Cap. 3 Todo más claro

Gaya Santoro era preciosa. Una de esas mujeres que uno mira dos veces en la calle, que llaman la atención sin esfuerzo, que parecen sacadas de un sueño.

Luisa Méndez había sido guapa, sí. Atractiva, incluso. Pero nunca había sido esto. Nunca había tenido esta belleza etérea, esta juventud radiante.

Y sin embargo, mientras sostenía el espejo, lo único que podía pensar era: ¿qué le habrá costado? Porque mujeres como Gaya, mujeres criadas para ser bellas y dóciles, siempre pagaban un precio. Y el precio de Gaya había sido su vida.

—¿Qué pasó? —preguntó, bajando el espejo y clavando sus nuevos ojos verdes en Pauline—. Quiero saber exactamente qué pasó.

La mujer dudó, mirando al médico como pidiendo permiso.

—Señora, quizás debería descansar un poco más antes de…

—Pauline. —El nombre salió de sus labios con naturalidad, como si lo hubiera dicho siempre—. Llevo un año viviendo en esa casa, comiendo en esa mesa, durmiendo en esa cama. Creo que merezco saber qué me pasó.

Pauline parpadeó, sorprendida. Probablemente no era la Gaya que conocía. La Gaya que conocía era sumisa, callada, una mujer que asentía a todo y nunca levantaba la voz. Pero esta mujer que ahora ocupaba su cuerpo... esta mujer era diferente.

—El médico dice que fue una reacción alérgica a las almendras —dijo Pauline lentamente—. Usted es alérgica, señorita, lo sabe bien. Siempre tiene mucho cuidado con lo que come, siempre revisa las etiquetas, nunca prueba nada sin asegurarse antes. Pero ayer... ayer en la comida, alguien preparó una ensalada con aliño de almendras.

—¿Quién?

—No lo sé, señorita. La comida la preparó la cocinera, pero ella jura que no usó ningún fruto seco. Dice que tiene mucho cuidado porque sabe de su alergia.

La cocinera. Luisa recordaba a la cocinera de su época, una mujer mayor llamada Consuelo que hacía las mejores enchiladas del mundo. Pero habían pasado cinco años Probablemente ya no trabajaba allí.

—¿Y mi autoinyector? —preguntó, recordando las imágenes de Gaya buscando desesperadamente en su bolso—. Siempre llevo uno conmigo.

Pauline bajó la mirada.

—No estaba en su bolso, señorita. Dicen que... que lo había usado la semana pasada, cuando tuvo una reacción leve por error, y que olvidó reponerlo.

Luisa apretó los dientes. Ella había escuchado esa misma excusa hace cinco años. "Tu epinefrina no estaba, Luisa, ¿no la habías usado hace unos días y olvidaste reponerla?" Y ella, en su agonía, había querido gritar que no, que no la había usado, que alguien la había tomado de su bolso. Pero las palabras no salían, los pulmones no funcionaban, y luego vino la oscuridad.

Vanesa era meticulosa. Vanesa planeaba con cuidado. Vanesa nunca dejaba cabos sueltos.

—Entiendo —dijo, con una calma que no sentía—. ¿Y quién me trajo al hospital?

—Don Sebastián, señorita. Llegó justo cuando usted... cuando usted comenzó a ahogarse. Tenía un autoinyector en su coche, de esos de emergencia, y se lo puso. Luego la trajo aquí corriendo.

Sebastián. El héroe que llega justo a tiempo para salvar a su esposa. Qué bonita historia. Qué conmovedor. Lástima que no hubiera estado allí para salvarla a ella. Lástima que hubiera llegado después, cuando ya era demasiado tarde.

Pero espera. Sebastián tenía un autoinyector en su coche. Sebastián, que no era alérgico a nada. Sebastián, que según ella recordaba, nunca había tenido que usar uno en su vida. ¿Por qué llevaría un autoinyector en el coche?

A menos que alguien le hubiera sugerido que lo llevara. A menos que alguien hubiera mencionado, casualmente, que nunca se sabía cuándo podría hacer falta. A menos que…

—Necesito hablar con mi esposo —dijo, apartando las sábanas e intentando sentarse. El mundo dio un vuelco y Pauline corrió a sostenerla.

—¡Señorita, no puede levantarse! Aún está muy débil…

—Estoy bien. —Pero no lo estaba. Sus piernas—las piernas largas y esbeltas de Gaya—temblaban como las de un cervatillo recién nacido. Había algo más, también. Una debilidad profunda, como si su cuerpo hubiera estado luchando contra algo más que una reacción alérgica.

—Señora Guillén —intervino el médico con su tono profesional—, su cuerpo ha pasado por un estrés inmenso. Necesita al menos veinticuatro horas más de observación. Además, queremos hacerle algunas pruebas. Los análisis de sangre muestran algo... inusual.

Luisa se tensó.

—¿Inusual? ¿A qué se refiere?

El médico dudó, como si no quisiera alarmarla.

—Hay ciertos marcadores que no terminan de cuadrar con una simple reacción alérgica. Nada grave, quizás, pero preferiríamos asegurarnos. ¿Ha notado síntomas extraños en las últimas semanas? ¿Fatiga excesiva, dolores de cabeza, visión borrosa?

Las imágenes de Gaya pasaron rápidamente por su mente. Fatiga, sí. Una fatiga constante que Gaya atribuía al estrés de adaptarse a su nueva familia. Dolores de cabeza, también, especialmente después de pasar tiempo con Vanesa. Y esa sensación de niebla mental, de no pensar con claridad, que la hacía sentirse estúpida e incompetente.

—¿Por qué lo pregunta? —dijo en lugar de responder.

El médico y Pauline intercambiaron otra mirada.

—Señora, no quisiera preocuparla sin tener resultados concluyentes, pero los niveles de ciertas sustancias en su sangre... bueno, digamos que no son consistentes con una persona que solo ha estado expuesta a alérgenos alimenticios.

El corazón de Luisa dio un vuelco. ¿Estaba diciendo lo que ella pensaba que estaba diciendo?

—¿Me está diciendo que alguien podría haberme estado envenenando?

La palabra flotó en el aire como un cuchillo. Pauline palideció y el médico levantó las manos en un gesto conciliador.

—No he dicho eso, señora. Solo digo que hay anomalías que merecen ser investigadas. Podría ser cualquier cosa: una reacción cruzada con algún medicamento, un problema metabólico no diagnosticado... Por eso necesitamos hacer más pruebas.

Pero Luisa sabía. En lo más profundo de su ser, sabía. La misma mano que la había matado a ella estaba detrás de esto. Y ahora esa mano iba a encontrarse con la suya.

—Quiero que me hagan todas las pruebas necesarias —dijo, enderezando la espalda tanto como su débil cuerpo se lo permitía—. Todas. Y quiero los resultados directamente a mí, no a mi esposo, no a nadie más. ¿Entendido?

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Comments

Cliente anónimo

Cliente anónimo

en mi caso después de salir del hospital le aplicará lo mismo que me aplicó a mi👿 pero en pequeñisimas dosis para alargar su sufrimiento 👿

2026-06-05

1

Maris Benitez

Maris Benitez

HP 😤😡 ésa Vanesa, una loca psicópata asesina 😠😤😤😤

2026-05-04

0

Rosario Hernandez Ortiz

Rosario Hernandez Ortiz

ESA ES MI GAYA🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣

2026-05-10

0

Total
Capítulos
1 Capítulo 1: El despertar de Gaya
2 Cap. 2 Verdades a medias
3 Cap. 3 Todo más claro
4 Cap. 4 Me lo dices a mi
5 Cap. 5 Volver a casa
6 Cap. 6 El abrazo
7 Cap. 7 Los dibujos
8 Cap. 8 La madre o la madrastra
9 Capítulo 9 La dueña de la casa
10 Capítulo 10 La serpiente y el niño
11 Capítulo 11 Sonrisa Radiante.
12 Capítulo 12 La madre y la hija
13 Capítulo 13 Pinky y Cerebro
14 Capítulo 14 Los Secretos
15 Capítulo 15 La Amarga y Dulce Verdad
16 Capítulo 16 Los Planes
17 Capítulo 17 El Colegio
18 Capítulo 18 La autorizada
19 Capítulo 19 La felicidad
20 Capítulo 20 La princesa de la casa
21 Capítulo 21 Una rendija
22 Capítulo 22 La ausencia
23 Capítulo 23 Negación.
24 Capítulo 24 La Apertura
25 Capítulo 25 Las Dudas
26 Capítulo 26 Luisa
27 Capítulo 27 El estudio olvidado
28 Capítulo 28 El estudio olvidado
29 Capítulo 29 ¿Qué hace aquí?
30 Capítulo 30 Claro que no sabías.
31 Capítulo 31 ¿Agresiva?
32 Cap. 32 Están jugando
33 Cap. 33 ¿Quién salvó a Luisa de Vanesa?
34 Cap. 34 Tu hermano acaba de entender eso
35 Cap. 35 ¿A quién le recuerdo?
36 Cap. 36 ¿Tortitas de atún?
37 Cap. 37 No te lo permito
38 Cap. 38 ¿Cómo va todo por ahí?
39 Cap. 39 ¡Eso es una humillación!
40 Capítulo 40 Guerra declarada
41 Cap. 41 ¿Lo que viste?
42 Cap. 42 ¡Ayuda!
43 Cap. 43 ¿Estás bien?
44 Cap. 44 Siempre
45 Cap. 45 La primavera de la serpiente
46 Cap. 46 Y si pido dinero
47 Cap. 47 ¿Ya te vas?
48 Cap. 48 ¿Cerebro? ¿Qué pasa?
49 Cap. 49 Gracias, Gaya. Por todo.
50 Cap. 50 ¿Sabes por qué me casé contigo, Gaya?
51 Cap. 51 ¿Por qué me lo dices?
52 Cap. 52 Sebastián
53 Capítulo 53 Probióticos y nuevas rutinas
54 Capítulo 54 Nuevas Amistades
55 Capítulo 55 El Orden
56 Capítulo 56 Probióticos y nuevas rutinas
57 Capítulo 57 El peso de las maletas
58 Capítulo 58 El orgullo
59 Capítulo 59 Los sueños
60 Capítulo 60 La modelo de Victoria's Secret
61 Capítulo 61 El Ataque
62 Capítulo 62 Las Sospechas
63 Capítulo 63 La noticia que incendió la red
64 Capitulo 64 La Entrevista
65 Capítulo 65 La Confrontación.
66 Capítulo 66 El corazón que lo ve todo
67 Capítulo 67 La Defensa
68 Capítulo 68 El corazón que lo ve todo
69 Capítulo 69 El sabor de la traición
70 Capítulo 70 El corazón que lo ve todo
71 Capítulo 71 El Atentado
72 Capítulo 72 La Promesa de Quedarse
73 Capítulo 73 Las Culpas
74 Capítulo 74 El Despertar
75 Capítulo 75 La que baja del coche
76 Capítulo 76 La compañía
77 Capítulo 77 La locura.
78 Capítulo 78 El último golpe
79 Capítulo 79 La agonía.
80 Capítulo 80 El perdón que se debe ganar.
81 Capítulo 81 Los secretos al sol.
Capítulos

Updated 81 Episodes

1
Capítulo 1: El despertar de Gaya
2
Cap. 2 Verdades a medias
3
Cap. 3 Todo más claro
4
Cap. 4 Me lo dices a mi
5
Cap. 5 Volver a casa
6
Cap. 6 El abrazo
7
Cap. 7 Los dibujos
8
Cap. 8 La madre o la madrastra
9
Capítulo 9 La dueña de la casa
10
Capítulo 10 La serpiente y el niño
11
Capítulo 11 Sonrisa Radiante.
12
Capítulo 12 La madre y la hija
13
Capítulo 13 Pinky y Cerebro
14
Capítulo 14 Los Secretos
15
Capítulo 15 La Amarga y Dulce Verdad
16
Capítulo 16 Los Planes
17
Capítulo 17 El Colegio
18
Capítulo 18 La autorizada
19
Capítulo 19 La felicidad
20
Capítulo 20 La princesa de la casa
21
Capítulo 21 Una rendija
22
Capítulo 22 La ausencia
23
Capítulo 23 Negación.
24
Capítulo 24 La Apertura
25
Capítulo 25 Las Dudas
26
Capítulo 26 Luisa
27
Capítulo 27 El estudio olvidado
28
Capítulo 28 El estudio olvidado
29
Capítulo 29 ¿Qué hace aquí?
30
Capítulo 30 Claro que no sabías.
31
Capítulo 31 ¿Agresiva?
32
Cap. 32 Están jugando
33
Cap. 33 ¿Quién salvó a Luisa de Vanesa?
34
Cap. 34 Tu hermano acaba de entender eso
35
Cap. 35 ¿A quién le recuerdo?
36
Cap. 36 ¿Tortitas de atún?
37
Cap. 37 No te lo permito
38
Cap. 38 ¿Cómo va todo por ahí?
39
Cap. 39 ¡Eso es una humillación!
40
Capítulo 40 Guerra declarada
41
Cap. 41 ¿Lo que viste?
42
Cap. 42 ¡Ayuda!
43
Cap. 43 ¿Estás bien?
44
Cap. 44 Siempre
45
Cap. 45 La primavera de la serpiente
46
Cap. 46 Y si pido dinero
47
Cap. 47 ¿Ya te vas?
48
Cap. 48 ¿Cerebro? ¿Qué pasa?
49
Cap. 49 Gracias, Gaya. Por todo.
50
Cap. 50 ¿Sabes por qué me casé contigo, Gaya?
51
Cap. 51 ¿Por qué me lo dices?
52
Cap. 52 Sebastián
53
Capítulo 53 Probióticos y nuevas rutinas
54
Capítulo 54 Nuevas Amistades
55
Capítulo 55 El Orden
56
Capítulo 56 Probióticos y nuevas rutinas
57
Capítulo 57 El peso de las maletas
58
Capítulo 58 El orgullo
59
Capítulo 59 Los sueños
60
Capítulo 60 La modelo de Victoria's Secret
61
Capítulo 61 El Ataque
62
Capítulo 62 Las Sospechas
63
Capítulo 63 La noticia que incendió la red
64
Capitulo 64 La Entrevista
65
Capítulo 65 La Confrontación.
66
Capítulo 66 El corazón que lo ve todo
67
Capítulo 67 La Defensa
68
Capítulo 68 El corazón que lo ve todo
69
Capítulo 69 El sabor de la traición
70
Capítulo 70 El corazón que lo ve todo
71
Capítulo 71 El Atentado
72
Capítulo 72 La Promesa de Quedarse
73
Capítulo 73 Las Culpas
74
Capítulo 74 El Despertar
75
Capítulo 75 La que baja del coche
76
Capítulo 76 La compañía
77
Capítulo 77 La locura.
78
Capítulo 78 El último golpe
79
Capítulo 79 La agonía.
80
Capítulo 80 El perdón que se debe ganar.
81
Capítulo 81 Los secretos al sol.

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