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La Protagonista No Teme A La Muerte

Capítulo 0 - ¿Qué demonios está pasando?

En una lujosa y amplia habitación podemos ver como una joven se observa confundida en el reflejo del espejo del tocador. Palpa su cara y mira alrededor confundida. Su tez blanca en contraste a su pelo oscuro le da una apariencia ligeramente fantasmagórica.

-Disculpe señorita, parece algo confundida. ¿Le podemos ayudar en algo? -Intervino una sirvienta de melena castaña.

-Cómo... ¿Cómo me llamo? -Preguntó temblorosa la muchacha

-¿Disculpe?

-Dime mi nombre

-Usted es la señorita Sarah de Neira, hija menor del Conde de Neira.

«Así que aún me llamo igual»

-Hija menor... ¿Tengo hermanos?

-Así es señorita, tiene un hermano mayor llamado Liam de Neira. -Dijo la sirvienta- Señorita, ¿Se encuentra bien?

-No mucho, la verdad... Siento que he tenido un sueño larguísimo y no recuerdo nada.

Sarah y su sirvienta hablaron poco más. La joven criada informó a los condes de la situación amnésica en la que se encontraba su hija. La condesa rompió a llorar desconsoladamente y el conde, incapaz de consolarla, empezó a pasar más tiempo fuera y fuera del hogar. Este es el inicio de la historia de una protagonista a la que no le importaría morir.

Capítulo 1 - ¡Encantada de conocerte de nuevo!

En la primera noche en la que Sarah perdió la memoria apenas pudo dormir, estaba confundida, no entendía nada. Solo sabía con certeza que su nombre es Sarah y que efectivamente ese es su cuerpo pero que por alguna razón no se sentía del todo cómoda.

Durante días lloró. Lloró mucho y no sabía porque, no entendía de dónde venía tanta tristeza y dolor. Simplemente lo sentía allí y lo dejaba pasar. Cada vez comía menos, estaba siendo consumida por algo y no sabía ni qué era, por no saber no sabía ni quién era realmente. Hasta que llegó el día.

En una noche en vela, como muchas otras, lloraba en su dormitorio y se quedó dormida. Esa noche soñó algo, soñó con ella.

Gracias a eso consiguió recordar quién era.

«Voy a empezar presentándome a mi misma. Soy Sarah, una chica de 18 años del siglo 21 que se acaba de independizar, no quiero hablar del por qué lo he hecho tan pronto. Por ciertas razones he tenido que dejar de estudiar y empezar a trabajar cuanto antes.»

Fue como una auto-presentación pero al menos empezó a recordar cada vez más cosas y empezó a entenderlo todo. No se sentía cómoda en su cuerpo porque ahora era 5 años más joven y esa tristeza... venía todo de ese lugar.

Era una persona que se podía considerar que estaba sola, sin familia ni amigos y mucho menos pareja. Una persona sin pasiones ni ilusiones, una persona vacía que no servía para nada. Se sentía como un parásito de la sociedad y de su familia y ahora de los condes.

La joven empezó a sentir que no pertenecía allí, que le había quitado el lugar a otra persona que tenía el mismo aspecto.

«Una persona como yo no merece tanto amor...»

No paraba de tener ese sentimiento, no se podía frenar. Cada día era más insoportable que el anterior. Sarah había entrado en una espiral de negatividad, algo tan grande que se la comía día a día. Los condes no pudieron evitar preocuparse por su adorada hija menor. La condesa seguía en su estado de desesperación y el conde continuaba pasando mucho tiempo fuera de su mansión.

Parecía que los sucesos negativos la seguían y que una vez empezaran, no habría final para ello,  ni la muerte misma. Sentía que estaba en caída libre.

Unos días más tarde, el hijo mayor de los condes decidió hacer algo por la familia. Empezó a insistir continuamente para una salida en familia al exterior con motivo de su despedida por su entrada a la academia de caballeros y nobles. La Condesa se armó de valor para reconstruirse y tragar sus lágrimas, el conde frenó sus negocios y Sarah no tuvo más remedio que ceder a la solicitud de su hermano.

***

-¡Que bien sienta el aire fresco! -Dijo Liam alzando ligeramente la voz mientras caminaba por el prado.

-¡Liam! -Replicó la Condesa.

A Sarah se le escapó una risilla, lo que hizo que el ambiente se relajase.

-Siento que todos necesitábamos un descanso -Suspiró la Condesa, el Conde asintió.

Sarah se alejó un poco porque quería estar sola. Se sentó en el suelo y cerró los ojos para disfrutar de la brisa, sentir el calor del sol, el césped fresco, oír cantar a los pájaros... Pequeños detalles que hacía mucho que no disfrutaba, vivir el momento.

Abrió los ojos lentamente al escuchar unos pasos que se acercaban a ella.

-Sarah, ¿De verdad que no recuerdas nada? -Sarah negó con la cabeza- Soy tu hermano... Puedes contarme lo que sea...

La joven suspiró y miró a su hermano inexpresiva. Le estaba analizando. Sus ojos azul oscuro, su piel blanca pero sin llegar a ser tan pálida como la de su hermana, su cabello rubio ceniza y liso. No cabe duda de que son hermanos a pesar de tener diferente color de cabello, su parecido era inmenso. Aún sosteniendo la mirada pero algo más relajada, dijo lo que pensaba sin darse cuenta.

-Liam

-Dime

-¿Tu me quieres?

Al escuchar eso, el joven sonrió ampliamente y abrazó brevemente a su hermana.

-Claro que te quiero, tonta

-¿Aunque no te recuerde?

-Por supuesto

-¿Porqué?

-Tu no me recuerdas a mi, pero yo sí te recuerdo a ti. Todo lo que hemos jugado, las veces que te he hecho llorar, las veces que me has curado las heridas... Con recuerdos o sin ellos siempre vas a ser la misma tonta

-¿Me puedes prometer una cosa?

-Claro

-Te puedo pedir que... ¿Siempre estés de mi lado?

Liam se rió ligeramente y aceptó la solicitud infantil de su hermana.

Ambos se quedaron unos minutos en silencio, sentados en el césped, disfrutando del momento.

Ella nunca había sentido tanta paz con otra persona a su lado o sentirse cómoda con un silencio en compañía. Sin pensarlo mucho, Sarah tomó una decisión.

-Debo confesarte algo, Liam -Dijo rompiendo el silencio.

-Soy todo oídos

-Hay algo que sí que recuerdo -El rostro del joven se iluminó como la de un niño al ver los regalos de Navidad.- Recuerdo mi vida pasada

.

.

.

.

.

Por unos momentos Liam quedó callado, pensando en la mejor respuesta, por el otro lado cada segundo que pasaba, Sarah se arrepentía más por haberlo contado.

Tras unos segundos de un silencio eterno, Liam contestó.

.

.

.

.

.

-¿Era buena o mala?

-Mala

No intercambiaron más palabras sobre el tema. Como un pacto silencioso, ambos decidieron hacer que no había pasado nada. El día siguió con normalidad, como un picnic de una familia normal sin problemas.

***

Antes de darse cuenta ya era el momento de partir para Liam, en la academia terminarían de perfeccionar cosas como conocimientos generales, esgrima, etiqueta... Es un sistema para que los jóvenes nobles creen nuevas conexiones, además de juzgar el nivel de educación de cada familia y así la casa real pueda tener el control sobre los futuros genios.

Sarah y Liam se volvieron muy cercanos las semanas previas a su partida. Él intentaba apoyar a toda la familia y la academia sería más peso sobre sus hombros, así que pidió a la joven hermana que hiciera un esfuerzo para vivir su vida actual, ya que es un regalo.

La joven decidió volver a conocerse a sí misma, a su yo anterior y a su yo actual. Se lo debía a ella, a Liam y a los condes.

Capítulo 2 - El berrinche de Sarah

Unas semanas habían pasado desde que Liam se fue a la academia, la joven no podía evitar mandarle cartas a su hermano contándole sus pequeños grandes progresos.

"Hoy he salido a pasear por el jardín, ¡Las flores están preciosas"

"Madre y yo hemos ido a una cafetería del centro de la ciudad y me ha comprado un vestido precioso, siento que nos estamos acercando de nuevo. Creo que madre está cerca de superar mi condición de amnesia"

"Estos días padre ha estado más en casa, parece que sus negocios están dando frutos"

"Últimamente me siento más animada y con más energía"

"He leído muchísimos libros, me siento muy a gusto en casa"

***

Sin darse cuenta ya pasaron meses y era hora de que Liam regresara a casa. Al verse los hermanos, se dieron un gran abrazo. En cuanto estuvieron solos, Sarah empezó a reprochar a Liam su comportamiento.

-¿Porqué no respondías mis cartas? -Preguntó bastante molesta.

Liam se rió ligeramente incómodo.

-No te rías, me he sentido muy mal... Me he sentido muy sola.

-¿Estás llorando? -Preguntó sorprendido Liam

-No -Contestó con pucheros

-Hey... Perdón -Dijo mientras abrazaba a su hermana.

-¿Porque has sido tan malo? -Preguntó separándose un poco para ver su cara.

-Tengo mis motivos -Contestó desviando la mirada.

-¿Y se puede saber cuáles eran? -Preguntó separándose del todo, algo más enfadada.

-No te lo puedo decir.

-Sí, si puedes, tienes boca para hablar.

-Pero bueno señorita -Rio Liam

-¿Porqué no me has respondido ni una carta?

El joven Liam suspiró antes de responder.

-¿De verdad quieres saberlo?

Sarah afirmó enérgicamente con la cabeza.

-¿Me prometes que no te vas a enfadar?

Sarah afirmó de nuevo con la cabeza.

-No quiero que sepan que tengo una hermana pequeña.

-¿Porqué? ¿Tan horrible soy? -Bromeó Sarah.

-Simplemente no quiero.

-Venga... Dime

-No hay más razón que no quiero que lo sepan -Dijo firmemente Liam

-No me creo que no haya más razones

Ya que Sarah no se creía lo que Liam le estaba diciendo, empezó a insistir más y más, de esa forma que saben hacer los hermanos pequeños.

-Puedo estar así todo el día y lo sabes

-Pues que tengo suerte de que me hayan enseñado a tener paciencia en la academia

-Dímelo

-Que te he dicho que no.

Poco a poco ambos se iban enfadando cada vez más, alzando su voz y llamando la atención de la Condesa.

-¿Qué está pasando? -Preguntó la Condesa contundentemente.

Como ambos creían tener la razón, hablaron a la vez, haciendo que su madre no entendiera nada de lo que estaban diciendo.

-Ya basta. Los dos a vuestras habitaciones de inmediato. -Dijo con severidad- Ya tenéis una edad para no discutir como niños.

Ambos se miraron con enfado y se fueron a sus dormitorios. En cuanto se dieron la vuelta, la condesa sonrió sintiendo que sus niños habían vuelto y que todo estaba bien, sintió que se aliviaba la carga.

***

Pasaron los días y los dos seguían enfadados, la Condesa sintió que necesitaba hacer algo al respecto así que se reunieron los tres mientras el Conde atendía unos negocios. Se sentaron juntos a tomar el té, a los pocos minutos de silencio la Condesa suspiró llamando la atención de los hermanos.

-¿Pasa algo, madre? -Preguntó Liam

-Oh, querido... No sé que hacer...

-¿Sobre qué?

-Tengo una amiga que pronto se irá lejos, no nos hemos visto mucho pero recientemente nos hemos peleado y no se qué hacer...

-Madre, ¿Quieres verla? -Preguntó Sarah

-Por supuesto que quiero verla, es una amiga muy preciada para mi. Pero desde que discutimos no hemos vuelto a hablar ni nos hemos visto. A pesar de ello quiero pasar tiempo con ella y despedirme apropiadamente.

Ambos hermanos se miraron algo confundidos.

-Si la quieres ver, ¿Porqué no vas a verla? -Preguntó extrañado Liam

-Liam

-Si, madre

-¿Tu quieres a tu hermana?

-¡Por supuesto!

-Y, Sarah, ¿Tu quieres a tu hermano?

-Pues claro...

-Entonces, ¿No sería una lástima que estuviérais peleados antes de la partida de Liam? -Ambos se miraron- Últimamente me siento algo cansada, me retiraré antes.

A pesar de las palabras de su madre, Sarah seguía haciendo pucheros y poniendo mala cara a su hermano. Liam se dio cuenta de que si quería solucionarlo, debería ser honesto con ella.

-Sarah...

-No me hables

-¿Porqué?

-No quiero que me hables si me vas a mentir más

-Entonces... ¿Quieres que te diga la verdad? El porqué no quiero que sepan que tengo una hermana

Sarah miró de reojo a Liam y éste suspiró.

-No quiero que se interesen en ti.

-¿Qué?

-Ninguno de mis compañeros es lo bastante bueno para ti.

-...

-Es la verdad, no me mires así -Dijo ligeramente avergonzado.

-Pero Liam

-¿Si?

-Sabes que tengo 14 años ¿verdad?

-Si

-¿Entonces? No entiendo por qué te preocupa eso, somos muy pequeños, sobretodo yo

Liam suspiró de nuevo, miró al cielo en busca de fuerzas y volvió a mirar a su hermana.

-Sabes, mis compañeros y yo tenemos 16

-Ajá...

-Y tenemos otros intereses -Dijo mientras se ruborizaba desviando la mirada

-Pero yo tengo 14

El joven puso la mano en su cara como signo de inicio de desesperación.

-Supongo que padre y madre no te han dicho nada

-¿Sobre que? ¿Hay algo que debería saber?

-¿Sabes lo que son las bodas?

-...

-...

-¿¡ME VOY A TENER QUE CASAR? -Preguntó alterada Sarah

-No, no, aún no -Dijo Liam- Pero a partir de los 14 puedes estar prometida.

-¿Cómo?

-Te pueden proponer matrimonio desde que tienes 14 años o padre te puede comprometer.

-Si es una broma puedes parar -Dijo medio bromeando Sarah

-No es broma.

-No te creo, seguro que es una broma por haberme enfadado estos días

-Es completamente en serio.

-¿Eso significa que me podría casar en unos meses? -Preguntó preocupada Sarah.

-Tampoco. La edad mínima para casarse para las mujeres es 17. Igualmente, que estés comprometida no te obliga a casarte inmediatamente a los 17. También puedes rechazar pretendientes, aunque no es lo más recomendable

-¿Y que pasaría si no me quiero casar?

-Jaja... Padre y madre probablemente estarían felices de tenerte en casa para siempre pero a ojos de la sociedad significaría que no eres una persona deseable

-Es decir, la gente pensaría que hay algo malo conmigo

-Exactamente

Ambos se quedaron pensativos mirando sus tazas de té.

-Liam

-Dime

-¿Tu tienes prometida?

Liam se atragantó debido a su sorpresa por al pregunta de su hermana.

-No

-¿Seguro?

-Si

-Te estás poniendo rojo -Rió Sarah

-Te lo estás imaginando

-Así que tienes a una dama en mente, eh... -Dijo ligeramente burlona Sarah.

-Puede ser -Respondió desviando la mirada.

-¿Porqué no te propones?

-...

-Oh, así que ya tiene prometido

-...

-¡Y además le conoces!

-¿¡Puedes parar de hacer eso!?

-No estoy haciendo nada, te estás delatando tu solo jeje

Continuaron con su conversación durante horas. Liam explicó como la conoció y que fue amor a primera vista, habló de como sus ojos de color cian brillaban cuando ella sonreía, describió su elegancia y lo agradable que era.

Pero lamentablemente ella estaba prometida a un chico que tenía un estatus más alto que el nuestro, además de ser brillante en la academia también era un maestro de la espada. El nombre de su rival era el marqués Tyneth Huntgreen.

***

Pasaron los días sin darse cuenta y llegó de nuevo el momento de partida de Liam. El pensamiento de tardar meses en volver a ver a su hermano entristecía a Sarah. Los días separados se hacían largos ya que él era un refugio para ella, podían estar juntos sin pretender nada, sin etiquetas.

-Sarah, querida -Dijo la condesa buscando a su hija por el jardín.

-Dime -Respondió tumbada en el césped

Al ver a su hija así, el rostro de la condesa cambió.

-¡Una señorita no debería comportarse así!

-¿Como?

-Mírate, en el suelo, como los animales

-¿Perdón?

-Que vergüenza.

-...

-Levántate de ahí, que no te vean las sirvientas, que hablan mucho

-Pero-

-¡Nada de peros! Esta no es forma de disfrutar del jardín para una señorita.

Sin poder decir palabra debido a la Condesa, Sarah se levantó del suelo.

-Así mejor.

-¿Qué me querías decir?

-¿Qué te ocurre hoy? Parece que de golpe se te hayan olvidado todas las clases de etiqueta

-¿Cómo?

-Ya me has oído, señorita. -Paró un momento para coger aire.- Tu padre volverá pronto de su viaje de negocios.

Tras decir eso la Condesa se retiró, dejando muy confundida y algo molesta a la Joven.

«¿Eso es todo lo que tenía que decirme? ¿Tanto grito para esto?»

***

Pasaron un par de días hasta que llegó el Conde con un humor extremadamente bueno, lo que extrañó a Sarah. Los condes se comportaban de una manera ligeramente diferente a lo normal, eso llamó la atención de la joven. Repentinamente, un día como cualquier otro, tomaron el té los tres juntos, cosa que no había ocurrido en al menos medio año.

«Esto es extraño... Aquí pasa algo.»

La joven Sarah no podía evitar pensar que había algo sospechoso detrás de todo, que los condes escondían algo tras sus caras de incomodidad.

-Sarah, cariño

-Si, ¿madre?

-¿Recuerdas algo de las costumbres de la sociedad? Cosas como... compromisos

-...

La condesa rió ligeramente mostrando su incomodidad, no quería explicárselo pero debía explicárselo.

-Bueno, verás... A los-

-Liam me lo explicó antes de su partida -Dijo interrumpiendo.

-Menos mal -Se le escapó a la Condesa- Hija mía, tu padre ha trabajado muy duro para conseguirte una entrevista de matrimonio con el hijo mayor del Marqués Cyanspring, Vinward Cyanspring

-¿¡QUE!?

-Tuve que explicar con mucha delicadeza el problema de tu amnesia, ya que ahora mismo careces de la etiqueta necesaria para casarte incluso con otro conde. -Dijo el Conde.

-No quiero.

-Pero cariño...

-He dicho que no quiero, soy muy joven aún y es mi vida.

-Oh, querida -Rió ligeramente la Condesa- Aún no estáis prometidos, es una reunión para que os conozcáis y sepáis si sois compatibles o no. Jamás obligaríamos a nuestra pequeña a casarse con un indeseable o en un matrimonio que carezca de amor.

-Por eso me ha costado tanto, el marqués quería todo o nada. Pero las negociaciones han sido exitosas y ha cedido a hacer un proceso distinto por la situación tan extraordinaria en la que te encuentras.

-De todas formas no quiero.

-Tendrás que hacerlo. -Dijo contundentemente el conde.

-He dicho que no.

Acto seguido Sarah se levantó de la mesa notablemente enfadada y se retiró a su dormitorio. Los condes se miraron, pensando en lo que podrían hacer para convencerla.

***

Pasaron los días, las semanas, y antes de darse cuenta ya había pasado un mes y la joven Sarah seguía enfadada y encerrada en su dormitorio.

[...]

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