Advertencia ⚠️: Esta es una historia con extremo tabú y puede no ser del agrado del lector. Si decides continuar leyendo, espero que puedas tratar con respeto esta historia y evites dejar comentarios ofensivos.
Posdata: Numen cuenta la historia de dos personajes secundarios que aparecen en mi otra novela: Un Secreto Para Ambos (Ambas son independientes).
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^^^Mimi De angelis.^^^
Soy una artista, siempre lo supe y mi hermano mayor también lo sabía.
Me gusta dibujar, pintar e incluso soy bastante buena en la escultura.
Mi hermano sabía de mi talento y me permitió asistir a una de las mejores academias de arte en Nueva York a la temprana edad de 8 años.
10 años después y ahora a mis 18 años he conseguido una beca artística para la universidad.
Ha sido maravilloso, un sueño hecho realidad con esfuerzo y paciencia.
He conocido a un sin fin de artistas famosos y ahora pertenezco a un grupo muy limitado de miembros en los nuevos talentos descubiertos de la última década.
Pero...
Como todo buen artista en ascenso, me he encontrado con un muro que muestra los límites de mi capacidad, y no he conseguido crear una obra que satisfaga mis propias expectativas.
No he sido capaz de dibujar ni mucho menos pintar un solo cuadro por casi un año, lo he hecho, por supuesto, pero ninguno de la última colección de mis obras más recientes ha logrado cautivar el crítico que llevo dentro.
No he podido hacerlo porque me hace falta mi musa.
Mi numen.
El origen de mi inspiración siempre fue mi hermano mayor, quien fue mi padre y madre, quien se encargó de mí cuando nuestros padres no lo hicieron.
Isaac siempre fue mi todo, mi mejor amigo, un hermano y un protector.
También fue la primera persona en depositar su confianza en mi talento.
Isa.
No he visto a Isaac desde hace un año, todo un año después de las últimas vacaciones de verano y desde entonces tampoco he visto a mi pequeño hermano menor, Poe (de 11 años).
Los extraño a ambos porque ellos no se encuentran en Nueva York.
Ambos se encuentran en Italia viviendo en la misma ciudad que nuestra hermana mayor.
Sí, también tengo una hermana, pero no la conocí hasta hace 11 años, cuando Poe todavía era un bebé y ella se presentó a nuestra casa porque buscaba a nuestro padre biológico (un pésimo padre, por cierto).
Pero olvidemos ese tema porque nadie quiere recordar al hombre que tuvo hijos con diferentes mujeres en cada ocasión.
Poe, Isa, Anto y yo somos hijos del mismo hombre y de diferentes madres.
Así que los cuatro somos medios hermanos, medios hermanos, pero con lazos tan fuertes como cualquier otra familia.
Amo a cada uno de mis hermanos, los amo y adoro con cada gramo de mi ser, pero Isa...
Con Isa es diferente.
Es un tipo de amor diferente.
Es un amor enfermizo y prohibido.
No importa cuánto tiempo pase lejos de él, no importa cuánto lo intente o cuánto quiera olvidar este oscuro y retorcido deseo.
No importa lo que haga.
Me he rendido a un enamoramiento que es imposible borrar de mi alma, llevo amando, deseando y añorando a Isa con mayor intensidad en cada segundo trascurrido durante los últimos 10 años. Tiempo que llevo luchando, negando, y finalmente, aceptando el feo aleteo de mariposas que invaden mi estómago bajo el penetrante vacío en aquella mirada de ojos grises que mantienen encadenado un corazón sangrante que late únicamente, para él.
Mi amor me mantiene en el fondo de un abismo oscuro, frío y tenebroso, uno que tiene mi cuerpo y corazón en un profundo sueño, sin opciones para reaccionar, hasta que, por un milagro divino, me encuentre con el único hombre que podría sacarme de la oscuridad.
Y aquel dichoso momento, que no había ocurrido por un año, desde aquel anterior verano, finalmente, ha llegado hoy.
Porque ahora se encuentra aquí.
Isaac ha venido al aeropuerto para recibirme porque decidí volver a Italia.
Por mi musa.
Por mi numen.
Por aquel hombre que necesito para respirar, para volver a vivir y sentir.
Para aquel único hombre que le da vida a mi inspiración, quien me permite dejar las dudas y miedos atrás.
Como una drogadicta, necesito otra dosis de mi hermano para encontrar la inspiración antes de entrar a la universidad.
Así que hice maletas y ahora estoy aquí.
Regresé a Italia, el hogar de mis hermanos, quienes viven tranquilamente junto a nuestra famosa hermana, que es conocida por sus centenares de libros que tienen récord en ventas del género de romance.
—Isa.—Suelto mis maletas y las dejo en el suelo porque correr a sus brazos es más importante.
Lo he visto por videollamadas todas las noches desde que estoy en Nueva York, pero verlo en persona y poder tocarlo es otra cosa.
Al llegar a él, le doy un abrazo de koala, mis piernas rodean su cintura y me aferro a Isa como siempre lo hice cuando era una niña.
Es alto y guapo, tiene el cabello rubio y los ojos grises como todos los De angelis, o sea, como todos los hijos de nuestro mal padre.
—Por Dios, debes ser más consciente. Estás utilizando una falda, podrían ver tu ropa interior.—Fueron sus primeras palabras para mí. Un regaño, como suelen ser nuestras interacciones. Lleva una mano a mi trasero para dejar la falda en su lugar porque sabe que no lo soltaré pronto.
El contacto no puede ser malinterpretado, pero me permito soñar de todas formas con la firmeza de sus manos en mi cuerpo.
—Te extrañé tanto, tanto, tanto.—Digo en su cuello, tocando su piel con la punta de mi nariz.
Isa tiene 30 años, con su cuerpo definido y duro por el ejercicio, su rostro perfectamente afeitado como señal de su naturaleza, un maníaco del control, la mejor definición que podría dar de mi hermano.
Es un médico forense y actualmente está soltero porque su última novia era tan tóxica como todas las anteriores.
Isa tiene mala suerte en el amor, y algo en ese aspecto me hace creer que yo podría ser la razón, porque mi hermano está destinado a encontrarse con mi feo amor, porque ambos estamos destinados a vivir un amor prohibido, pero más real que cualquier otro.
O eso me gusta creer.
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^^^Mimi De angelis.^^^
No conozco a mi padre.
Ese hombre ni siquiera apareció el día de mi nacimiento, dejando a mi joven madre con una recién nacida en brazos.
Poco tiempo después, esa joven mujer descubrió que no podía sobrellevar las responsabilidades de su nueva vida como madre, dejándome al cuidado de mis abuelos paternos.
Los padres de mi padre tampoco eran buenos conmigo, pero no eran los únicos viviendo en aquella enorme casa de aspecto antiguo y lúgubre.
Isaac estaba con ellos.
Fue quien se hizo cargo de mí porque mis abuelos eran abusivos y exigentes conmigo, también lo fueron con Isa, pero en ese tiempo todavía era joven y creía que el mundo solo giraba a mi alrededor.
Entre dibujos y sueños, ignoré el ambiente tóxico que nos rodeaba.
Debió ser difícil para mi hermano, criar a una niña como yo a una temprana edad, aunque nunca lo demostró abiertamente.
Finalmente, cuando Isa cumplió los 18 años, decidió mudarse y alejarse de nuestros abuelos.
Entonces me hizo una breve y simple pregunta, una pregunta que cambiaría nuestras vidas para siempre y que nos llevaría al presente que tenemos ahora.
¿Quieres quedarte o vienes conmigo?
Mis abuelos intentan evitar todo tipo de escándalos e Isa estaba dispuesto a demostrar el abuso que sufrimos bajo la protección de ellos.
Así que, ellos no harían nada que pudiera ensuciar la impecable reputación de la familia De angelis, una reputación que ya ha sido afectada por las acciones de mi padre biológico en sus múltiples aventuras con otras mujeres.
Nuestros abuelos no harían tal cosa como desafiar la determinación de mi hermano, pues, no hay nada ni nadie que podría hacerle retroceder en una decisión ya tomada.
Estaba en mis manos la opción de quedarme o ir con él.
Por supuesto, acepté ir con mi hermano.
Nos mudamos lejos y fuera de Italia, todavía era una niña y le di muchos problemas a mi hermano porque quería conocer a nuestro padre (por curiosidad) y estaba triste por la ausencia de mi madre, pero con el tiempo llegó Poe al cuidado de Isa y después se presentó Antonella en nuestra casa, mi hermana mayor.
Finalmente, éramos una familia.
Fui, verdaderamente, feliz durante mucho tiempo y sigo siéndolo, pero no es la misma felicidad que antes, no puedo ser completamente feliz cuando mi mente, corazón y cuerpo desean al hombre equivocado.
Enferma.
Estoy enferma por desear a mi hermano, por soñar con amarlo como quiero hacerlo.
Isa es imposible para mí.
Aunque sueño con lo contrario, mi amor nunca saldrá a la luz del sol, tendrá que permanecer en la oscuridad hasta el final de mis días. Al igual como un sucio secreto, uno vergonzoso que guardas con recelo.
¿Cómo puedo ser feliz de esta manera?
No puedo serlo cuando un amor tan grande e incondicional debe ser tratado como uno de los peores pecados de la historia.
Me duele esconderlo, me duele no poder expresarlo como merece ante el dueño de sus fantasías.
Este corazón mío es un sádico con el único motivo de hacerme sufrir porque amo a quien no debería amar.
Aun abrazando a Isa con mis piernas, rodeándolo por la cintura. Soy llevada al estacionamiento dónde se encuentra la camioneta negra de mi hermano, misma camioneta que pinté hace unos años con el permiso de Isa.
Después de recoger mi equipaje nos trajo hasta aquí y tuve la obligación de dejarlo ir porque ahora debía subir al automóvil que lleva las flores de cerezo que hice cuando tenía 7 años.
Sonrío con el recuerdo.
En ese tiempo pensaba que la nueva camioneta de mi hermano era aburrida y estaba dispuesta a darle algo de color.
Isa aceptó que pintara su auto porque siempre ha creído que mi arte era hermoso.
Mi corazón se hincha porque después de 11 años sigue conduciendo la misma camioneta y no ha tapado el dibujo que hice.
Sigue siendo negra en su 80%, pero el tono rosa cálido de las flores la hace más mágica y linda.
—Linda camioneta.—Le digo cuando sube al auto y se sienta en el asiento del conductor.
Yo estoy en el asiento del copiloto.
—Gracias. Una artista la pintó especialmente para mí.—Respondió él.
Le sonrío.—Una artista, ¿eh?
—La mejor de todos los tiempos.—Aseguró.
Isa lo hace tan difícil.
Es imposible no amarlo como lo hago cuando dice cosas como estás.
—Te extrañé.—Le repito una vez más porque es mi verdad desde hace más de 10 años.
Sin Isaac y la academia, mi arte no hubiera superado sus límites y ahora no tendría una beca en la universidad de Nueva York, pero estar lejos de mi familia para alcanzar mis sueños sigue siendo muy solitario.
Estábamos tan lejos hace unas pocas horas y ahora lo tengo tan cerca.
Isa me contempló en silencio.
Sus ojos grises recorrieron mi atuendo, una camiseta negra que mostraba mi ombligo y el piercing que estaba en este, con una sencilla falda a cuadros en compañía de largas medias que lograban llegar a mis muslos.
Entonces, sus ojos volvieron hacia arriba.
No me perdí del instante cuando su mirada se detuvo en mis labios por una breve facción de segundo.
—Yo también lo hice.—Sus ojos se encontraron con los míos, fríos y grises, una mezcla fascinante que provoca un estremecimiento en mi sucio corazón.
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^^^Mimi De angelis.^^^
También lo hizo, también sintió mi ausencia como yo sentí la suya, aunque dudo que ambos sentimientos se encuentren en la misma escala de intensidad.
Le veo fruncir ligeramente el ceño, descontento con algo que no consigo descifrar.
—¿Siempre vistes así en Nueva York?
Oh, así que era eso.
—¿Por qué?—Inclino mi cabeza hacia la derecha por su extraña pregunta.—Todas las chicas visten casi igual en los talleres de arte.
—No me importa el resto de las chicas. Estoy más interesado en mi hermanita que viste con ropa que apenas cubre su cuerpo.—Dijo con amargura.
Estoy boquiabierta.—No puedes hablar en serio. Toda mi maleta tiene ropa de este estilo.
—Ahora sé que debo tirar esa maleta y comprar todo un conjunto nuevo.
Isa acercó su cuerpo al mío, su cara a pocos centímetros de la mía.
Mantuve la respiración mientras me perdía en los rasgos de su perfecto rostro.
Es hermoso, con ese cabello rubio, medianamente largo, pero perfectamente arreglado. Sus ojos grises en calma y desbordantes de control me incitan a sacarlo de su zona de confort.
Me pica la curiosidad por conocer una versión de Isa menos controlada y más desesperada.
—Listo.—Me puso el cinturón de seguridad y volvió a su posición anterior.
Así que se había acercado por eso, porque me había olvidado de la primera regla al sentarme en la parte delantera del coche.
Mi hermano puso su propio cinturón de seguridad y encendió el vehículo para ponernos en marcha.
—No voy a cambiar mi ropa. Me gusta y no voy a escuchar reclamos.—Le digo.—Me voy a enojar contigo si le haces algo a mi maleta.
—No te voy a tener medio desnuda en mi casa. Esa cosa apenas puede ocultar tu trasero.—Sé que habla de mi falda.
—Estás siendo grosero.
—Y tú inconsciente. No viste como esos idiotas te estaban viendo en el aeropuerto. Te estaban comiendo con la mirada.—Su mirada se posa al frente, murmurando sus últimas palabras.—Malditos imbéciles.
—No es mi problema que ellos miren, si quieres quitarles los ojos por verme, puedes hacerlo, pero no voy a cambiar mi manera de vestir porque el resto no sabe comportarse.—Cruzo mis brazos sobre mi pecho.—Mi único pecado es ser linda.
Y amar a mi hermano, pero no diré eso.
Isa sonríe.—¿Linda?
—Ajá. Dime lo contrario y me quedaré en casa de Antonella por el resto de las vacaciones. Dijiste en la llamada de anoche que Poe se iba al campamento de verano con su equipo de fútbol.—Le recuerdo nuestra llamada.—Así que te quedarás solo en casa estas vacaciones si eres un idiota conmigo.
—Lo dudo. Eres como un chicle en el pelo, casi imposible de arrancar. Te quedarás conmigo siendo un idiota contigo o no.
Tiene razón y me molesta.
—Me quedaré contigo porque no quiero que estés solo ahora que Poe se irá al campamento, pero eso no significa que voy a seguir tolerando tu lado mamá protectora. Tengo 18 años y puedo...
—Mimi, no discutas conmigo.—Me interrumpe. Su voz es exquisita, suave y autoritaria.
Sus ojos vuelven a encontrarse con los míos y causa un temblor en mi pecho.
Siento el calor de mi estómago bajar hacia mi vientre bajo, las mariposas revoloteando en un lugar totalmente equivocado al sitio que les corresponde.
Mi respiración se ha detenido por completo, ajeno a los reclamos de mis pulmones que exigen oxígeno.
—Acabo de regresar... y ya estás imponiendo tus reglas sobre mí.—Estoy molesta, pero la reacción de mi cuerpo me tiene temblando con los nervios a flor de piel.
Subestime el poder que Isaac tiene sobre mi estúpido corazón, pero... Si permito que siga manejando mi vida tan fácilmente, estaré acabada.
—Te compraré un nuevo guardarropa.
—¿Uno nuevo?—Alzo la mirada.
—Vamos a elegir juntos.—Sus dedos golpean en un movimiento suave y constante el manubrio del coche.—Abrió una nueva boutique que, probablemente, te encantará.
Me quedo en silencio por unos segundos.
—Mimi.
Vuelvo a enfocarme en él.
—¿Cuál es tu respuesta?
Me cruzo de brazos y mis ojos regresan al frente para ver hacia el exterior.
—De acuerdo.—Acepto de mala gana, aunque en el fondo me estoy muriendo de felicidad.
Al diablo con mi ropa.
A quién le importa cuando puedo pasar toda una tarde con mi hermano buscando nuevos atuendos para remplazar los anteriores.
De todos modos, la compré por las recomendaciones de mis amigas de Nueva York y no llegue a pensar que podría ser demasiado reveladora para mi demasiado protector, hermano mayor.
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