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Los Milagros De Marina

A mis lectores

Me compartieron hace un tiempo ésta historia de vida, puede que a algunos no les agrade, es fuerte y emotiva. Cuando escuchaba el relato, mi mente se negaba a creer, lo que ella había vivido.

Cuánta fuerza hay en nuestro género. Hay mujeres únicas y la protagonista de esta novela es una de nosotras.

Con el permiso de ella la escribo para ustedes....

La Huida

Llegué a mi cuchitril en silencio, traía leña sobre el lomo de mis perros, les había hecho unos arneses y ellos creyendo un juego no se percatan la ayuda que me prestan, Vaquero como era grande traía más y Susy un poco menos, cuando pequeña la habían golpeado tanto que quedó coja de por vida, y yo cargaba una bolsa con verduras y frutas que me había regalado el viejo Juan, hacía tiempo que lo hacía, seguro le daba pena verme tan delgada, al borde de la desnutrición, tenía trece años y mis costillas sobresalen de mi viejo vestido. Calladamente hice fuego y en una olla empecé el cocimiento. Mis perros movían la cola contentos sabiendo el festejo de comida que tendríamos. Le agregué unas callampas que había recogido en el monte. Salía un rico olor y las tripas de los tres sonaban muy fuerte.

En la casa no se sentía nada. Probablemente estaban todos ebrios. Era su forma de vida. Me levantaba de amanecida y les preparaba el desayuno y dejaba cocinado el almuerzo. De ahí salía rápido, odiaba ese olor a alcohol.

Ivonne, la mujer que me parió no me permitía comer nada de ellos, todo lo medía, por lo que me tenía que arreglar pescando en el río o recogiendo frutos en el monte, o recibiendo cosas que me regalaban. Decía que agradeciera que tuviera un techo, es mucho más de lo que te mereces.

Ella nunca dejó que la llamara mamá, me odiaba y me lo dejaba bien en claro todos los días.

A los ocho años le pregunté por primera vez quien era mi padre y me dió una paliza que desperté al otro día. Cuando tenía diez le volví a preguntar y con un palo encendido me quemó el brazo, esa cicatriz era la prueba viviente que nunca fuí querida.

Me llamaba Garrapata, nunca tuve un nombre, no me inscribió en el registro civil por lo que la gente por lastima me decía "Niña". No sabía leer y menos escribir.

Corría un rumor en el pueblo que yo era bruja, ella lo había hecho correr, ella misma me lo confesó. Era por mis ojos, no eran iguales uno era azul y el otro verde. La gente evitaba mirarme.

Ivonne odiaba mi mirada y me prohibía que la viera.

--Baja la mirada garrapata, no me mires con esa mirada altiva. O quieres un ojo morado también?

-- Te preguntas porque te llamé así? Fue porqué ni las hierbas que me dió la vieja Tomasa, ni la caída que me provoqué al tirarme de una escalera, ni nadando todo un día en el mar, lograron que salieras de mi vientre. Te pegaste como un bicho.

--Por tu culpa engordé y perdí muchos clientes, los pechos me quedaron flácidos y todo por tu culpa.

Si no hubiera sido por la vecina que te dió de mamar te habrías muerto. Eres un bicho duro.

Cuando pude darme cuenta supe que era prostituta, y que en eso se ganaba la vida. Era una de las putas del pueblo. El lugar se llamaba "Rio Tijeral" Ella tenía su casa al borde del río, dónde vivía la escoria y yo vivía en la casucha dónde se guardaban los trastes que no se usaban. Desde que aprendí a caminar trataba de no cruzarme en su camino. Solo era la sirvienta.

Ella era muy bonita, diferente a mi, era morena y tenía unos ojos negros y su pelo, ensortijado y largo. En cambio yo era de tez clara y mi cabello ? no lo sé, siempre me lo ha cortado como un hombre, solo se que no es oscuro como el de ella, nadie diría que soy su hija, aunque todo el pueblo lo sabía.

Cuando tenía diez años, uno de los clientes se quedó y no se fue más. A los días llegó un muchacho y se instalo en la casa, supuse era el hijo del hombre. Ahora tenía más trabajo eran tres personas a las que atender, lavar y cocinar.

Ivonne tenía un mueble con llave, ahí guardaba la mercadería y supongo sus cosas valiosas, todos los días me dejaba en la mesa lo que tenía que cocinar. El hombre se llamaba Luis y su hijo Sandro.

Los miraba desde mi casucha, y algo me decía que no eran buenas personas, no me dirigen la palabra y me ignoraban como si no existiera. No es que me importara, yo con mis perros era feliz.

Fueron pasando los meses y me di cuenta que estaba muy gorda, ya no podía trabajar. Porqué a pesar de tener a Luis en su casa seguía "trabajando". Se notaba que era feliz, y bebía menos, ahora sonreía y se tocaba el vientre, y un día la escuché,

--Tu serás mi pequeña o pequeño y serás amada.

Recién ahí me dí cuenta que estaba embarazada y pensé, más trabajo para mí.

Dos meses después nació Eliana, ella estaba feliz y el hombre desesperado para que empezara a trabajar nuevamente, pero ella le dijo que no, que cuidaría a la niña unos tres meses.

Tuvo que salir a pescar con su hijo porqué no había que comer. Sinceramente estaba contenta, que la situación les haya cambiado, aunque fuera por poco tiempo.

Fue tal como lo pensé, me tuve que hacer cargo de la bebé también, mientras ella trabajaba, ahora en casa de una amiga. Eliana era muy llorona a pesar de que ella le daba su leche siempre quería más. Pero en cuanto llegaba ella, se hacía cargo inmediatamente de su hija. Ahora llegaba dinero y el hombre y su hijo dejaron de trabajar.

Bebían los tres, yo dejaba lavado y me iba al monte y no regresaba hasta muy noche. Recolectaba leña y recogía frutos, gracias a Dios siempre habían.

Esa noche estaba preparando el cocimiento y mis perros comenzaron a gruñir, era Luis venía ebrio.

Pasó y se sentó en mi camastro.

--Quiero hacerte una proposición Garrapata.

--Tu mamá ya está vieja, ahora el embarazo la dejó toda gorda y ya no tiene tantos clientes como antes.

--Que tal si tú tomas su puesto? Yo te protegería y tú trabajarás como ella.

--Mi hijo te quiere para él, y tu mamá está de acuerdo, pero yo soy un negociante y se que sacaría buena plata por tí.

Los perros no dejaban de gruñir.

--No....

--No que?

--Ya estás grande, y a algunos hombres les gustan así, niñitas y delgadas como tú?

--Te dije que no. Sal de aquí....!!!

--Tu madre siempre dice que tú eres una altanera. Y parece que no está equivocada.

--Ella es Ivonne, no le digas mamá.

-- No te voy a forzar, Garrapata, quiero que alguien pague un buen dinero por tu primera vez. Bien bañada y con una ropa mejor.. saldrá dinero de tí.

--Tú ni nadie me va a obligar a hacer cochinadas.

--Vaya, vaya la rarita de ojos....tu vas a hacer lo que yo diga, yo soy el hombre de la casa y harás lo que yo te ordeno.

--Y harás lo que yo te mande... escuchaste??

Me tomó del brazo y me dió un golpe en el estómago, Ivonne siempre me golpeaba, buscaba los motivos para hacerlo, pero ésto era diferente, estos eran puños de hombre y era un hombre grande y corpulento.

Mientras trataba de tomar aire, veo que Vaquero le clavó sus dientes en el brazo, y Susy agarró una de sus pierna. Desesperado con un golpe derribó a mi perro y Susy fue lanzada lejos. Escuchaba sus aullidos. Siguió pateando a mi Perrito. Me levanté como pude, agarré un palo ardiendo y se lo metí por el cuello. Ni cuenta se dió. Gritó y lo soltó de inmediato. En mi rabia agarré la olla del fuego y se la aventé por el cuerpo. Los alaridos seguramente despertaron a Ivonne que llegó corriendo, hasta la borrachera se le había pasado un poco.

--Que hiciste desgraciada?, trayendo a mi hombre aquí, a tu chiquero, maldita Garrapata debí haberte matado hace años, eres un estorbo, te voy a meter presa de por vida, nunca más verás la luz del sol. Por asesina.

--Luis, amor cálmate, que hago?

La veía que caminaba y se tomaba su pelo sin saber que hacer para aliviar el dolor del viejo cochino.

--Sucia mugrienta, quédate aquí mientras despierto a Sandro que vaya a buscar a la ambulancia y a la policía.

La miré y ví tanto odio en su mirada... pero ellos no me importaban. Fuí a ver a mis perros y levanté a mi Vaquero, mi perra estaba escondida. Los llamé.

--Yo nunca te he mentido, puedo ser todo lo que tú dices, pero nunca mentirosa. Tu hombre vino a proponerme ser tu remplazo y no acepté. No quiero ser tú.

Por primera vez la miré de frente y con toda la rabia acumulada por años le grité...

--Eres mala y yo no soy y nunca seré como tú, una pobre y triste borracha, que se vende para tener un hombre.

--Cállate!!! Te voy a sacar a golpes tus dientes, para que nunca ningún hombre te mire.

--No te muevas, de aquí no saldrás asquerosa. Aunque la borrachera se le estaba pasando, aún seguía ebria.

--Nunca más Ivonne me volverás a tocar, te lo juro !!!

La tiré con fuerza y cayó al lado de Luis que se revolcaba de dolor.

--Vuelve aquí.... Garrapataaaaa....te prohíbo que te vayas ....vuelve...

Fueron las últimas palabras de ella que escuché.

Comencé a correr tirando de mis perros. El monte estaba cerca y la lluvia comenzó, como ayudando a mi huida.... borrando mis huellas.

Sin mirar atrás seguí corriendo sin parar...y sin saber que haría de mi vida.

Pero mis lágrimas caían sin parar uniéndose con el agua que caí del cielo. Miré hacía arriba y aunque nadie me había hablado de Dios, yo sabía que existía.

--Se que estás ahí arriba, y se que no me abandonaras, y sentí en mi interior que por fin era libre.

Nunca más nadie me maltrataria....

Buscando la libertad

Desperté porqué el ruido era incesante, los pájaros cantaban y competían peleando por sus espacios. Miré a mi alrededor y estaba sola, nunca había llegado hasta aquí. No conocía éste sector, era muy lejos de Río Tijeral, estaba amaneciendo cuando caí rendida. Hasta ahora que despertaba.

Mis perros no se veían, sabía que no me abandonarían ellos eran mi única compañía y creo que yo era todo para ellos.

Pasaban las horas y nada, solo el enojo de los pájaros me indicó que ya venían. Susy en su hocico traía algo y vaquero cojeando la seguía.

Era un conejo!!! Tendríamos almuerzo.

Arreglé rápidamente unos palos y con dos piedras empecé a golpearla entre ellas, después de unos minutos saltó la chispa a la paja seca y mi fuego prendió. Con mis dedos despegue el cuero y saque las tripas. No llevaba mi pequeña cuchilla, el escape no me permitió traerla, con ella hacia maravillas y me hubiera servido ahora, pero era hábil con mis manos. Y a falta de cuchillo, prepararía igual éste manjar.

Era tanta el hambre que lo comimos medio crudo. eran casi dos días que no probamos bocado. Y aunque estaba en el suelo comiendo sin sal ni aliños era lo más sabroso que estaba comiendo. Nuevamente mis lágrimas caían, porqué no solo era la carne.

Era un todo, era comer en libertad y eso no tenía precio. Grité fuerte y me reia a la vez. Fueron tantos años que viví en silencio y con mi mirada en el suelo, que corría y mis perros me seguían moviendo su cola. Me tiré al suelo y miré las copas de los árboles, la brisa movía las ramas, era todo tan perfecto. No tenía nada, pero a la vez tenía lo más importante, era libre.

Calculaba que debían ser como las diez de la mañana.

--Chicos, debemos buscar un lugar donde vivir por un tiempo y alejarnos de dónde vivíamos. Así que borraremos nuestras huellas y seguiremos caminando. Apagué la fogata y cubrí con hojas todo.

Comenzamos a subir y bajar los cerros, era algo común para mí. Llevaba años haciéndolo, rebuscaba las semillas y era una aventura para mí, encontramos varios cursos de rios y encontré varios tesoros comestibles en el camino, hongos, semillas y algunos frutos de árboles, pero también objetos valiosos botellas de vidrio, para trasladar el agua, pedazos de cuerda, un saco, dónde iba poniendo todas mis cosas recolectadas. Y finalmente un hacha y un cuchillo, un poco oxidadas dejadas seguramente por trabajadores. Ahora sí era feliz.

Cuando comenzó a oscurecer, decidí que era momento de buscar un lugar para pasar la noche Fue Susy quien dió con el lugar perfecto, una cueva, seguramente alguien también la había ocupado tiempo atrás. Se veían las piedras y troncos donde habían hecho fuego.

Ahora sí estábamos bien. Recolectamos mas leña y mis piedras hicieron el milagro, comimos todo lo recolectado.

Nos acostamos a dormir....mirando el techo de la cueva iluminado por las llamas, veía mi vida pasar, tan llena de odio.Los gritos y golpes eran mi pasado. Mi corazón palpitaba fuerte y pensaba que tenía un futuro, cómo o dónde no lo sé? sólo tenía la certeza que estaba ahí.

Pensé que será de ellos? me pregunto si la policía me buscará? y aunque tengo miedo por mis perros, si me encarcelan que sería de ellos?. Y nuevamente lloré, no podía permitir que me separaran de los únicos seres a quienes yo les importaba.

Traté de olvidar y dormir y creo que fue el sueño más tranquilo que pude tener.

Al otro día temprano iniciamos la partida y tomamos el rumbo para alejarnos.

Fué un buen día, encontramos un manzano. No podía entender como había llegado ahí, en medio de un bosque de árboles nativos. Estaba repleto de manzanas, comimos tantas. Que el jugo chorreaba por nuestras bocas. Buscamos un refugio cerca, para el otro día antes de partir comer lo que más pudiéramos. Y así lo hicimos, en cuanto amaneció comimos y partimos, cuando llevábamos como cuatro horas de viaje por primera vez escuché voces. Los años de silencio hacia que nos entendamos con gestos con mis perros. Nos escondimos y los vimos pasar, eran tres hombres, ellos no ladraban ni gruñían, solo esperaban mirándome. Iban muy rápido y conversaban entre ellos.

--Viejo desgraciado, pero ya hablará, en tres días más volveremos y ahí veremos si no va hablar.

--Jajaja, cantará clarito y nos entregará todo. --Cuánto tiempo siguiéndole y nunca dimos con su casa.

--Pero en tres días la sed y el hambre lo ablandaran.

-- Ya verán muchachos.

No pude escuchar más. El miedo me paralizó. Pero en unos momentos reaccione y cuando volvió el silencio, continuamos nuestro camino.

Habíamos andado mucho y los pies me dolían, eran muchos días sin parar, solo para dormir.

Buscamos nuevamente un lugar y lo encontramos, bajo unos árboles, caímos los tres cansados, ni siquiera teníamos hambre, comimos algunas manzanas de las que traíamos y sin hacer fuego nos acurrucamos y el sueño llegó.

Me desperté temprano y en silencio empezamos la partida nuevamente. Cuando llevábamos como una hora andando mi Vaquero me avisó que algo pasaba, nos escondimos rápidamente. Y esperamos, el silencio hizo que escuchará a lo lejos unos quejidos. Reconozco que sentí miedo pero no podíamos quedarnos por siempre escondidos, avanzamos un poco más y cada vez los cerros producían el eco más fuerte.

--Ayudaaaa!!!

--Agua...... por Dios!!!

Dios....el que me había ayudado a escapar ...la voz lo nombró...

--Que hago? No podemos dejar que nos vean.

Miré a mis perros y ellos con su mirada inocente gemían despacito.

--No podemos chicos...nos pueden atrapar. Alguien más lo escuchará.

Me respondí solita. Claro si hemos visto tanta gente. Los hombres malos fueron los únicos en cuatro días de caminata.

Seguimos avanzando y me dije si el camino nos lleva, hacía la voz, le daré agua.

Los quejidos se escuchaban cada vez más cerca.

Escuchaba los gemidos , pero no veía nada. Si no hubiera tenido a los chicos jamás lo hubiera encontrado. Debajo de unas ramas había un hoyo pequeño profundo. No se veía mucho pero si había alguien ahí abajo. Los quejidos provenían del fondo.

Mi desconfianza hacía todos me hacía dudar, pero alguien necesitaba ayuda y no sé cómo pero algo tenía que hacer.

-- Hay alguien ahí?

Después de unos minutos me grito

--Niño, ayudaaa

--Estoy acá abajo amarrado, no me puedo mover.

Solo había una solución y era bajar a ver qué pasaba. Les dije a los chicos que no se movieran y me esperaran.

Mis años en el monte me hicieron muy hábil para desplazarme, muchas veces me caí escalando pero siempre me levanté, me ate las cuerdas y bajé.

Se veía poco, el bosque cerrado de árboles no dejaba ver claridad. Me agaché y ahí había un hombre viejo amarrado por los cuatro miembros. Llevaba una botella de agua y le di de beber. Fue recuperando la voz.

--Niño ayúdame a salir, te pagaré bien.

--Con el cuchillo corté las amarras y se pudo mover.

--Tengo que subir y tirar de usted.

--Crees que podrás? eres muy delgado..

--No lo sé, pero trataré, soy fuerte

Subí de vuelta y amarré mejor la cuerda a un árbol y le grité que comenzara a subir, mientras yo tiraba, mis manos se despedazaron de tanto tirar.

Lentamente y después de varios intentos el anciano salió.

Se veía muy mal, apenas podía abrir los ojos, estaba muy golpeado. Y le costaba caminar. Mis perros lo olieron y no le gruñeron, ellos eran mi mejor indicio para reconocer a una persona.

--Niño, me tendrás que ayudar a llegar a mi casa. Estamos cerca. Se afirmó de mí y comenzamos a subir un cerro muy empinado, fueron como tres horas, el hombre caminaba muy despacio, su estado no le permitía más. Cuando llegamos a una pared de rocas, creí que su condición le había hecho equivocar el camino, pero movió un poco una cascada de hiedras y había una pequeña hendidura que permitía pasar. Comenzamos a caminar y en unos quince minutos llegamos a una cabaña.

--Ayúdame a entrar, abre la puerta...

Adentro todo se veía ordenado y limpio. Había una cama, dónde se tendió y se durmió.

Miré a mis perros y me pregunté que hago?

Comencé a mirar todo. Habían muchos libros. Con mis manos los toqué, no sabía que decían.

Mi asombro era mucho, nunca había estado en un lugar así, tenía hambre y por ende mis perros también. Comencé a buscar comida y tenía muchas cosas. Pescado y carne colgada. Saqué tres pedazos grandes y comimos. Fue un banquete lo rico que estaba.

Me senté en el suelo y mientras mis perros me lamian mis manos me dormí. Hacía días que no descansaba así. Segura y sin miedo.

Esperaré a que el anciano despierte y nos iremos.

Debíamos seguir, sabía que ella no dejaría de buscarme.

Paz

Sentí que alguien se quejaba, me levanté asustada, no sabía dónde estaba. En unos segundos recapacité y me acordé que estaba en la casa del hombre viejo, los quejidos provenían de la cama.

Me acerque lentamente a ver al hombre. Dormía.

Le llevé agua y lo incorporé para que bebiera.

--Niño, ve al mueble grande donde hay unos libros.

Abajo en el tercer cajón, saca la caja que dice Ketorolaco Trometamol. Y me la traes....

Sentí vergüenza no sabía leer, fuí y abrí el cajón había muchas cajas. Tomé varias y se las llevé.

--Cuál es?

--Esa, la naranja con blanco. Saca una pastilla y me la das. Mira el reloj y en ocho horas más me das otra. Se quedó nuevamente dormido.

Cómo iba a saber esa hora? No sabía verla, nadie nunca me enseñó.

Nunca despertó, calculé que ya era tarde. Lo desperté, le dí la pastilla, y lo mismo.

Comimos pescado, estaba saladito, tan rico que nos repetimos. Y comimos nueces de postre. Junto al fuego de la cocina al lado de ella nos dormimos.

--Niño, ayúdame quiero ir al baño.

Nunca supe que la casa tenía baño, ni sabía dónde estaba. No me moví de dónde habíamos entrado, la cocina era grande y todo estaba junto, la mesa ,sillas, una cocina a leña y un sillón grande dónde descansaba él. Habían más puertas pero nunca se me ocurrió abrir alguna para mirar. Lo ayudé a levantar y pudo caminar mejor. Seguramente el medicamento estaba haciendo efecto.

--Mañana estaré mejor, muchacho y ahí hablaremos, no te olvides de mis pastillas, deben ser a la hora.

Los lamidos en mi cara me despertaron, mis perros querían salir. Me levanté despacito y en silencio, estábamos acostumbrados. Aún no amanecía. Me senté en la escalera y mientras los esperaba ví aparecer el sol, que maravilloso espectáculo, estaba feliz, mi estómago estaba saciado y yo en paz. Sin los sobresaltos de escuchar los gritos y sin esquivar los palos que volaban sobre mi cabeza, una vez más mis lágrimas caían, pero no eran de pena. Era algo dentro de mi pecho que no podía describir. Quizás tranquilidad, el peso que llevaba en mis hombros ya no estaba. Podía moverme, bailar y jugar y a nadie molestaría.

Era libre....

Entré con leña para el fuego aún tenía carbones prendidos, esto lo hacía en silencio, para no despertar al hombre. Preparé café y vi que sobre la mesita había un frasco de vidrio, tenía harina así que rápidamente hice pan. Me quedó rico. Desperté al hombre para darle su pastilla. Se incorporó y me preguntó por el olor.

--Disculpe, hice pan y preparé café, quiere llenar las tripas?

Me miró como si fuera un bicho raro, en todo caso estaba acostumbrada.

--Se dice: quiere comer?

--Eres una... niña!!!...la inflamación de mis ojos no me permitía verte bien.

--Estás muy delgada, estás enferma?

--Que hacen esos perros dentro de mi casa? --Sácalos deben estar sucios, y a ti también te hace falta bañarte.

Me sentí triste, era verdad estaba sucia y no olía bien. Me había dedicado a caminar y a alejarme. Pero el lavarme no era costumbre, a nadie le importaba como andaba. Mientras les hiciera sus cosas.

--Estaba esperando que despertara para su pastilla. Ahí le dejé pan y café. Me voy con mis perros.

--Niña tu tienes familia? Cómo que te vas? Aún necesito ayuda y te voy a pagar, tu gente se alegrará que lleves dinero, se nota que lo necesitas.

--Señor, yo debo seguir mi camino y mis perros están conmigo, siempre. Y no están sucios. Nos bañamos en el río...... cuando podemos.

No iba a reconocer que tenían un poco de pulgas, pero yo se las sacaba.

--Espera unos días más y me ayudas mientras me recupero y los perros no pueden estar adentro.

--Está bien....

Era su casa y eran sus reglas, yo no era nadie para discutir. Me callé y le servi.

...Me salí con mis perros, y me dedique a mirar los alrededores.Y no podía más de asombro, Habían árboles frutales manzanos, peras y unos frutos que no conocía estaban colgando de un estructura de madera, eran pequeños, saqué uno y lo probé era dulce. Comimos muchos. Probé unos frutos pequeños, pero eran amargos. Seguimos recorriendo y había una pequeña laguna!!! y asientos en la orilla. con enredaderas de flores que olían tan bien. Todo era perfecto me senté en el suelo. El hombre era gruñón y no quería que se molestará si me viera sentada en sus asientos ...

Volví a entrar a la casa calculando la hora.

--Dónde estabas niña? te he llamado y no respondes.

--Estaba mirando su laguna. Y comiendo de sus árboles.

--Por favor serías tan amable de prepararme lo mismo de la mañana?

En silencio y rápido le preparé y serví, cuando salia me llamó

--Donde vas?

--Afuera, con mis perros.

--Los animales son de afuera, por eso te pido que los saques.

--Ellos son animales lo sé y pero son mi familia. Son lo único que tengo. Nunca me he separado de ellos, no se preocupe yo estoy acostumbrada a dormir afuera con ellos.

--Estas loca niña............. está bien....que entren.

--Yo no le estoy pidiendo nada, no se preocupe no es la primera vez que dormimos afuera. Pa que se va a molestar si estamos bien afuera.

--No seas terca, que entren...

Nuevamente nos sentamos en el suelo al lado de la cocina de leña. Estábamos calientitos.

--Niña, vez la puerta de la izquierda? Lleva una lámpara, ve allá

Me levanté y abrí la puerta y era un dormitorio. Había una cama y muebles, todo se veía limpio. El piso brillaba.

--Mientras estés aquí, puedes usarla. Ve a la otra puerta ese es mi dormitorio abre el tercer cajón de la cómoda y saca ropa. Te quedará grande, pero está limpia.

--Báñate, hay jabón, agua caliente. Después come algo, tú y tus perros y te acuestas.

Escuchaba y era como no entender nada. Había sequedad en su voz, pero a la vez un tono que no podía descifrar. Hice todo lo que él me dijo. Y me bañé con un jabón de rico olor. Me cambié la ropa y aunque me quedaba grande, estaba limpia, la mía olía muy mal. Mañana había que lavarla.

Entré al dormitorio y cerré la puerta, abrí las cortinas para mirar la noche, me metí a la cama y los chicos se tiraron a mis pies. Era la primera vez que dormía en una cama, era blanda y cómoda. Conversando con Vaquero y Susy y mirando las estrellas me dormí. Era mi primera vez en que dormía en un lugar limpio, todo olía bien.

Y lo más importante estaba en Paz. Y mañana sería un mejor día.

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