Las gotas de lluvia resonaban en las viejas tejas de la cabaña. Sofía, una mañana más, se levantaba para iniciar su rutina. Trabajaba 12 horas al día en su cafetería heredada de su abuela. Hoy tenía una reunión con una inmobiliaria la cual estaba ofreciendo una suma considerable de dinero que la sacaría de todos sus problemas. Pero al recordar el nombre del dueño de esta empresa, su estómago daba vueltas.
Habían transcurrido 8 años desde la última vez que lo vio, aquella mañana en que todo se fue al infierno y que jamás pude olvidar. Me preguntaba qué diría cuando supiera que Sofía Jacob era la misma Sofía que hace 8 años hizo de su vida peor que un perro. Esa Sofía que usó para vengarse de la peor forma de la amante de su padre (mi madre), por todo el daño que esta le causó a su madre.
Mi madre Alondra me tuvo a los 16 años. Jamás supe quién era mi padre, solo sé que él era un empresario 17 años mayor que ella. La vida de una madre soltera jamás es fácil, pero cuando se tiene una abuela como Nana Marion no debes temer. Cuando mi abuela supo que mi madre estaba embarazada, le dio los mejores cuidados y jamás le preguntó lo que había sucedido. Solo se limitó a ser una abuela, la mejor abuela que se puede tener. De ella aprendí el amor por la repostería. Vivíamos de la cafetería y de esos pasteles maravillosos que aprendí a crear gracias a ella. Me duele tanto tener que vender su legado y su historia, pero debo pagar el hospital de mi madre, quien batalla con el cáncer de mama hace un año.
El sonido de la tetera me sacó de mis pensamientos. Miré el reloj y ya iba un poco atrasada. Bebí mi café lo más rápido que pude y me dirigí en mi auto al consorcio Remington, donde me vería cara a cara con mi verdugo, el hombre más asqueroso y despreciable que existe. El hombre que se robó mi virginidad por vengarse de mi madre por ser la amante del gran Giancarlo Remington, el empresario más grande de todo el país, el dios de la construcción. Sus edificios eran famosos en todo el mundo. Digo "era" porque murió hace 1 mes de un infarto fulminante en la cama con una joven de 19 años. Aún recuerdo las noticias en donde decía que dejaba dos hijos: una niña de 7 años que concibió con su esposa por vientre de alquiler y su hijo y heredero máximo, el famoso Alberto Remington, el Playboy del país, el soltero más codiciado, amado por todas, el empresario de la década y el hombre más caritativo y bueno que existe. Patrañas. Era el más asqueroso ser que pisaba la tierra, un cerdo capaz de destruirte con solo chasquear los dedos, y yo era la fiel prueba de lo asqueroso y malvado que podía ser.
La recepcionista me queda mirando con una cara de pocos amigos y me pregunta dónde me dirijo. Le explico a dónde voy y después de unos segundos me entrega un gafete y me indica a qué lugar debo ir. Llego al piso más alto de la torre y entro a un vestíbulo decorado con una cascada y una gran ventana que daba a toda la ciudad. Me quedo atónita con la belleza del lugar. En el centro había una mesa con una maqueta de un mega proyecto inmobiliario. De seguro era el motivo por el cual me querían comprar a tal buen precio mi cabaña y mi cafetería.
Una voz familiar me saca de mis pensamientos:
- ¿Es hermoso, verdad?
Me quedo paralizada y respondo con voz ronca sin mostrarle mi cara:
- Es solo una maqueta.
- ¿Señorita Sofia Jacob, verdad?
- Sí, ¿y usted es el señor Alberto?
- El mismo. Señorita, ¿gusta pasar a mi oficina para firmar?
Camino sin darle mi cara hasta sentarme y quedar frente a frente. Al mirarme, solo puedo decir una frase:
- ¿Cómo entraste aquí?
- ¿Usted me citó, no lo recuerda, señor Remington?
- Yo cité a Sofía Jacob, no a Sofía Ventura, la hija bastarda de la amante de mi padre.
- Veo que no cambias tus modales, Albertito.
- No vuelvas a pronunciar tu nombre en mi boca, Sofía Ventura.
- Soy Sofía Jacob, ese es mi nombre.
- ¿Qué mentirosa? ¿Acaso encontraste a tu padre?
- No, ese es mi apellido de casada.
- ¿Casada? ¿Tú?
- Sí, ¿por qué? ¿Algún problema? ¿O pensaste que después de ti no tendría más hombres en mi vida?
- Después de 7 meses llamándome desde la noche que te hice mujer, no creo que me hubieses olvidado tan fácilmente. Y cuéntame, ¿qué tal es en la cama el tonto que tienes de esposo?
- Con Antonio no te metas, él no está aquí para defenderse. Murió hace 6 años y créeme que era mucho más hombre que tú en todos los sentidos. No le llegas ni a los talones.
- Sí, seguro. Y dime, ¿lo mataste o le sacaste dinero por años como lo hacía tu querida mamita con mi padre?
- No pienso seguir hablando con alguien tan cerdo y asqueroso como tú. Créeme que venderte mi propiedad sería la peor decisión del mundo. Gracias, señor Remington, por su oferta, pero mi propiedad no está en venta. Que tenga buenos días.
"Espera, ¿no hemos terminado, zorra pequeña? ¿Acaso no necesitas el dinero para saldar tus deudas?"
"¿Cómo sabes eso?"
"A mí no se me escapa nada. Averigüé todo sobre la dueña de la propiedad y sé que estás endeudada y sobregirada en el banco. Si no pagas, irás directamente a la cárcel por no pagar al banco y te embargarán hasta el alma."
"Aunque me quedara en la calle, prefiero venderle mi alma al diablo que mis cosas a ti. Que tengas buenas tardes."
Salí directo de ese edificio hacia mi auto. Manejé lo más lejos posible de ahí, llegué a mi casa y caí. No pude contener las lágrimas, lloré hasta quedarme dormida. Unos golpes en la puerta me despertaron. Abrí y no podía creer quién estaba parado en mi puerta...
No podía creer que estaba en mi puerta. Su mirada me dejó petrificada. Alberto estaba con una cara de odio que sus expresiones parecían que le iban a estallar la cara.
- ¿Qué haces en mi casa?
- Necesito hablar contigo.
- Ya te dije que prefería venderle el alma al diablo que venderte mi propiedad.
- No se trata de eso.
- Entonces, ¿qué puta madre quieres conmigo?
- Cuida tu boca, bastardita. A mí nadie me habla así.
En ese momento, agarró mi cuello y me tiró sobre la pared del recibidor. Golpeó mi nuca con la muralla. Un grito de dolor se escapó de mi boca. En ese momento, pensé que me iba a morir. No podía respirar. Con lo poderoso que era Alberto, podía matarme y nadie me iba a encontrar jamás.
- Suelta me, desgraciado.
- ¿Por qué debes responderme de manera tan insolente, Sofía?
En ese momento, sus ojos grises se posaron en los míos y me besó de una forma brutal. De la cual traté de safarme, pero fui débil y no resistí más. Me dejé llevar por ese odio y pasión contenidas por 8 años. ¿Qué diablos pasaba conmigo? Tenía en frente al hombre que me hizo pedazos por dentro, desnudándome como si fuera su ramera de turno. A veces, las mujeres somos unas masoquistas. Sabemos que el lobo nos quiere comer, pero nos entregamos como ovejas indefensas. Pero no podía resistir a ese calor que emanaba de mi cuerpo. Sentía su lengua en mis pezones y mientras mi entrepierna pedía a gritos que me poseyera. Cuando estábamos completamente desnudos, nos dejamos llevar por esa sed de beber de esa agua del placer. Desde mi primera vez, no sentía esto. Para ser sincera, esta era mi segunda vez con un hombre después de mi primera vez con Alberto. Nunca quise nada más con los hombres. En el fondo, era una especie de estúpida fidelidad que le guardaba. Cuando terminaron esas embestidas y se fue dentro de mi feminidad, terminamos tendidos en el suelo exhaustos por ese momento íntimo. Todo estaba en silencio hasta que de su boca salieron palabras que retumbaron como una explosión en mi cabeza.
- Se me había olvidado lo ardiente que eras, Sofía. Sabes, si te portas bien conmigo así como ahora, podrás gozar libremente de la pequeña fortuna que te dejó mi padre en su testamento.
- ¿De qué estás hablando?
- Llevo casi un mes buscándote. Hoy caíste como anillo al dedo en mi oficina. Desde la muerte de mi padre, los Remington no hemos podido tomar posesión de la herencia que nos dejó porque necesitamos a Sofía Ventura para leer el testamento. Supongo que te dejo un poco de dinero para compensar los años de placer que le dio la zorrita de Alondra. Por complacerlo, tuvo que dejarte con tu abuela.
- Yo no quiero nada que venga de ustedes. Firmaré los papeles necesarios para no tener nada que ver contigo ni tu familia.
- Jugando a la mártir inocente que no rompe un plato, como si ese papel no hubiese sido interpretado por ti hace algún tiempo atrás. La dulce y angelical niña que conocí en un club, pasada de tragos porque su amiga la llevó a celebrar sus 18 años. Que se ofreció como en una subasta al hijo del hombre que mantenía a la zorra de su madre. ¿No tienes idea de lo que dices? ¿Qué sabes tú lo que sucedió? Tú no tuviste que pagar las consecuencias después de esa noche.
- ¿Segura soporte 7 meses tus llamados insistentes de niña pequeña? ¿Cómo era que decías llorando por teléfono "Alberto, por favor, necesito tu ayuda"? ¿Querías que me casara contigo, niña? Por favor, cuando despertamos esa mañana y nos sorprendió mi papá y tu madre al ver el escándalo que armaba tu madre gritando que estábamos cometiendo un error que era antinatural lo que hacíamos, me quedó muy claro qué clase de plan tenían ustedes dos para chantajearme y que me casara contigo.
- Eres un patán. Sal de mi casa y de mi vida. Aquí el único que tenía un plan eras tú. Querías vengarte porque mi madre tuvo una relación con tu padre. Mi madre me explicó lo que pretendías y aquí solo perdí yo.
- ¿Si por eso me seguiste acosando?
- Yo solo quería... (dije entre lágrimas).
- Sacarme todo el dinero posible. Ya veo lo astuta que eres. Me hiciste caer otra vez en tu trampa. Mañana mismo te mandaré la píldora. Jamás tendría un hijo con una mujer tan baja como tú.
"Esas palabras terminaron de romperme como cristal. No dije nada, solo me paré y corrí a mi habitación para encerrarme y esperar a que se fuera. Me tapé la boca para que no sintiera mi llanto y mis ganas de gritar. Maldito Alberto, maldita vida, maldita mi madre por destruir un hogar y yo tener que pagar las consecuencias de sus actos. Después de un rato, sentí un portazo. Salí para mirar y todo estaba en silencio. Él se había ido otra vez, llevándose mi dignidad y las últimas fuerzas que tenía para seguir mi vida. En la soledad de mi casa, grité y lloré de la misma forma que esa mañana cuando acababa de enterrar lo más hermoso que me dio la vida: mi hija Alexia."
Soy Alberto Remington, el heredero del imperio inmobiliario más grande del país. Tengo a las mujeres que quiero en mi cama y a la hora que quiero. Generalmente, ellas saben que una vez terminado el sexo, se deben ir en taxi a su casa. En 8 años, no he amanecido con una mujer después de ese fatídico día.
Conocí en un club a la mujer más bella del mundo. Se notaba que era la primera vez en un lugar de esos. Era de cabello castaño oscuro, ojos marrones y labios color durazno. Parecía un ángel. Se notaba que no estaba acostumbrada al maquillaje porque mientras conversábamos, se rasco un ojo y quedó como un mapache. La escena fue lo más tierno que había visto. Entre tragos y baile, me di cuenta de que esa era la mujer que quería en mi vida, con quien quería tener mis hijos. No pretendía dejarla escapar, hasta que descubrí que todo fue mentira. Ella y su madre planearon toda esa escena de la noche anterior para hacerme quedar como un inmoral abusador frente a mi padre. Gracias a Dios, él no se creyó ese teatrito de ambas y expulsó a la zorra de Alondra de su vida y con ella, su bastarda malvada. Ninguna mujer me había roto el corazón de esa forma, pero Sofía Ventura lo hizo. Y lo peor es que me siguió buscando por unos meses, hasta que un día, sus llamados y cartas dejaron de ser cotidianos en mi día a día.
Una mañana en mi oficina, esperando a la última propietaria para comenzar mi proyecto inmobiliario, recibo una llamada de mi jefe de seguridad, a quien tengo hace un mes buscando a Sofía. Solo pensar que ella estará frente a mis ojos, el corazón me late a mil por hora. ¿Cómo una mujer tan insignificante puede tenerme 8 años pensando en ella?
- Tango, sigue buscando. Es imposible que a una mujer se la haya tragado la tierra y no tengas registro de ella después de 7 años.
- Jefe, lo más probable es que debamos buscar en el registro de defunciones del país.
- Ni se te ocurra volver a decir una cosa así.
Colgué el teléfono de forma brusca. Sofía, ¿dónde estás? Si tan solo pudiera verte una vez más. Mi secretaria me dijo que Sofía Jacob estaba en mi vestíbulo. Qué ironías de la vida, ese nombre me persigue. Salgo a buscar a la joven que está mirando mi proyecto inmobiliario diseñado por mi equipo. Me acerco a saludar, pero su aroma a jazmín y miel me deja embobado. Un perfume que no sentía hace años. Miro su silueta y estoy casi seguro de que es ella. Me hago el idiota porque debía confirmar mis sospechas hasta estar frente a frente con la mujer que es mi amor y mi perdición.
Quedé tan molesto después de nuestra conversación en mi oficina que ni siquiera pude decirle que el testamento de mi padre no se ha podido leer porque ella está entre los beneficiarios. Aún cuestiono las decisiones de mi padre, jamás entenderé por qué esa bastarda está entre sus herederos. ¿Será una forma de pagar los favores sexuales de su madre?
Me dirijo en mi auto deportivo del año a toda velocidad para terminar la conversación con Sofía que no pude terminar durante la mañana de hoy. Golpeo su puerta y ella me abre con los ojos hinchados. Seguro la culpa por todo lo que me hizo, la dejo así de triste. Me responde tan grosera que pierdo los estribos. La empiezo a ahorcar con todas mis fuerzas, hasta que me pierdo en sus ojos marrones y la empiezo a besar con tanta furia y rabia que yo mismo me siento sorprendido de mi nivel de agresividad con ella. Terminamos haciendo el amor de forma tan brutal y apasionada a la vez que debo decir que fue el mejor sexo de mi vida. Esta mujer me saca un lado escondido de mí que me derrite y me enoja tocarla a la vez.
Después de un rato conversamos y ella sigue con su posición de mártir histérica y pobrecita. Se encierra en su habitación y yo me visto sin antes dejarle un mensaje en su recibidor: "Mañana a las 10 A.M. en el bufete Smith y Porter. Si no vas, te envío a mi seguridad que te lleve a rastras". Termino de escribir el mensaje y veo un portarretrato en donde hay una foto de Sofía y Antonio, mi amigo desde la infancia, felices vestidos de novios sonriendo como si todo fuese maravilloso. Malditos desgraciados, de seguro estaban juntos desde antes. Me alegro que estés en el infierno, maldito traidor. Salgo dando un portazo que casi derrumba esa cabaña con el golpe. Me subo molesto a mi auto y en eso suena mi móvil. Es el único ser humano al que no debo dejar esperando.
-Hola, bebo.
-Elaia, mi niña. Ya voy a casa. ¿Me esperas y te leo un cuento, bebé?
-Mamá dijo que estarías enojado porque encontraste a tu novia de joven.
- ¿Y cómo supo mamá de eso?
Tango estuvo aquí durante la tarde.
- Entiendo, cariño. Llegó en 15 minutos. Me esperan para cenar.
- Sí, te espero. Besitos kawaii para ti.
- Besos, mi niña hermosa.
Tener una hermana pequeña a los 32 es realmente increíble. Para papá y mamá, era la consentida. A Elaia aún no podemos explicarle muy bien la muerte de papá. Ella es pequeña y padece leucemia, por lo que su doctor nos pidió con calma irle explicando las cosas. Al principio dudé que ella fuera mi hermana, pero hace 2 años debimos realizarnos las pruebas de compatibilidad. Pude pedir un examen y sí, Elaia es de mi familia. Aunque no saco los ojos de mi familia, tiene unos ojos marrones hermosos que realmente deslumbran. Me hace recordar a los ojos de aquella víbora, pero mi hermana es un ángel que ilumina mis días. Por ella moveré cielo, mar y tierra hasta encontrar el donante de médula compatible con ella.
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