desnudarme con una sola mirada. Su cabello, grueso y rebelde, empieza a teñirse con algunas canas en las sienes, dándole un aire maduro y peligroso que lo hace aún más irresistible.
No parece un hombre de casi 50 años. Es puro poder, pura presencia.
—¿Qué tal tu día? —susurra, devorando mi aliento.
Lo observo. Conozco a mi Hulk como la palma de mi mano, y sus ojos se tornan más oscuros cuando algo lo incomoda.
—Bien, ¿y el tuyo? —pregunto mientras examino cada uno de sus movimientos.
Se sienta y me atrae a su regazo.
—Arnold y Marcos dieron nuevas pautas para la campaña… —Su voz baja, y sé que lo que viene no es fácil para él. Se pasa una mano por el cabello y evita mi mirada.
Me acerco más y apoyo la cabeza en su cuello, dándole espacio, pero también presionándolo para que suelte de una vez lo que lo atormenta.
—No le des tantos rodeos, solo dime qué decidieron.
Él suspira profundamente.
—Contrataron a una nueva directora de prensa… —Siento cómo las palabras se le atorán en la garganta—. Es la hija de Arnold.
Me enderezo y lo observo fijamente.
Silencio.
No necesito más detalles. Sé lo que esto significa.
—Me imagino la razón: juventud y belleza.
Gerónimo asiente, y aunque su rostro intenta mantenerse impasible, hay algo en su expresión que me dice que también le molesta.
—Mi Rubia hermosa… —dice acariciando mi mejilla con ternura—. Lo mejor es que renuncie… si no hay espacio para ti, yo no quiero estar allí.
Lo miro incrédula. Mi corazón se contrae.
—¿Estás loco, Hulk? —pregunto, separándome un poco de él.
Él me sostiene con más fuerza, pero yo me deslizo fuera de su agarre. Respiro hondo y me cruzo de brazos.
—No puedes hacerlo. Eso hablaría muy mal de ti y de mí. Debemos aceptar los cambios que trae el mundo. No seré la jefa de prensa, pero seguiré siendo tu esposa… ¿O eso también lo quieren cambiar? —digo con ironía, esbozando una sonrisa para aliviar la tensión.
Gerónimo me abraza y besa mi frente, sonriendo.
—Serás mi esposa hasta mi último suspiro y primero muerto que lejos de ti. No quiero que te separes de mí. Quiero que estés a mi lado como siempre.
Quisiera decirle que así será. Pero los dos sabemos que no lo es. Las esposas son simples adornos que se muestran en el momento ideal que la contienda lo necesita.
Ahogo el nudo amargo que se me forma en la garganta. No porque no lo esperara, sino porque después de veinte años trabajando a su lado, después de haber construido esto juntos, me han desechado como si fuera un mueble viejo.
—Hulk, creo que todo pasa por algo. Junior está a punto de salir del colegio y va a necesitar ayuda con lo de la universidad…
Sé que él está analizando cada una de mis palabras y aunque no esté convencido, debo hacer que no abandone su sueño.
—Esa niña no tiene tu inteligencia ni tu perspicacia… Aunque Arnold lo niegue, la está colocando ahí porque es su hija. Pero cuenta con el apoyo de Marcos y la mayoría del partido —dice sinceramente mi Hulk.
Me quedo callada por un instante antes de alzar la barbilla con determinación.
—Vivimos en un mundo superficial, donde unas tetas y un culo de silicona venden… Tú y yo lo sabemos bien. Así que eso no es importante.
Por primera vez, él me mira directamente a los ojos, con esa intensidad que siempre me ha hecho sentir la única mujer en la Tierra.
—Tengo a la mujer más inteligente y bella que pueda existir —murmura antes de apoderarse de mis labios. Me levanta en brazos y me lleva a la habitación.
Sonrío mientras devoro sus labios. Enredando mis manos en su cuello. Esto es lo realmente importante.
Después de una noche ardiente y llena de pasión observo a mi hombre… a mi Hulk a mi lado.
No quise comportarme como una mujer obsesiva y melodramática. Llevábamos 20 años trabajando codo a codo para llegar hasta aquí, y quedarme fuera me dolía más de lo que quería admitir.
Pero, como siempre, guardé esos sentimientos de autocompasión y traté de ver lo mejor en la situación. Al menos no tendría que dejar a Junior solo en su elección universitaria. Podría estar ahí para acompañarlo en ese proceso.
***
Los días han pasado, y me he mantenido ocupada entre la productora y las visitas a los distintos campus universitarios con Junior.
Hoy lo ayudo a empacar. Se irá a Canadá a estudiar. No soy una mujer de lágrimas fáciles, pero esto me está golpeando fuerte.
—Mami —me llama mi pequeño, que ya no es tan pequeño. Es tan alto como su padre y comparten la misma pasión por el fisicoculturismo.
Respiro hondo y decoro mi rostro con una sonrisa antes de mirarlo.
—¿Dime, mi amor?
Él se acerca y, con delicadeza, me levanta el mentón para que lo mire directamente a los ojos.
—¿Estás segura de que estarás bien? Yo puedo aplazar los estudios un par de semestres… —sonríe de lado, con picardía—. Un año sabático no me vendría mal.
Abro los ojos como platos.
—¡No, señor! —gruño, dando un par de pasos hacia atrás—. Me imagino que esos cuentos te los ha metido tu tío Roqui… Deja que lo vea y le daré un par de tramacazos.
Junior estalla en carcajadas, sujetándose el estómago.
—Mi tío dijo que con solo mencionarlo, lo culparías de inmediato y tus ojos cambiarían de color… que por algo eres la esposa de Hulk —dice, sin dejar de reír.
Entrecierro los ojos.
"Roqui… mi amigo más querido, mi casi hermano. Pero a ratos quiero ahorcarlo por conocerme tan bien."
—Te queda prohibido hablar con ese mal amigo que, por cierto, ni siquiera me ha llamado.
Junior niega con la cabeza.
—Será hoy que no te llamó, porque ustedes parecen dos viejas chismosas que cotorrean hasta altas horas de la noche.
Le lanzo una almohada, fingiendo indignación.
—Oye, respeta a tu anciana madre —digo, melodramática.
Ambos reímos a carcajadas. Pero cuando acomodo sus zapatos en la maleta, mis manos se detienen por un segundo.
Saco de mi cartera una pulsera gastada de hilos y cuencas. Su primera manualidad para el Día de las Madres.
Recuerdo a mi pequeño de cinco años, tirando de mi mano con emoción, con esos enormes ojos brillando de ilusión.
El primer regalo hecho con sus pequeñas manitos. Su sonrisa y la cantidad de besos que me estampó en la mejilla.
"Para la mamá más hermosa de todas… Cuando sea grande, serás mi esposa."
Respiro hondo y miro hacia el clóset, donde él descuelga algunas camisas para guardar con total despreocupación.
Ahora inicia una nueva etapa de su vida. Se alista para irse con una sonrisa segura y maletas llenas de sueños.
El tiempo es cruel.
Guardo la pulsera en su maleta sin que lo note. Algún día, cuando la encuentre, quiero que recuerde que siempre estaré con él.
Respiro hondo y continúo ayudándolo, asegurándome de no derramar ni una lágrima. Aunque sé que tan pronto cruce esa puerta me voy a derrumbar.
Ha llegado el momento de que abra sus alas y vuele lejos del nido…
MARLA ANDRADE DE BÁEZ
POV. Gerónimo
La ansiedad me está devorando. Estamos en el conteo de los votos y, hasta ahora, hemos ganado en la mayoría de las ciudades.
—¡Dios…! —exclamo en un susurro ahogado.
Nos encontramos reunidos en la sede principal de la campaña. La tensión es palpable, aunque intentamos apaciguarla con chistes o comentarios banales.
—Hulk, recuerda que tendrás que estar al frente durante los próximos tres meses… mientras yo me voy de vacaciones por el mar Caribe con mi esposa —dice Marcos con una sonrisa divertida.
Sabe que deseaba ese primer o segundo turno para poder invitar a Marla a un viaje, intentando romper la muralla de hielo que se ha formado entre nosotros.
Frunzo el ceño y levanto una ceja.
—Aún siento que ustedes me hicieron trampa. Yo soy el que merece salir primero de vacaciones —respondo, dejando escapar un suspiro.
Marla se aleja más cada día. Cuando la llamo, sus respuestas son frías, cortantes… sí… no… como si cada palabra le costara demasiado esfuerzo.
Me esfuerzo por no pensar demasiado en ello, pero no puedo evitar preguntarme: ¿en qué momento me convertí en alguien prescindible para ella…?
Hoy, mientras las demás esposas están aquí, sonriendo y apoyando a sus maridos, Marla ni siquiera se ha dignado a aparecer. Mi pecho se oprime con una sensación incómoda, mitad frustración, mitad miedo. ¿Será que ya no le importa?
Nunca pensé que pudiera ser tan egoísta. Durante todo el año de campaña, siempre tuvo una excusa para dejarme solo.
—Gero, nadie hizo trampa… simplemente el universo conspiró para que papá y Marcos pudieran viajar y descansar antes —dice Brenda con su voz suave y coqueta.
Fuerzo una sonrisa, aunque por dentro algo en mí se revuelve con incomodidad.
Brenda es eficiente, eso no lo discuto, pero hay una familiaridad en su tono, en su manera de mirarme, que me desagrada. Se toma atribuciones que no le corresponden, como si de repente yo fuera parte de su juego.
Aprieto la mandíbula y desvío la mirada, fingiendo que no noto la forma en que su voz se desliza entre lo profesional y lo personal.
—¿O acaso te disgusta trabajar a mi lado? —pregunta, pestañeando rápidamente mientras emite un leve sollozo.
Como siempre, Arnold se levanta de su silla y acude seguro en su defensa.
—Princesa, no saques conclusiones apresuradas —dice, acunando su rostro entre sus manos—. Sabes que gran parte del éxito de esta campaña te lo debemos a ti.
Ella sonríe con aire mimado.
—Gracias, papi. Tú sí aprecias mi trabajo —dice, abrazándolo y recargándose en su pecho.
Cuando Arnold la abraza, Brenda sonríe con dulzura… pero no tarda en girar el rostro hacia mí y, con un gesto descarado, me guiña un ojo.
Algo en mi estómago se tensa. Trago saliva y me obligo a no reaccionar. No ahora. No aquí. Pero por dentro, una voz cínica en mi cabeza susurra:
"Esa niña caprichosa te traerá problemas."
Marcos observa mi frustración y se acerca, dándome un par de palmaditas en el hombro.
—Relájate, Hulk… —ese sobrenombre me lo puso mi adorada esposa—. Si no fuera porque seré abuelo y quiero estar en el nacimiento de mi nieto, te cambiaría el turno de las vacaciones.
Respiro profundamente.
—Marcos, creo que mi matrimonio se está yendo a la mierda —confieso, tomando mi rostro entre mis manos.
Él me mira y niega con la cabeza.
—Ven, tomemos un vaso de whisky —me ofrece, invitándome a seguirlo para tener un poco más de privacidad.
Entramos a su cubículo, donde se sienta y me indica que haga lo mismo. Abre una de sus gavetas y saca una botella de whisky junto con un par de vasos.
Levanto una ceja al ver lo preparado que está.
—Me la envió mi hija para que celebremos el triunfo, pero creo que tú necesitas un trago más que yo.
Asiento en silencio.
—No sé qué pasa con Marla… ¿Por qué me dejó a la deriva? Nunca pensé que le afectaría tanto dejar de ser la jefa de prensa de la campaña —murmuro, con la frustración pesándome en los hombros.
Marcos me observa en silencio mientras sirve el whisky en los vasos.
—Tal vez no sea solo eso… —dice con calma, dejando la frase flotando en el aire.
Tomo el vaso y le doy un sorbo, sintiendo el ardor del alcohol quemándome la garganta. Pero no es suficiente para ahogar la pregunta que no deja de retumbar en mi cabeza:
"¿Acaso la perdí?"
Me niego a aceptar esa idea. Ella es la mujer que amo, la madre de mi único hijo… mi gran y único amor.
Dejo el vaso sobre la mesa con un golpe seco y miro a Marcos con el ceño fruncido.
—Marcos, por la amistad que tenemos… por los años que llevamos conociéndonos… y por tus canas… por favor, no insinúes cosas que no son. El hecho de que tu esposa te haya sido infiel con un jovencito no significa que la mía lo vaya a hacer.
Mis palabras salen como dagas afiladas, pero no voy a permitir que ponga en duda a Marla. Él sabe qué clase de mujer es.
Marcos suspira, se reclina en su silla y me observa con paciencia.
—¡Alto, amigo…! Yo no soy el enemigo —dice con voz pausada, levantando las manos en señal de calma—. Solo te estoy planteando una posibilidad…
Paso una mano por mi nuca, tratando de aliviar la tensión que se acumula en mi cabeza.
—El cambio de Marla ha sido demasiado drástico. No nos ha acompañado a ninguno de los comicios, y ella sabía lo importante que era su presencia. Mostrar familias sólidas era clave para la campaña, pero ella simplemente… no asistió.
Aprieto los dedos alrededor del vaso.
Debo aceptar que sus palabras son ciertas.
Siempre tuve que excusarla con algún estúpido pretexto. Siempre.
Mi respiración se vuelve más pesada y el martilleo en mi cabeza comienza a ser insoportable.
—Cambiemos de tema, por favor —digo casi en súplica, tratando de apagar el torbellino en mi mente.
Marcos me mira con lástima y asiente.
Pero su mirada dice lo que su boca no pronuncia: "Tarde o temprano, tendrás que enfrentarlo."
Muerdo el interior de mi mejilla y cierro los ojos con fuerza.
"¡Maldita sea! ¡Mi mujer jamás me traicionaría! La lealtad es uno de sus pilares… ¿O no?"
BRENDA HILTON.
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