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La Hermosa Mariposa Del Mafioso.

Capítulo 01. En la mira.

La oficina donde aquel chico trabajaba estaba tranquila, él hacía su respectivo trabajo en un pequeño cubículo, en la parte trasera del lugar. El sitió era agradable para trabajar, Elio Mancini había sido llevado ahí por su madre. Antes, había optado por otro trabajo, sin embargo, las cosas no resultaron como él había imaginado, en ese momento los secuestros de parte de la familia más poderosa de la mafia habían aumentado, y las calles eran peligrosas, por lo que tuvieron que recurrir a la protección de la familia Mandeli.

Era un buen trabajo y le garantizaba seguridad. También le gustaba lo que hacía, aunque su pasión eran los animales.

Elio se concentraba mucho en lo que hacía, ponía música de piano para trabajar o escuchaba algún documental sobre animales. Los demás empleados estaban en lo suyo. Sin embargo, en pocos minutos, las voces de sus compañeros comenzaron a escucharse.

Al parecer, un amigo de su empleador había llegado y estaba con él en la sala de juntas. No presto mucha atención ya que pocas veces veía a aquel licenciado.

Al cabo de una media hora, cuando tenía algunas impresiones que hacer, se dio cuenta que la impresora no tenía hojas así que fue al frente a conseguir unas.

Cuando estaba de regreso, en la división que había, se topó por accidente con un tipo alto, con cabello oscuro y ojos avellana hermosos, casi brillando en un hermoso color amarillo. Un cuerpo que se notaba, lo trabajaba mucho. Por su vestimenta, Elio supo de inmediato que no era cualquier amigo.

Traía puesto una camisa blanca, unos pantalones negros, unos zapatos de vestir oscuros y un saco negro. No traía corbata y se podía ver parte de su pecho, Elio trago saliva al sentirse intimidado por el desconocido, a pesar de su atractiva apariencia, su mirada era aterradora.

—Lo lamento —se disculpó haciendo una pequeña inclinación con la cabeza.

Elio solía tener una personalidad tímida, o al menos, no le gustaba socializar mucho, por ende, cuando alguien preguntaba a su madre el por qué no tenía algún amigo, ella simplemente contestaba: es tímido.

—Si, no te preocupes, niño.

La voz de esa persona se escuchó tan profunda que le causó escalofríos por todo el cuerpo. Su voz grave lo hacía ver muy interesante, Elio siguió con su camino para ir hacia la parte de atrás a sacar sus copias.

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—No sabía que tenías empleados tan lindos, Sr. Mandeli —dijo Vicenzo Di Marco apenas entró de nueva cuenta a la oficina de aquel político.

—¿A quién conociste? —dijo con una sonrisa de picardía.

—Un chico de ojos azulados... me pareció muy lindo, sin embargo, su forma de vestir es algo agresiva.

—Oh, hablas de Elio.

—¿Así que ese es su nombre, he?, no me atreví a preguntarle, parece muy tímido.

El Sr. Mandeli soltó una carcajada—. Que no te engañe su apariencia linda, ni su personalidad tímida. Créeme, ese chico es todo lo contrario a como realmente se ve.

—¿De verdad?, ahora siento más curiosidad en conocerlo —lamió sus labios con interés, recordando la mirada del chico; de pronto, quiso saber si él era tal como el amigo de su abuelo lo describe. Si era así, sería la persona ideal a la cual buscaba.

—Pero ten cuidado, Vicenzo. No te atrevas a dañarlo de alguna manera.

El ambiente cambió tan drásticamente y la mirada del mayor se tornó sombría. El pelinegro se sintió amedrentado por la voz y mirada que aquel hombre había utilizado. A pesar de ser casi iguales en personalidad, él respetaba mucho a esa persona. Sin embargo, ahora le intrigaba algo más.

—¿Por qué la amenaza, mi querido licenciado? —cuestionó recargándose sobre su silla y sosteniéndole la mirada a esa imponente persona.

—Elio Mancini es el hijo de una persona a la cual aprecio mucho, no permitiré que pongas tus sucias manos en él. Además, apenas tiene diecinueve años, es muy joven aun para ti.

—Bien, bien —agitó las manos en forma de rendición sonriendo ocasionalmente—. Además, soy cien por ciento heterosexual —sonrió mientras se cambiaba de posición—. Como sea, yo vine aquí para preguntarle algo... —él se acomodó en la silla—¿conoce a alguien que esté interesada en casarse conmigo?

—¿Casarse?, ¿De verdad piensas casarte?

—No quisiera, después de lo que paso la última vez —soltó un suspiro pesado— pero bueno, mi abuelo esta terco en que lo haga. Sabes que me tomo el matrimonio en serio y que, a pesar de que me guste andar de cama en cama, no quiero casarme con alguna de las mujeres con las que me acuesto. No son mi tipo.

Mandeli no podía entender a este chico. Era atractivo, un empresario exitoso, dueño de las mayores empresas en Europa. Además de ser uno de los hombres más temidos del continente y el mundo en general. Podía tener a cualquiera, incluso modelos o artistas, buscar una esposa así de la nada, sin duda era extraño.

—Pero esas chicas son lindas, en todos los sentidos, cualquiera soñaría con una así.

—Esas chicas son todo plástico —dijo riendo haciendo que el contrario sonriera también— pero, en realidad, ese no es el problema. Las personas pueden modificar cuantas veces les dé su regalada gana su cuerpo. Pero, padrino —se puso serio— tal vez suene ridículo, sin embargo, aún no ha llegado la persona a la que realmente ame, que la reemplace, y, mientras sea de esa manera, no me quiero casar y menos con una de esas chicas que lo único que buscan es dinero.

—¿Entonces por qué me preguntas si conozco a alguna?

—Simple. Si alguien quiere casarse conmigo solo por dinero no habría problema. Puedo seguir con mi vida como hasta ahora y me quitaré la presión de mi abuelo. Y mientras más joven sea, mucho mejor, las niñas son fáciles de manipular, unas palabras bonitas y las tienes comiendo de tu mano.

—Eso es contradictorio. —El licenciado se acomodó en la silla—. Sin embargo, eres inteligente, me gusta. Pero no sé de ninguna que esté interesada en este momento.

Vicenzo mostró una expresión de decepción mientras tomaba un poco de la bebida que tenía frente a él.

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Durante la tarde, todos los empleados se habían ido, a excepción de la secretaría personal del Sr. Mandeli, ya que él seguía conversando con su querido amigo.

Elio también se había quedado un poco más, tenía mucho trabajo atrasado y, aunque Mandeli era una buena persona, no toleraba el retraso en sus empleados. Eran las siete y media de la tarde cuando al fin apagó su computadora y guardó sus cosas para salir.

Se despidió cordialmente como todos los días recibiendo un “Hasta mañana” de parte de la secretaria.

Caminó hasta la salida esperando a su hermano mayor. Se puso sus audífonos y se quedó parado frente a la puerta, había un hermoso automóvil frente a él. Un Ferrari de color negro, a simple vista se podía apreciar lo caro que resultaba aquel automóvil. Elio suspiro. Un auto tan caro solamente podía ser conducido por una persona de alta cuna. Incluso caminar cerca del auto sería peligroso, un solo rallón y tendría que ser esclavo del dueño lo que le resta de su vida, y ni siquiera así podría pagar por los daños.

—Disculpa —un ligero toque en su hombro, acompañado de esa voz tan varonil, le hizo levantar la vista— ¿podrías moverte?, tengo que irme ya.

—Oh, sí, lo siento mucho —hizo una ligera reverencia mientras se movía.

—Eres Elio Mancini, ¿cierto? —Elio no se sorprendió al escucharlo decir su nombre, supuso que el señor Mandeli le había hablado de él.

—Sí, así es, señor.

—Tengo una propuesta para ti.

Elio se quedó sorprendido, sin poder responder nada; ¿Qué clase de propuesta le haría alguien que ni siquiera conocía?, es más, incluso su nombre era desconocido, y, sobre todo, era uno de los hombres más famosos de Italia, tanto en el bajo mundo como en el mundo de los negocios. Elio no conocía mucho sobre arquitectura, pero este hombre imponente era el magnate más joven de Italia. Un ingeniero civil que, con solo decirlo, podría hacer que los edificios más importantes del país explotará en mil pedazos.

—Yo...

—Elio —la voz de su hermano a sus espaldas lo obligó a voltear. Elio se sintió agradecido por su llegada. La mirada del hombre era penetrante y lo estaba poniendo muy nervioso— vámonos.

—Me tengo que ir. Hasta luego, señor.

Elio Mancini; ese nombre comenzó a sonar en sus pensamientos. Lo vio subir al auto de aquel tipo que había interrumpido su conversación. Curvo sus labios en una sonrisa, con satisfacción.

Subió a su auto y antes de comenzar a conducir marcó el número de una persona de alta confianza.

—Investiga a Elio Mancini, trabaja para mi padrino, el Sr. Mandeli.

Vicenzo Di Marco había encontrado lo que estaba buscando. A pesar de la advertencia y clara amenaza de Luigi Mandeli, no iba a detenerse su plan. Ya tenía a alguien en la mira y, todo lo que Vicenzo Di Marco quería, lo tenía.

Aquel chico de aspecto frágil era la presa perfecta para su mandíbula despiadada. No buscaba romance y tampoco a alguien que lo amara, estaba seguro que no iba a amar a nadie más. Nunca. Entonces, aquel niño era la opción perfecta, si su abuelo se negaba, entonces él tendría todas las de ganar.

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—Abuelo —Vicenzo saludó con una sonrisa. El anciano le regreso la sonrisa. Había pasado un tiempo considerable desde que había visto a su nieto en persona. Vicenzo había crecido y del adolescente rebelde no quedaba ni la sombra.

—Vicenzo, tu padre... ¿cuándo vendrá?

Él levantó los hombros en respuesta—. Dijo que estaría aquí esta semana, más no específico el día.

En realidad, la razón por la que Vicenzo Di Marco había regresado a su natal Italia, desde Rusia, era por petición de su padre. Salvatore Di Marco le había pedido verlo, era hora de que él tomara el control del Clan Marco.

—Tenemos asuntos urgentes que tratar. —El anciano lanzo unas fotografías sobre la mesa de vidrio de la sala—. Vicenzo, hay un grupo nuevo que está tratando de sabotearnos y quedarse con nuestras plazas.

—¿Desde Cuándo? —cuestionó mientras agarraba cada fotografía y las examinaba. Había hombres que jamás en su vida había visto, para su desgracia.

—Hace unos meses, es decir, no tengo la fecha exacta desde cuando comenzó la traición y filtración de información.

—Así que tenemos un topo en la organización. —El más joven de los Di Marco arrugó las cejas. Era verdad que en esos “trabajos” siempre existía un traidor, pero la familia Di Marco se había mantenido leal a su causa, era la primera vez que algo como eso pasaba.

—Varios, pero por ese motivo necesito a tu padre aquí —el abuelo del pelinegro agarró una copa y tomó un poco de su bebida— también, hay otra cosa importante que tenemos que discutir.

—¿Qué es?

—Que aún no tienes una esposa.

Vicenzo soltó un suspiro de frustración. Si bien amaba a su abuelo, el que quisiera que se casara, le molestaba bastante, a él no le gustaban en absoluto las ataduras. Ya no.

—Estoy en eso —dijo después de levantarse y caminar hacía la puerta— pero, no tienes problemas si es un esposo ¿cierto?

Sin esperar respuesta, salió de aquella sala. Su inexpresivo abuelo mostró una mueca en su rostro. No se sabía con certeza si era de disgusto, sorpresa o felicidad. Sin embargo, aún estaba un poco consternado por esa respuesta, siempre había visto a su nieto como un hombre al que le encantaba disfrutar de la compañía de mujeres hermosas.

Sabía perfectamente de todas las aventuras de Vicenzo, y, por esa misma razón, no cabía en su cabeza que su nieto quisiese casarse con un hombre.

—El joven Vicenzo sí que nos tomó por sorpresa, jamás pensé que podrían llegar a gustarle los hombres —comentó uno de los empleados que se encontraba ahí. Era la mano derecha de él— es tan... libertino, y dedicado a las mujeres...

—Marcello. —Interrumpió el anciano Di Marco.

—Señor.

—Manda a investigar con qué tipo se quiere casarse mi nieto. No permitiré que un cualquiera entre a nuestra familia.

—Sí señor.

Y así fue como Elio Mancini entró en la mira de la poderosa familia Di Marco. El pobre muchacho ni siquiera sabía que dos de las más grandes cabezas de la mafia tenían sus ojos puestos en él.

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Bueno, es el primer capítulo, comenten que les pareció: los personajes, el inició, la forma de escritura, etc, etc.

Les agradeceré mucho sus opiniones y comentarios positivos, besos 😘😘

Capítulo 02. Perseguido.

—Señor. —Dijo el subordinado de Di Marco al entrar al despacho.

El lugar desprendía elegancia desde el más mínimo detalle en la decoración, hasta el enorme techo de doble altura con un candelabro con luces blancas. Los muebles eran nuevos y en colores neutros. Por dónde sea que pusiera los ojos, la palabra elegancia estaba escrita.

El aroma a Royal Courtesan inundaba cada rincón del sitio, mezclándose con el aroma a bergamota del aromatizante. Los hielos en su whisky se escucharon en un tintineo al derretirse y pasar uno sobre el otro, haciendo eco en el silencioso despacho.

—Elio Mancini, es un joven de 19 años, nació en el año 2002, Julio 26.

Fue la primera información que el joven jefe Di Marco recibió de su subordinado. Siguió leyendo aquel informe, que, por cierto, no era más que una hoja tamaño carta.

—En tres meses cumple veinte años

—Así es señor.

Vicenzo siguió leyendo.

Según el archivo que se le entrego, Elio vivía únicamente con su madre y sus hermanos, su padre había muerto por una supuesta sobredosis de alcohol cinco años atrás, el hombre fue encontrado a fuera de un bar en un barrio de mala muerte, tenía el cuerpo morado y a su lado había una botella de cerveza adulterada.

Elio era el cuarto de cinco hijos, tenía dos hermanas y dos hermanos. «Una familia numerosa», pensó.

Continúo con la lectura mientras le daba una calada al puro en su mano izquierda. Elio resultó ser bueno en los estudios. Había permanecido como el primer lugar desde niño, hasta el bachillerato, se había graduado hace unos meses apenas.

Su madre había trabajado varios años con la familia Mandeli. Ella parecía una persona importante en esa familia, recordó que Luigi Mandeli le había hablado sobre una sirvienta de mucha confianza, ella incluso había acompañado a su padrino a cerrar algunos negocios importantes, tal vez, un día logró verla, sin embargo, no recordaba su rostro.

Sin embargo, antes de la muerte de su padre parece no haber información de ellos. No había nada sobre sus abuelos, ciudad de origen, familiares que vivieran en la misma ciudad, o algo por el estilo. Vicenzo sintió aún más curiosidad por Elio Mancini.

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—El joven Vicenzo mandó a uno de sus subordinados a investigar a un joven que trabaja con el Sr. Luigi Mandeli en su notaria —informó Marcello Cavalli, la mano derecha de Gabriele Di Marco.

—Síguelo, dime a donde va después de su trabajo, que hace, quienes son sus amigos, que le gusta, que le desagrada, investiga a su familia, sus antecedentes, su tipo de sangre... quiero todo sobre ese chico.

—Sí señor.

—¿Con que clase de gente estas tratando, Vicent?

El abuelo Gabriele, que para ese entonces gozaba de una salud estable, se preocupaba mucho por su único nieto. Ya una vez le había permitido hacer las cosas por su cuenta y las consecuencias fueron fatales, aunque Vicenzo aún no lo aceptaba. Ahora, tenía que asegurarse que su nieto hiciera una buena elección.

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Después de ese día los dos jefes de la mafia centraron su atención en aquel joven.

Elio era joven, más no tonto. Se había dado cuenta que desde hace un par de semanas lo habían estado siguiendo.

Al principio pensó que era su hermano a quien seguían. Carlo Mancini era un periodista de la nota roja y política, había hecho muchos enemigos desde que decidió ventilar los asuntos de un juez supremo. Sin embargo, esa idea fue desechada cuando en los fines de semana o después de sus clases de defensa personal veía a personas detrás de él.

Sin embargo, no sabía ni quienes eran ni qué era lo que buscaban. Pesó en sus tías, ellas eran las únicas que podían hacer algo tan bajo como el acoso, y si eran ellas, no pensaba huir. Él deseaba poder cobrar venganza por la muerte de su padre.

Aunque el caso estaba cerrado y los forenses dijeron que fue una sobredosis, ni él ni su hermana lo creían así.

—Iré solo a casa hermano, no tienes que venir por mí.

Elio estaba decidió enfrentarse a esos bastardos que lo habían estado siguiendo esos días.

Eran las seis y media de la tarde cuando salió de su empleo, el sol no era bueno en esos días y a esa hora estaba casi oculto. Caminó discreto hacia el lugar que había planeado.

Noto tres presencias detrás de él. Siguió hasta un callejón en busca de emboscarlos. Fue un poco más rápido que quien lo seguía. Se escondió y esperó a que aquel tipo pasara de largo.

Se aseguró que no hubiera alguien más cerca y salió de su escondite. Caminó detrás del tipo y lo tomó por sorpresa.

—¿Se te perdió algo? —Preguntó mientras salía detrás de un contenedor de basura.

Aquel tipo gruño, molesto, cambiando su semblante a uno preocupado. Elio se quedó de brazos cruzados esperando una respuesta que no llegó.

─ Oh —exclamó con mera burla—, pronto lo sabrás.

Tan pronto como aquel tipo dejo de hablar, Elio sintió la presencia de dos personas detrás de él. Antes de poder girar su rostro ellos lo inmovilizaron poniendo droga en su nariz haciendo que se durmiera.

Trato de forcejear antes de que su cuerpo perdiera la conciencia, pero fue inútil, eran más y mucho más fuertes. Se sintió estúpido al pensar que podría enfrentarlos él solo.

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La vista de Elio estaba nublada y sus ojos se sentían pesados. La cabeza le martillaba, justo como la primera vez que se emborracho.

Giró su rostro a todos lados, una vez que había recuperado sus cinco sentidos. Tenía miedo, pero su subconsciente intentaba desesperadamente buscar una salida. Sin embargo, no había ni siquiera una ventana.

La habitación en la que estaba era amplia y con poca luz, no obstante, había libros por doquier. Extrañamente se sintió aliviado de no estar atado a una silla en un lugar horrible. Había visto películas sobre asesinos en serie, secuestro, documentales sobre homicidas y secuestradores, por lo regular, todos llevaban a sus víctimas a un terreno baldío, una bodega abandonada o un lúgubre sótano.

Buscó con desespero sus pertenencias, su mochila no estaba y en sus bolsillos no estaba su celular; estaba jodido. Miró por todos lados pero la tenue luz no lo dejaba ver más allá de medio metro de él.

—¿Buscas esto? —una voz desde las penumbras hizo que dejara de mover todos los cojines del sofá. Encendió una lámpara de escritorio dejando ver parte de su rostro.

Elio se giró, estupefacto. Aquel hombre, que rondaba los ochenta y tantos años, tenía entre sus manos su celular; ¿desde cuándo estaba ahí?, ¿tan concentrado estaba en su búsqueda qué no lo pudo ver?

—¿Por qué me trajeron aquí?, ¿Quiénes son ustedes? —Elio se puso de pie, alarmado. El hombre hizo lo mismo y rodeo el escritorio hasta quedar enfrente, recargo su cuerpo contra la madera y miro al muchacho de pies a cabeza; era hermoso. No podía negar que su nieto tenía un buen gusto.

—No te preocupes, no te haremos daño.

—Por supuesto, ¿Cómo llegué a pensar eso? —Ironizo—, me drogaron, me trajeron a la fuerza a este lugar y me dejaron incomunicado, seguramente es algo bueno ─el tono sarcástico le saco una carcajada al anciano. Había que admitirlo, el niño tenía agallas. Estaba frente a su raptor y, por más asustado que se veía, sus palabras burlonas le daban algo de valor.

—Es menos terrible de lo que se oye —expresó el anciano yendo hasta una pared.

Después de subir el nivel de la iluminación Elio pudo ver mejor el rostro del hombre, y el de sus captores detrás del anciano, eran grandes y tatuados, se sintió más estúpido ahora que los examinaba bien. Con un cuerpo pequeño y débil, jamás podría luchar contra ellos. Pero su mirada regreso al anciano. Había visto hombres mayores y sus rostros se veían amables, sin embargo, este anciano era todo lo contrario. Trago saliva al ver el rostro imponente de aquel hombre.

Pero Elio Mancini no era de los que se dejaban intimidar, y, tragando su miedo, puso una mirada retadora.

—¿Qué es lo que buscan?

—Relájate, solo quiero hablar contigo.

Elio no dijo nada, su mirada seguía siendo retadora. El anciano torció sus labios en una sonrisa de satisfacción. A pesar de lo lindo y delicado que parecía aquel muchacho, sin duda alguna tenía un espíritu rebelde y lleno de valor.

Le agradó la buena elección de su nieto.

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Vicenzo manejaba con un semblante de completa seriedad y frustración. Su subordinado le había informado que unas personas habían secuestrado al joven Mancini. Los siguió y lo llevaron al hogar de su abuelo.

El de ojos avellana apretaba las manos contra el volante de piel de su Ferrari con fuerza logrando que las venas de sus manos se marcaran más por la fuerza empleada.

¿Para qué quería su abuelo a ese chico?; soltó un resoplido de molestia apretando los dientes.

Continúo manejando. Su abuelo lo había vuelto a hacer, sus recuerdos viajaron a hace diez años cuando apenas tenía veinticinco años y estaba profundamente enamorado.

Ella había sido, y estaba casi seguro, que sería su único amor, aunque sonara ridículo así lo pensaba. Ella no merecía que su abuelo la haya incriminando de esa manera. Quería defenderla, sin embargo, su familia siempre ha sido más importante, pero si tuviera otra oportunidad, no dudaría en salvarla de esa humillación.

Al fin llegó a aquella enorme mansión rodeada de gente armada. Entró a toda prisa por la enorme puerta que adornaba la entrada principal. Fue dando zancadas hasta la entrada de la biblioteca.

—Lo lamento, joven señor, su abuelo dio órdenes específicas de que nadie lo molestara.

El guardia que custodiaba la entrada se inclinó hacia él en forma de disculpa.

Vicenzo Di Marco rechisto, con molestia, algunas palabras para nada entendibles.

Aunque quisiera, no podía interrumpir, aun siendo su nieto habría consecuencias si llegara a desobedecer una orden directa del anciano Di Marco.

Sin más, decidió esperar en la sala.

Seguramente su plan se iría al caño después del secuestro de ese chico. Él ni siquiera conocía su nombre y ya estaba siendo interrogado por su abuelo.

—Maldición.

Mascullo la palabra mientras se servía un vaso de tequila.

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Elio aún estaba procesando lo que el anciano le estaba preguntando. Aunque le pareció innecesario, ya que él ya tenía toda su información en la carpeta que tenía en sus manos.

Cuando le pregunto porque insistía en hacer esas preguntas si ya tenía las respuestas, el anciano Di Marco sonrió con soltura y le respondió— Quiero probar tu paciencia, solo eso.

—Le aseguro que no es mucha, ya casi llega al limité.

Elio estaba luchando por mantenerse sentado y no salir de ahí o decir alguna cosa de la cual muy seguramente le haría arrepentirse.

Dentro había tres guardias, los mismos que lo habían llevado a ese lugar, estaba completamente seguro que detrás de esas puertas habría aún más vigías. Salir vivo, no era algo que pudiera hacer.

—¿No tienes curiosidad del por qué te traje aquí?

—Lo pregunté desde el principio.

El anciano sonrió, su nieto sí que había conseguido "una esposa" rebelde. Esa rebeldía que mostraba Elio le agradaba pues, de alguna manera, le recordaba a su “yo” del pasado.

—Dime, muchacho —Gabriele, que había vuelto a su lugar ya hace un rato, se recargo sobre el respaldo del sillón de piel, miro con ojos inquisitivos a Elio y prosiguió con su pregunta— ¿tienes alguna pareja sentimental?

La cara del chico fue cambiando de una estoica y sin interés, a un rostro de completa confusión.

En realidad, él no tenía ni siquiera un amigo cercano. Desde la escuela secundaria, en segundo año, comenzó a alejarse de quienes en ese entonces, consideraba sus amigos.

Dejo a cada uno de ellos en el pasado y continuó viviendo una vida sin formar vínculos de amistad con nadie. Mucho menos de romance.

La vida que había tenido al lado de su padre le enseñó que no necesitaba a nadie a su lado. Y, sin embargo, recordar que una vez sintió la necesidad de tener a esa persona, de tener su cariño y toda su atención, le molestaba ese sentimiento, tal vez porque no fue correspondido, o solamente porque odiaba esa parte de él: la parte donde puede enamorarse.

«Tks, realmente lo odio»; pensó, mientras esa sensación que había dejado años atrás, lo volvía a consumir por dentro.

Esa persona se había alejado repentinamente de él. En ese momento no sabía explicar sus emociones. Ya una vez había dejado todo atrás para cambiarse de ciudad, entonces, no entendía porque el repentino aislamiento de ese chico le dolía tanto.

—¿Eso que importa? —rechisto. Indagar sobre su vida sentimental le irritaba.

—Importa más de lo que crees —el anciano de ojos avellana se inclinó hacia él con una mirada intimidante, pero, de alguna forma le decía que nada le iba a ocurrir— tengo una propuesta para ti, Elio Mancini.

Capítulo 03. Nostálgico.

Al final, Vicenzo se cansó de esperar y decidió entrar a esa biblioteca a la fuerza. Su abuelo sólo lo miro sin mostrarse descontento o molesto.

—¿Qué significa esto, abuelo?

Los ojos de Vicenzo viajaban desde su abuelo hasta el muchacho y viceversa, Elio, que permanecía un tanto sorprendido, lo miraba también. El silencio reino en el lugar. Gabriele se levantó de su lugar y le devolvió el celular al muchacho junto a su mochila.

—Fue un gusto conversar contigo Elio, espero que nos volvamos a ver, y saluda a tu madre de mi parte.

—Claro, señor. Con su permiso. —Elio puso su mochila en su hombro y se levantó—. Con permiso —dijo al confundido Vicenzo.

Elio salió de la biblioteca ante la mirada de confusión del de ojos avellana, antes de irse se giró un poco e hizo una pequeña reverencia a ambos hombres. Posó sus ojos azulados en el pelinegro, y luego de unos segundos, se cerró la enorme puerta haciendo eco con el sonido.

—¿Por qué lo trajiste aquí?, ni siquiera sabe mi nombre y ya lo estas interrogando. Eso es demasiado, abuelo.

—Pues él mostró menos miedo y menos desconcierto cuando se enteró de quienes somos que tu noviecita de años, Adele Petrucci.

—No compares a Adele con ese niño, ella estaba así porque le mentí, abuelo. Hice que se enamorara de alguien que no existía.

—Y te abandono pidiendo dinero por los años que estuvieron juntos, incluso el anillo de compromiso se lo llevó, además, ella es la causante de...

—¡Eso ya quedo claro!, Adele no tuvo nada que ver con eso. Ella sólo quería seguridad. ¿No recuerdas que los imbéciles del sur la secuestraron?, nunca pensé en reclamarle nada, y darle todo lo que me pidió era lo correcto. Si hubiese estado con ellos no se la hubieran llevado, nadie podría soportar algo así.

—Sigue creyendo eso, hijo. —Gabriele ignoró ese tema. Ya habían hablado de eso, y nunca llegaban a ningún lado—. Y hasta ahí terminó su amor por ti, no me digas que jamás pensó de dónde salían todos esos regalos caros que le dabas ─el Sr. Di Marco resopló frustrado—, esa chica lo único que vio en ti durante esos seis años fue el signo de dólares. En ese entonces, respete que no quisieras que la investigara, sin embargo, ahora tengo que asegurarme de que no pasará lo mismo.

—Bien, supongamos que era así, que ella sólo se fijó en el dinero y no en mí, ¿Qué diferencia hay con ese chico?, también estaría a mi lado por dinero.

—La diferencia radica en que esta vez tú lo sabes, y que él no estaría jugando contigo. Verte miserable hace años, como un Di Marco... me causa nauseas.

—Eso es todo lo que te importa ¿no?, el nombre de la familia —Vicenzo guardó silencio tratando de calmarse, ambos estaban tensos, el ambiente era pesado. Después de unos segundos volvió a hablar—. Además, no entiendo la necesidad de casarme.

—Es hora de que nos des un descendiente.

La seriedad de su abuelo en esas palabras lo tomó por sorpresa, sin embargo, tan pronto como esas palabras tomaron sentido en su mente, una carcajada estruendosa se escuchó por toda la biblioteca.

—Abuelo —dijo retomando el aliento— Elio Mancini es un hombre, por sí lo olvidaste... él no puede concebir.

—Claro que no lo he olvidado, sin embargo, —el anciano Gabriele caminó hasta el escritorio agarrando un sobre amarillo. La lanzó a su nieto y dijo— revisa eso y luego hablamos.

Cuanto más leía, más interesante se volvía Elio Mancini. Vicenzo levanto la mirada hacia su abuelo, sabía que no estaría interesado en el matrimonio con un hombre sin algún motivo oculto.

Arrugó las cejas, le dio una última mirada a su abuelo y después salió, llevando con él la información recopilada.

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Los días siguientes, Elio había estado pensando mucho en esa propuesta, era demasiado tentadora, pero también, bastante irreal. No sabía a ciencia cierta cuanto poder tenían, sin embargo, y gracias a lo que escucho de su madre, sabía que eran personas influyentes, tanto en el mundo de la mafia, como en el mundo político y financiero.

Al principio trato de no pensar mucho en ello, apenas era un muchacho y casarse no estaba en sus planes de vida, y mucho menos con alguien que ni siquiera conocía.

Sin embargo, las deudas de su familia por la enfermedad que su madre había tenido eran cada vez menos insostenibles. Su hermano mayor cargaba con la mayor parte de las deudas, él hacía lo posible por ayudarle, al igual que Luka, su otro hermano mayor, la menor solamente se dedicaba a estudiar, y de su segunda hermana poco sabia.

Podía pasar noches sin dormir y darle vueltas al mismo asunto.

Le habían dado dos semanas para pensarlo, él, definitivamente lo había rechazado al principio, pero, aun así, aquel anciano le había dado una segunda oportunidad para que lo pensara detenidamente.

Seguía preguntándose por qué un hombre como él querría casarse con otro hombre, Elio no tenía el perfil de un chico rico ni pertenecía a una buena familia, no había ningún beneficio en contraer matrimonio con él.

Además, conocía la vida de las esposas de los mafiosos, y definitivamente no quería vivir así, no obstante, sabía perfectamente que no podía pagar la universidad por sí solo.

Había decidió tomarse un año antes de entrar para poder ahorrar todo lo que fuera posible, la matrícula era cara al igual que las colegiaturas. Elio soñaba con graduarse de la universidad más prestigiosa de la ciudad, con una beca podría lograrlo, pero tampoco quería dejar a su hermano solo con las deudas. Era estresante pensar en todo eso. Estudiar medicina siempre había sido su sueño, antes, incluso había pensado en entrar a una academia militar y especializarse en el área de medicina, sin embargo, debido a sus antecedentes familiares, le resultó imposible.

Tenía todo planeado, sin embargo, durante las prácticas sabía que tenía que dejar de trabajar, además, su hermana menor también iba a entrar a la universidad, y como ella no trabajaba, su hermano y madre le ayudarían.

Las cosas no pintaban fácil y cada vez más, las circunstancias lo empujaban a aceptar. No obstante, Elio era una persona con principios bien fundados, y aceptar un matrimonio por dinero, definitivamente violaba todos y cada uno de sus principios.

Elio soltó un suspiro mientras se recargaba contra la mesa del cine. A pesar de salir para distraerse y dejar de pensar en la propuesta jefe de la familia Di Marco, no podía hacerlo.

—Que frustrante. —Susurró.

Dejo salir el aire que contenía en sus pulmones, mientras levantaba el rostro y comía un poco de palomitas. Había pasado un tiempo desde que había puesto un pie en el cine. Elio no salía mucho, estar rodeado de personas le resultaba demasiado incómodo.

De entre la multitud, un par de amigos lo alcanzaron a reconocer. Ambos se acercaron al distraído Elio.

—¿Elio?

Elio volteo a sus espaldas encontrándose con ese par de personas muy bien conocidas. Ellos dos habían sido sus amigos durante la escuela secundaria, incluso antes de eso. No obstante, se había alejado de ellos hace años, jamás espero volverlos a ver, y mucho menos que ellos le hablarán primero, Elio había cortado su relación de amistad abruptamente, se dejaron de ver y jamás se contactaron con él.

─Oh, Gianni, Enrico, que... que gusto verlos.

Elio reconoció enseguida su voz y esos cabellos entre lilas y blanco que caracterizaban a Gianni. También, la familiar figura a su lado, Enrico, que permanecía con la misma expresión de siempre, una que no mostraba mucho de su actitud, su cabello negro y algunos mechones verdes eran un tanto largo.

Ellos se veían un poco más altos que la última vez que los había visto, incluso Gianni, que en el pasado había sido un poco más bajo que él, ahora parecía más alto, aunque era más pequeño que Enrico. Al parecer, seguían teniendo el mismo gusto para vestir: con ropa holgada, en tonalidades oscuras, mayormente negro, botas y accesorios en color plateado, como cadenas, aretes, anillos o pircings.

Ellos le sonrieron de una forma muy amistosa, en especial Gianni, que jamás había tenido la esperanza de volverlo a ver. Desde siembre, Gianni o, pequeño entrometido, como Elio solía decirle, había sido el más cercano a él. Ambos se habían conocido desde la infancia y se mantuvieron juntos hasta la escuela secundaria.

Gianni y Enrico se sentaron e intentaron conversar él, sin embargo, no quería volver a tener nada que ver con ellos. Se supone que había dejado todos esos sentimientos de cariño atrás. Pero en ese momento, lo único que quería era sacar todos sus pensamientos.

No obstante, contarles todo lo que estaba pasando podría resultar abrumador y extraño, después de todo, habían pasado años desde que los tres se reunieron por última vez.

Comenzaron a hablar de cosas triviales. Trataron de ponerse al corriente con sus vidas, Enrico, que había estado en la misma clase que Elio en la escuela secundaria, comenzó a contarle sobre sus compañeros de esa época, Gianni también le hablo sobre compañeros que habían tenido una "amistad" con él en el pasado.

Elio soló miraba su reloj, impaciente, deseando el que tiempo volara en ese momento. No obstante, el reloj parecía querer quedarse en el mismo minuto incluso después de una hora.

—Creo que ya me tengo que ir. La película que voy a ver ya está por comenzar.

—Oh, sí —dijo Gianni— danos tu contacto para reunirnos en otra ocasión.

Elio lo pensó por unos segundos, pero, al final, sacó su teléfono móvil y les dio su número. No estaba seguro si de verdad lo contactarían, pero aun así, lo hizo.

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Después de ese repentino encuentro con esas viejas amistades, Elio estuvo recordando los momentos a lado de esos dos chicos que había conocido cuando recién había llegado a ese lugar lugar. Primero conoció a Gianni, quien vivía en el mismo edificio que él, pero un piso abajo. Apenas tenía siete años cuando se mudo ahí y pronto se hicieron amigos. A Enrico lo conoció un par de años después en la escuela, aunque Enrico era viejo amigo de Gianni, al principio no le caía nada bien, pero pronto se hicieron amigos y desde ese día estuvieron juntos.

Recordar eso le causaba dolor de cabeza, aún más, sabiendo que ellos conocían su vida y no sólo la apariencia que quería dar desde niño. Siempre se había preocupado porque no lo asociarán a los Mancini, o que otros conocieran la vida que llevaban, pero no pudo ocultarlo de ellos, y aunque le ayudaron a guardar sus secretos, él nunca llegó a confiar ciegamente en ellos.

Elio estaba tan sumergido en los recuerdos y sentimientos del pasado que se olvidó casi por completo de la propuesta del anciano Di Marco.

No fue hasta el viernes que un mensaje se lo recordó. Estaba en su habitación cambiándose ya que minutos antes había salido de la ducha. Se puso una ropa cómoda. Su habitación estaba ordenada, la luz blanca era tenue. Le gustaba la paz de la oscuridad, había varios libros sobre su escritorio y algunos más en un pequeño librero. Aunque a simple vista no lo pareciera, Elio disfrutaba de la literatura.

Su celular vibró un par de veces, había decidido ignorarlo porque iba a cenar, sin embargo, lo agarro para ver la notificación, al encenderlo, tenía muchas notificaciones de distintas redes sociales, pero la que le interesaba, era el mensaje que acababa de recibir.

En la barra de notificaciones leyó el mensaje de un número desconocido. Su semblante cambió al instante, Elio ya no tenía tiempo para pensarlo más, al siguiente día tendría que dar una respuesta, y ni siquiera le había contado nada a su familia.

Apago el celular, lo guardó en su bolsillo y fue al comedor.

Elio se detuvo a ver a su familia en el comedor. Vio a su madre sirviendo la comida, a su hermana menor peleando con el hijo de la vecina (ella lo encargaba ocasionalmente), y a su hermano mayor concentrado en su celular. Carlo ni siquiera en casa podía descansar del trabajo.

Dio un suspiro y entro con una sonrisa.

A pesar de no tener muchos amigos, Elio era unido a su familia, él estaba seguro que ellos le ayudaran y lo apoyaran en cualquier decisión que llegara a tomar.

Aunque tenía miedo de ser amenazado por los Di Marco.

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