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Siempre Has Sido Tú

Capitulo I Mi amor

A los diez años conocí a Adolfo, él era de mi misma edad, cuando lo vi algo cambio en mí, me gustaba todo de él, nuestros padres se hicieron amigos, así que nos veíamos muy seguido, nuestras familias eran de las más poderosas de la ciudad y se podría decir que los Albarán eran los más poderosos del país, Adolfo Albarán un sueño de niño, en la escuela todas las niñas estaban detrás de él, pero él solo hablaba conmigo y así fue que me gane el odio de medio colegio, realmente no me importaba, mi único objetivo era estar cerca de él.

Para cuando cumplimos quince, ya éramos novios mis padres y los padres de Adolfo estaban más que felices con la noticia y así empezó una relación que duraría cinco años.

Soy Mía Isabella Castillo tengo veinte años estudió administración de empresas, pues mis padres quieren que cuando esté preparada me haga cargo de las empresas de la familia, tengo una estatua promedio, mi piel es blanca, mis ojos son negros. Mi cabello es liso con ondas en las puntas y del color de mis ojos, todas las personas dicen que me parezco a mi mamá, Nathalia Gómez, pero que tengo el carácter de mi papá Luis Alberto Castillo, para ellos soy su princesa y dan todo por mí.

— Está deliciosa la comida. — Dijo Mía mientras degustaba su desayuno.

— Así es princesa, mandé a hacer todo lo que te gusta. — Respondió mi mamá mirando a mis ojos.

— Tú siempre estás consintiendo a nuestra malcriada. — Dice mi papá sonriendo.

— Si no lo hago yo, entonces quien lo va a hacer. — Respondió mi mamá guiñándole un ojo a mi papá.

Ellos siempre eran así, nuestros días eran maravillosos, mis papás me amaban mucho y agradecía al cielo por su amor, al terminar nuestros desayunos, la empleada del servicio nos informó que Adolfo había venido a buscarme para ir a la universidad, me despedí de mis padres y fui a encontrarme con el amor de mi vida, Adolfo un hombre guapo, de ojos azules y cabello castaño, es mucho más alto que yo, su sonrisa es encantadora, sus ojos son un mar profundo, cada vez que lo veo siento perderme en mis propios pensamientos, pensamientos en los que él y yo nos casamos y formamos una hermosa familia y aunque es nuestro sueño nuestras familias quieren que primero estudiemos y luego nos casemos, igual ya solo falta un año para terminar la carrera y después de eso ya no habrá más impedimento.

— Hola preciosa, lista para empezar el día. — Dijo Adolfo dándome un beso en los labios.

— Así es amor, ya quiero terminar mi carrera, por eso le he puesto tanto empeño. — Dije emocionada.

— Lo sé y muy bien, sé que por estudiar no me has dado lo que te pedí. — Dijo algo desilusionado.

— No seas tan dramático, además una vez nos casemos lo tendrás todas las noches. — Respondí con picardía.

Adolfo ya no dijo nada más y arranco el auto, sé que le molestaba mucho el hecho que aún no habíamos tenido nuestro primer encuentro romántico, pero para mí eso es muy importante, quiero que ese día sea muy especial y las veces que hemos estado a punto de hacerlo él siempre es muy desesperado y eso no me gusta, yo quiero que nuestra primera vez sea romántica y ya se lo he dicho, no entiendo por qué siempre se comporta igual.

Llegamos a la universidad y cada quien agarró su camino, él estudiaba contabilidad, así que nos volveríamos a ver hasta finalizada la jornada del día, llegue al salón y ahí estaba Miranda mi mejor amiga y cómplice, la conocí en la secundaria una niña muy linda, pero despiadada ella es morena, ojos azules, su piel es tan hermosa, con un muy buen cuerpo, ella al verme me llamo a mi lugar.

— Hola mía, qué tal, cómo estás? — Saludo ella dándome un abrazo.

— Hola Miranda todo bien. — Dije desanimada.

— Por esa actitud imagino que discutiste con el patán de tu novio. — A ella no le caía bien Adolfo, me decía que él no era lo que aparentaba y que tuviera cuidado, obviamente yo no le hacía caso, mi amor por él es tan grande que no creo en nada de lo que me dicen.

— Él no es un patán, solo que tiene mucha presión por parte de su familia.— Le dije molesta.

— Está bien, como digas, ahora dime discutieron otra vez por lo mismo?. — Pregunto Miranda, como buscando la respuesta es mis ojos.

— Si ya sabes que es por lo único que discutimos. — Le dije alzando mis hombros.

— Amiga si no te has atrevido a dar ese paso es por algo, fíjate que hasta tu cuerpo lo sabe, deja de escuchar a tu cerebro y escucha a tu corazón.

No entendí las palabras de Miranda, acaso estaba loca, yo estoy segura de amar a Adolfo y que él me ama a mí, nuestra conversación fue interrumpida, ya que el nuevo profesor había llegado.

— Buenos días, señores, mi nombre es Noah Fuentes, seré su profesor de Simulación Gerencial a partir de hoy, como sabrán su antiguo profesor tuvo que retirarse por cuestiones personales, ahora tengo su plan de trabajo el cual me tomé el atrevimiento de modificarlo un poco, a partir de hoy veremos que tan buenos son administrando una empresa. — La actitud del nuevo profesor era muy arrogante, se creía superior a los demás, solo con verlo lo, odie, su prepotencia y superioridad me molestaba mucho, durante toda la clase no pude presentar atención, pues él se movía de un lado al otro casi al terminar las clases paso lista, Miranda iba primero que yo en la lista, ya que su apellido era Alarcón.

— Alarcón Miranda de los Ángeles. — Dijo el profesor muy serio, pero como era de esperarse Miranda salió con una de las suyas.

— De los Ángeles y suya también.

Toda la clase empezó a reírse, ella era así de extrovertida y no le importaba nada, no sé cómo éramos amigas, ya que yo era muy diferente.

— Muy fuera de lugar su comentario señorita, por favor mantenga el respeto en clases. — Le dijo el profesor molesto, continuo llamando a la lista, el siguiente nombre era el mío.

— Mía Isabella Castillo.—

— Presente profesor. — Nuestras miradas se conectaron por un segundo, fue algo extraño rápidamente baje la mirada, ese sentimiento fue nuevo para mi, así que lo bloqueé de inmediato y continúe escribiendo en mi cuaderno, la clase termino sin más inconvenientes, al sonar el timbre todos salimos del salón, no lo voltee a ver más.

Capitulo II La visita

Ese día Adolfo no fue por mí a la salida de la universidad, era la primera vez que pasaba, así que lo llame muchas veces y nunca contesto el teléfono, está vez sí que se molestó pensé. Miranda llegó a mi rescate y me llevo a casa, en el camino no menciono ni una sola vez a Adolfo su conversación estaba enfocada solo en nuestro nuevo profesor.

— Mía no me vas a negar que el profesor Noah está como quiere, con un hombre así hasta yo perdería la virginidad. — Dijo Miranda muy seria.

— Ja, ja, ja cuál virginidad Miranda? Pensé que la habías perdido hace rato. — Le dije burlonamente.

— Bueno, pero él no lo sabe. Igual él no se fijaría en mí, ya que puso sus ojos en otra mujer. — Dijo mirándome.

— No digas tonterías y concéntrate en el camino. Respondí de mala gana, no se podía negar el profesor Noah era muy guapo y bastante alto, sus ojos negros como la noche más oscura, su cabello negro peinado a la perfección hacia un lado y hacia atrás, lo hacía ver tan maduro, su traje de diseñador, se veía como se marcaban sus abdominales perfectos a través de su camisa blanca, si era un sueño para cualquier mujer, solo que yo ya tenía al hombre de mis sueños.

Llegamos a mi casa y Miranda entro junto conmigo, saludo a mis padres, a ellos no les caía muy bien, pero la respetaban por ser mi amiga, subimos a mi habitación y ahí nos quedamos hasta que fue hora de la cena, hablamos de todo, ella era muy ocurrente y divertida.

— Amiga este fin de semana habrá un reventón en casa Camilo y sabes que ese chico me gusta mucho, así que pensé que podrías acompañarme y así también te despejas. — Dijo Miranda casi rogándole.

— Sabes que no me gustan las fiestas, además tengo que decirle a Adolfo, no vaya a ser y se moleste. — Dije pensativa.

— Deja de ser tan sumisa amiga, es hora que despiertes y que veas a tu alrededor, hay muchos más peces en el mar y antes que me digas algo, recuerda que eres hermosa y esa actitud que tiene Adolfo hacia ti no me gusta, o sea él tiene que esperar a que estés preparada para estar con él íntimamente, no debió dejarte tirada en la universidad, eso me tiene molesta, si de verdad te quisiera sabría esperarte. — Miranda estaba realmente molesta, nunca la había visto así.

— Amiga tranquila, algo debió pasarle, sabes que él nunca me había dejado botada en ningún lado, también sabes que su familia lo presiona mucho para que tome el control de sus empresas. — Respondí tratando de calmar a Miranda.

— Como digas Mía, sabes que te quiero mucho y quiero lo mejor para ti. — Respondió Miranda dándome un abrazo.

La hora de la cena llegó y mi mamá vino por nosotras para que bajáramos al comedor, en el camino nos dijo que teníamos visita, era el hijo de un amigo de mis padres de hace mucho tiempo, resulta que ese amigo de ellos murió hace un mes y su hijo regreso del extranjero para hacerse cargo de las empresas de sus padres, íbamos hablando y riendo camino a la sala, para nuestra sorpresa el hijo del amigo de mis papás, no era otro que nuestro profesor, este al vernos se sorprendió un poco.

— Hija querida, Miranda, cómo están? — Pregunto mi padre sonriendo.

— Bien papá, gracias por preguntar. — Respondí dándole un beso en la frente.

— Señor Luis se ve muy bien, tan guapo como siempre. — Dijo Miranda con una sonrisa buscando molestar a mi papá.

— Hija te quiero presentar a Noah Fuentes el hijo de un buen amigo mío. — Dijo mi papá señalando a mi profesor.

— Ya lo conocemos papá, él es nuestro profesor de la universidad. — Contesté extendiendo mi mano, el profesor tardó un poco en reaccionar, pero luego de unos segundos tomo mi mano, un cosquilleo sentí recorrer mi cuerpo, nunca antes había sentido algo así. Nos soltamos la mano cuando la muchacha del servicio le dijo a mi mamá que la cena está lista, pasamos al comedor mientras Miranda y yo hablamos en secreto.

— Que onda, nuestro profe guapo esta es tu casa? — Dijo Miranda emocionada.

— Cosas que pasan, no le demos importancia y sigamos en lo nuestro. — Dije restándole importancia.

Nos sentamos a la mesa y las muchachas de servicio empezaron a servir la comida, mi papá y Noah hablaban como si fueran viejos amigos, ese hombre era realmente atractivo, no sé porque me atraía tanto, él ni siquiera era mi tipo, Miranda llamo mi atención.

— Entonces Mía que dices mañana después de la universidad nos vamos de compras. — Dijo Miranda con cara de perrito.

— Sabes que no me gusta estar metida en los centros comerciales, mejor vayamos a caminar un rato. — Dije imaginando un paseo por el parque.

— Pero es que en el centro comercial caminaremos y de una compramos algo para la fiesta del sábado. — Respondió Miranda feliz.

— De que fiesta hablan? — Pregunto mi papá mirándonos fijamente.

— No es nada papá un compañero de la universidad está de cumpleaños y la fiesta la harán en su casa el sábado, entonces Miranda quiere que la acompañe. — Expliqué calmadamente.

— Bueno no te doy permiso, seguramente irá ese noviecito tuyo, ya sabes que desde hace mucho tiempo ese muchacho no me gusta además ya rompimos relaciones con su familia. — Dijo mi padre molesto.

— Señor Luis no se preocupe, él no está invitado a la fiesta, en la universidad nadie lo soporta, por tanto, él no irá. — Respondió Miranda haciéndome mala cara.

— Bueno después discutimos eso por ahora cenemos en paz, no queremos darle una mala impresión a nuestro invitado. — Dijo mi mamá tranquila.

Continuamos con la cena, el profesor no nos dirigió ni una sola palabra, el simplemente hablo con mis padres, de vez en cuando miraba en mi dirección, yo estaba molesta, no entiendo porque a mi papá ya no le gusta mi novio si antes se la llevaban tan bien.

Capitulo III La cena

Después de muchos años he regresado a mi país, mi padre murió y dejó todo su imperio a mi hermana y a mi, somos sus únicos heredero, soy un empresario muy exitoso así que el dinero de mi papá no me hacía falta, pero tampoco lo voy a rechazar, lo que realmente me gusta y me apasiona es dar clases, me gusta enseñar a otros y que mis conocimientos no se queden solo en mí, pienso que tener conocimientos y no compartirlos es de lo más egoísta, por eso, saco tiempo libre para impartir clases de vez en cuando, la muerte de mi padre fue un golpe duro, en el mundo solo éramos nosotros dos y mi hermana, mi querida hermana Sofía una niña mimada que piensa que todo el mundo es bueno, mi madre desapareció hace mucho tiempo dejándonos solos a los tres, mi padre nunca se volvió a casar, así que no tuvimos más hermanos, tengo veinticinco años, vivimos mi hermana u yo solos en la casa de mi padre, no nos hemos querido mudar, pues pienso que así al menos estoy cerca de él, está mañana fui a la universidad como siempre, mi primera clase era sobre Simulación Gerencial, estos muchachos ya van en su penúltimo semestre, llegue al salón y mis ojos se pusieron sobre una joven muy hermosa, era la chica más linda que jamás había visto, tenía curiosidad por saber quien era, así que decidí pasar la lista, llame a su nombre, Mía Isabella Castillo, un hermoso nombre que hacía justicia a una hermosa dama, por unos segundos la quedé viendo hasta que me fijé que su amiga no dejaba de verme, seguramente se dio cuenta de mi interés en su amiga, concluí la clase y salí a mi segundo bloque de clases, el resto del día lo pasé sin inconvenientes.

Estaba saliendo de la universidad cuando recibí la llamada de un amigo de mi padre, el señor Luis Alberto Castillo, será familia de la joven de la clase, pensé, pero en segundos descarte esa idea, sería demasiada coincidencia, el señor Castillo me invitó a cenar en su casa el día de hoy y como mi papá hablaba maravillas de ellos no quise rechazarlo, me envió la dirección de su casa, eran una familia realmente poderosa, al menos eso pensaba yo, los señores Castillo eran personas muy educadas, estuvimos hablando mucho tiempo, sobre negocios, política y otras cosas, me pareció que el señor Luis era muy instruido, después de casi media hora, la señora Castillo pidió permiso para ir por su hija, en todo este tiempo no habían mencionado a su hija, me quedé pensando en la muchacha de esta mañana y si era ella, estaba algo intrigado por conocerla, después de cinco minutos llego la señora Castillo con dos jóvenes detrás de ella, al verla supe quienes eran, Mía Castillo y su amiga la descarada, si ella se juntaba con ese tipo de persona seguramente era porque eran igual a ella.

El señor Luis nos presentó, solo que Mía le dijo que ya nos conocíamos y extendió su mano para saludarme, al tocar tan delicada mano algo dentro de mí se despertó, una sensación extraña, era algo muy nuevo para mí, se soltó de mi mano y pasamos al comedor, ellas se sentaron algo retirada de nosotros u se veían muy animadas hablando, escuché parte de su conversación y por lo que escuche a ella no le gusta gastar, más bien es sencilla, era más de la de disfrutar de la naturaleza.

Estábamos muy cómodos hasta que la amiga dijo algo de una fiesta, el señor Luis y yo escuchamos claramente su conversación, este se molestó mucho y hablo de un novio, así que la princesa ya tenía novio eso no me sorprendió, pues no se puede negar lo hermosa que es esta niña.

Escuche la discusión con mucho interés y me alegré saber que su papá no aceptaba aquel noviazgo, eso era un punto a mi favor y es que me interesaba esta mujer y haría todo lo posible por ganarme su corazón.

Llegó la hora de despedirme, era tarde y no quería incomodar a la familia, el señor Luis le pidió a Mía que me acompañará a la puerta, su amiga quería venir con nosotros, pero la señora Nathalia le pidió un favor, estaba seguro de que los Castillos querían que su hija y yo conviviéramos a sola un momento, Mía no se negó, así que los dos salimos al jardín delantero ahí tenía mi auto, no era un auto de lujo, ya que no me gustaba aparentar lo que tenía.

— Hermoso tu auto. — Dijo mirando mi carro.

— Gracias, aunque no es de lujo al menos me lleva y me trae. — Respondí tranquilo.

— Es la única función que debería tener un auto. — Respondió algo triste.

— Y tu auto como es? — Pregunte de repente.

— Bueno el de mis sueños es bonito, sencillo no me gusta nada ostentoso, pero hasta que no produzca mi propio dinero no podré tenerlo. — Dijo ilusionada.

— No entiendo, tus padres tienen dinero, por qué no te lo compran ellos? — Pregunté por curiosidad.

— Las cosas no son lo que parecen, ahora ya te darás cuenta, pero bueno mejor entro a la casa, nos vemos en la universidad. — Se despidió Mía algo dispersa.

Le tendi la mano y me despedí con un beso en la mejilla, subí a mi auto y me aleje de aquella casa, solo con un pensamiento en mente y era conquistar a aquella mujer.

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