Y llego el “anhelado” día. Sábado por la tarde, se acercaba la hora para la gran fiesta, estaba tan emocionado que me tiré en el sofá cubriendome con una manta, antes de eso había hecho saltos de cuerda en mi habitación para sudar y subir así el calor de mi cuerpo, todo esto mientras Athan se duchaba ¿y para que? para fingir estar enfermo y no ir a dicha fiesta. ¿Soy infantil? ¿usando trucos de niños para no ir a la escuela? Si y si, pero no me importa, no soy de esa clase de eventos y la incomodidad o el aburrimiento son mayores a tener que quedarme en casa, pude haber dicho simplemente que no y aguantarme la expresión de desanimo de mi mejor amigo, pero no podía con ello.
Me enrede en la manta y cerré los ojos fingiendo molestia cuando escuché a Athan salir de baño, haciendo un par de sonidos de queja para hacer mi actuación más creíble, lo escuché acercarse a la sala, usaba unos jeans, camisa en tono azul marino que resaltaba sus ojos y con el cabello mojado se veía tan galán. Enarco una ceja para mirarme, sabía que era más como mirar a un bicho, todo por mi montada a última hora de pretexto de niño, cruzándose de brazos frente a mí, carraspeo la garganta haciendo notar su presencia, como si no fuera bastante notoria ya.
— ¿Es enserio León? anda levántate. — Me recriminó con voz firme, de por sí su voz ya era grave, la aumento como cinco tonos por su molestia.
— Mmm... me siento mal. — Respondí con pocas ganas intentando sonar mal de verdad, tenía que convencerlo si o si, pude haber pensado en algo mejor pero decidí insistir con mi pretexto tan absurdo.
— Joder, deja tus excusas y levántate. — Se acercó a mí con una expresión de seriedad y notorio enojo sobre su rostro, pasos firmes y fuertes, su mandíbula tensa, me dió algo de miedo por un momento, no era que pensará me pudiera golpear, era que sabía bien podía parecerle tan infantil mi pretexto que lo haría enojar por más de una semana, que podía dejar de hablarme o algo por el estilo.
Tomo la manta con ambas manos y tiro de ella descubriendo mi cuerpo de un jalón, mi expresión fue de asombro en busca de quitarsela pero él fue más ágil y la envolvió para de la nada comenzar a latiguearme con la misma el abdomen, a lo que yo respondí sentándome de inmediato, queríendo quitarle la manta en una especie de juego y quejandome a la par. — ¿Qué cojones te sucede?.— Le grite logrando tomar la manta para apartarla de sus manos levantandome del sofá de manera inmediata, di unos pasos lejos del mismo por si se le ocurría la misma táctica o alguna cosa más como castigo por mi ocurrencia.
— Haciendo milagros ¿qué no lo ves?... ¡te has curado! Ahora largo a ducharte y vístete, no soy tu madre para creerte semejante mentira. — Su tono fue más ameno, con forme hablaba, eso me dejó escapar un suspiro de alivio. Athan soltó una risa que lo hizo relajarse de nuevo y dejar en claro que no aceptaba un no de mi parte bajo ningún pretexto, también me había hecho reír a mi al menos un poco.
Fruncí el ceño, ¿porqué pensé que se tragaría el cuento del enfermo? Mierda... no quiero ir, pero ¿cómo le digo que no? Okay... serán sólo unas horas puedo con eso. Me repetía aquello una y otra vez en la mente mientras realizaba el ritual de la ducha con la esperanza de dejar mi negatividad y solo relajarme en aquella salida, me tarde lo más que podía, mientras me vestía escuche la voz de Athan apresurándome un par de veces, yo solo bufé y terminé de abrocharme la camisa, era de color gris, me había puesto un par de jeans negros y zapatos, no me esforcé mucho aunque parecía más iba a un funeral, el funeral de mi tarde tranquila se podría decir… si si ya lo se exagero, lo sé.
Total estaba listo, salí de la habitación volviendo a la sala donde Athan se encontraba impaciente viendo la televisión, cambiaba de canal una y otra vez, con eso me había saber que ya estaba ansioso por irse, antes de acercarme un poco más, admire su perfil, admire lo bien que se veía esa tarde, lucia radiante, sensual... Joder como me gustaba ese chico. Tuve que sacar los pensamientos de mi antes de que me notará mirarlo de esa forma pero es que con él era inevitable no pensar de esa manera.
Me aclare la garganta para que me mirará, como respuesta, se levantó del sofá y tomo el control del televisor del sillón junto para apagarlo, lo dejo de vuelta en su sitio antes de acercarse a mí con ese andar tan seguro y varonil que me hizo erizar la piel, sentía el color de mis mejillas subir, mi corazón acelerarse, una revolución de sensaciones que me fueron inevitables evadir para que no se notarán.
— ¿Te duchaste con agua hirviendo? Estás colorado y según tú tenías fiebre pero bueno ya se te pasará, vamos que es tarde. — Me dió unos golpes en el pecho, lo que me hizo toser pero aún así le seguí, al menos había tomado mi reacción con humor dejando de lado mi propio sonrojo.
Resultaba irónico ¿tarde a una fiesta? Claro que sí, según el. Le gustaba llegar en el momento justo, como solía decor, mientras que para las clases jamás llegaba a tiempo y resultaba irónico pero así era. Athan era un hombre de fiesta, alcohol, a quien lo social podría preocuparle pero los asuntos de escuela o similar, le mantenían sin apuro alguno. Yo era lo contrario pero a él, pero me gustaba decir que nos complementabamos mutuamente, al menos así lo veía yo y no dudaba el igual, por algo habíamos logrado una muy buena amistad en esos años pese a tener gustos distintos.
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Comments
Maria Isabel Fernandez
que feo es , horrible, enamorarte de un imposible, y más terrible carecer de fuerza para decir no quiero, eso es espantoso , el control qué pueden tener si re ti....
2024-06-29
0
Smiguel
Me encanta
2021-04-24
3
LovelyBooks
Tan lindos
2021-04-22
2