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La Bruja Destinada.

Capítulo I: El destino de Samantha

Me llamo Samantha, pertenezco al clan de la familia Valerius en Halltown, el mundo de las criaturas sobrenaturales, el lugar donde podemos vivir con seguridad y libertad. Somos seres de distintas identidades y naturalezas, habitamos diferentes dimensiones y edades históricas.

Hemos convivido en secreto con los humanos, sin que lo perciban, ellos nos han mencionado en sus leyendas, mitos y hasta en los cuentos, aunque de muy mala manera y con una pésima reputación.

Si tan solo supieras como somos en realidad, echarían a reír de todas las tonterías que han intentado; como su famoso Halloween que tanto detesto o sus películas sin sentido.

Nací en un eclipse de luna roja, de ahí el origen de mi cabello rojizo y mi piel pálida. Ese día recibí mi amuleto del destino, que cada brujo o bruja lo obtiene al momento de nacer. El mío es distinto a los demás tiene la forma de corazón, es más grande y ocupa todo el centro de mi mano, tiene una media luna grabada en el centro; la función de este artefacto mágico es protegerme de las fuerzas oscuras y sus malignas influencias.

Las fuerzas malignas son hechiceras y hechiceros que saben de poderosos artilugios y maleficios, hace siglos quisieron dominar Halltown, pero nuestro cuarto Rey los expulsó y no pueden entrar nunca más. Deambulan en la dimensión de los mortales, disfrazados y ocultos, o en donde se les permite entrar, haciendo fechorías y provocando desgracias. Una antigua profecía dice que cuando llegue el quinto Rey a manifestarse, va a acabar con los seres oscuros y restaurar la paz en todas las dimensiones. Por ahora tenemos que estar alerta, ellos están cerca vigilándonos para destruirnos.

Mi familia participó en esa guerra mucho antes de mi llegada. He aquí el posible origen de mis pesadillas con un sujeto sin rostro, que surge de otra dimensión e intenta atacarme con violencia. Desde niña veo esas escenas al dormir.

Yo creo que por eso mis padres, Endora y Paris, eran tan protectores conmigo en la infancia y me hablaron mucho de las fuerzas malignas. Pasábamos la vida entre Halltown y la tierra de los humanos, en este último eran más sobre protectores: iba a la escuela, pero me decían que no hiciera tantos amigos, llegaba octubre y nos íbamos casi todos los días a Halltown e incluso me enseñaron a hacer hechizos y encantos sin usar palabras mágicas, con un movimiento de mi boca yo conseguí y aprendí hacer magia, brujería y sortilegios.

Cuando cumplí la mayoría de edad, tomé la decisión de estudiar en la universidad de Cambridge, siempre amé la Historia desde la escuela y escogí la carrera en esa casa de estudios. Entré gracias a mis calificaciones y méritos propios, sin auxilio de la brujería o trucos de magia. Estaba realmente orgullosa de haberlo logrado, quedé en el primer lugar de la lista de admitidos.

Ahora venía la parte más difícil. Como iba a entrar a estudiar, debía pasar más tiempo en la dimensión de los humanos; había convivido con ellos antes y los he observado por mucho tiempo, más de lo que imaginan por eso entiendo si manera de actuar, además sería fácil habitar entre ellos y pasar desapercibida. Lo difícil sería convencer a mis padres de permitirme vivir sola.

–Samantha no puedes vivir sola en ese lugar No es seguro para ti, ni para ninguno de nosotros– mi madre se negaba rotundamente.

–Mamá comprendo tu preocupación, pero ya no soy una niña y completé mi entrenamiento en la Academia de Brujos, salí la mejor de todos– me río para recordarle– podré cuidarme sola.

Mamá está casi con un ataque de nervios, toma una pequeña rama de lavanda y la convierte en una te para relajarse.

–Sam, no queremos que te pase nada. Sabes que las fuerzas oscuras están libres y andan entre los mortales, si llegan a encontrar a cualquiera de nosotros, nos pueden atacar sin cuidado– mi papá acaba de mencionar algo que no estaba considerando.

–Yo lo sé y también no olvido que nunca debo apartarme de mi amuleto– lo toco y lo siento vibrar– Yo sabré defenderme y si necesito auxilio ustedes estarán conmigo.

–Estamos muy orgullosos de ti pequeña bruja y se lo que has conseguido. Desde luego estaremos para ti siempre– papá sonríe y me toca la mejilla.

–Paris esto es exponerla al peligro– mi madre se sentó en el sillón y este se inclinó– Sabes que en caso de que ataquen a uno de nosotros, fuera de Halltown, los portales de transición se cierran por seguridad ¿Cómo podríamos abrir un portal?

–Querida siempre habrá peligros pero no podemos aislarnos por miedo. Debemos dejar a nuestra Samantha vivir su vida, es valiente y osada, sabrá enfrentar todo lo que venga.

Estoy feliz por las palabras de mi padre, está confiando en mí y apoyando mi decisión. Le doy un abrazo amoroso para agradecerle.

–Espero nada le llegue a pasar a nuestra hija, si algo le sucediera ni el mago Merlín te salvaría de mi ira– mamá echa una hoja de ruda al cántaro de hechizos para crear visión– Quiero encontrar un lugar seguro en el que te puedas quedar.

Mi madre sigue moviendo el humo con los dedos para que la visión se lleve a cabo. Después de unos segundos la visión se revela...

–Este es el sitio donde vivirás, es cerca de la universidad y de un bosque en él hay un portal custodiado por duendes.

–Gracias mamá, no sabes lo feliz que me haces– le doy un beso en la mejilla– Dime, pudiste ver cuánto es el alquiler de la casa.

–Sam ya arreglé todo, no tendrás que no pagar nada. La casa ya es tuya. No quiero que estés como los mortales pagando cosas.

–De hecho pensaba hacerlo así: conseguir un trabajo de medio tiempo y hacer el dinero para el alquiler– pongo cara de inocencia.

–Deja que tu madre te haga ese regalo. Yo, en cambio, te daré esto–mi padre me entrega un libro– es el libro de encantamientos de la familia, son los más poderosos que existen y te los aprenderás para cuando te toque enfrentar a un enemigo.

–Gracias papá, aunque siento que me están sobre protegiendo otra vez. La casa, el portal y ahora el libro.

–Nosotros sabemos el motivo de hacer esto– pone una expresión seria– por cierto se llama Serverus y es tuyo, donde sea que estés el vendrá a ti. Ahora es de tu propiedad. Protégelo y el te protegerá.

Estoy feliz por la independencia que me están dando. Por fin podré andar con libertad en Halltown y el mundo mortal, ya no habrá quien me vigile a cada instante.

Mis padres y yo nos damos un abrazo cariñoso. Los dejo en la sala de la casa y me voy a empacar mis cosas para iniciar mi mudanza. Llevaré conmigo a mi gato Clow, me hará compañía en mi nuevo hogar tendré alguien con quien hablar y no me aburriré mientras estudio.

Bajo las escaleras y escuchó a mis padres discutir acerca de un asunto que desconozco

–Te dije que esto pasaría Paris. Jamás debimos pasar temporadas con los humanos. Ahora quiere quedarse ahí ¿y si es para siempre?

–Endora tranquilízate, no grites que ella te puede escuchar– papá se sienta junto a mi madre– Esto debía pasar, está en su destino y nadie puede huir de su destino.

–Lo sé, probablemente con los humanos descubra su verdadera identidad. Creo que tenemos que decirle la verdad. O le puede suceder algo.

–Aún no es el tiempo. No se ha revelado que debamos hacerlo. Yo confío en nuestra hija. La hemos entrenado bien, sabrá si las fuerzas oscuras intentan atacarla. Descubrirá a tiempo habilidades.

–¿De qué verdad están hablando mis padres?– esa mi gran duda– ¿Qué me están ocultando?

Capítulo II: El sueño que se vuelve real.

Narrador.

Samantha prefirió no preguntar nada sobre la conversación escuchó. Siempre había sospechado que le ocultaban cosas, tanto sus padres como el resto de la familia, y esos asuntos tenían que ver con su identidad como bruja. No era casualidad que fuera la única pelirroja de la familia, ni que su amuleto tuviera un tamaño más grande, ni los sueños extraños por las noches; había algo que no le decían y no querían revelar.

Pero para no afligir más a Paris y Endora, se quedó callada y olvidó el asunto.

La nueva casa de Samantha era pequeña y de estilo victoriano gótico. La entrada tenía cuatro escalones, había un descanso después de la puerta, la escalera tenía tapizados rojos y un armario debajo de ella; el comedor y el living eran amplios, junto con la cocina y una biblioteca. El segundo piso tenía 4 habitaciones y un baño, el tercer piso era un viejo ático que servía de bodega. Era la casa que siempre había soñado tener para ella sola.

Ella decoró con un estilo en el que mezclaba lo vintage con lo moderno. Puso sus figuras del Antiguo Egipto en un mueble esquinero en el living, plantas en las ventanas y un castillo de gatos para Clow. Instaló la TV con todas las plataformas para ver series, una mesa de centro estilo gótico, un gran espejo vintage a la entrada de la casa y una pequeña despensa en el living con galletas y otras golosinas.

La habitación de Samantha la había dejado lista su madre. Se aseguró que tuviera un balcón, para que su hija saliera a volar las noches de luna llena. Con su magia puso una cama estilo gótico victoriano, un librero personal, un Smart TV, un closet amplio con ropa colorida y fina.

–Ay mi mamá, siempre queriendo que use ropa que a ti te gusta. Colores llamativos– tomó un vestido rosa que estaba colgado– jamás utilizaría un vestido y menos de este color, rosa propio de las hadas o las ninfas. Lo siento madre, pero ahora esta ropa será a mi gusto– movió su boca y los vestidos se transformaron en bodys elegantes, los pantalones en colores más apagados y las blusas en poleras holgadas.

–Ese si es tu estilo Sam: negro combinado con rojo, azul y morado. No lucirás como las hadas de azúcar– Clow entró al closet y se paseó por las secciones de zapatos.

–Serverus se quedará en este librero arriba de la cama, lo tendré cerca de mí. Me protegerá, no sé de qué peligros... mejor seguir las indicaciones de papá.

–El Señor Paris tiene sus razones, haz caso a cada instrucción que él te dio – Clow salió del mueble y se subió a la cama.

–Tú sabes las razones cierto y no me las quieres decir. ¡Vamos dímelas! Necesito conocerlas– Samantha se acercó traviesa para agarrar a su gato.

–Yo no sé nada. Soy un gato indefenso y gordo– el felino salió corriendo fuera de la habitación.

La chica siguió instalándose en la casa, cambió las cosas que no le gustaban para dejar su hogar a su manera. Armó su biblioteca con muchos libros, cada uno según la época: Historia Antigua, Historia Medieval y así sucesivamente; hasta una sección para los manuales de magia y hechizos que obtuvo en la Academia de Brujos.

Ya era casi media noche, ella ya se había acostado y dormido por el ajetreado día de mudanza. Desde la infancia, Samantha tenía sueños en los que solía escenas de batallas que no lograba entender, a veces eran momentos del futuro en que veía a cuatros hombres alrededor de ella. Él sueño que vino esa noche fue muy distinto a los anteriores.

Estaba cerca de Stonehenge, un lugar donde se halla la mayor concentración de energía mágica, llevaba puesto su traje de bruja acostumbrado:el sombrero en punta, el vestido negro con pliegues, la capa negra y las botas; sujetaba en su mano derecha la escoba. Era noche de luna llena estrellada y de repente la luna se oscureció, las estrellas desaparecieron. Sujetó su escoba con fuerza, sintió una presencia cercana que no pertenecía a Halltown; vio un sujeto oscuro de ojos verdes brillantes aproximándose a ella.

–Estás maldita Samantha Valerius. La profecía no se cumplirá en ti, ya lo verás– el ente desconocido lanzó un hechizo en forma de luz opaca que casi la derribó.

Samantha recuperó el aliento, juntó sus manos de un golpe y arremetió al oponente.

–¿Quién eres? ¡Vamos muéstrate ante mí!– apuntó la escoba hacia el enemigo para atacarlo nuevamente.

El sujeto oscuro se desvaneció por unos momentos. Samantha se subió a su escoba y se disponía a salir volando, cuando un lazo la tomó y la derribó al suelo. El ataque la dejó tan débil que apenas podía levantar la cabeza o estirar la mano para tomar la escoba.

–Eres débil bruja. No eres digna de la misión que el destino te asignó. No vas a vencerme, la oscuridad va a llegar a todas las dimensiones y te va a destruir.

El individuo se acercó a tomar la escoba tirada en el suelo. Samantha con escasas fuerzas estiró la mano y la escoba voló a ella. Como pudo, se empezó arrastrar para alcanzar una de las rocas del lugar ceremonial para poder recobrar fuerzas.

Le faltaban a penas unos metros para llegar a la roca principal, cuando escuchó su nombre en medio de la oscuridad

–Samantha... Samantha... Samantha, vamos ya casi lo consigues, confío en ti

La bruja giró a todos lados saber de donde provenía la voz. A penas se distinguían los ojos verdes del sujeto oscuro sin rostro, este se iba acercando al mismo lugar al que ella se dirigía. Sacando fuerzas de sí misma, Samantha logró llegar a la roca principal de Stonehenge, puso su mano sobre ella y la luna volvió aparecer, dirigió la vista al cielo, recobró su energía y se puso de pie; miró para todos lados y el ser de ojos verdes brillantes seguía ahí. La bruja lanzó un hechizo con su mano derecha en contra del desconocido y este desapareció.

La voz volvió a sonar a la distancia repitiendo su nombre. En medio de la nada vio la sombra de un hombre alto, esbelto y cabello con ondas, su rostro no se veía con claridad y se lograba ver sus ojos marrones profundos y penetrantes. Samantha se puso a la defensiva, creyéndolo un enemigo.

–¿Quién eres tú? ¿Cómo sabes mi nombre?

–Muy pronto sabrás quien soy Samantha Valerius. Nuestros destinos están enlazados y están próximos a cruzarse.

Samantha a penas podía verme los ojos. El hombre se acercó hasta que tenerlo a unos centímetros de su cuerpo, él levantó una mano y la puso sobre el amuleto que colgaba de ella; presionó un poco y el amuleto tomó la forma de un corazón.

Despertó agitada, encendió la luz y respiró profundo. La ventana del balcón estaba abierta. Clow subió corriendo a la cama.

–¿Tuviste un sueño verdad? Dime que fue lo que viste ¿se te apareció un sujeto oscuro?

–Así es. No supe quién era, pude notar que era poderoso. Me atacó y mencionó algo de una profecía ¿Qué tiene que ver con eso conmigo?

–No te preocupes por lo que ese individuo te dijo ¿Él te atacó?– Clow se sentó sobre la pierna derecha de Samantha.

–Sí, me tiró al suelo cuando intenté volar. Pero me acerqué a la roca ceremonial de Stonehenge y recuperé las fuerzas.

–Venciste a ese sujeto oscuro eso es lo que importa.

–Apareció un hombre, me llamaba por mi nombre. Tenía ojos marrones, puso su mano en mi amuleto y este cambió de forma– Samantha pasó su mano por el artefacto que colgaba de su cuello.

Para sorpresa de ambos el amuleto realmente había cambiado: era un corazón grande con la luna en su centro.

–¿Qué es lo que significa esto? ¿Qué están tratando de revelarme? Serverus necesito que me aclares esto– demandó una confundida Samantha.

El libro salió de su lugar, se ubicó sobre la cama y se abrió en una página, unas ardientes letras se revelaron ante la bruja

"El viaje ha comenzado. El corazón se abrirá prontamente y será unido a su alter ego. Es imposible huir del destino"

Capítulo III: No hice ninguna brujería.

Samantha.

Ese sueño me dejó perturbada y angustiada por unos días. Mi amuleto había cambiado de forma por el toque de un extraño, mientras estaba en un sueño y lo más increíble es que ese ente me llamaba por mi nombre. Además, un ser de la oscuridad me atacó, conocía mi apellido, mi identidad de bruja y lanzó acusaciones contra mí. Realmente tenía demasiadas preguntas en mi cabeza y nadie quien me las aclarara. Busqué orientación en Serverus y obtuve un mensaje en clave y ambiguo, Clow tampoco me aclaró nada o más bien no quiso hacerlo así que me quedé sin respuestas y en un mar de interrogantes.

No quise recurrir a mis padres para no angustiarlos. Cuando yo les contaba mis sueños, el rostro se les deformada por la preocupación; ahora sería peor ya que estoy viviendo en la tierra de los mortales donde las fuerzas oscuras pueden transitar con libertad.

Ya llevo un mes en la universidad y estoy enamorada de la carrera, es lo que siempre soñé: leer fuentes históricas, analizar los discursos de los historiadores, leer sobre las antiguas civilizaciones del antiguo oriente, no sabría por dónde acabar. Suena nerd, pero esto es maravilloso y entretenido. En la primera semana de clases comencé a hablar con Cynthia Miller, una chica de curso que necesitaba apoyo en las lecturas y tareas, nos empezamos a juntar en la biblioteca y hemos establecido una pequeña amistad; mejor es estudiar en la universidad para no levantar sospechas sobre mi naturaleza, me da miedo llevarla a casa y vea que mi gato habla, que hay muebles y libros que se mueven o se dé cuenta que madre aparece sin previo aviso.

Cynthia es una apasionada por la Historia de las mujeres y su relación con el mundo esotérico, habla mucho de la caza de brujas y como muchas mujeres fueron asesinadas por considerarlas seres malignos. No quiero ni imaginar la expresión de su cara, si llegara a enterarse de que yo soy una bruja y que lo que se dice de nosotras es casi todo mentira. Me reiría mucho la verdad.

Estábamos en pasando el rato mientras empezaban las clases, afuera del aula. No conocíamos todavía a todos los compañeros y compañeras de la carrera, por lo que solo estábamos sentadas juntas. Fue entonces cuando escuchamos unos silbidos, como si estuviera pasando una celebridad y todos sus fanáticos lo alabaran.

–¡No puede ser es él! Mira Sam, ahí viene el hijo del profesor de Historia del APO. Se llama Matthew Dashwood. Es guapísimo y demasiado inteligente– mi amiga parecía una adolescente

–Jamás lo había visto ¿De dónde sabes tú todo eso?

–La secretaria del decano me lo dijo. Matthew es la futura promesa, esperan que sea el mejor en todas las materias. Estuvo estudiando y dando los test a distancia, hoy se integró a las clases presenciales

El chico entró acompañado de un grupo de amigos, más bien parecían sus lacayos, así como los magos utilizan a los gnomos en Halltown. Se sentó en un pupitre en el centro del aula, desde nuestro donde estábamos nosotras (tercera corrida de puestos cerca de las ventanas) Cynthia no le quitaba los ojos de encima; él se volteó a mirarnos como esperando que lo fuéramos a saludar, nos observó unos instantes detenidamente aguardando alguna reacción mía o de mi amiga, luego se sentó y nos dio la espalda.

A la vista se notaba lo engreído y petulante que era Matthew Dashwood. Era apuesto, ninguna chica lo podría negar, todos sus atributos estaban a la vista: de gran estatura, fornido y con grandes brazos, cabello castaño con ondas de color más claro, rostro agraciado y muy masculino; vestía ropa ajustada la cual delataba sus trabajados abdominales y muslos, una imagen clásica de los hombres que tienen aires de celebridad y saben sus cualidades físicas.

Lo miré una vez y de ahí no quise seguir. La verdad es que odio a los hombres arrogantes y pretenciosos y, más desprecio si son misóginos. Me he topado con sujetos así en la Academia de Brujos y no les tengo paciencia, así que no quiero que el petulante hijo del profesor se cruce por mi camino.

El profesor Alexander dio comienzo a la clase y yo me puse de cabeza a escribir los apuntes. No sé si era mi imaginación o mi visión del futuro que a veces me juegan malas pasadas; yo pude percatarme que Matthew giró la cabeza un par de veces hacia donde yo estaba sentada, seguramente era por mi amiga, ya que le puso más atención a él que a la clase. Dudo que me estuviera observando a mí, no soy el estereotipo de chica que el divo hijo de académicos quisiera y, está claro que yo soy diferente al resto... Soy una bruja.

El profesor Dashwood terminó la clase y antes de abandonar el salón, nos dijo que entregaría los resultados de las evaluaciones. Todos los estudiantes sabíamos que la mejor calificación de la materia, quedaría como colaborador oficial del profesor.

–Profesor Dashwood, no hace falta dar las notas a todos, ya dígale a Matthew que él fue mejor puntaje– el irritable John Weston vivía para alabar a su amigo, daban ganas de convertirlo en estatua

–Prometo invitarlos a mi oficina en el departamento de Historia del Antiguo Próximo Oriente– el arrogante se levantó y empezó a dar las gracias.

Todos lo aplaudieron, se estaban precipitando a los resultados oficiales de las pruebas ¿Acaso habría algún otro que superara a la "estrella del curso"?

–Chicos, por favor silencio. Primero déjenme entregar las evaluaciones. Y debo decirles que no estoy asombrado en absoluto.

El grupo de estudiantes, a coro, pidió que se revelara el nombre de quien obtuvo el primer lugar.

–Pues la mejor calificación es de...

–Serán todos bienvenidos en mi oficina a comer y verme en el pedestal.

–Como estaba diciendo, la mejor calificación es de Samantha Van Tassel ¡Felicitaciones Señorita!

¿Qué es lo que dijo? Pensé en alguien que superara al engreído Matthew y ese resultó ser yo ¿De verdad saqué la mejor calificación?. Prometo que no hice ninguna brujería para esto, a penas leí y resumí los textos, nada fuera de lo común.

–Eres tú Sam ¡Es increíble! Sabía que lograrías el primer lugar, estudiaste mucho par esta prueba – Cynthia me abraza con fuerza y yo sigo sin procesarlo.

–¿Ósea yo no fui el primero? ¿En qué puesto quedó yo? Eso no es posible, hizo trampa– la estrella volteó para lanzarme balas con los ojos, era evidente que estaba impactado con su calificación

–La señorita Van Tassel sacó quince puntos más, por ende usted Señor Dashwood está en el segundo lugar. Analice los datos en el sistema de evaluación de internet y no hay ningún error. Reitero mis felicitaciones estimada, está en la carrera de ser mi colaborador, espero siga así– el profesor se acerca a mi puesto y me entrega el documento.

–Muchas Gracias Profesor Dashwood– le devuelvo la sonrisa y tomo mi evaluación, ahí estaba escrita mi alta calificación.

Mis compañeros y compañeras murmuraban en voz baja, por lo visto nadie creía que Matthew no fuera el primero; me empezaron a mirar y analizar mucho, mientras que la estrella permanecía decepcionado en su silla. Me cansé de los cuchicheos y las muecas, agarré mi mochila, mi carpeta y caminé hasta la salida con mi amiga, de lo contrario movería mi boca y haría desaparecer a todos.

Paso al frente del puesto del chico celebridad. Casi llegaba a la puerta, en ese momento escuché una alterada voz que me hablaba.

–Detente ahí farsante– me doy la vuelta– ¿Qué trampa hiciste para lograr ese resultado? ¡Vamos dime! ¿Quién crees que eres tú?

–A penas soy la chica que te superó por 15 puntos en la evaluación.

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