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Amores De Hospital

Llegando al hospital

Cuando decidí ser médico, tenía 15 años como mucho, en la escuela siempre fui buena estudiante, me gustaban los desafíos y mi madre, mi padre y mi tía eran médicos. Aunque, todos creerían que era lo que me correspondía como legado, yo no lo sentía de esa manera, resulta que un día en la escuela un chico se cayó durante un partido de fútbol, y no se que salió de mí que fui la primera en socorrerlo, lo inmovilicé, con ayuda de un grupo de amigos lo levantamos y llevamos a la medicatura, ví como lo limpiaban, suturaban e inyectaban y de pronto sentí que podía hacerlo...

Mi nombre es Karen Martinez tengo 20 años, llevo 3 años en la facultad de medicina y hoy empiezo mis pasantías en el Hospital Universitario San Andrés, haber entrado a la carrera no me fue difícil, solo fue llenar papeles, un examen de conocimientos, prueba vocacional y listo, me mudé de ciudad y los siguientes años pasaron en las aulas de la facultad, ahí, estudié las bases que me trajeron hasta aquí, siempre destaqué en la parte teórica pero ahora que empiezan las prácticas mi corazón está hecho un nudo, quiero recordar que me impulsó aquella vez a auxiliar a aquel compañero, pero no logro evocar ese sentimiento en este momento.

Estoy llegando a la emergencia de adultos y entre el olor a sudor, desinfectante y sangre, los gritos y las carreras no sé ni con quién presentarme. Tengo miedo. Incluso ví llegar paramédicos empujando una camilla que casi me atropella, y ver la estela de gotitas de sangre que dejaron en el suelo me revolvió el estómago. Por suerte, al levantar la mirada ví un rostro familiar, ahí está Diego, mi mejor amigo desde que llegué a esta gran ciudad, sus dulces ojos color avellana me miraban con dulzura, desde que entré a la primera clase de anatomía hasta hoy, esos mismos ojos me miran de la misma forma.

Al acercarme a él, me saludó con un beso en la mejilla y me dice que esperemos en la oficina del jefe de la emergencia para presentarnos, lo seguí a través de los intrincados pasillos y llegamos a una hermosa oficina que desentonaba con lo que había visto un minuto antes, la puerta estaba abierta y decidimos entrar. Una gran biblioteca a la derecha con anchos tomos de Harrison, Goodman y Gilman, Guyton y otros autores que yo conocía, a la izquierda reconocimientos en la pared por años de servicio y justo enfrente un escritorio de roble, dónde se encontraba sentado un señor de unos 60 años con lentes de vidrio grueso casi en la punta de la nariz, se veía mayor, pero con ojos muy vivos.

- Buenos días, Dr. Ferrara, dijo Diego, nosotros somos los estudiantes de 4to año que iniciamos hoy la pasantía hospitalaria y nosotros 2 fuimos los seleccionados para iniciar la guardia hoy por el servicio de cirugía. Espero nos oriente en las funciones ya que solo nos han informado que el horario de guardia es de 24 horas y mañana empiezan las clases con usted.

Con un tono de voz amable pero firme, nos dió la bienvenida.

- Muy bien jóvenes, espero hayan venido preparados para el trabajo en el hospital más grande la ciudad, aquí se da respuesta a todo lo que en otros centros no hay cabida por lo que el trabajo no escasea.

En ese momento entró al despacho un jóven moreno, de anchos hombros y alto con uniforme azul marino y gorro quirúrgico a juego, de aproximadamente 26 años de edad, quejándose en alta voz sobre la disponiblidad de los quirófanos y los turnos que asignaba anestesiología. Al verlo el Dr. Ferrara le dijo:

- Miguel, Miguel tranquilo ya habrá turno para tu colecistectomía más tarde, el adjunto de anestesia ya me lo comentó, es solo que surgió otra emergencia. Mientras esperas, te voy a asignar a estos estudiantes para que te ayuden hoy, ten paciencia que van comenzando, no los vayas a asustar demasiado.

La cara del Dr. Miguel fue un poema.

- Jefe asígneselos al Residente de primer año o al interno no sé, yo hoy tengo que pasar el día en pabellón y no estoy para enseñar algo que ellos puedan entender. Sabe que la mayoría no dura mucho cuando ven la primera hemorragia... y me lanzó una mirada malvada con los ojos entrecerrados y una mueca torcida, que hizo que bajara la cabeza

-Tonterías, lo harán perfectamente bien, recuerda que todos empezamos por algún lado y yo aún recuerdo tu primer día en este hospital. Hasta mañana jóvenes, les deseo suerte, no duden en preguntar lo que quieran, el Dr. Miguel será su guía hoy, síganlo como puedan.

Dimos las gracias y nos apresuramos a seguir a este malhumorado residente de cirugía, prácticamente yo corrí para alcanzarlo, cuando llegamos al estar médico se detuvo de pronto, y choqué contra su espalda, no caí al suelo porque Diego me agarró justo a tiempo, me lanzó de nuevo su mirada helada y no pude sino pedirle disculpas.

- Aquí están los cubículos de los pacientes, al Sr. José del cubículo 1 hay que ponerle una sonda vesical, a la Sra. Sánchez y al Sr. Domínguez del 3 y 4 hay que tomarle control de Hematología, química y pH arterial, la Sra. Sandra del 6 necesita control radiológico y la Sra. María del 7 debe ser preparada para quirófano. Repártanse las tareas y en 1 hora espero que todo esté listo. Nos lanzó la gráfica con el nombre de los pacientes y se fué.

No sabía si reír o llorar... me quedé petrificada pensando como alguien tan insensible puede ser médico, incluso si es guapo.

-Tranquila Karen, nos dividiremos el trabajo le diré a la licenciada que nos ayude encontrar las cosas para ponernos en ellos ahora mismo, lo que no puedas hacer yo te apoyaré. Dijo Diego poniendo su cálida mano en mi hombro. Yo me encargo de la sonda y las muestras, ya ve tu llevando a la Sra Sandra a radiología, mira ahí hay una silla de ruedas.

Gracias a Dios Diego estaba ahí, incluso cuando salió mi nombre en la rifa de la 1era guardia que nadie quería hacer, él se propuso para ser mi compañero, siempre he podido contar con él, que afortunada soy de tenerlo como amigo.

Salí de mi trance cuando me tocó y me dispuse al trabajo. Lo primero que hice fue buscar las historias de los pacientes y las leí con detenimiento, la Sra. Sandra Choi tenía un hemoneumo tórax por un trauma en un accidente de tránsito.

- Buenos días Sra. Sandra, mi nombre es Karen y la llevaré a hacerse el control radiológico, le dije con una sonrisa mientras le tendía la mano para ayudarla a pasarse de la camilla a la silla.

-Como una muchacha tan jóven y bonita es doctora aquí? Dijo ella poco a poco y con voz de dolor.

- No soy doctora todavía, estoy estudiando. Pero aún las muchachas jóvenes tienen que estudiar para salir adelante, ser bonita no es nada comparado con ser independiente, no cree?

- Bonita e inteligente, se rió relajada, a pesar del tubo de tórax que le salía del costado derecho y del montón de moretones y excoriaciones que tenía por todas partes.

Mientras buscábamos la sala indicada y esperábamos su turno, hablamos bastante rato de su vida y de porque estaba en el hospital, resulta que iba manejando y un impudente se pasó el semáforo, aún a sus 63 años debía manejar para ir al mercado por qué era viuda y sus hijos vivían en el extranjero, pero aunque todavía tenía buena vista y reflejos, el otro conductor la chocó y huyó sin dar respuesta, fueron unos peatones los que llamaron a la ambulancia que la trajo aquí. Me llené de indignación y tristeza al saber que sra se encontraba sin ningún familiar, así que le dije que si necesitaba cualquier cosa me avisara, que yo la ayudaría en lo que estuviera a mi alcance.

De regreso, pasamos por una máquina expendedora y compré 2 bocadillos, uno para ella y otro para mí que guarde en el bolsillo de mi bata blanca. Al acostarla en su cama ya sentía que era como mi abuelita y la Sra Sandra ya me decía mi pequeña Karen.

Veo rápidamente que Diego está tomando las muestras con mucha facilidad y se las entrega al mensajero para que las lleve la laboratorio, yo no soy tan dada a los procedimientos dolorosos así que voy a preparar a la última paciente.

- Buenos días Sra María, dije al abrir la puerta deslizable del cubículo, pero ahí ya no había nadie. Salgo a preguntarle a Diego y me dice que no la había visto, pero la enfermera indica que los pacientes que van a quirófano son los primeros que el camillero se lleva, abrí mis ojos de par en par porque ahí mismo, oí los gritos de nuestro insufrible residente, parece que a la paciente la devolvieron del quirófano porque no fue preparada adecuadamente.

- Pero es que son tontos o qué? No es de lógica que si un paciente tiene un turno quirúrgico programado en un horario, es el primero que debe estar listo? dijo Miguel gritándonos a todo pulmón. Al acercarse vio que Diego se quitaba los guantes tras haber tomado las muestras, y dirigió toda su ira hacia mí.

- Pero tú solo sabes mirar o qué? No dije que se repartieran las tareas? por tu culpa se retrasaron todos los casos del quirófano 2, sabía que tenerlos aquí era una pérdida de tiempo.

Solo pude bajar la cabeza y cerrar fuerte los ojos mientras gritaba, pero cada vez se me subía más la sangre a la cabeza, y por tener los puños cerrados se me pusieron pálidos los dedos.

Cuando ya no puede más, exploté.

- Es que acaso usted explicó eso? Dije cuando no puede tolerarlo más. Porque yo si oí cuando le dijeron que era nuestro primer día. Si usted estaba tan preocupado por ese turno quirúrgico debía decirnos que empezáramos por allí, pero usted lo único que ha hecho hoy es correr y gritar de un lado a otro y no le he visto hacer mayor cosa tampoco.

-Mira niñita, dijo con sus ojos entrecerrados acercándose cada vez más a mi cara y señalándome con el dedo, ni siquiera he podido comer para que me alcance el tiempo de todo lo que hay que hacer.

-Bueno si su amargura es porque no ha podido comer, aquí le dejo algo para que cambie su actitud, le dije poniendo el bocadillo en el mesón del estar médico, mirándolo directamente a los ojos.

Sobrevivimos la primera guardia

La cara de amargura de Miguel no tenía precio, nadie nunca se había atrevido a hablarle de esa manera a Miguel Araujo, aunque él pasó muchas adversidades para estar a dónde está, su implacable espíritu lo hicieron siempre el mejor de su clase, y por su porte atlético nadie se atrevía a meterse con él. Pero ahí estaba esta pequeña chica de pelo negro y piel más blanca que la cal, reclamándole como si fuera su madre.

Y le tocó respirar profundo, sabía que ella tenía la razón, el dió una serie de instrucciones y ellos las siguieron al pie de la letra, fue él quien no dijo que la paciente para quirófano era una prioridad. Pero no lo iba a reconocer delante de ella y aún tenía un as bajo la manga.

- Bueno, si crees que no estoy haciendo nada aquí, no perdamos más el tiempo, vamos a pasar una rápida revista con los pacientes que han atendido, dijo Miguel.

Estaba seguro de que no iban a conocer los detalles de las historias clínicas, en realidad les había dado poco tiempo y vamos, eran nuevos en el hospital. Si un residente o un adjunto, te quiere castigar "legalmente" o hacer sentir mal en un hospital, esto es lo que hace, una revista infinita y malintencionada en la que te quede claro que no sabes nada y quizas no eres bueno para ese trabajo.

Lo que no sabía Miguel, era que Karen había leído todas las historias y tenía una excelente memoria. Ella fue narrando todos los antecedentes y examen físico de los pacientes e incluso recitó sus laboratorios, como si los estuviera viendo. Mientras Diego explicaba la conducta médica que se había tomado y como realizó los procedimientos que le mandaron a hacer previamente.

Al llegar al cubículo de la Sra. Sandra, Karen incluso hablo de la familia de la paciente y hasta de sus gustos en el mercado, mientras mostraba la foto de la radiografía que le habían tomado, que eran datos que ni él conocía.

Se quedó mirando la radiografía control y les explicó los cambios con respecto a la anterior, quedó bastante impresionado y desapareció por completo su mal humor, aunque no con ello su mala actitud.

Pensó en otra forma de molestarlos, total hay muchas en un mundo de jerarquías y lucha de poderes.

- Vamos a preparar a la paciente que devolvieron y entrarán a quirófano conmigo, si tienen suerte quizás a uno le deje ser el segundo ayudante. -Creo que tú, dije señalando a Karen, - te lo has ganado niña. No es así Sra. Sandra? quien asintió de buena fe, pensando que la ayudaba.

Al entrar los cambiadores para ponerse el mono quirúrgico estéril, Karen vio a un joven pelirrojo besando apasionadamente a una enfermera, tocandola con más manos que un pulpo detrás de los lockers, ella se dió la vuelta inmediatamente con las mejillas rojas, pero la pareja pareció ni siquiera notarla. Se cambió lo más rápido que pudo y salió a buscar a Diego, que al verla le preguntó:

- Karen que te pasa? algo te asustó?

- Si y no, creo el nivel de pudor de la gente aquí adentro del pabellón no es el mismo que afuera, pensé que eso eran solo cosas de las series médicas de la televisión, pero veo que no.

- Tranquila, yo estoy aquí contigo, no dejes que nada de eso te afecte. La abrazó

La voz familiar de Miguel, pero en un tono más moderado, les dijo con el ceño fruncido:

-Vamos, que ya le están poniendo la anestesia a la paciente y tú niña tienes que lavarte para entrar a ayudar. Espero que tengas algo de fuerza en esos pequeños brazos, dijo con una sonrisa malvada.

Ella no entendió pero se lavó como le indicaron, entraron al pabellón para vestirse con la bata quirúrgica y los guantes que les puso la instrumentista. Y una vez sedada la paciente Miguel procedió a hacer la limpieza quirúrgica, ya que harían una colecistectomía por litiasis vesicular y el trabajo de Karen era sostener el enorme panículo adiposo de la señora mientras los cirujanos realizaban el procedimiento.

Después de casi 2 horas por una complicación con una brida y una fístula, los brazos de Karen estaban temblando, este era un castigo físico por su impertinencia en la emergencia. Y Miguel lo sabía, pensó que ella se rendiría, pero como no lo hizo se sorprendió de nuevo.

Ella no permitiría que la menospreciaran por ser mujer o muy joven, haría todo lo que estuviese a su alcance para demostrar que era capaz. Y al final de la cirugía, ya cuando le dijeron que soltara, no fue capaz ni de levantar un lápiz. Le temblaban los brazos y tenía el cuello muy contraído.

Al salir se quedó un rato en el vestidor de damas, con los ojos húmedos y mucho dolor en los brazos, casi a punto de llorar, Diego le dijo que la esperaría afuera en el cafetín, por que por mucho había pasado la hora de almuerzo, que otra forma de ser castigados silenciosamente.

En eso, entra Miguel al cambiador y al ver que la chica se está apretando el cuello con las manos, sin haber notado su llegada, él mismo trató de darle un masaje suave mientras la felicitaba. Ella se sobresaltó por su tacto y la soltó. Karen se sorprendió al ver que este empezaba a quitarse la camisa y pudo ver torso desnudo y definido antes de taparse la cara.

- Pero que haces? le gritó ella. No ves que este es el vestidor de damas? Eres ciego o que?

- Eso no importa mucho aquí sabes? acostumbrate porque en esta rotación vas a ver cosas como... cómo fue que dijiste? ahh si, como en las series médicas de la televisión... y hasta quizás te guste. Dijo con una sonrisa pícara.

Apenada por lo que decía y porque la había oído antes, salió casi corriendo del pabellón.

Se encontró con Diego en el cafetín, y no pudo evitar sentirse ruborizada cuando pensaba en la escena del vestidor, e incluso más tarde en la emergencia cuando el Dr Miguel la veía o le hablaba, aunque ya no gritaba, se agitaba al pensar que esa mirada profunda y pícara de él era más peligrosa para ella que la mirada helada de antes.

Después de todo, los cirujanos tienen muy mala fama y ella no quería verse implicada. Había ido allí con el propósito de ser médico y para lograrlo tenía que superar una guardia a la vez, y los ojos oscuros de un cirujano no iban a confundirla.

Semiología

A la mañana siguiente, llegaron nuestros reemplazos, dos compañeros de curso a relevarnos en la guardia. No pudieron ocultar su cara de preocupación por lo que les venía cuando vieron nuestras caras largas y ojerosas, si dormimos 2 horas estoy exagerando y de seguro no fueron seguidas...

Diego me trajo un café, siempre tan atento, era un latte vainilla, mi favorito y con mucha azúcar.

- Anda vamos a clases, semiología empieza en 5 minutos, dijo Diego mientras quitaba un mechón de pelo de mi cara.

- Que haría sin tí? le dije cansada y bostezando. En eso, un amargado Miguel nos pasó de largo tropezando a Diego casi tumbándole la carpeta con hojas que llevaba. Diego, que no era hombre de alzar la voz ni de pelear le dijo furioso.

- Y entonces, cuál es tu problema amigo?

- Miguel se devolvió como un huracán. Amigo???? Tu y tú noviecita son mi problema, amigo, que me los tengo que calar en todas las guardias de un mes. Dió media vuelta y se fué por el pasillo de la emergencia hacia el ascensor.

Agité mi cabeza en desaprobación, volvió la mirada glacial. A todos nos pega la postguardia pero éste o es bipolar o le pega la luna, dije.

- Vámonos, Karen ya vamos tarde y por aquí hay muchos locos sueltos.

La clase fue eterna, la semiología es el estudio de los signos y síntomas de las enfermedades, pueden imaginar que si el examen físico de los pacientes se hace de la cabeza a los pies, me dormí cuando iban por el cabello, no fue propio de mí, pero después de la guardiecita de ayer, ya no pude más. Me quede dormida soñando con una mirada oscura y poderosa que ayer me puso la piel de gallina, no sé si dormí 2 minutos o 2 horas. Fue la voz de Diego la que me despertó, mientras me tocaba el brazo.

- Vamos bella durmiente que hay tarea para mañana, tenemos que hacer la historia clínica de un paciente y hay que pasar por la biblioteca del segundo piso para buscar en unos libros algunos diagnósticos diferenciales.

Recogiendo mi bolso y mi espíritu del suelo, veo los mejores zapatos de diseñador que alguien del hospital pudiera tener pasando enfrente de mí, casi me pisa la mano. Son de July Lee, la más guapa del salón, quizás de toda la promoción, su padre es un cirujano plástico muy conocido y su madre es modelo y actriz. La muchacha parece una abeja reina, todas las del grupo la siguen, mujeres y hombres, por igual. Yo soy más del tipo de tener dos amigos, Diego y Amanda, pero ella está en otro grupo y ahorita está rotando por pediatría. July se acerca y como si yo fuese invisible le dice a Diego:

- Diego, podríamos trabajar juntos en el siguiente trabajo si quieres, creo podríamos conocernos mejor si pasáramos más tiempo juntos. Abro los ojos con asombro, este Diego si tiene suerte y para no estorbar me quito de en medio, lo miro, le lanzo un guiño en aprobación y salgo a buscar al paciente más cercano para poder irme a casa a dormir.

- Llego sin pensar al 8vo piso, es medicina interna, no conozco el área y me acerco al estar de enfermería que queda en medio del estéril pasillo, tras presentarme como estudiante con una enfermera mayor y aspecto regio con su impoluto traje blanco, que preparaba unos medicamentos, me dice que las gráficas las tienen en revista los residentes y que ahorita están haciendo un procedimiento en la habitación 32. Le agradezco y me doy vuelta a la habitación 7 que está justo en frente, ella ni siquiera me devuelve la mirada. Toco la puerta y veo un señor moreno en la cama y de ojos amables que inmediatamente me dieron confianza para empezar con mi interrogatorio.

Por lo que me dice, entiendo que le dió un infarto ayer y tienen que hacerle un cateterismo a la mañana siguiente, se llama Manuel, como suelo hablar demás, no solo me me contó de su enfermedad actual sino de sus gustos, su trabajo y su familia, me dice que tiene 5 hijos y es viudo. Está muy orgulloso de su hijo menor que trabaja en el hospital, y aunque él es solo un obrero, trabajó muy duro para ayudarlo a cumplir sus metas. Me suaviza el corazón pues yo no creo en eso del Status Quo que tanto presumen en la facultad de medicina, creo que la gente se merece lo que trabaja y no solo lo que recibe por lo que sus padres son.

Mientras hablamos muy ameno, me doy cuenta que me faltan los datos de identificación completos.

- Señor Manuel, por último, me gustaría saber su nombre completo, edad y dirección, que van en la parte superior de la historia que estoy haciendo.

- Soy Manuel A.. y no oí terminar la frase que decía por los gritos alarmantes de una mujer en la habitación de al lado, salí inmediatamente y pregunté que pasaba, la mujer no paraba de gritar

- Está muerto, está muerto, ayúdenme, es mi padre. Y me llevo casi arrastrada al cuarto de junto, al ver a un hombre mayor que yacía en la cama, y al chequear que no respiraba, le pregunto que pasó? Mientras la enfermera entra al escuchar el bullicio.

- Estábamos discutiendo y sintió dolor en el pecho se agarró la camisa con su mano como una gran garra y no respondió más.

- Él Sr Rojas está aquí ingresado por enfermedad coronaria dice la enfermera mientras trae el carrito de paro.

Sabe que soy solo una estudiante, pero hice el curso de paramédicos y se de reanimación cardiopulmonar. Así que enderezo al paciente boca arriba, bajo la cama e inicio las compresiones toráxicas, empiezo a contar y pido la bolsa autoinflable conectada al oxígeno para ventilarlo. Cuando estoy terminando las primeras 30 compresiones, me doy cuenta de lo cansada que estoy, hay que deprimir al menos 5 centímetros del tórax y el señor es bastante gordo, pero no me detengo hasta que veo que el paciente hace una respiración espontánea. En eso, alguien prácticamente me carga y me pone a un lado, levanto la mirada y sorpresa, veo que es Miguel.

Le pide el estetoscopio al residente de medicina interna que entró no sé en que momento y lo pone en el pecho del señor, confirma que hay latido y pide una cánula de oxígeno.

Doy dos pasos atrás, me siento mareada, realmente mareada y salgo corriendo del cuarto a vomitar en la papelera más cercana. A los minutos Miguel llega a dónde estoy

- Lo hiciste bien, muy bien, me dice Miguel, mientras me da palmaditas en el hombro, Me asombra que ayer en la cirugía no vomitaste, no pensé que lo hicieras ahora.

- Lo siento, ayer estaba más preocupada por aguantar que ni ví que hacían. Hoy alguien se murió y revivió en mis manos, dije temblando y mirándome las palmas. Estudiar algo y hacerlo en la vida real son cosas muy diferentes, le dije poniendo las manos en mis muslos y respirando hondo de espaldas a la pared.

- Ya te acostumbraras Karen, lo hiciste muy bien hoy, y ayer también aunque me duela admitirlo.

Lo miré extrañada.

- No sabía que sabías mi nombre, ayer solo fui "oye tú" "estudiante" "doctorcita".... y ya no me acuerdo que más... ah sí, incluso me dijiste "ey niña, sutura" dije poniendo los ojos en blanco.

- Disculpa por eso, estaba cansado, preocupado y muy ocupado. Además, se lo oí decir a tu noviecito ayer.

- Y además tenías hambre, me reí, recordando el incidente del bocadillo, mientras me enderezaba. Y para aclarar, Diego no es mi novio, es solo un buen amigo.

Ya para irme, entro al cuarto del Sr Manuel para buscar la carpeta con la historia que estaba haciendo y dejé allí cuando gritaron antes. Miguel me sigue.

- Me persigues es la cosa? dije desafiante. Pensé que eras de cirugía que haces en este piso por cierto? El tuyo no es el 3ro?

En eso oigo una voz contenta detrás de mí.

- Miguel hijo, viniste, dijo el Sr. Manuel parándose de la cama y dirigiéndose a él. Como una estatua de nuevo, me petrifiqué en ese momento, una estatua colorada de la vergüenza por lo que acaba de decirle, cabe acotar.

- Estaba haciendo una curas papá y al entrar al piso había un paciente en parada cardíaca, aunque la Dra. Martínez ya lo tenía resuelto cuando entré al cuarto.

- Conoces a Karen? le dijo el papá con tono juguetón de fingido asombro, lo llevó junto a mí, es una jovencita muy dulce e inteligente, deberías enseñarle, porque es nueva aquí.

- Karen? y tú porque la conoces papá? dijo extrañando.

- Eso lo respondo yo, dije agarrando mis cosas de la mesita, el Sr Manuel es mi paciente para la historia clínica que debo presentar mañana, puedo decir que ya somos amigos de tanto que hablamos. Levante mi mano en señal de despedida. Ahora me voy porque aun debo ir a la biblioteca. Un gusto Sr. Manuel, suerte mañana, adiós doctor.

Salgo del cuarto, y al llegar al ascensor, llega Miguel corriendo, pone firmes sus manos en la pared a cada lado de mi cara y me mira con intensidad, sin darme cuenta contengo el aliento, está muy cerca de mí.

- Vamos, te acompaño, después de todo mi papá me pidió que te enseñara. Dice el mirando mi boca.

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