Amaneció en el pueblito de Duaca, Barquisimeto, hace un frío tremendo, las calles casi no se ven de la espesa neblina que tapa el techo de las casas.
Hay una casita muy pequeña cerca de la plaza donde está la iglesia y allí vive Manuela López, una joven de 19 años, de piel blanca, cabello castaño liso hasta la cintura, de mediana estatura y unos ojos color miel bellísimos, es una chica con una belleza natural que impacta por donde quiera que va.
Es huérfana, nadie conoce el paradero de sus padres, la crió su madrina Teofila quien la encontró recién nacida en una cajita que dejaron en uno de los bancos de la iglesia del pueblo. Teofila una mujer con una pureza de corazón infinita, la recogió y la llevó con ella a su casita donde le dio todo el amor de madre que ella necesitaba. Teofila no tuvo hijos, enviudó muy joven y desde entonces se quedó sola, dedicó su vida a la crianza de Manuela.
Pero ya Teofila está muy vieja, cuenta con 81 años de edad, teme por el futuro de Manuela y quiere que salga de ese pueblo en busca de nuevas oportunidades que la hagan crecer y la conviertan en una mujer de bien, profesional y que sobre todo forme una familia con un buen hombre que le dé una estabilidad en todos los aspectos.
Teofila tiene una amiga que es como su hermana llamada Rosario, trabaja como ama de llaves en una casa de una familia muy adinerada en el este de Caracas, ella va cada quince días a su pueblo (Duaca) a visitar a su familia y especialmente a su amiga Teofila porque sabe que tanto ella como su hija Manuela viven en extrema pobreza y ella le lleva cada vez que puede algo de comida, un dinerito que aunque no es mucho algo ayuda y ropa usada que siempre le regalan sus patrones y que en la primera que piensa es en Manuela ya que la pobrecita no tiene casi nada que ponerse.
Rosario este fin de semana le tocó ir a su pueblo, estando en casa de Teofila viéndo que ésta se encuentra un poco quebrantada de salud le dice:
-Ay amiga me preocupa verte así, esa tos no me gusta nada, yo creo que sería conveniente traer al médico del pueblo.
- No Rosario, déjame así, esto no es nada más que una simple gripe, lo que pasa es que el clima de este pueblo es muy variable y lo sabes. (siguió tosiendo).
- Qué terca Teofila! y por cierto dónde está Manuela? mira lo que le traje es un vestidito que iba a botar mi patrona por esta manchita que tiene aquí, claro como le sobra el dinero no le importa. Imagínate el vestido sólo se lo puso una sola vez para cenar con el patrón en un restaurante de esos pipirisnais y como le cayó vino ya no lo quiso más.
Teofila la escuchaba y seguía tosiendo por momentos, luego agarró aire para decir:
- Y mi pobre Manuela a duras penas tiene cuatro trapitos que ponerse. Así es la vida amiga... (no pudo terminar de hablar porque volvió a toser, el hablar le provocaba más tos, enseguida Rosario fue a buscar un vaso de agua para calmarla)
- Tómate este poquito de agua, pero esa tos se escucha muy fea Teofila, es que no estaría demás que te examine el doctor del pueblo, piensa en Manuela ella te necesita.
- Hablando de Manuela, justamente de ella quería hablarte, qué bueno que no está aquí en este momento (volvió a toser, respiró y continuó hablando) ahorita está limpiando la iglesia, el padre Francisco le pidió que fuera a colaborar con él y bueno tú sabes que siempre él le da algo de comida cada vez lo ayuda y eso nos cae del cielo.
Rosario le preguntó preocupada:
- Pero qué pasa con Manuela?
Teofila tosia y trataba de respirar para poder continúa contándole a Rosario.
- Es que me preocupa su futuro, aquí Manuela no va a encontrar oportunidades que la ayuden a superarse, no ha terminado la primaria dejó los estudios porque la pobrecita se ha dedicado es a trabajar en lo que puede, limpiando, haciendo mandados y sabes que en este pueblo no hay otra cosa que ella pueda hacer, ella necesita estudiar para que pueda encontrar un trabajo diferente.
Yo ya estoy vieja y me da temor pensar en el día que le falte qué va a ser de ella? aquí lo más que puede hacer es meterse a vivir con unos de esos peones de hacienda que la van a meter en un rancho para que limpie y tenga muchachos. Y no quiero eso para ella.
Es por eso que quiero pedirte un favor muy grande. (volvió a toser, tomó un sorbo de agua y Rosario muy atenta a todo lo que Teofila le decía)
- Qué favor necesitas amiga?
- Esto no se lo he dicho a Manuela, porque quise hablarlo primero contigo, yo quiero que te lleves a Manuela de este pueblo, que la ayudes a trabajar allá en la capital, ella es una muchacha muy asendosa y obediente, tú la conoces desde que era una bebé, por eso confío tanto en ti y sé que también la quieres como a una hija, por favor Rosario llévatela de aquí para que mi muchacha pueda superarse. Por favor! (a penas término de hablar volvió el ataque de tos, ésta vez con más fuerza, Rosario la sentó y le dió unos golpecitos por la espalda, le levantó los brazos hacía arriba, le pidió que tratara de respirar y luego de unos minutos se calmó)
- Teofila amiga, qué preocupada estoy por ti. Entiendo lo que me dices y la verdad es que también pienso en Manuelita, aquí en este pueblo no va a hacer nada, además hay muchos pájaros bravos (se refería a los hombres) que pueden hacerle daño. Y esa muchacha es una señorita que jamás ha conocido lo que es estar con un hombre, hay que cuidarla aún más. Y sé que tú en las condiciones que te encuentras no puedes estar pendiente de ella.
Mira Teofila yo puedo llevarmale, allá en la capital yo hablo con mis patrones y sé que le van a dar trabajo porque esa casa es muy grande y necesitan personal, lo que pasa es que a la Sra. le da miedo meter a gente no recomendada, estoy segura que si yo la llevo no va a tener reparos en que se quede. Pero lo que me preocupa es que tú no puedes quedarte sola y menos así enferma como estás. Tenemos que buscarle solución a eso. Y por otra parte saber si Manuela acepta irse conmigo a la capital.
En ese momento entró Manuela venía muy contenta porque el padre Francisco le había regalado una bolsa con comida en agradecimiento por haber colaborado con la limpieza de la iglesia, cuando vió a Rosario puso la bolsa en la mesa y corrió a abrazarla, ella la quería muchísimo era como su otra mamá.
- Rosario qué alegría verte ( la abrazó fuerte)
- Ay mi muchachita qué bella estás! a mi también me da mucha alegría verte.
Teofila interrumpió y le dijo a Manuela:
- Manuelita hijita, Rosario tiene que decirte algo muy importante.
Manuela se quedó extrañada por la forma como se lo dijo y miró a Rosario
- Pasa algo? no me asusten!
Se quedaron viendose entre ellas puesto que no sabían cómo iba a reaccionar Manuela.
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Manuela estaba intrigada porque no sabía que querían decirle su mamá Teofila y su madrina Rosario, las miraba a las dos ansiosa hasta que les dijo:
- Pero bueno ya hablen pue' me tienen en ascuas, es acaso que hice algo malo, porque si es que me van a reclamar porque me robé unos mangos del patio de la vecina, bueno está bien. yo sé que debí pedírselos y no agarrarlos sin permiso, pero bueno es que tenía hambre y bueno...."Ya muchacha deja hablar a tu madrina pareces una ametralladora" (la interrumpió Teofila).
- Bueno perdón mama Teofila es que me quedan viendo así con esa cara de reclamo que pensé que me iban a regañar por eso pue'.
-Eso estuvo muy mal niña, (dijo Teofila) yo no te crié para que hicieras ese tipo de cosas, robar es malo aunque sea un alfiler, si tú quieres algo tienes que pedirlo o a diferencia de eso trabajar duro para poder comprarlo. Qué yo no me entere que andas brincando como una chiva tumbando los mangos de los vecinos.
- Ta' bien pue! no lo vuelvo a hace, pero ahora díganme qué es lo pasa me tienen nerviosa, porque yo no recuerdo haber hecho más na' (así se expresaba Manuela, sin una buena dicción, sin saber pronunciar debidamente las palabras, la chica a duras penas había podido ir al colegio, no terminó la primaria y el ambiente en el que se desarrollaba no era precisamente el más adecuado, su pobre mamá Teofila le había dado lo poco que podía y esa era la razón por la que ella quería que su Manuela se superara y saliera de allí, para que no terminara como ella, sola, vieja y viviendo en medio de la pobreza. Manuela no tenía ningún tipo de preparación, no tenía buenos hábitos, no sabía las normas en la mesa, así que no tenía una base para poder encontrar un empleo que le brindara una buena calidad de vida.)
Rosario se dirigió a su ahijada Manuela la tomó por los hombros y le dijo:
- Manuelita (así la llamaba de cariño) ven acá hijita siéntate aquí, quiero que sepas que no se trata de nada malo lo que vamos a hablar contigo tu mamá Teofila y yo, al contrario sólo es algo que te va a cambiar la vida para bien.
Manuela peló los ojos y subió las cejas y exclamó:
- Ahora si se subió la gata a la batea pue! y bueno que cosa será esa que ustedes me quieren deci, hablen pue'
Teofila le hizo seña a Rosario para que ella hablara ya que ésta continuaba con la tos y no se sentía del todo bien.
Rosario comenzó:
- Manuelita como sabrás tu mamá Teofila ya está bastante adulta, la pobre necesita que alguien se ocupe de ella, pero tú no puedes estar todo el tiempo metida en estas cuatro paredes sólo cuidando de ella, porque sino quien traería la comida, los medicamentos y además también tú necesitas comprar tus cosas, tener para tus estudios o lo que quieras comprarte, entonces hemos buscado una solución que nos va a favorecer a las tres por igual. Te explico, como sabrás yo trabajo en la capital con una familia de mucho dinero, en una casa que prácticamente es del tamaño de casi medio pueblo jajajaja (dijo entre risas bromeando para hacer el momento menos tenso y Manuela hizo un gesto con la cara de impresión) Rosario continuó: entonces tu mamá y yo hemos pensado que te vengas a vivir conmigo a la capital a trabajar en esa casota que te va a encantar porque es tan bella como un palacio y allí puedes ganar tu dinerito para poder ayudar a tu mamá y comprarte tus cositas, además puedes comenzar a estudiar y prepararte para que más adelante encuentres un trabajo mejor. ¿Qué te parece hijita?
Manuela se quedó en shock lo menos que pasó por su cabeza era la idea de abandonar el pueblo donde nació y peor aún dejar a su mamá Teofila quien la había criado como si fuera su propia hija, porque ella desde pequeña le fue diciendo la verdad de su procedencia, en donde la había encontrado. Y siempre le habló con la verdad de manera que cuando ella se hiciera adulta y Teofila ya no estuviera, Manuela buscara la forma de averiguar quienes en realidad eran sus padres, si estaban vivos o no.
Manuela salió de sus pensamientos, suspiró y les dijo a ambas:
- Madrinita eso suena muy bonito y toa la cosa pero yo no puedo dejar a mi mama Teofila pue' eso sí que no, quién va a cuidar de ella?
Teofila comenzó a toser tomó un sorbo de agua y le dijo a Manuela:
- Hija por mi no te preocupes yo voy a estar bien, ya pensé en todo, el padrecito Francisco me ofreció hace tiempo que me fuera a la casa hogar del pueblo, allí hay camas, está una enfermera que asignó el alcalde del pueblo y bueno yo no necesito muchas cosas para vivir y es mi deseo que te vayas con tu madrina y comiences a hacer tu vida, ya tienes 19 años, tienes que prepararte para que no termines como yo que soy una mujer ignorante y pobre, eso no es lo que quiero pa' ti. Así que está decidido te vas con tu madrina. ( Inmediatamente Manuela replicó)
- Noo mama Teofila uste' no me puede hace' esto yo no me quiero ir de aquí pue' (se puso a llorar).
- Es por tu bien Manuela, además voy a vender esta casa y ese dinerito va a ser pa' ti pa' que comiences una nueva vida, además ésta casa se está cayendo aquí lo que vale unos cuantos centavos es el terreno, apenas la venda te mando esa platica ya está pensando desde hace tiempo. Esa es mi decisión y punto! (dijo firmemente y la forma tan alterada como lo dijo hizo que se ahogara y le volviera la tos).
Manuela bajó la mirada y dos lágrimas salían de sus ojos. Sintió que no podía hacer más nada ante la decisión de su mamá Teofila.
Rosario por su parte le dijo:
- Ya vas a ver qué te va a encantar vivir en Caracas, es una ciudad muy linda, además a mí me vendría muy bien porque así me ayudarías en la casa y quién más que tú hija que eres de mi entera confianza y recomendarte con los ojos cerrados con mis patrones.
Así que no se diga más mañana domingo arrancamos para Caracas.
Manuela exclamó:
- Mañana! pero tan rápido? no me va a dar tiempo de recoger mis cosas y mama Teofila no se puede quedar sola.
Rosario respondió: - Hija lamentablemente yo sólo vengo cada quince días y sólo me dan permiso para que me quede dos días así que me tengo que regresar mañana mismo, quédate tranquila por tu mamá que ahorita hablamos con el padre Francisco para que mande a buscarla y te aseguro que ella va a estar mucho mejor que en esta casa que se está cayendo a pedazos.
También Teofila agregó: - Sí hijita por eso no te preocupes, está decisión no la he tomado violentamente, ya yo he venido preparando donde voy a pasar los últimos días de mi vida, y ya había hablado con el padre Francisco hace mucho tiempo atrás, sólo quería tener la oportunidad de hablar con Rosario y pedirle el favor de que te llevara con ella porque es la única persona en la que confío. Tranquila Manuelita que todo va a estar bien.
Manuela abrazó a su mamá Teofila y ambas lloraron porque sabían que se iban a hacer mucha falta y que quizá ya no se volverían a ver.
Llegó la hora de partir, Manuela no había dormido la noche anterior de tanto pensar, no sabía si esa decisión que había tomado su mama Teofila de mandarla a Caracas había sido la mejor. Ella no quería dejar su pueblo, allí había crecido, estaban todos los recuerdos de su infancia y además le daba temor dejar a su mamá porque temía no volverla a ver. Rosario su madrina llegó y la hizo salir de sus pensamientos diciéndole:
- Manuelita hijita ya tenemos que irnos, despídete de tu mamá Teofila y no te preocupes que ya el padre Francisco mandó a que vinieran por ella, todo está listo en la casa hogar, allí la van a recibir y a cuidar con todo el amor.
Manuela se acercó a su mamá con lágrimas en los ojos, la abrazó fuerte y le dijo:
- Mamita te prometo que voy a portarme bien y voy a trabajá' mucho pa' vení a buscate. Yo quiero que vivamos juntas de nuevo, así que voy a echale muchas ganas pa' que pronto podamos estar juntas. (le dijo llorando profundamente)
- Hijita de mi corazón, mi Manuelita amada todo esto lo estoy haciendo por tu bien, pa' que puedas tener una mejor vida. No te preocupes por ésta vieja, yo voy a estar bien. Ya vas a ver qué pronto volveremos a vernos. Se obediente, hazle caso a tu madrina Rosario en todo lo que te diga, trabaja pa' que tengas pa' tus cositas y estudia hijita pa' que puedas tener una mejor vida. Dios te bendiga. (terminó Teofila de despedirse con lágrimas en los ojos y un dolor profundo en su corazón, ella no quería separarse de su adorada Manuela, pero todo este sacrificio lo hacía por el bienestar de ella.
Rosario también estaba conmovida y se le salieron las lágrimas al ver a Manuela despidiéndose de su mamá. Así que agregó para que ambas se tranqiilizaran:
- Bueno bueno, ya está dejemos la lloradera que nadie se ha muerto, Manuela sólo va a experimentar un cambio que va a ser para su bien. Y ya van a ver qué más pronto de lo que se imaginan volverán a estar juntas. Diciendo esto Manuela y su madrina Rosario salieron de la casa dejando a Teofila afligida pero en el fondo feliz porque tenía la esperanza de que la vida de Manuela iba a tener un cambio favorable para ella.
Ya era mediodía, el viaje fue de cinco horas aproximadamente, el autobús en el que viajaban se estaba estacionando en el terminal de la Bandera en Caracas.
Manuela estaba un poco aturdida de ver la cantidad de gente, el ruido de los carros, la música en la calle, cantidad de vendedores ambulantes, realmente una locura. Ella acostumbrada a la tranquilidad de su pueblo, a la poca gente que transitaban por las calles y a saludar a todo el mundo porque como era un pueblito tan pequeño casi todo el mundo se conocía.
Su madrina la tomó por la mano para que caminara rápido junto a ella, recogieron el bolso de Manuela, realmente no llevaba muchas cosas porque no tenía casi ropa. Además su madrina le había dicho que sólo se llevara lo necesario y que poco a poco estando en Caracas ella la iba a ayudar para que fuera comprando algo de ropa, más la que la patrona le diera porque siempre regalaba blusas y vestidos que sólo se ponía una vez, ya que no le gustaba que la vieran repetir ropa.
Se subieron a un taxi y partieron rumbo a la mansión de los Salvatierra.
Manuela iba viendo la ciudad por la ventana del taxi, estaba maravillada de lo grande de esa ciudad, de esos centros comerciales tan bellos y grandes que según ella parecían palacios de cuentos de adas. Rosario por su parte sonreía al ver lo ingenua de su ahijada, a pesar de sus 19 años, en el fondo todavía era una chiquilla.
El Taxi se estacionó en frente de la mansión Salvatierra, Rosario le dijo a su ahijada:
- Muy bien Manuelita bájate ya llegamos, aquí es donde vas a vivir qué te parece?
Manuela se bajó del auto impresionada, tenía la boca abierta y los ojos con una expresión de incredulidad no podía concebir que esa mansión que más bien parecía un castillo de cuentos iba a ser su nuevo hogar. Claro no como miembro de la familia sino como parte de la servidumbre, pero sea como sea era mil veces mejor que aquella casita de mama Teofila que se estaba cayendo a pedazos.
Rosario le dijo:
- Niña cierra la boca que se te van a meter las moscas y agarra tu bolso que ya tenemos que entrar.
Manuela le respondió:
- Madrina es que no puedo creé lo que toy viendo, es una casototota. Aquí de seguro que cabe toda junta la gente que vive en el pueblo.
Rosario se echó a reír y le dijo:
- Ay muchacha qué cosas tienes tú! Sí es una casa inmensa pero aquí sólo viven los patrones con su único hijo y la servidumbre.
- Pero cómo pueden vivir en una casota tan grande tan poquitas personas, no les debe dar tiempo de recorré' toa la casa. (dijo Manuela con su típico hablar)
- Bueno Manuela ya deja de hablar tonterías y vamos a entrar por la parte de atrás que es la entrada para la servidumbre. Y otra cosa no hables nada a menos que yo te autorice, deja que me entienda primero con la señora Raiza la patrona, otra cosa aquí tienes que aprender a hablar mejor, a pronunciar bien las palabras, pero bueno eso será poco a poco, mientras tanto no hables sino lo necesario a menos que te pregunten algo. De acuerdo?
- Ta' bien madrina. ( Rosario enseguida la corrigió)
- No se dice Ta' bien, se dice está bien. Creo que desde ya voy a empezar a corregite el modo de hablar para que vayas aprendiendo.
Manuela hizo un gesto de fastidio, se sentía un poco presionada por todo, para ella era un cambió radical en todos los aspectos. Así que en ese momento pensó que tal vez no era tan buena idea que ella se quedara a vivir allí, pero ni modo no podía irse en ese momento y ya le había prometido a su mama Teofila que iba a trabajar y a estudiar. mucho para que pudieran estar juntas de nuevo. Pero sobre todo a obedecer a su Madrina. Así que ambas dieron la vuelta por la parte de atrás de la casa y entraron por la puerta de servicio que daba directamente a la cocina, Manuela no dejaba de mantener la boca abierta impresionada porque ella jamás había visto tanto lujo y cosas bellas en su vida.
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