...Salvador...
Ella continuó pegada a mi abrazándome con sutileza, y yo tratando de que mi corazón coordine tranquilamente.Bajé la mirada y no pude evitar perderme en su busto, que se deja ver tan....
" No, no Salvador, sólo María está en tus deseos".
Aún no sé para qué mierda me aferró a una estúpida esperanza de que ella vuelva a mí. Rabia, tristeza, desconsuelo, se mezclan en mi pecho y ella me ve como ida, pero salta de mis piernas cuando el timbre suena furioso.
— ¡No, Salvador ! — me ve asustada.
— Ve a mi cuarto enciérrate ahí, pase lo que pase no salgas— acaricié su mejilla y ella corrió a la habitación. Me dirijo cauteloso a abrir la puerta.
—¿A qué se debe tal atropello un sábado en la mañana? ¿Qué no sabe usted respetar la privacidad ajena? —un hombre en traje negro y de rostro furioso me ve enseguecido, pero su mirada cambia al reconocerme.
— ¡Se- señor Lizzi! — Su nuez sube y baja y los nervios comienzan a notarse en él.— Verá señor , yo busco a mi insolente hija. Ella debe unas cuantas explicaciones hacia mi persona, y supe que vive a escondidas en el departamento a su lado, verá...— se escucha cada vez más nervioso, mi odio e ira suben al recordar la cara de miedo de esa mujer. Este hombre ¿Qué clase de cosas ha de haber hecho para que su hija tema de esa forma? no quiero ni pensarlo. Sólo tengo en mi retina los ojos verdes con pena, mientras él sigue sus balbuceos incesantes.
— Disculpe señor, pero yo no he visto a esa chica que me describe. Será mejor que no vuelva a irrumpir en mis días libres, suficiente he tenido por hoy ... — lo miré desafiante, y el paró su discurso de buen padre preocupado y dolido por la falla de su hija, se inclinó para saludar y abriendo la puerta de al lado se adentró al apartamento.
— ¡ Saquen todo que aquí, a partir de ahora en la calle quedará! y cuando la encuentre... — se escuchó claramente como el hombre decía apretando sus dientes, eso estaba claro. Me metí denuevo, no sin antes echar un vistazo de pocos amigos al hombre que me miraba custodiando la puerta vecina; cerré la puerta con seguro y caminé hasta el cuarto, no sé por qué, pero la preocupación me congeló un instante antes de abrir la puerta negra que va a mi alcoba.
— ¿Ángela? ¿Estás bien? — Ella está en mi cama, envuelta en mi cobertor, se oye un leve sollozo salir de su boca. Me acerco y ella se cubre la cara, otra vez tiembla negando.
— En la calle, me ha dejado en la calle ¿Qué haré? — limpié su rostro otra vez y corrí los mechones de cabello que cubrían la hermosa mirada una vez estuve a su lado.
— ¡Te vas a quedar aquí! — no la dejaría sola en un momento como éste, y menos habiendo observado la mirada tirana y perversa que tenía ese hombre. No sé si estoy haciendo bien en esto, pero ahí fuera la están esperando para hacerle quien sabe que cosas, y no puedo permitir que le pase algo a una mujer.
Me senté a su lado en mi cama; cubriendo nuestros cuerpo con las mantas y la abracé. Ella cayó dormida rodeando un poco mi cintura con sus brazos pequeños, y al tiempo yo le seguí sin darme cuanta de que estaba acurrucado a su pequeña figura.
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Comments
Martha Padilla
Salvador ayuda a la chica, tal vez es tu otra mitad 🤭🤭🤭
2022-11-16
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Adriana Sanchez
Me fascina la novela, ahí tienes Salvador, deja de pensar en María que nunca fue tuya aunque fueras el amante, dios te puso a na mujer en tu camino 🤔🤭
2022-08-23
1
Lorena Angulo
se ve interesante 😜
2022-06-09
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