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Transmigré En Un Mundo Donde Las Mujeres Son Más Fuertes Que Los Hombres.

capitulo 1. ¿ es realmente un juego otome?.

En un mundo donde las mujeres dominan con habilidades mágicas incomparables, los hombres son débiles, relegados a un papel secundario.

Allí, la magia no era solo una herramienta; era el poder supremo, y las mujeres lo controlaban todo.

Sin embargo, las historias de este mundo no eran simples relatos de gloria, sino que escondían oscuros matices.

Kazuki Yuto observaba la pantalla de su computadora, mientras los clics del mouse y el sonido rítmico del teclado llenaban la habitación. Estaba jugando un videojuego que le había prestado un amigo: “El Héroe que Busca Venganza”.

Recordó el momento en que recibió el juego.

 

8:20 a.m.

La brisa fresca entraba por la ventana abierta del salón de clases.

Kazuki, sentado junto a la ventana, mantenía su atención fija en la pantalla de su celular, leyendo una novela ligera que lo tenía atrapado.

"Kazuki, ¿sigues leyendo esa novela?". Preguntó su amigo, acercándose con una sonrisa de complicidad.

"Sí, ¿por qué preguntas si ya lo sabes?". Respondió Kazuki sin apartar la mirada de su celular.

Su amigo, sin esperar respuesta, levantó algo que tenía escondido.

"¡Mira lo que tengo aquí!".

Kazuki alzó la vista, examinando la carátula de un juego.

"Déjame adivinar, ¿es otro juego?"."

"Exacto. Lo compré esta mañana. ¡Te lo puedo prestar!".

Kazuki tomó el juego y leyó el título en voz baja: “El Héroe que Busca Venganza”.

La portada mostraba un diseño oscuro y llamativo que despertó su curiosidad.

 ***

De vuelta en su habitación, Kazuki inició el juego.

El tiempo parecía desvanecerse mientras completaba misiones, eventos y desafíos. Sin embargo, pronto se dio cuenta de algo inquietante: el juego no era lo que parecía.

La historia giraba en torno a un héroe humillado por una heroína, una poderosa campeona que lo derrotaba repetidamente en la arena de combate, hasta que finalmente, roto y sin esperanza, abandonaba la Academia.

Pero, lejos de rendirse, el héroe hacía un pacto oscuro, después de morir regreso de la muerte con un poder inmenso. Ahora, buscaba venganza.

Kazuki observaba con creciente frustración cómo el héroe usaba su nueva fuerza para manipular, engañar y destruir a la heroína. Las escenas eran cada vez más crudas.

"¿Qué tipo de juego es este?". Murmuró entre dientes mientras veía al héroe torturar a la heroína en el bosque Fil, un lugar escondido dentro de la Academia.

La heroína, cubierta de sangre, quedaba irreconocible, con los ojos apagados.

Finalmente, los créditos comenzaron a rodar, marcando el final de la primera historia.

"¿Eso es todo?". Kazuki apretó los puños, enfurecido.

"¿Qué clase de basura han creado estos desarrolladores?".

Pero el juego no había terminado. Un nuevo capítulo comenzó, con otra heroína como protagonista.

La misma historia de humillación y venganza se repetía, esta vez con un nuevo "héroe" como villano.

Kazuki jugó durante horas, tratando desesperadamente de cambiar el destino de los personajes, pero todo parecía predeterminado.

"¡Esto es frustrante!". Gritó, golpeando la mesa.

El tiempo pasó volando. Ocho horas más tarde, Kazuki estaba agotado, los ojos vidriosos, con signos claros de fatiga.

"Mañana le preguntaré a ese idiota cómo se puede pasar este juego". Murmuró mientras se tambaleaba hacia su cama.

Cayó pesadamente sobre el colchón, y sus párpados se cerraron casi al instante. El silencio llenó la habitación, mientras el mundo real se desvanecía lentamente, dejando a Kazuki atrapado entre el sueño y los ecos de aquel juego extraño y perturbador.

capitulo 2. un nuevo mundo.

La luz del sol se filtraba a través de las grandes ventanas de una habitación elegantemente decorada. Todo en ese lugar transmitía un aire de nobleza: muebles de madera fina, tallados con un cuidado exquisito, y tapices que parecían haber sido bordados a mano por los mejores artesanos. La habitación estaba impecable, cada objeto colocado con precisión, como si fuera un reflejo del orden y la riqueza de sus dueños.

En medio de esa habitación, un joven descansaba en una cama cubierta con sábanas de seda. Su respiración era irregular, y su cuerpo se movía inquieto, como si estuviera atrapado en una pesadilla. De pronto, dejó escapar un sonido ahogado.

"Ugh... a-ah...". Murmuró, mientras su pecho subía y bajaba con fuerza.

De repente, el joven despertó sobresaltado. Se incorporó rápidamente, mientras sus manos se aferraban a su cabeza. Gotas de sudor recorrían su frente, empapando su camisa como si acabara de terminar un agotador ejercicio.

Miró a su alrededor con una expresión de desconcierto, sus ojos recorriendo cada rincón de la lujosa habitación. La confusión se reflejaba en su rostro mientras intentaba procesar lo que veía.

"¿Dónde... estoy?". Murmuró, sus palabras apenas audibles en el silencio.

Observó el lugar con más atención: los muebles eran de una calidad que jamás había visto antes, y todo lucía tan lujoso que solo podía pertenecer a alguien con una gran fortuna.

De pronto, fragmentos de recuerdos comenzaron a asaltar su mente, como piezas sueltas de un rompecabezas. Cerró los ojos por un momento, intentando asimilarlo todo.

"Espera...". Murmuró mientras sus ojos se abrían de golpe. "¿Este cuerpo...?".

Con rapidez, se levantó de la cama y caminó hacia un enorme espejo que se encontraba junto al guardarropa. El espejo, de casi dos metros de altura, reflejó su imagen de pies a cabeza. Lo que vio lo dejó sin aliento.

"¿Este soy yo?". Susurró, alargando una mano para tocar su rostro reflejado.

Su cabello negro caía en suaves mechones, sus ojos azul marino brillaban con intensidad, y su rostro tenía rasgos ligeramente por encima del promedio, pero lo suficientemente atractivos como para destacar. Medía aproximadamente 1.75 metros, y su cuerpo, aunque no era extremadamente musculoso, mostraba la figura atlética de alguien que cuidaba su condición física.

"Definitivamente, es mejor que mi cuerpo anterior...". Dijo, esbozando una sonrisa irónica, pero su expresión pronto se oscureció al recordar algo crucial.

De repente, los recuerdos de un videojuego que había estado jugando inundaron su mente. La frustración y el disgusto regresaron como una ola imparable.

"No puede ser... ¿Estoy dentro del juego?". Susurró con incredulidad.

Su cuerpo comenzó a temblar mientras apretaba los puños. Las memorias del juego continuaban surgiendo, pero lo que realmente lo dejó helado fue un nombre que cruzó su mente.

"Cecilia Stronger...". Dijo, su voz cargada de emoción.

Entonces, otro nombre surgió en sus labios, uno que sintió como propio en este nuevo mundo.

"Albert Stronger..."

Respiró hondo mientras miraba fijamente su reflejo en el espejo.

Sabía que este ya no era su mundo. Ahora era Albert Stronger, y el destino de este cuerpo, su familia y aquellos que lo rodeaban dependía de sus acciones.

"No puedo permitir que el futuro se desarrolle como lo hizo en el juego... No puedo dejar que Cecilia sufra". Su mirada se endureció, llena de determinación.

Sabía que estaba en un mundo de fantasía, lleno de magia y razas como elfos, semi-humanos, ángeles y demonios, con dioses y deidades selladas por motivos desconocidos. Albert recordó que este era un juego otome, donde las heroínas sufrían trágicos destinos a manos de los héroes. Pero ahora que tenía conocimiento de los eventos futuros, haría todo lo posible por cambiar ese destino y proteger a las heroínas, empezando por Cecilia, quien ahora era su hermana.

Con esa decisión grabada en su corazón, se dirigió al baño para ducharse.

 

Después de salir del baño, Albert abrió el guardarropa, encontrándose con una gran variedad de ropa de alta calidad.

"¿Cuánto costará todo esto?". Se preguntó con una sonrisa irónica mientras elegía un pantalón negro y una camisa azul.

Cuando estaba a punto de ponerse la camisa, escuchó un suave toque en la puerta.

"Joven maestro, ¿está despierto?". Preguntó una voz femenina al otro lado.

De inmediato, Albert supo quién era.

"Sí, puedes pasar".

La puerta se abrió, y una joven sirvienta entró en la habitación. Su cabello carmesí caía en suaves ondas, y sus ojos verdes brillaban con intensidad. Su figura esbelta y su piel blanca la hacían destacar aún más, y su uniforme de sirvienta parecía hecho a medida.

Celia, la sirvienta personal de Albert, lo miró con una mezcla de sorpresa y desconcierto.

"Joven maestro, me sorprende verlo vistiéndose solo...". Dijo mientras se acercaba rápidamente para ayudarlo a ponerse la camisa.

Albert sonrió.

"Solo quería intentar algo nuevo".

Celia arqueó una ceja, claramente desconcertada, pero continuó ayudándolo. Una vez que terminó, dio un paso atrás y habló con seriedad.

"La próxima vez, por favor, llámeme. Ese es mi trabajo, joven maestro".

Albert asintió, aún sonriendo, pero Celia desvió la mirada, como si tratara de evitar su sonrisa.

"Está bien". Dijo Albert, divertido por su reacción.

Después de arreglarse, Albert salió de la habitación junto con Celia. Caminando por los pasillos decorados con cuadros y jarrones lujosos, no podía evitar sentirse asombrado por la opulencia del lugar.

Al llegar al comedor, su madre y su hermana, Cecilia, lo miraron con sorpresa. Era evidente que no esperaban que Albert, quien días atrás estaba emocionalmente destrozado, tuviera la voluntad de presentarse.

Con una reverencia cortés, Albert saludó.

"Buen día, madre. Buen día, hermana".

Ambas mujeres intercambiaron miradas, notando el cambio en su comportamiento. Aunque sorprendidas, pronto recuperaron su compostura, ocultando su asombro tras rostros serenos.

"Ya que llegaste, hijo, siéntate". Su madre lo indicó con un gesto serio.

Albert tomó asiento.

Mientras que su madre y hermana hablaban .

"Escúchame, Cecilia. Debes mejorar tu control mágico. Como sucesora de nuestra familia, tienes que ser la mejor en la magia de juego, ¿entiendes?".

La voz de su madre era firme, casi implacable, buscando asegurarse de que Cecilia comprendiera el peso de sus palabras.

"Sí, entiendo, pero…". Respondió Cecilia en un hilo de voz, mordiéndose el labio inferior con frustración. Bajó la mirada, incapaz de sostenerla.

Sabía que le faltaba mucho por mejorar en su talento innato, la magia del fuego.

La madre, viendo la actitud de su hija, suavizó ligeramente su expresión, aunque no perdió la firmeza en su tono.

"Entiendo cómo te sientes, pero, como mujer, no puedes permitirte ser débil. Superar las dificultades es un deber, no una opción. No te preocupes, he contratado a alguien que te ayudará".

"Está bien, madre". Asintió Cecilia, sintiéndose ligeramente aliviada.

Mientras madre e hija hablaban, Albert Stronger observaba desde una esquina. Había algo en su corazón que lo llenaba de alegría al ver esa escena familiar, pero reprimió el sentimiento rápidamente.

Desvió la mirada y se centró en su entorno. Todo a su alrededor era un despliegue de lujo, jarrones exquisitos sobre tapetes bordados, decoraciones elegantes en cada rincón, y un candelabro colgante de cristales en el techo que iluminaba la sala con un brillo cálido.

Albert aún no podía creer lo, que había transmigrado a este mundo. El simple pensamiento aceleraba su corazón. Cuando volvió la cabeza para mirar a Celia, ella ya no estaba. Frunció el ceño, murmurando para sí mismo.

"¿A dónde fue?".

Antes de que pudiera hacer algo, tres sirvientes entraron en la habitación, empujando una mesa con ruedas. Sobre ella había varios platos cubiertos, de los cuales se desprendía un aroma que hacía que su boca se llenara de agua. Celia, una de las sirvientas, tomó un plato y lo colocó frente a él con una sonrisa educada.

"Aquí tiene, joven maestro".

Al retirar la tapa, el olor a carne bañada en una salsa roja y especiada inundó sus sentidos. El plato estaba acompañado por vegetales, arroz y dos pequeños panes redondos y blancos. Albert tragó saliva, maravillado.

"Que lo disfrute, joven maestro". Dijo Celia antes de retirarse junto con los demás sirvientes.

"Gracias por la comida". Murmuró Albert, justo antes de llevarse el primer bocado a la boca.

Pero entonces, su madre, que estaba sentada frente a él, rompió el silencio con una mirada penetrante.

"Hijo, ahora que te encuentras mejor, mañana deberás ir a la Academia. ¿Entendido?". Albert levantó la mirada y respondió con seriedad.

"No, madre. Iré pasado mañana. Hoy tengo algo importante que hacer".

El golpe de la mano de su madre sobre la mesa resonó como un trueno, haciendo que Albert se sobresaltara. Su madre lo miraba con un ceño fruncido y una intensidad que podría intimidar al más valiente. Pero Albert sabía que ella era una mujer que valoraba la determinación y el orgullo de los demás, así que se armó de valor.

"¿Qué podría ser más importante que la Academia". Demandó, su voz cargada de autoridad.

"Sé que la Academia es importante, madre. Lo sé muy bien. Pero hoy necesito hacer algo esencial".

Dijo Albert, con los ojos llenos de determinación.

El aire en la habitación cambió. Una presión abrumadora llenó el espacio, emanando directamente de su madre. La fluctuación de maná en su mano era palpable, y Albert sintió cómo un escalofrío recorría su cuerpo. Tragó saliva, incapaz de moverse, mientras la intención asesina en la mirada de su madre lo dejaba paralizado.

"Repite lo que dijiste". Ordenó ella, su voz baja y peligrosa.

Albert intentó hablar, pero las palabras se le atoraron en la garganta. Justo cuando la situación parecía insostenible, una voz calmada rompió la tensión.

"Madre, por favor, cálmate. Déjalo hacer lo que tenga que hacer. Si no cumple con su palabra, entonces puedes disciplinarlo". Intervino su hermana, con una serenidad que contrastaba con la tensión en el ambiente.

La mirada feroz de su madre se dirigió hacia su hija por un instante, pero luego suspiró, dejando que el maná en su mano se desvaneciera como si nunca hubiera existido. Miró a Albert con una expresión más tranquila, aunque su autoridad seguía intacta.

"Haz lo que debas, pero mañana irás a la Academia. ¿Entendido?".

"Entendido. Gracias, madre. Gracias, hermana". Dijo Albert, aliviado de haber sobrevivido al enfrentamiento.

El resto de la comida transcurrió en silencio, roto solo por el tintineo de los utensilios contra los platos. La comida estaba deliciosa, pero Albert apenas podía concentrarse en ella.

Después de terminar, se despidió de su madre y hermana, y se retiró a su habitación para prepararse. Había algo importante que debía hacer antes de enfrentar el siguiente día.

capitulo 3. El sistema.

Después de regresar a la habitación, se encontraba frente a una mesa de madera oscura, pulida con esmero. Albert Stronger abrió uno de los cajones con manos temblorosas. Recordaba con claridad, gracias a los fragmentos de memoria del antiguo propietario de este cuerpo, que ahí guardaba su dinero. Al parecer, el anterior Albert era un hombre extremadamente ahorrativo, alguien que atesoraba cada moneda sin llegar a gastarla.

Sus dedos encontraron una bolsa de cuero pesado y la sacó con cuidado. Cerró el cajón con un leve sonido seco, y luego, desatando el nudo de la bolsa, comenzó a contar las monedas doradas que había en su interior. El tintineo metálico llenó la habitación silenciosa.

"Oh, vaya…" —murmuró, incrédulo—. "¡Tiene 160 monedas de oro!"

Una sonrisa amplia se dibujó en su rostro. La cantidad lo sorprendió. Sostener tanto dinero en sus manos le hizo sentir como si acabara de encontrar un tesoro escondido.

"¡Jajá, ahora soy rico!" —exclamó, con una mezcla de alivio y emoción.

En el fondo de su corazón, agradeció al antiguo propietario por su austeridad y a este extraño giro del destino que le había entregado un cuerpo con semejante fortuna. Otra sonrisa se asomó en sus labios al pensar en todas las posibilidades.

"Bien, ahora puedo comprar los pergaminos…"

Los pergaminos eran objetos esenciales en su vida anterior, similares a ítems de un juego que se compraban con dinero. Algunos eran tan difíciles de obtener que solo aparecían mediante gachas, loterías donde se conseguían objetos aleatorios: armas, pociones y habilidades únicas. Aquí, en este mundo, los pergaminos no eran menos valiosos. Representaban habilidades desconocidas y únicas, ajenas a la magia convencional que la gente utilizaba.

"Pero antes de eso…" —susurró, recordando algo importante.

La memoria del antiguo Albert Stronger lo guio. Antes de llegar directamente a su habitación, había pasado por la biblioteca, un amplio salón lleno de estanterías repletas de libros. Entre esos tomos polvorientos, Albert recordaba haber encontrado un pergamino especial. Ese pensamiento lo llevó a la situación actual: un pergamino yacía ahora entre sus manos.

Colocó con cuidado la bolsa de monedas en la mesa, se acercó a la cama y se sentó sobre el colchón blando. El pergamino estaba bien enrollado, atado con una cinta roja que parecía casi nueva. Respiró hondo, sosteniéndolo con firmeza, y tiró de la cinta con dedos algo nerviosos.

"Esto es increíble…" —su voz temblaba mientras desplegaba el pergamino con cuidado.

Sus ojos se abrieron de par en par y su corazón comenzó a latir desbocado al leer el contenido. Un temblor recorrió sus manos, apenas logrando sostener el delicado papel.

"¿Este es… un pergamino único en este mundo?"

Su mente trabajaba a toda velocidad mientras leía cada detalle, línea por línea, tratando de no perder ni una sola palabra.

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Descripción del pergamino.

[Pergamino Único]

Clase: Universal.

Tipo: Sistema.

Nombre del usuario: ¿?

Detalles: Para activar el sistema, escriba el nombre del usuario y firme con sangre.

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Albert parpadeó, atónito.

"El nombre y mi sangre…" —murmuró, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda—. "Esto parece más un trato con un ser oscuro que un artefacto común."

Se quedó pensativo por un instante. Sin embargo, una chispa de emoción lo embargó.

"Pero aquí dice que es un sistema… ¡Esto es aún mejor de lo que esperaba!" —Su voz creció con júbilo—. "¡Es como ganar la lotería!"

Una carcajada escapó de sus labios, rompiendo el silencio de la habitación. Luego, levantándose de la cama, se dirigió hacia la mesa y comenzó a rebuscar en los cajones hasta que encontró un lapicero y un pequeño cuchillo con una hoja afilada.

"Primero mi nombre, ¿verdad? Supongo que se refiere al nombre de este cuerpo…" —murmuró, sentándose de nuevo en la cama.

Con cuidado, escribió sobre el pergamino: "Albert Stronger". Al terminar, sostuvo el cuchillo en la mano derecha y respiró profundamente. Cerró los ojos por un instante, preparándose mentalmente.

"Bien, aquí vamos…"

La hoja rozó la piel de su pulgar, y un pequeño grito escapó de sus labios cuando el corte fue más profundo de lo esperado. La sangre comenzó a brotar, espesa y cálida, goteando hacia el suelo. Rápidamente, acercó su mano al pergamino. Una gota carmesí cayó sobre la superficie del papel.

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Activación del pergamino.

[Pergamino Único]

Clase: Universal.

Tipo: Sistema.

Nombre del usuario: Albert Stronger.

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En cuanto la sangre tocó el pergamino, un destello cegador de luz brotó del objeto. Albert, sorprendido, giró el rostro hacia un lado y cerró los ojos con fuerza, intentando protegerse de la intensa luminosidad. El pergamino comenzó a brillar con más intensidad hasta que, de repente, desapareció por completo, llevándose consigo la luz.

Un sonido agudo, similar a un timbre, resonó en su mente.

"¿Q-qué?" —murmuró, llevándose una mano a la cabeza cuando una punzada de dolor lo atravesó como si un clavo ardiente perforara su cráneo.

Se desplomó sobre el suelo de rodillas, apretando los dientes y sujetándose la cabeza con fuerza. La herida en su dedo seguía goteando, pero apenas le prestó atención. Después de unos segundos que parecieron eternos, el dolor comenzó a menguar lentamente.

Albert jadeó, abriendo los ojos con dificultad. Frente a él, una ventana transparente, flotante y de un tono rojizo, apareció de la nada.

"No puede ser…" —susurró con el sudor resbalándole por la frente. Una sonrisa débil y emocionada asomó en sus labios—. "Esto es… el sistema."

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Sincronización del sistema.

"Comenzando sincronización del sistema con el usuario Albert Stronger."

La voz femenina, suave y artificial, resonó en su mente. Albert se puso de pie lentamente, recuperando la compostura.

"¿Sincronización?" —murmuró, mirando fijamente la ventana flotante frente a él.

"Sincronización del sistema: 10%... 15%..."

Mientras tanto, buscó en uno de los cajones hasta encontrar una pequeña poción de curación. La destapó y dejó caer unas gotas sobre su dedo herido. Al instante, la herida comenzó a cerrarse, dejando la piel impecable.

"Esto es increíble…" —murmuró con asombro, observando su pulgar ya curado.

Limpió la sangre del suelo con una toalla y se secó el sudor del rostro antes de mirarse en el espejo.

"Sincronización del sistema: 45%... 57%..."

"Esto tomará un tiempo…"

Unos golpes suaves sonaron en la puerta.

"¿Joven maestro? El carruaje está listo." —Era Celia, su fiel sirvienta.

Albert suspiró profundamente. Puso de nuevo la poción en el cajón y lo cerró y metió la bolsa de monedas en su anillo dimensional. Se dirigió hacia la puerta y la abrió. Allí estaba Celia, con su impecable uniforme negro adornado con franjas azules, mirándolo con anticipación.

"Vamos, Celia" —dijo con una sonrisa.

"Sí, joven maestro."

Mientras salían de la mansión bajo el cielo despejado, el sistema continuaba avanzando poco a poco. Albert sintió una mezcla de anticipación y ansiedad.

"¡Sincronización del sistema completada!"

Una ventana azul brillante apareció frente a sus ojos.

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Ventana de Estado.

[Sistema del Mejor del Mundo]

Nombre del usuario: Albert Stronger

Nivel: 1

Clase: Mago

Talento: Magia de viento

Estadísticas: Fuerza (3), Inteligencia (4), Vitalidad (3)...

Albert sonrió, listo para aprovechar su nueva ventaja en este mundo desconocido.

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