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Transmigrar Para Ser Tu Madre.

1

María estaba agotada, el cuerpo le pesaba, le costaba caminar, además de eso estaba adolorida, faltaban una o dos semanas para que naciera su bebito, estaba feliz y preocupada por este hecho, por fin sentiría lo que es que alguien la ame, lo que le preocupaba era el hecho de que tanto su cuerpo como su cara estaban llenos de moretones, sabía que no podría proteger al niño, sabía que solo traería al pequeño a sufrir a este mundo, había considerado escapar muy lejos, pero no tenía los recursos, era tan pobre ¿De qué viviría? Ni siquiera tenía los estudios básicos.

El padre de su hijo era un mounstro, uno al cuál ella había amado y confíado ciegamente, si tan solo hubiera conocido la faceta de su yo borracho, por supuesto que hubiera escapado muy lejos en ese momento.

Un día la vida de María se hizo añicos, se sentía acabada y sin ganas de nada, la tan esperada llegada, en realidad no sé hizo posible, fue ese hombre de nuevo, ese el que se hacía llamar su esposo lo hizo, solo que está vez quien tuvo que pagar las consecuencias fue su pequeño no nacido

María quería encarar al hombre gritarle hasta el cansancio, pero no tenía fuerza, estaba atrapada en la camilla del hospital, débil y cansada.

Cuando se recuperó el hombre pareció verse arrepentido, pero eso solo duró muy poco, se emborracho de nuevo,. pero María no se iba a quedar quieta está vez, ella iba a luchar, luchar como no lo hizo esa vez cuando su hijo se fue para siempre.

El hombre sorprendido y enojado peleó con más fuerza y María enfurecida no se lo dejó fácil.

Entonces ambos perdieron más que la lucha...

María se levantó del suelo, le dolía la cabeza, era tan raro, era como si hubiera bebido de más y ahora tuviera resaca, pero eso era imposible, ella no bebía en absoluto, miró a su alrededor, había un desastre, era tan asqueroso el ambiente, María frunció el ceño, no recordaba que su casa se mirará así, la lucha ¿Fue tan agresiva?

En eso un ruido la dejó completamente helada, no podía creerlo, ahora tenía alucinaciones, ¿Por qué escuchaba el llanto de un bebé justo ahora?

Eso no podia ser, ¿Se estaba volviendo loca ahora?

Pero el llanto se escuchaba tan real, con el alma en un hilo fue corriendo hasta donde se escuchaba el sonido, era cada vez más fuerte, no podía seguir negando, ese llanto era real, eso lo confirmo al ver a un pequeño bebé acostado en una cama sucia y lleno de cosas.

María fue a abrazar a ese bebé, no le importaba si era real o no, al verlo sus ojos se llenaron de lágrimas, era justo como había imaginado que sería su bebé, blanquito y gordito.

María tenía que calmarse, el bebé seguía llorando y era por algo que ella misma tenía que averiguar, el bebé estaba sucio y tenía hambre, mirando a su alrededor María pudo darse cuenta de algo, está no era su casa, no sabía dónde estaba y la casa era peor que un basurero, María pasó del cielo al infierno en un instante, primero que nada tenía que solucionar los problemas del bebé, así que como pudo lo limpio y sobre la comida, no había comida para bebés, así que tuvo que intentar amamantarlo y por suerte eso funcionó.

Cuando el pequeño por fin se durmió, María tuvo que ponerse manos a la obra, había aceptado el hecho de que ahora estaba en otro lugar y que por casualidad había descubierto que su cara y cuerpo eran diferentes, por lo cuál se había convertido en otra persona, eso era un hecho innegable.

La casa estaba tan sucia que tenía ganas de vomitar, desafortunadamente tenía que limpiar ya que ahora tendrá que vivir ahí.

Por desgracia no solo era limpiar la casa y listo, tenía que averiguar cómo sobrevivir o como es que vivía está persona en la que se ha convertido, por lo que podía notar está persona no le estaba llendo bien y por supuesto no estaba haciendo las cosas bien.

Poco a poco, toda la suciedad fue desapareciendo, esto la ponía contenta, en ese momento se dió cuenta de algo ¿Que había pasado con ese hombre? Esperaba que la vida, el ser poderoso o quien sea no le haya dado una segunda oportunidad como a ella, y si el pequeño en la cama en realidad ¿Era su verdadero hijo? María quiso llorar por un momento, no tenía que ilusionarse, ya está feliz de poder tener un hijo aunque no fuera ese pequeño que se perdió.

Ya sea algo bueno o algo malo, María adquirió la memoria de la persona original, era necesaria tenerla si quería adaptarse a este nuevo mundo, si este no era su mundo original, era similar, pero no el mismo.

Resulta que Mary la chica de su ahora cuerpo, no le fue tan bien en la vida, eso ya era bastante esperado, Cuando tenía quince años quedó huérfana, afortunadamente sus padres no la dejaron desamparada, le dejaron está casa y dinero para mantenerse por unos años, Mary lo había estado haciendo bien, eso hasta que conoció al padre del bebé, la engaño, le dijo que la amaba, que quería casarse con ella, pero no tenía el suficiente dinero para hacer unos negocios, si esos negocios fracasaban lamentablemente no podía casarse con ella, Mary cómo una tonta cayó, le dió la mayoría de su dinero, el tipo se fue lejos por un tiempo, ella lo espero pacientemente, pero el tiempo pasaba, se dió cuenta que pronto tendría un bebé, pero el hombre no regresaba, tuvo que dar a Luz sola, cuando el bebé cumplió tres meses, Mary salió a sus caminatas de la tarde con el bebé en brazos, vio a su amado de la mano con otra chica y un pequeño de dos o tres años, Mary fue corriendo a hablar con él, pero él fríamente le dijo que no la conocía.

Fue ahí que todo se vino abajo, Mary comenzó a beber sin parar, descuidó la casa y al bebé, por suerte María había cruzado antes de que el bebé muriera de hambre.

2

Afortunadamente María, bueno Mary,. tenía casa propia y dinero, ahora contaba con diecinueve años de edad, lo cual era mejor que su vida anterior, sabía que el dinero no sería eterno por lo que tendría que ponerse a trabajar, lo triste es que no sabía hacer nada de nada.

La original se había dedicado solo a estudiar, después tuvo que dejar los estudios por su embarazo y después se había arruinado a si misma, era una pena, la chica era tan joven y muy bonita.

Mary se frustró por un momento, pero ella era muy buena cocinera y buena limpiando, podría ser una sirvienta sin problema, esperaría a que su hijo cumpliera el año para ir a conseguir un trabajo, tenía que sobrevivir, por ella y su hijo.

El tiempo pasa como el viento, puede ser lento o muy rápido, el pequeño Matthias comenzaba a dar sus primeros pasos, al igual que Mary ella comenzaba a dar sus primeros pasos en la sociedad, dispuesta a conseguir un trabajo donde la acepten con su hijo, pero todo fue un no de esos lugares, pero ella era reacia a rendirse, fue ahí que llegó a una mansión, era bonita sin duda, lujosa también, fue por esto que Mary dudo más en llamar a la puerta, una mansión como está seguramente no necesita de personas como ella, quería darse la media vuelta e irse, pero no lo hizo, algo dentro de ella no la dejó, en cambio tocó el botón del timbre sin darse cuenta.

- ¿Qué necesita? - se escuchó la voz de un anciano.

Mary nerviosa preguntó. ¿No necesitan empleadas domésticas?

La voz tardó en responder. - ¿En cuántos lugares has trabajado?

Mary un poco triste dijo. - En ninguno, señor.

- ¿Qué es lo que sabes hacer? - preguntó sin despreciarla.

- Sé hacer las tareas de casa, se cocinar...

En eso el llanto de su hijo interrumpió su charla.

- ¿Tienes un bebé contigo? - preguntó el anciano.

- Si. - dijo Mary sabiendo lo que pasaría, no le darían el trabajo otra vez.

Contrario a lo que pensó que pasaría, el gran portón se abrió, un anciano en un traje extraño salió, los miró de cerca a ella y al bebé.

- Ven conmigo. - dijo el anciano.

Mary temerosa lo siguió.

La casa era mucho más bonita por dentro.

El anciano los llevó frente de una habitación, Mary miró extrañada al viejo.

- Si logras que el pequeño amo coma, el trabajo será tuyo, te aseguro que la paga es bastante buena.

Mary sorprendida asintió, el anciano abrió la puerta, dentro estaba lleno de juguetes, en el centro había una cama y justo ahí había un pequeño de tres o cuatro años, el pequeño se veía decaído, sin duda el niño estaba muy triste.

- ¿Qué le sucede? - preguntó Mary preocupada.

Pero el anciano se quedó callado.

Mary caminó hasta donde estaba el chico. - ¿Te sientes bien?

El niño la miró, pero no dijo nada.

- ¿Te gustaría comer algo?

El niño repitió la misma acción, Mary estaba angustiada, hace mucho que dejó de preocuparle el trabajo.

- Señor, ¿Puede prestarme su cocina?

El anciano dudó, pero al final terminó accediendo.

Mary hizo algunas cosas extraordinarias, quería que la comida se viera linda, con figuras de animalitos y otras cosas.

Al terminar regresó a la habitación del pequeño. - ¡Mira lo que tengo para ti! - dijo con voz muy animada.

El chico quería ignorarla, pero al ver la comida se sorprendió, ¿Por qué la comida era tan linda? ¿Sabría bien si la comiera? El chico obviamente no quería quedarse con la duda, levantó su pequeña manita y se dispuso a comer, lo cuál sorprendió al mayordomo enormemente.

los ojos del pequeño se iluminaron, sabía tan bien y sin darse cuenta, terminó todo lo que tenía frente a él, al querer comer otra cucharada se dió cuenta que ya no había nada, el pequeño miró a la mujer frente a él esperando que no se hubiera dado cuenta, pero no, ella le sonrió.

- ¿Quieres otro poco?

Avergonzado asintió.

El mayordomo emocionado comenzó a llamar por teléfono, cuando el pequeño ya había comido, lavado los dientes y estaba profundamente dormido, un alboroto se escuchó en la puerta principal.

Un hombre guapo entró como si fuera un salvaje, estaba despeinado, la ropa desarreglada, pero aún así podía verse lo atractivo que era, sin duda esa era el don de la gente guapa verse bien a pesar de todo.

El hombre subió las escaleras, fue directamente a la habitación del niño, para su mala suerte el chico ya estaba dormido, aún así fue hasta él y le dió un beso en la frente, después se dispuso a conocer a la mujer que le había hecho el milagro.

- Gusto en conocerla, mi nombre Joaquín. - extendió la mano en plan de saludar.

Mary saludó con una sonrisa.- Mi nombre es Mary.

- Entonces ¿Te interesa el trabajo? - Joaquín fue directo al grano.

- Por supuesto, solo que mi bebé tiene que estar conmigo. - dijo firmemente.

Joaquín apenas y se daba cuenta del asunto, se sentía incómodo ahora, quería que la atención total fuera para su hijo. - Lo siento, pero no puedo aceptar que traigas a tu hijo ¿Entiendes?

- Por supuesto.- ella sonrió, era tal y como esperaba, ella se levantó dispuesta a marcharse.

- ¿A dónde vas? - preguntó exaltado.

- A casa. - dijo ella tranquila.

- Puedes tener el trabajo, solo que sin el bebé.

- Entonces no acepto, gracias. - dijo ella amablemente.

Pero Joaquín no estaba dispuesto, su propio bebé no había comido tan bien en un tiempo, no podía dejar ir a esa mujer. - Está bien, pueden quedarse ambos.- dijo tragando sus palabras anteriores.

Mary confundida. - Está bien.

Contrario a lo que Joaquín esperaba, su hijo se fue desarrollando bien, la compañía del bebé le ayudo, estaba sin palabras y aliviado al mismo tiempo.

Los niños se encariñaron, ambos jugaban juntos, se portaban cómo si fueran hermanos, Joaquín comenzó a durar de nuevo acerca de está compañía, quiso decirle algo a la niñera, pero su hijo estaba tan feliz que optó no decir nada, no quería que tener que tragarse sus palabras otra vez.

3

Mary se había encariñado mucho de Lucas, el pequeño al que cuidaba, se sentía feliz con su nueva vida, tuvo que dejar de existir en su mundo original para llegar a este otro mundo y ser libre y feliz.

A pesar de ser feliz había algo que la mantenía incómoda ¿Por qué el pequeño Lucas había sufrido antes? ¿Dónde estaba su mamá? Ella sabía que eso no le correspondía y ni tenía el derecho de preguntar por más incómoda que se sintiera en su corazón.

Cómo se le había hecho costumbre llevó a los niños a jugar al jardín, Lucas se sentaba en en pasto sin hacer nada, mientras Matthias gateaba intentaba caminar, a pesar de que Lucas solo observaba, Mary pudo darse cuenta de los ojos animados que tenía Lucas, era una lastima de que el pequeño aún no quisiera hablar.

Al caer la noche, Mary acostó a Lucas, le leyó un cuento cómo cada noche, afortunadamente la Mary original sabía leer y otras cosas más que le habían servido, ya que ella no lo hacía muy bien.

Lucas quedó profundamente dormido, Mary bajó las escaleras con su bebé en brazos, justo en ese momento, el señor Joaquín se cruzó en su camino, Mary que no esperaba ver a nadie tropezó asustada, lo único que puso hacer era sostener fuertemente a su bebé para que no se lastimará gravemente, afortunadamente la caída nunca llegó, le señor Joaquín la sostenía entre sus brazos para evitar que se cayera.

- Gracias. - dijo Mary con su corazón acelerado por el tremendo susto.

- No fue nada. - dijo él con seriedad.

Mary notó que el tono de voz de su jefe sonaba extrañamente frío, pero pues él era su jefe y no había nada que ella pudiera hacer o decir, se despidió con un gracias y buenas noches.

Mientras Mary se iba, Joaquín no tenía para nada buena cara, este tipo de cosas le habían pasado más de una vez, no esperaba que la niñera de su hijo fuera igual que el resto de las mujeres, lo peor es que la mujer había arriesgado el bienestar del bebé, sentía que ella era una hipócrita, tenía que mantener su distancia de esa mujer, para que le quedará claro que no estaba interesado en ella.

Mary que por fin se había tranquilizado, no tenía idea de las ocurrencias de su jefe y si lo supiera solo se callaría para no avergonzar a su jefe por estás ideas locas.

Temprano en la mañana, Mary se levantó temprano como de costumbre, hizo el desayuno para los pequeños, Lucas ya se encontraba despierto y a pesar de estar quieto en su silla para bebés, Mary sabía que estaba lleno de energía, Matthias fue sentado en otra silla para bebés. ¿Quién diría que este par de niños en realidad no son parientes? Ambos son tan lindos.

Dió de comer a los niños como los bebés que son, limpió las caritas sucias de ambos.

Sabía que los niños pequeños no debían de ver televisión por lo que llevó a ambos a jugar con bloques armables, los tres construían y destruían una y otra vez, la mayoría de las veces era Matthias quien se dedica a destruir, lejos de lo que Mary pensó al principio, Lucas no se veía molesto por esto, al contrario parecía que se divertía mucho, después de jugar con esto fueron al jardín como todas las tardes.

Lo que Mary no esperaba era Lucas comenzará a caminar por alrededor, ella por supuesto que se había puesto contenta y dejó que el chico hiciera lo que quisiera, al poco rato Lucas regreso con una flor en la mano, su manita le entregaba la flor a Mary, ella se conmovió y la tomó de inmediato, pero al hacerlo se dió cuenta de que su mano estaba lastimada y no solo esa, eran ambas manos.

- ¿Te duele? - preguntó preocupada.

Lucas solo negó con la cabeza.

Mary guardó la flor para no herir los sentimientos del pequeño. - ¡Me gusta mucho, gracias, pero no vuelvas hacer algo que te lastime! ¿Está bien?

Con los ojos enrojecidos Lucas asintió.

Mary lo abrazó, llevó a ambos niños dentro de la casa, dónde curó las manitas de Lucas, en eso el mayordomo se hizo presente, no le dijo nada, solo la miró con frialdad y se fue, Mary no le tomó importancia y le pusó una banditas a Lucas.

Por la noche, cuando Lucas ya se había dormido, cuando Mary estaba dispuesta a irse a descansar, se encontró con la mirada fría del señor Joaquín.

- ¡Buenas noches! - dijo ella.

Pero su saludo no fue devuelto en cambio.

- ¿Cómo se lastimó las manos Lucas? - preguntó enojado.

- El pequeño cortó una flor, no se preocupe, Lucas está bien, solo eran rasguños superficiales. - dijo ella tratando de calmarlo.

- ¡No te pregunté eso! Si mi hijo se vuelve a lastimar mientras lo cuidas, te vas ¿Entiendes?

Mary asintió asustada y confundida, se despidió con un buenas noches de nuevo y se fue a su habitación.

Al estar dentro y sola, con nada más que la compañía de su hijo, se puso a pensar y darse cuenta de que su jefe es bastante temperamental, cuando actuó así frente a ella, le pudo recordar a ese hombre malo, afortunadamente ella no planeaba estar con ningún otro hombre, ni siquiera algo pasajero, había perdido por completo la confianza en los hombres, no quería que ninguno de ellos la volviera a lastimar y mucho menos a su hijo.

Cuando estubo más tranquila pudo quedarse dormida.

Contrario a ella, Joaquín no sabía por qué, pero se sentía culpable por haber actuado como un lunático frente a esa mujer, incluso se sintió avergonzado, era como un payaso tratando de llamar la atención y si, él detestaba a los payasos por ser ridículos.

Al día siguiente, se encontró con una escena en particular, la niñera de su hijo le daba de comer en la boca mientras le platicaba a ambos bebés, no sabía cómo sentirse, pero estaba seguro que ahora parecía un completo imbécil.

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