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Señora Bonita

Capitulo Uno

Soy Manuel de la Pava, tengo 45 años, soy administrador de empresas y economista. Seré el nuevo CEO de “PavaVision”, empresa de mi familia, especializada en equipos de alta tecnología en vigilancia y seguridad con sede en New York. Soy viudo sin hijos, hijo mayor de Samuel y Mariana de la Pava. Tengo un hermano menor, Gabriel, de veinticinco años, quien me reemplazará en la sucursal de Miami.

Estábamos en mi presentación como nuevo CEO, y ahí estaba ella, bella como siempre.

Hace diez años que no la veía y no ha cambiado nada. Ese vestido rojo le quedaba hermoso, marcando esas curvas que siempre he querido ver al natural. Ella, con su sonrisa, iluminaba todo a su paso. Pero había algo en su mirada, la veía triste. Aunque eso no le quitaba lo bella que era, además de su sorprendente inteligencia.

Mis padres la adoran, es la mujer ideal, pero hay un gran problema… está casada.

—Manuel cierra la boca. Tranquilo, que a partir del lunes la tienes para ti, sólito —Hunter se acercó al ver mi mirada de tonto, sacándome de mis pensamientos. 

Hunter, mi gran amigo de la infancia, el cual también es hacker. Hunter nos ha ayudado con algunos problemas de seguridad virtual de nuestras empresas socias, por eso maneja un bajo perfil siendo el jefe de recursos humanos.

—Idiota, no te niego que está hermosa, pero es casada. —En ese momento llegó mi papá y nos interrumpió.

—Hijo, vamos a donde, Irene, para que la saludes. Ha estado tan ocupada la pobre, que no ha tenido tiempo para estar con nosotros.

Así nos dirigimos a donde estaba ella. Siempre con su hermosa sonrisa, pendiente de que todo salga a la perfección. Hablaba con nuestros socios, manejando perfectamente sus idiomas, en pocas palabras: “perfecta”.

—Hola, señores, ¿cómo les ha parecido todo el evento? —Nos saludó, preguntando con cortesía sobre la celebración. 

—Excelente, hija, como todo lo que tú haces. Veníamos a saludarte, ya que has estado muy ocupada y no habíamos podido hacerlo. —Mi padre respondió con cortesía y yo hablé después de él de manera cortante. 

—Hola, señora Irene, todo está bien. Claro que ese es su trabajo, ¿no? —Me miró con enfado, pero lo disimuló. 

—Claro que sí, señor de la Pava, es mi trabajo. Ahora, si me permiten, me retiro a descansar. Hoy ha sido un día muy pesado y necesito recuperarme este fin de semana para el lunes hacer empalme con el “nuevo CEO”. Con permiso, señores —Mi padre y Hunter me miraron con asombro ante la forma como me dirigí a Irene.

—Claro, hija, descansa este fin de semana, ya que el lunes debes hacer empalme con el “nuevo CEO”. —Irene, no se deja de nadie. Creo que la vida le ha enseñado a ser así.

—Señora Irene, la espero el lunes media hora antes de mi entrada —“Nuevo CEO”, como si yo no estuviera acá, y lo peor es que mi papá se presta para su chiste.

—Claro, señor de la Pava, hasta el lunes —contestó y se fue caminando de manera elegante y sensual. 

Soy Irene Suárez, asistente personal del CEO don Samuel de la Pava, dueño de empresas “PavaVision”. Tengo cuarenta años y soy relacionista pública con magíster en negocios internacionales. Hablo cinco idiomas, toda una cerebrito. Estoy casada hace veintidos años con Fernando Suárez y soy madre de Emmanuel, que está a punto de cumplir sus veintidós años e igual tiempo llevo trabajando en la empresa.

Soy hija de los magnates Lancaster, dueños de varias clínicas alrededor del mundo, pero desheredada por ellos por casarme con Fernando. Ahora me considero una mujer hermosa, curvilínea, segura de sí misma, aunque en el pasado fui víctima de bullying, creándome muchas inseguridades.

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«Así llegó el día lunes e Irene, como siempre, hizo su rutina diaria. Se levantó temprano para dejar como siempre el almuerzo listo para su esposo e hijo, y para ella llevar al trabajo»

—Despierta, dormilón, para que nos lleves a Emmanuel, a la universidad y a mí, al trabajo —lo desperté dándole besitos en la cara.

—Sí, mi reina, ve desayunando que ya bajo. —me respondió desperezándose en la cama.

—Sí, ya Emmanuel está en el comedor con su desayuno —le dije para que se apure; si no, seguro se volverá a dormir.

Llegué a la empresa media hora antes de que sea la entrada del señor de la Pava. Saludé a Marcos, el portero, y a Elisa, la recepcionista.

Me gusta saludarlos a todos por su nombre, aunque ninguno es mi amigo o amiga, pues no me gusta relacionarme con nadie.

Me dirigí al ascensor de presidencia, marqué el piso veinte, donde estaba la oficina del CEO. Justo antes de que se cerraran las puertas, unas manos lo impidieron y entró el señor de la Pava con su guardaespaldas.

—Señora Lancaster, perdón, Suárez, llega tarde. Le fui muy claro cuando le dije que debía estar media hora antes de mi llegada. Espero que no vuelva a suceder. —Me puse roja del coraje, ante lo que dijo el idiota.

—Primero que todo, “buenos días”, señor de la Pava. Segundo, ¿me puede decir Irene para que no tenga problemas recordando mi apellido? Tercero, son las siete y treinta, justo media hora antes de su entrada a laborar —idiota, ¿qué se cree?, no se parece en nada a sus padres.

—Le informo que mi hora de entrada es esta, por lo que usted debe estar a las siete en punto. Ah, otra cosa, este ascensor es exclusivo para el CEO y sus guardaespaldas, por lo que usted debe usar el ascensor para los empleados y visitantes. —En ese momento se abren las puertas del ascensor en el piso veinte y salgo de ahí hecha una furia.

Preparé el café del presidente como todas las mañanas, espero que tenga el mismo gusto que don Samuel. Toqué la puerta de presidencia y esperé a que me autorizara pasar.

—Señor de la Pava, su café —me miró con una mueca al entrar a su oficina y poner el café en su escritorio.

—Señora Irene, yo no tomo café en la mañana —mi cara era un poema. Si las miradas mataran, este hombre ya estaría tres metros bajo tierra. 

—Dígame qué toma, yo se lo preparo —Dios mío, dame paciencia con ese sujeto, todo sea por mi Emmanuel y por don Samuel.

—Yo tomo té Chai, pero no creo que usted sepa preparar una bebida tan exquisita. —Como veo, este va a ser un largo día, pero jamás debo renunciar.

—Es verdad, señor de la Pava. Como yo no sufro de estreñimiento, no lo sé preparar. Pero ya le digo a don Fico el mensajero que se lo consiga. — Ja, ja, ja, en tu cara, señor de la Pava.

—¡Ja, ja, ja, qué chistosa! Le dices a don Fico que, por favor, que me lo traiga de Starbucks, gracias. —De una forma muy sutil lo puse en su sitio.

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...𝙰𝚟𝚒𝚜𝚘: 𝙰𝚗𝚝𝚎𝚜 𝚍𝚎 𝚌𝚘𝚗𝚝𝚒𝚗𝚞𝚊𝚛 𝚕𝚊 𝚕𝚎𝚌𝚝𝚞𝚛𝚊, 𝚙𝚘𝚛 𝚏𝚊𝚟𝚘𝚛 𝚕𝚎𝚎𝚛 𝚎𝚕 𝚌𝚘𝚖𝚎𝚗𝚝𝚊𝚛𝚒𝚘 𝚍𝚎 𝚊𝚋𝚊𝚓𝚘. 𝙶𝚛𝚊𝚌𝚒𝚊𝚜...

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Capitulo Dos

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Salí de la oficina vuelta una furia, si no fuera porque necesito el trabajo para terminar de pagar mi casa y la universidad de Emmanuel renunciaba inmediatamente. Además de que se lo prometí a los señores de la Pava, si no ya estuviera pasando mi carta de renuncia.

Le debo tanto a ellos, don Samuel me dio trabajo como su asistente, aun sin tener experiencia y además embarazada. Todo esto después de que mis padres me desheredaron por embarazarme de Fernando y casarme a escondidas con él. Estaba haciendo mis pasantías en la empresa y Fernando era el conductor de don Samuel, ahí lo conocí y nos enamoramos.

Yo, una niña rica que todo lo tenía en cuanto a dinero, y él, un chico pobre, pero muy apuesto, sin estudios, pero que se fijó en mí, la chica gorda, burlada, e insegura de mí misma.

Así pasé el día, haciendo mi trabajo y evitando en lo posible a este señor. Menos mal, no me volvió a sacar de quicio. Ya me estaba preparando para irme cuando llegó don Fico con un ramito de violetas para mí.

Miré la tarjeta que decía:

“Señora bonita: no sé si sean tus flores favoritas, pero sí sé que es tu color preferido”. Espero que te gusten: de tu “admirador secreto”

Wow! Esto nunca me lo esperé, yo con un admirador secreto. Esto es de locos, ¿quién será? No creo que sean de Fernando, pues él nunca ha sido detallista.

En esas salió de la oficina el “CEO gruñón”, y se quedó mirando mi ramito.

—Señora Irene, ¿y eso? ¿Está cumpliendo años? —Esperó impaciente a ver qué le respondía.

—No, señor de la Pava, me lo envió un admirador secreto —. Le contesté muy contenta con mi regalo.

—¿Usted con un admirador secreto? Ja, ja, ja. —Se burló de mí.

—Sí, ¿es que no puedo tener un admirador? —¿Este quién se cree para decirme si puedo o no tener quien me admire? ¿Es que cree que soy fea?

—Pues que yo sepa, usted es casada, eso no está bien visto y mucho más si su admirador es alguien de la empresa —Me puse como una fiera por lo que me dijo este idiota.

—Sí, estoy casada, pero eso no quita que alguien me admire en secreto. Y si trabaja en la empresa, eso no lo sé, no ve que es “secreto”. —Quien no lo conociera diría que está celoso, ni que fuera mi marido.

—Bueno, la verdad es su problema. Mañana nos vemos, y recuerde ser puntual —se dirigió al ascensor, después de lanzar su veneno.

—Claro, señor de la Pava, hasta mañana —Que se vaya de una vez este pesado, mala leche.

Un rato después salí de la empresa y ya estaba mi esposo esperándome en mi camioneta.

—Hola, mi reina, ¿cómo te fue con el nuevo jefe? —Me saluda y ve que traigo el ramito de violetas en la mano, pero no le presta atención.

—Hola, mi rey —le di un beso —. Uy, ni me acuerdes de ese gruñón, nada que ver con don Samuel. Pero más bien, dime: ¿cómo te fue con Eduardo, si pudiste cuadrar algún reemplazo con él? —Mejor le cambié el tema.

—Sí, mi amor, hoy hice uno, pero me lo pagará la otra semana —El mismo cuento de siempre, ¿pero qué le vamos a hacer?

—Bueno, mi cielo, el dinero sirve cualquier día —no lo quería hacer sentir mal. 

Fernando no tiene estudios y, además, al tener ya cuarenta años, le ha sido muy difícil conseguir trabajo. Aparte, es poca la experiencia que tiene, pues después de que nació Emmanuel, se salió de trabajar para cuidarlo a él y su mamá enferma. Se decidió así, pues yo, como asistente de presidencia, ganaba más que él.

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Otra vez en mi apartamento solo, antes tenía una familia y de un momento a otro ya no tenía nada.

Por eso es que no pienso volver a intentar tener una familia nuevamente y que vuelva a pasar una tragedia, además de la promesa que le hice a mi pequeño Ángel.

Me casé con Bella hace trece años, no porque la amara, sino porque estaba embarazada de mi pequeño ángel. La verdad no la soportaba, era solo una amante ocasional, para quitarme las ganas. Bella quedó embarazada para atraparme, y lo logró, pues yo, pensando en mi hijo, le pedí matrimonio para que él naciera en un hogar constituido.

Grave error, por eso ocurrió la tragedia y mi esposa e hijo pagaron las consecuencias. Después de lo que pasó, me enfoqué en mi trabajo. No quise volver a New York, pues acá fue donde ocurrió todo. Hasta que mis padres me rogaron que tomara la presidencia de la empresa para que ellos disfrutaran la vejez y viajaran por el mundo. Además de que mi hermano Gabriel ya estaba preparado para ser mi reemplazo en la sucursal de Miami.

Fui al minibar y me serví dos dedos de whiskey, y me quedé pensando en ella, mi señora bonita.

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Llegué a la empresa faltando cinco minutos para las siete de la mañana, después de ir a Starbucks por el dichoso té chai de míster estreñido. ¡Con razón es tan amargado! Saludé como siempre y me dirigí al ascensor del servicio. Llegué a la oficina, dejé su té en el escritorio, arreglé los pendientes.

Y actualicé la agenda del día. Media hora después llegó don gruñón y me saludó con un simple movimiento de cabeza. ¿Este qué se creyó? Grosero e impertinente.

—Buenos días, señor gru… de la Pava, su té chai, y le tengo el orden del día.

A las diez de la mañana tiene reunión en la sala de juntas con los socios de Alemania; posterior a eso, almuerzo con el CEO de “Patrimonium” con reserva en el restaurante “Quintillo” y a las cuatro de la tarde videoconferencia con sus socios de Francia.

Acá están los documentos requeridos en las tres reuniones, ya están revisados, solo es que les dé el visto bueno. Si no es más, me retiro. —Esperé sus indicaciones.

—Gracias, señora Irene, por favor, ten listos a los traductores para las reuniones. Por el momento no es nada más, se puede retirar. —Espero que vea que soy muy eficiente.

—Señor de la Pava, no se necesitan traductores —veo su cara de asombro, se hunde en su silla y acepta que no se necesitan.

—Se me olvidaba que usted es poliglota, ¿pero alemán? —Espera a que le confirme que también hablo alemán.

—Alemán, francés, italiano, portugués y mandarín. Sin contar con el inglés y el español, que son mis lenguas maternas. Además, estoy aprendiendo ruso, ya estoy en último nivel —le enumeré uno a uno orgullosa.

—Ya veo por mi papá, la admira tanto, eres una cajita de sorpresas —. Por fin me dijo algo sinceramente.

—Es gracias a él que he aprendido tantos idiomas. Ya mismo voy a alistar la sala de juntas para la primera reunión —Salí de la oficina para seguir con mi trabajo.

Capitulo Tres

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Al llegar a mi escritorio vi una hermosa caja, la abrí y hay una bolsa de café de Colombia, (mi favorito), galletas y un hermoso pocillo con una nota:

“Señora bonita, sé que le gusta empezar el día con un café, espero lo disfrutes, con amor, tu admirador secreto”

«Vea, pues, qué detalle», me dije y segundos después sonó mi celular con un mensaje de un número desconocido

📱Espero que te haya gustado mi regalo, señora bonita.

Inmediatamente respondí

📲¿Quién eres? Quisiera darte las gracias —mi curiosidad le gana al miedo de que sea un acosador.

📱Soy tu admirador secreto, pero si quieres saber mi nombre, con mucho gusto me llamo Jafet.

📲Mucho gusto, Jafet. A mí me puedes decir Liz. —En realidad no estoy mintiendo, Liz es mi segundo nombre. Aunque casi nadie lo sabe, soy Irene Liz Lancaster.

📱Hermoso nombre como la dueña 😍

📲¿Cómo sé que usted no es un acosador?

📱¿Está viendo mucho Netflix, señora bonita?

Ya no le respondí más, y minutos después salió de la oficina, don gruñón, con cara de pocos amigos, y me dice:

—Señora Irene, ¿y esa sonrisa? ¿Por lo que veo, ya debe tener todo listo para las reuniones? —Se me borró inmediatamente la sonrisa.

—Claro, señor de la Pava, todo está listo. ¿Ya le dio el visto bueno a los documentos que le pasé? —Es un ogro malgeniado, no lo puede ver feliz a uno.

—Sí, Claro, acá los tiene. Está todo bien, no hay nada que corregir —me los entregó debidamente firmados.

Y así pasamos el resto del día entre reuniones y reuniones. Esta semana será muy pesada, ya que el nuevo CEO se está empapando de las empresas socias. El señor Manuel, a pesar de haber trabajado en la sucursal de Miami, es diferente, puesto que en la de New York es donde se hace el cierre de las negociaciones con las empresas socias.

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Llegué el fin de semana y no quiero esperar a que sea lunes para volver a ver a Irene, por lo que en complicidad con mi amigo Jean Delacroix, socio de mi filial en Francia, inventé una reunión de última hora este fin de semana.

📠 Irene, ¿puedes pasar a la oficina, por favor?

📠Ya mismo, señor de la Pava.

—¿Dígame, señor? —me preguntó entrando a mi oficina.

—Irene, necesito que hagas tu equipaje para viajar ahora en la noche a París. Surgió un problema de última hora en la sociedad de Francia y se debe corregir de manera urgente. —Vi que se angustió con lo que le ordené.

—Pero yo no he llegado a viajar con el CEO cuando estaba don Samuel. Eso no está en mi contrato —¿No quiere viajar?

—Señora Irene, va a viajar conmigo de ahora en adelante. No se preocupe, se le hará un otrosí a su contrato y se le hará un aumento de sueldo. Yo no manejo muy bien el francés y me queda muy claro que usted lo domina a la perfección, por eso necesito que viaje conmigo. —Espero convencerla.

—Pero…  —interrumpí lo que iba a decirme. 

—Irene, puede irse ya a su casa para que haga su equipaje. No se preocupe por el contrato, el lunes lo tendrá actualizado, y por lo de este fin de semana le haré un cheque. —La observé indecisa.

—No es por el dinero, no es por el poco tiempo, es porque ¡yo tengo fobia a viajar en avión! —Por fin pudo decirlo.

—No lo puedo creer, ¿usted la mujer empoderada con miedo a montarse en un avión? Señora Irene, las fobias y los problemas se vencen afrontándolos. No hay que temer, viajaremos en mi jet privado, es nuevo, estarás conmigo y la tripulación, y lo mejor de todo es que conocerás París. —Le expliqué y bajó un poco la guardia.

—Está bien, me convenció, señor de la Pava. Entonces salgo ya para mi casa a empacar maletas. —Es verdad, debe dejar ese miedo a un lado.

—A las seis de la tarde, envío a mi chofer a su casa. Debe estar lista, salimos justo media hora después. —Le doy indicaciones.

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Llamé a Fernando para ver si podía venir por mí a la empresa, pero no contestó, por lo que tomé un taxi.

Me llegó un mensaje de mi admirador secreto acompañado de una canción. 

📱Te dedico esta canción, para que pienses en mí todo el fin de semana. Nos hablamos el lunes, mi señora bonita. Espero que te guste.

🎵Señora bonita..

Hay algo en su boca.

Tiene algo en su cuerpo

Que al verla que cruza

Amor, amor me provoca.

🎶Señora bonita.

Usted me castiga.

Y aunque no me quiera

Le digo mil veces, que Dios

Que Dios la bendiga.

🎵Señora bonita..

Su cara es dulzura.

Mis brazos le ofrecen

El discreto instante

De una aventura 🎶

🎶Señora bonita…

Yo siempre la sueño.

Mira qué ironía

Yo amándola tanto

Y usted tiene dueño.

📲Me, encantó, es la primera vez que alguien me dedica una canción. Ni mi esposo lo ha hecho. 

📱Entonces, de ahora en adelante te voy a dedicar muchas canciones, mi bonita. Hasta el lunes.

📲Esperaré el lunes con ansias. 

Ya en mi casa empaqué mi equipaje, me puse algo cómodo para el viaje. Le he insistido a Fernando en el celular, pero me envía al buzón de mensajes, por lo que le envió una nota de voz explicando el motivo de mi apresurado viaje. Antes de la hora acordada para que llegue el chófer, llega mi hijo. Le explico lo del viaje y que no me he podido comunicar con su papá.

—Emma, ¿le explicas a papá lo del viaje? Dile que lo estuve llamando y me enviaba al buzón. Cuando llegue a París, lo llamo, que esté pendiente de mi llamada. En la nevera quedan tuppers con los almuerzos del sábado y domingo. Le dices que lo quiero mucho y los voy a extrañar. —Le decía de prisa para estar a tiempo cuando llegaran por mí.

—Ya, mamá, estate tranquila y disfruta París. Relájate en el avión y así vencerás tu miedo a volar. —Sé que me lo dice para que deje un poco el acelere.

Abrí la puerta que da a las escalas de la entrada, para esperar al chófer del señor de la Pava, y vi que se acercaba un auto. 

—Hijo, llegó por mí el chófer de mi jefe. Un beso, te quiero mucho, juicioso —le di un beso y él me da un abrazo.

—Chao, má, te cuidas y disfruta —sabe que estoy nerviosa, pero tengo que dejar mis temores atrás para poder disfrutar de este viaje.

Vi que la puerta del auto se abre, pero no es ningún chófer el que sale de él, es el mismísimo señor de la Pava en persona. 

—¿Lista? —me dice y lo miré sorprendida.

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