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Por Mis Malditos Tacones

Capítulo 1 BELÉN CLINT

...BELÉN CLINT...

Tuve la suerte o tal vez la desgracia de crecer en un orfanato. Todo depende del punto de vista de cada ser humano.

No tuve padres, la dueña de éste lugar me contó que me encontraron en la entrada envuelta en una manta vieja pero nadie sabe quién me dejó aquí ni de dónde prevengo.

No tuve la suerte de ser adoptada por lo tanto jamás tuve padres. Mí madre para mí es quien me dió su apellido antes de cumplir la mayoría de edad pero ella estaba ya enferma y murió poco después.

Con el dinero que recibí pagué tres meses de renta en una pequeña pensión y me dediqué a buscar trabajo para comenzar a solventar mis gastos. No podría asistir a la universidad así lo quisiera, no tenía dinero ni conseguía trabajo.

En los únicos sitios donde alguien como yo podía conseguir empleo era en clubes nocturnos para bailar a caballeros de dudosa reputación, algo que no haría jamás en la vida. También como mesera en bares, cafeterías o bien en limpieza en distintos sitios o casas de familia.

Recorrí las calles y conseguí empleo en una cafetería donde nos daban un delantal de color azul y una playera blanca para usar además de un pañuelo que nos sujetara el cabello. Estaba bien con eso ya que no tenía demasiada ropa para ponerme.

Los turnos eran de ocho o doce horas dependiendo del día de la semana que fuera ya que estaba abierto las veinticuatro horas del día. A la noche ofrecían también hamburguesas y algunas comidas rápidas.

El sueldo era realmente bajo pero las propinas compensaban todo lo demás, no tenía más opción que ese sitio o morir de hambre y dormir en la calle así que ponía mí mejor sonrisa e iba cada día dispuesta a trabajar horas extras así sea limpiando el sitio.

Varios hombres me dijeron cosas que me hicieron sentir incómoda, más que nada los clientes nocturnos, de modo que intentaba socializar lo menos posible. Saludaba, tomaba el pedido, entregaba lo que solicitaban, cobraba y adiós.

Una inspección inhabilitó el servicio nocturno de comida rápida así que mis horarios se redujeron así como mi dinero y debí buscar otro empleo para poder mantenerme. Era difícil sobrevivir y pude darme cuenta que la vida que por años tuve era cómoda aunque la maldije varias veces.

Un bar solicitaba mesera así que fui allí y quedé inmediatamente en el puesto. Empezaría esa noche misma, el uniforme consistía en zapatos rojos con tacón de diez centímetros, una falda o pantalón corto pegado al cuerpo dependiendo del día de la semana que fuera y una camisa blanca entallada.

No me gustaba usar ese tipo de ropa, la odiaba más que nada y no sabía caminar con tacones, llevar una bandeja en mis manos sería todo un sacrificio.

Llegué tiempo antes de mí turno para cambiarme de ropa y practicar caminar con los tacones y la bandeja. Me concentré en hacer todo bien o estaría despedida además la paga era buena y me hacía demasiada falta.

Así comencé mí trabajo, recibí muchas miradas que me hicieron sentir desnuda, piropos subidos de tono, propuestas indecentes hasta donde me trataban como una mujer que vendía su cuerpo pero lo mejor fueron las buenas propinas.

Al cabo de un mes de trabajar allí tenía la suerte de tener unos cuantos dólares para mis gastos y podía alimentarme mejor. Decidí que cuando consiguiera un mejor empleo dejaría ese de inmediato porque aunque ganaba bien nunca acabaría acostumbrándome.

Caminar con los tacones por varias horas en un ambiente donde la gente muchas veces se tambalea por ir bebida era un desafío para alguien inexperta como yo. Aveces me sentía más que cansada y llegaba a casa con ampollas en mis pies pero no podía darme el lujo de dejar el sitio.

Así fue como una noche gracias a un ebrio cliente regular me tropecé y lo que llevaba en la bandeja cayó sobre un joven muy apuesto que aparentaba tener unos veinticinco años aproximadamente.

Él me ayudó y me dedicó una sonrisa, me disculpé con él. Lo que menos necesitaba era perder el empleo y así quedarme sin dinero pero fue tan cálido conmigo que me sentí cautivada.

Estaba bien vestido y peinado, usaba el cabello corto, rubio de ojos cafés. Tenía una sonrisa preciosa, largas pestañas, una barba muy prolija y cuidada. Era el hombre más hermoso que creí conocer.

Todo fue por mis malditos tacones. De haber sabido quien sería él y todo lo que me tocaría vivir habría vivido debajo del puente sin siquiera pensarlo demasiado.

Maicol Stuart, así se llamaba. Me deslumbró y yo que no tenía ni la más mínima experiencia en la vida me dejé seducir creyendo que sería mí príncipe azul, el hombre de mis ingenuos sueños, el ángel de la guarda que me sacaría de esta vida donde la soledad era mí fiel compañera. Desgraciadamente no todo lo que brilla es oro y todo ser humano guarda secretos, los suyos eran muy oscuros.

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NOTA DE AUTORA: Ésta es la tercera parte de no soy tu fan. Si no leíste esa novela ni déjame Navegar contigo no te preocupes porque no está relacionada con los protagonistas anteriores, sino que es independiente.

Habrá escenas fuertes por contenido violento y lenguaje inapropiado pero aunque sea una temática dónde la violencia será protagonista inicialmente les prometo que habrá también romance.

Gracias por acompañarme en ésta historia que de momento está en emisión pero habrá actualizaciones constantes.

Capítulo 2 XAVIER AMERY

...XAVIER AMERY...

Acabo de recibir la dicha más grande del mundo a mis treinta años. Mí novia desde hace tres años aceptó ser mí esposa y me confesó que está embarazada.

Nací en una familia de clase media alta, origen estadounidense. Mí padre creó una pequeña empresa que fue ganando dinero y así ampliando sus horizontes. La confección de ropa deportiva nos ha impulsado muy gradualmente a la cima.

Estudié, me preparé lo suficiente y me involucré activamente en la empresa de mis padres. Tengo un hermano mayor que es abogado.

Desde que me convertí en CEO todo ha mejorado en nuestras vidas, los ingresos se multiplicaron, compre mí primer apartamento y me independice completamente.

Siempre busqué una pareja que me diera cierta estabilidad pero con tantos compromisos y trabajo eso era como buscar una aguja en un pajar.

Me enamoré de Ámbar, una mujer preciosa, inteligente, amorosa, amable. Me imaginaba a su lado con hijos propios pero la descubrí en la cama con un supuesto compañero de universidad cuando debía estar en un grupo de estudios. Allí terminó mí relación, la infidelidad me parece imperdonable, un acto despreciable.

Ludmila llegó más tarde a mí vida, una hermosa castaña con una personalidad dulce y serena. Ella me transmitía paz y seguridad de que todo en mí vida estaba siguiendo el orden correcto. Nuevamente sentí que todo tenía sentido, que ella era la mujer ideal para mí. Compare sus cualidades con Ámbar y realmente comprendí que estaba cegado la primera vez. Ludmila tenía que ser mí mujer.

Compré una alianza para proponerle pasar su vida a mí lado pero cuando fui a sorprenderla me encontré siendo yo el sorprendido. Ella estaba llorando y me mostró un análisis de laboratorio donde comprobaba que estaba embarazada. Me sentí tan feliz que dejé de lado la voz de mí conciencia, siempre me había protegido.

-Xavier lo siento, eres un gran hombre pero hay alguien más en mí vida- se alejó de mí

-¿El bebé no es mío?- pregunté con un nudo en la garganta y la respiración agitada

-No, tu no me dabas lo que yo necesitaba. Eres un gran hombre pero tengo necesidades que no puedes satisfacer, lo siento- se disculpó luego de sentir que atravesó mí corazón con una filosa daga sin miramientos

La alianza que había comprado se la regalé a un compañero que quería pedirle matrimonio a su novia pero no tenía dinero para ese detalle. Ya no soportaba verla.

Sentí vergüenza, desilusión y una profunda tristeza. La mujer que creí ideal me había engañado, se había embarazado de otro y me había tratado como un inútil en la cama. Era el colmo de las desilusiones, de la ruptura de una relación sentimental.

Muy pocas veces mantuve relaciones después de eso. Mí orgullo estaba profundamente herido y lo que menos quería era enamorarme y que otra mujer me fallara.

Cómo modelo de una de las colecciones de la empresa conocí a Virginia Santamaría. Una mujer rubia, dulce, simpática. Hablamos y me quedé fascinado por su manera de expresarse. La invité a una cita y luego de esa vez con mucha cautela comenzamos a acercarnos más hasta que estuve finalmente seguro de mis sentimientos y de los suyos.

Mí familia no la quería pero al investigarla descubrieron que estaba limpia así que no interfirieron en mí relación.

Llevábamos dos años de relación cuando le propuse convertirse en mí esposa, ella me confesó su embarazo y creí que estábamos destinados, patrañas.

Ella quiso casarse de inmediato antes de que el embarazo se notara y ya ningún vestido le resaltara su esbelta figura de la que tanto se enorgullecía. Cumplí su deseo, tuvimos una boda grande y lujosa.

La luna de miel fue digna de reyes pero al volver comencé a notar que ella ya no era la misma. Se veía deprimida y otras veces furiosa hasta con el aire que respiraba.

La escuché quejarse del embarazo y de que perdía su figura. Creí que se le pasaría, que seguramente ella cambiaría de parecer más adelante, que tal vez las hormonas o un indicio de depresión estaba atravesando. La llené de detalles, le di cariño, la traté como la reina que era para mí pero nada fue suficiente.

Mí dulce y amada Virginia parecía haber cambiado. Su alegría no estaba, fuimos a terapia de pareja así como ella al psicólogo. Haría lo que fuera para hacerla feliz y proporcionarle bienestar físico y mental.

Comenzaron los celos pero mis ojos solo estaban puestos en ella.

Con el transcurso de los meses supimos que esperaba un niño, estaba loco de felicidad, era lo que más anhelaba pero mientras yo me emocionaba ella lloraba angustiada mirando su vientre abultado. Comenzó a intentar bajar de peso después y yo a preocuparme cada vez más..

El embarazo estaba transformando mí relación en un infierno, vivía preocupado pensando que mí hijo corría peligro pero ya no sabía que más hacer. Lo había intentado todo por ella pero nada parecía ser suficiente.

Capítulo 3 NACIMIENTO

...XAVIER AMERY...

El embarazo continuó y con ello los problemas cada vez peores en mí matrimonio. Algunas personas me decían que esto era una depresión pero yo no comprendía por qué. Si lo que le preocupaba era su figura podía ayudarla al nacer nuestro hijo a volver a la normalidad.

Pensé en instalarle un gran gimnasio en casa junto a un personal trainer y además le pagaría cirugía si la necesitaba como por ejemplo en sus pechos después de la lactancia pero nada saldría como esperaba.

-No pienso darle pecho, ¿Por quién me tomas?- estaba más que ofendida y rabiosa

-Pero amor, el médico dijo que era lo mejor para el bebé porque así...- me gritó que me callara

-Pero amor nada, si me amaras lo entenderías pero claro... lo único que quieres es arruinarme para que después nadie me mire y además tenerme aquí encerrada, yo se que eso quieres pero no sucederá- me quedé atónito

-¿Qué? Dime qué estás bromeando, ¿Arruinarte? ¿Encerrarte?- estaba estupefacto

-Yo quiero volver al trabajo y éste niño no lo impedirá ni tu tampoco. Me importa poco lo que mí pecho le produzca, para mí sería el final de mí carrera. Se me caerían y nadie volvería a contratarme. ¿Sabes cuantos abdominales y tratamientos tendré que hacer para tener mí abdomen plano?- ¿De eso se trataba todo? ¿Y nuestro hijo?

-Amor serás madre, para mí seguirás siendo igual de hermosa. No te preocupes por nimiedades. Voy a amarte igual cielo- intenté que razonara, jamás fui superficial lo que argumentaba no tenía fundamentos de ningún tipo

-Yo quiero ser hermosa pero tu me cambiarás por otra. Maldita la hora en la que me dejé embarazar, ni siquiera el sexo era tan bueno- dijo con fastidio y la miré sin saber que decir

Me fui a mí trabajo y pasé más tiempo en la oficina. Otra queja sobre mí desempeño sexual pero esta vez de mí mujer, vaya maldición. Le di amor, cariño, comprensión y fui súper abierto para hablar de todo lo que hiciera falta, ¿Que más podía hacer?

Mí ego estaba destruido, muerto y enterrado. Fui cariñoso con ella, la llené de besos y caricias, hice todo lo que le gustaba. Entonces ¿Todos los gemidos fueron falsos? No podía creerlo. Esto no tenía que ser así.

Además del problema de su figura y de notar que su vientre ya no crecía tanto como debía nuestra relación se estaba acabando. Dicen que las hormonas del embarazo producen cambios anímicos importantes pero ella cambió radicalmente y jamás volvió a ser la misma. No hubo días buenos.

Cuando llegó el momento del nacimiento de nuestro hijo se negó rotundamente a una cesárea así muriera nuestro hijo porque eso sería mí culpa. Lo único que quería era el bienestar de mí mujer e hijo, ¿Por qué hacer todo ésto más difícil?

Fue un momento crítico de mucha tensión pero ella acabó diciéndome que una cesárea arruinaría su vida como modelo y hasta actriz anhelaba ser después de recuperarse.

Estaba siendo egoísta y llevándome al límite de la paciencia. Finalmente nació nuestro hijo con bajo peso porque ella no se alimentaba correctamente y lloró al levantarse de la cama y verse al espejo mientras que yo cuidé al bebé con dedicación porque ella no quería ni mirarlo.

-¿No vas a alimentarlo? ¿No te gustaría cargarlo?- pregunté con esperanza de que se le ablandara el corazón

-No, déjame dormir, ya lo tuve nueve meses, ahora cuídalo tu o contrata alguien- miré a nuestro hijo y luego a ella con pena

Mí familia llegó a conocerlo y notó la tristeza que yo sentía, no podía disimularlo de ninguna forma. Mi madre se quedó un rato con ella y nuestro hijo para que yo fuera a casa a darme un baño y cambiarme. Necesitaba respirar, quería despejarme así fueran diez minutos.

Cuando llegué a la habitación mí madre estaba disgustada con mí esposa y su falta de cariño hacia nuestro hijo.

-Xavier aquí tienes la razón por la que no deseaba que ella formara parte de nuestra familia pero no nos escuchaste- estaba muy seria, molesta

-Yo la amo mamá, tal vez solo es depresión- quise justificarla

-¿Depresión? eres un hombre inteligente y tu esposa carece de instinto materno. Espero y hagas lo correcto- advirtió y quiso retirarse pero la tomé de la mano

-Aconsejame madre te lo ruego- pero como una súplica

-Divorciate y lucha por la tenencia completa de mí nieto. ¿Cuántas pruebas más necesitas para darte cuenta de que ella no te conviene?

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