El alta del hospital llegó más rápido de lo esperado. Kairos y Zahraea fueron dados de alta el mismo día, pero la incomodidad entre ellos era palpable.
El suave traqueteo de las ruedas del auto sobre el asfalto fue lo único que rompió el incómodo silencio entre ellos. Zahraea miraba por la ventanilla, sin intención de entablar conversación. Su única prioridad era regresar a casa y descansar.
Kairos, por su parte, estaba sumido en pensamientos más oscuros. Desde que despertó en el hospital, había sentido que algo no cuadraba con la muerte de su abuelo.
Apenas pusieron un pie en la mansión, Zahraea se retiró a su habitación sin decir una palabra. Kairos también necesitaba descanso, pero su mente no se lo permitía.
A pesar de compartir el mismo techo, cada uno se refugió en su propio espacio. Zahraea se recuperaba en la habitación principal, mientras que Kairos instaló su área de trabajo en el estudio.
Desde su regreso, Kairos había dedicado su tiempo a investigar la muerte de su abuelo y no podía ignorar los rumores ni las sospechas que había tenido desde el inicio.
Su asistente, Oliver, trabajaba incansablemente, trayéndole documentos, haciendo llamadas y contactando fuentes confidenciales.
Mientras tanto, Zahraea seguía con su rutina, aunque no perdía oportunidad de expresar su disgusto.
—No puedo creer que tenga que soportar su presencia aquí —murmuró un día mientras pasaba frente al estudio.
Kairos, que estaba dentro con Oliver, alzó la vista y sonrió para sí mismo, podía escuchar cada insulto que ella le lanzaba en su mente, y cada día se sentía seguro que solo podía leer la mente de su esposa, pero estaba demasiado ocupado para averiguar que tan profundo podía escuchar sus pensamientos.
"Maldito desgraciado. Ojalá desapareciera de mi vida."
Kairos dejó escapar un suspiro, volviendo su atención a los documentos frente a él. Los días pasaron en la misma rutina hasta que Oliver llegó con una memoria USB y un sobre sellado.
— Oliver: Señor, hemos conseguido el video de seguridad de la clínica donde Alessia estuvo antes del infarto del señor Calisth Lazarescu.
Kairos tomó la memoria sin decir nada, pero su mandíbula se tensó y tomó la tableta con una mezcla de ansiedad y desconfianza.
En la pantalla, una grabación de seguridad mostraba el interior de la clínica donde su abuelo había estado internado.
Y ahí estaba Alessia, con una sonrisa triunfal, acercándose a la cama del anciano. Su abuelo, débil pero consciente, la observaba con el ceño fruncido.
— Calisth: ¿Qué haces aquí? —se escuchó preguntar con voz cansada.
Alessia, sin perder su arrogancia, una arrogancia que nunca le había conocido y se inclinó hacia él—Solo quería agradecerle por todo lo que su nieto ha hecho por mí —El anciano no respondió.
— Alessia:Durante dos años, Kairos me protegió, me mantuvo económicamente, mientras su esposa sufría.
El silencio se alargó en la habitación del hospital.
— Alessia: ¿Sabe? —continuó ella con un dejo de burla—. Me pregunto cómo se sintió Zahraea al saber que su esposo nunca se preocupó por ella.
Kairos vio cómo cambió la expresión de su abuelo y los monitores cardíacos comenzaron a sonar con mayor frecuencia.
— Calisth: ¿Qué dijiste? —su voz apenas era un susurro.
Alessia sonrió con malicia —Usted siempre creyó que su nieto aprendería a ser un hombre responsable, pero se equivocó. Todo este tiempo, fui yo quien tomó el lugar de Zahraea en su corazón y en su vida.
Fue en ese momento cuando el anciano tomó una mano al pecho y su respiración se volvió errática, el infarto lo había golpeado sin previo aviso y Alessia simplemente se fue sin remordimiento.
Kairos sintió que la sangre le hervía. Cerró los ojos con fuerza, tratando de controlar la rabia que le invadía. No solo había sido un idiota por todo lo que había hecho, sino que también había sido un títere en sus juegos. Alessia había matado a su abuelo.Quizás no con sus propias manos, pero su confesión había sido la estocada final.
Zahraea tenía razón, siempre tuvo la razón y él la había castigado por ello. Su asistente que estuvo observándolo en silencio, le pregunto
— Oliver: ¿Qué piensa hacer, señor Lazarescu ? —preguntó su asistente, observándolo con cautela.
Kairos respiró hondo. La verdad era que ya lo tenía claro —Arreglar todo esto —respondió con voz firmeza y agrego —Consigue más información sobre Alessia , en especial sobre su depresión y todo lo relacionado a su economía —ordenó—. No quiero dejar ningún cabo suelto.
Su asistente asintió y salió de la habitación.
Kairos, desde que despertó en el hospital y descubrió que podía escuchar los pensamientos de Zahraea, había tratado de no prestarle demasiada atención. Pero ahora, su voz resonaba en su cabeza, llena de desprecio y resentimiento.
"No entiendo porque se sentían tan orgullosos de un heredero tan estúpido en inútil , un hombre que piensa en el amor y que lo engañan con tanta facilidad, ¿de verdad merece que lo amen?, parece que solo tiene su figura porque su materia gris parece negra, no, no insultemos el color negro."
"Si pudiera hablar con Dios, le solicitaría que me convirtiera en un tiburón que debora gente estúpida e inútil , y así poder limpiar la tierra de ese tipo de plagas."
"Cuando consiga el dinero, me aseguraré de que nunca más vuelva a ver ese rostro que me enferma, ¿Dios, hasta cuando debo seguir sufriendo?¿ que hice mal? "
Kairos cerró los ojos con fuerza. Se puso a meditar y fue sincero consigo mismo de que hace unos meses había pensado en aceptar el divorcio sin más, ahora no estaba tan seguro.
Porque, por primera vez en años, veía a Alessia con otros ojos y también, por primera vez, se daba cuenta del verdadero valor de Zahraea y lo mucho que lo odiaba, tal vez sea masoquismo, pero nunca ha sido tan depreciado en su vida y eso hace que un fuego en su corazón lo motive hacer cosas que no van con él.
Con el ceño fruncido, se dirigió hacia la habitación de su esposa recordando que ella constantemente estaba hablando con un abogado en casa, lo vió pero no le dió importancia, miro su reloj y se dió cuenta que ya era de noche.
Tocó la puerta con firmeza, pero no esperó respuesta antes de entrar, la encontró en el estudio, con papeles esparcidos sobre el escritorio. No era común verla tan enfocada, tan metida en sus propios planes. Él se acercó con calma, fingiendo no saber lo que tramaba.
— Kairos: ¿Trabajando hasta tarde? —preguntó, apoyándose en el marco de la puerta.
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Comments
Mary Ney
Kairos no mereces el perdón de tu esposa fuiste un déspota esta muy bueno el capitulo /Smile/
2025-03-18
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