Sombras de contrición

...[Nota: Este capítulo puedes saltártelo si deseas, no afecta a la trama principal como tal, solo sirve de base para el desarrollo de la relación entre algunos personajes]...

......................

Azazel.

_____________

Estaba de pie en la entrada de la cafetería esperando a que Regina terminase de hacer su pedido. Me vería obligado a tragar esa comida inmunda por el bien de las apariencias, y eso no me tenía particularmente entusiasmado.

Podría haberle contado la verdad, pero eso solo complicaría las cosas. Seguramente, Regina no lo soportaría, no sabía si esta mente sí se terminaría por quebrantar. Lo más probable era que sí, ella y Makeline eran cosas muy distintas. Aparte eso implicaría interferir con las relaciones personales de Makeline, y quería mantenerme alejado de eso.

Cuando la vi aparecer de regreso con los dos sándwiches, me extendió uno, yo sonreí por pura cortesía y empezamos a caminar. Noté cómo Regina se acercaba innecesariamente mientras seguía mi paso, no le dije nada, tampoco es que me molestara, me complacía recordar que mi sola presencia tenía ese efecto en los mortales.

—¿Te digo una cosa? No tienes mucho acento italiano —comentó.

Era cierto que había mentido con esa tontería al presentarme ante ella. Se me había pasado el detalle de mantenerla. ¿Debería fingir ahora? No, era poco estúpido comenzar a actuar cuando ella se acababa de dar cuenta.

—La verdad es que nunca he sido de quedarme en un solo sitio por mucho tiempo. Viajo mucho, me muevo bastante entre países algunas veces. —Entramos a la biblioteca y tomamos asiento uno frente a otro—. Yo supongo que perdí un poco mi acento con el tiempo.

—Ah, entiendo. Pues manejas muy bien el español —dijo sonriendo. Tomó su libro, buscando las páginas para marcarlas, cuando las encontró, lo dejó extendido sobre la mesa.

Yo observaba sus acciones mientras hablaba— Gracias. El español es solo uno de los tantos idiomas que he tenido que aprender con los años. Realmente no es difícil, solo es cuestión de acostumbrarse.

Y había tenido siglos para acostumbrarme.

—¿Qué? ¿Eres políglota?

Solté una breve risa ante el comentario. Proyecté en mi mente la idea de que en verdad podía hablar cualquier lengua. Por supuesto que no le declararía eso, pero su inocencia se me antojaba tentadora.

—Se podría decir que sí, sí.

—¿Qué idiomas hablas? —preguntó, en tanto terminaba de acomodar sus cosas en la mesa.

—Uhm, pues. Además del italiano y el español, creo que portugués, alemán, inglés y ruso —dije, tratando de capturar la mentira para que no se me volviera a olvidar después.

—¿Cómo lograste aprender tantos?

—No es tan difícil cuando tienes mucho tiempo. Aunque tampoco me consideraría un experto, a decir verdad. Pero también puedo comprender las lenguas muertas.

Confesé. No porque me pareciera una buena idea, sino porque no pude resistir presumir acerca de mis habilidades.

—¿Lenguas muertas? —me miró con fascinación.

Regina no quería admitirlo, pero yo sabía que, aunque se estaba oponiendo internamente a verme de esa forma, le era prácticamente –y literalmente– imposible.

—Lenguas como latín —especialmente esa, dado que era mi lengua materna—, griego antiguo, hebreo y cosas así.

Ella estaba intrigada, ni siquiera se cuestionó si le estaba mintiendo solo para impresionarla.

—Suena a algo que haría un sacerdote, ¿es algo así? —pensó sus palabras— ¿Fuiste parte de una iglesia o una religión?

Evidentemente, me reí. 

—No. Por suerte

—¿Por qué lo dices?

—Digamos que... —me mantuve un momento en silencio, pensativo—. Digamos que no me llevo muy bien con Dios.

—Ah, ¿no? —negué con la cabeza—¿Por qué? ¿Hiciste algo malo?

¿Algo malo? Pensé que aquél término no era adecuadamente justo para describir lo era en realidad. Yo no cometía actos crueles. Yo era la personificación de la crueldad. Aunque últimamente me parece haber abandonado ese concepto. Y adoptar esa idea me hizo dar repudio de mí mismo.

—Supongo que se podría decir que sí —murmuré con un poco de seriedad, sin añadir más detalles.

Se quedó pensativa, ajena al verdadero trasfondo de la respuesta.

—Uhm... Bueno. No soy muy religiosa, pero bajo la lógica, supongo que si en verdad te arrepientes, puedes estar tranquilo, ¿no?

—Sinceramente, no creo que eso vaya a funcionar, de todas formas —hablé más para mí mismo.

Un silencio pesado cayó entre ambos. Mantuve la vista hacia abajo analizando las cosas. Creo que mi semblante ya no lucía tan amable y verdaderamente estaba tratando de moderar mi cordura. 

No había pensado en ello antes, pero ahora lo veía claro; dudaba profundamente que se me permitiera arrepentirme, aun si lo intentara. Y al final del día, si alguien debía cargar con la culpa de lo que era, definitivamente no era yo.

—¿Por qué no?

—De entrada, no creo en su existencia. Y de ser así, no creo que Dios vaya a aceptar la penitencia de un demonio —respondí por lo bajo, y me convencí de aquellas palabras.

Regina sintió una inesperada empatía por mí, sin entender del todo por qué. Escuche su lucha interna, no quería adentrarse en los conflictos que no le correspondían –algo que Makeline habría hecho sin dudar, y no pude evitar hacer esa comparación involuntaria–. Sentía compasión por mí y eso no me estaba gustando.

—No creo que hayas hecho algo tan horrible como para pensar en ti mismo como un demonio —dijo con voz suave.

Levanté ligeramente la cabeza después de escuchar en su mente la lástima que le había provocado. Clavé los ojos en los de ella y al darse cuenta, Regina se estremeció sin querer, sintiendo una presión en el ambiente que no había estado allí antes.

—Eres bastante ingenua, niña.

Su piel estaba erizada, pero no dijo nada, solo sentía la tensión. De pronto, el tenerme frente a ella dejó de sentirlo tan agradable como al principio. Se le atravesó un instinto por levantarse y salir de allí, pero una parte de ella la retenía. Era como si hubiese quedado atrapada entre la atracción y el terror.

Observé cada una de sus reacciones; la forma en que sus hombros se congelaban, sus dedos tamborileaban sobre el cuaderno. Cómo toda su persona se incomodaba en su lugar. Suspiré. Por mucho que quisiera seguir disfrutando de esa situación, tenía que parar. Traté de suavizar mis expresiones.

—Te estoy asustando, ¿verdad?

Ella negó con la cabeza, nerviosa, y empezó a jugar con el bolígrafo en sus manos de forma compulsiva, rascaba con fuerza el material acolchonado, dejando la marca de sus uñas. Un eco en su mente todavía le rogaba que se marchara, que no estaba bien quedarse allí, como si se hubiera desatado una alarma de seguridad al escucharme.

Ni siquiera necesitaba leer su mente para saber lo que estaba pasando por su cabeza.

—¿Tú sabes hablar algún otro idioma? —pregunté para apaciguar las cosas.

Ella negó con la cabeza— No. La verdad no se me da tan bien —confesó, más calmada— ¿Y… —inspiró, exhaló— cómo es que aprendiste a hablar latín?

Me recliné hacia atrás, en la silla. Manteniéndome relajado para que ella abandonara las ideas y dejara de sentirse disgustada con su propia mente. Necesitaba devolverle la tranquilidad.

—Así tal cual —dije con tono casual—. Estudiando, practicando —tomé el libro que había dejado extendido y empecé a ojearlo sin mucho interés.

—Ah, claro.

Ella no quería seguir con el tema, le había dado una extraña sensación. Utilizó mi gesto a su favor para desviar la conversación e iniciar con el estudio.

—¿De verdad no te estoy asustando? —repetí con tranquilidad.

—¿Por qué la pregunta? —me miró— ¿Es tu intención?

—No. No lo es —no mentía—. Solo quiero asegurarme de que no estarás inquieta por mí el resto del tiempo. Creo que sería algo incómodo, ¿no crees?

Empezó a sentirse tonta por los pensamientos intrusivos. Pensó que quizá había malinterpretado la situación y había exagerado las cosas, como de costumbre. Se calmó un poco y abrió su libreta— No, no me asustas. Solo estoy algo estresada, nada más.

Regresé mi vista hacia al libro, fingiendo que me interesaba el contenido. Durante el resto del tiempo, evité hacer comentarios acerca de mí o la conversación anterior. Pero seguí estudiándola.

En otro momento, mi reacción habría sido completamente diferente. Antes, no habría dudado en intimidarla, me habría resultado divertido, pero desde hace unos días había comenzado a experimentar un conflicto moral interno, extremadamente desesperante. ¿Por qué ahora dudaba en hacer lo que siempre había hecho sin vacilar? ¿Era Makeline la causante de eso?

Deseché la idea dentro de mí.

Capítulos
1 Primera etapa: Negación
2 Apatía
3 Ruptura de realidad
4 La maldad ante mis ojos
5 Cambio de fortuna
6 Tiempo prestado
7 Hijo del infierno
8 La rutina del destino
9 Tensión silenciosa
10 Propiedad indebida
11 Sin refugio en la mente
12 Cadena invisible
13 La doble cara del control
14 Sombras de contrición
15 El eco de lo divino
16 El precio de la indiferencia
17 Apresada en el pasado
18 Visión del abismo
19 Cicatriz invisible
20 A punto de romperse
21 Eco del recuerdo
22 Duda culposa
23 Ajetreo desmedido
24 El barista del infierno
25 Lo que calla la mente
26 El cine reacio
27 Aversión contenida
28 Defensa silenciosa
29 El peso de mi alma
30 Fragilidad en desgarro
31 Abismo interior
32 Máscara mal hecha
33 Cautiva en la asfixia
34 Prisión de vértigo
35 Enclaustrada
36 Aguijón de paranoia
37 El precio de mi paz
38 Caminos en paralelo
39 Desagradable
40 Callar para escapar
41 Cadena rota
42 El extraño de los ojos verdes
43 La invitación
44 Un juego de incitación
45 Desde el otro lado
46 El arte de la provocación
47 Cuando el plan se rompe
48 En el nombre de Dante
49 Sangre en el filo
50 Un alma en juego
51 Presa del cazador
52 Mensajes de Auxilio
53 La muerte dulce
54 Confía o perece
55 El último respiro
56 Sombras carmesí
57 Si las emociones me traicionan
58 Verdades que arden
59 La decisión imposible
60 El jardín perdido
61 El sacrifico del alma
62 Epílogo
Capítulos

Updated 62 Episodes

1
Primera etapa: Negación
2
Apatía
3
Ruptura de realidad
4
La maldad ante mis ojos
5
Cambio de fortuna
6
Tiempo prestado
7
Hijo del infierno
8
La rutina del destino
9
Tensión silenciosa
10
Propiedad indebida
11
Sin refugio en la mente
12
Cadena invisible
13
La doble cara del control
14
Sombras de contrición
15
El eco de lo divino
16
El precio de la indiferencia
17
Apresada en el pasado
18
Visión del abismo
19
Cicatriz invisible
20
A punto de romperse
21
Eco del recuerdo
22
Duda culposa
23
Ajetreo desmedido
24
El barista del infierno
25
Lo que calla la mente
26
El cine reacio
27
Aversión contenida
28
Defensa silenciosa
29
El peso de mi alma
30
Fragilidad en desgarro
31
Abismo interior
32
Máscara mal hecha
33
Cautiva en la asfixia
34
Prisión de vértigo
35
Enclaustrada
36
Aguijón de paranoia
37
El precio de mi paz
38
Caminos en paralelo
39
Desagradable
40
Callar para escapar
41
Cadena rota
42
El extraño de los ojos verdes
43
La invitación
44
Un juego de incitación
45
Desde el otro lado
46
El arte de la provocación
47
Cuando el plan se rompe
48
En el nombre de Dante
49
Sangre en el filo
50
Un alma en juego
51
Presa del cazador
52
Mensajes de Auxilio
53
La muerte dulce
54
Confía o perece
55
El último respiro
56
Sombras carmesí
57
Si las emociones me traicionan
58
Verdades que arden
59
La decisión imposible
60
El jardín perdido
61
El sacrifico del alma
62
Epílogo

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