Cambio de fortuna

Azazel.

_____________

—¿Qué, ya nos vamos? —pregunté fingiendo tristeza.

Estaba plantado en la puerta de la heladería, esperando a que saliera. Había conseguido lo que había querido. Le di el pase a Makeline y de inmediato fui tras ella. Las cosas en su cabeza se estaban poniendo peor al sentir mi presencia, era un caos. Apresuró el paso, quería correr pero no me quería demostrar lo asustada que estaba. Si seguía andando a ese ritmo se tropezaría en cualquier momento.

—Deja de seguirme —logró decir.

Es que los mortales son tan frágiles.

—¿Por qué caminas tan rápido? —cuestioné, dando pasos largos—. Te vas a cansar.

La velocidad a la que yo avanzaba sin cansarme también le estaba desconcertando. Sus débiles piernas casi no podían sostenerse. Me veía como su depredador y eso me complacía. Me adelanté unos pasos para llevarle la delantera.

—¿Tienes miedo?

—Aléjate, maldita sea.

Me estaba divirtiendo, pero desaceleré el paso, quedando a la par.

—¿Te va a dar algo si me quedo caminando a tu lado?

Ignoró mi pregunta y siguió haciendo vanos esfuerzos por perderme de vista. Cuando llegó a su casa estaba totalmente exhausta, abrió la puerta y la cerró lo suficientemente rápido como para que yo no la cruce. De nuevo, no sirvió de nada, me aparecía frente a ella, en su sala. Se dejó caer en el sillón, dándose aire con las manos, podía escuchar su ruidosa respiración.

—Te dije que no caminaras así —me burlé.

Ella tenía los ojos cerrados, tratando de recuperar el aliento. Le tomó un tiempo recomponerse para contestarme.

—¿Qué es lo que quieres de mí? ¿Acaso hice algo para que vinieras… a buscarme? —preguntó entre jadeos—. Dímelo, ¿te invoqué sin saberlo?

Me encogí de hombros con una tranquilidad que se le hacía insoportable.

—A decir verdad, solo quería molestarte un poco —me acomodé en el sillón, cruzando las piernas.

Me gustaba ver cómo estaba perdiendo el control, como si me alimentara de ello.

—No, no me refiero a eso —suspiró. Pensó que si seguía desbaratando así sus pensamientos yo me daría cuenta y seguiría jugando con ella. Ternurita—. Hablo de lo que me dijiste antes en la heladería.

Clavé mis ojos en ella, tirando de los límites de su paciencia.

—¿Acerca de tomar tu alma?

—Si… eso

La estudié en silencio, disfrutando del visible aumento de su desesperación. Se me hizo tentador ver su hipnótica apariencia mostrando el temor que manejaba perfectamente. Me repudié por ello, estaba dejando que ella me envolviera, y ese puesto era mío.

Me puse de pie para acercarme, se hizo hacia atrás en el mismo sillón y esa reacción me causó satisfacción al saber los efectos que podría causar en ella.

—¿Te asusta eso?

Se mantuvo firme, o al menos lo intentaba.

—No has respondido mi pregunta —dijo con seriedad.

Esbocé una sonrisa, tratando de extender los silencios para aumentar su ansiedad.

—¿Quieres la respuesta real?

—Sí —respondió de golpe—. Necesito saber qué mierda hice para que te aparecieras de repente en mi casa.

Un suspiro desvaneció mi sonrisa.

—No hiciste nada en especial —caminé por la habitación.

—¿Qué se supone que debo interpretar de eso?

—Simplemente fue algo… al azar, diría yo.

—¿Qué? ¿Al azar?

—Así es, al azar te elegí… a ti.

Eso no aclaró sus dudas, de hecho la sumí más en la incertidumbre. La palabra “elegir” resonó en su mente, y la entiendo, no era para menos.

—¿De qué hablas? ¿Qué quieres decir con que ‘me elegiste’?

Solté una risa seca, carente de amabilidad, que la perturbó más.

—Ya te lo dije, vine por tu alma. Te elegí porque quiero, y voy a llevarme tu alma hacia las profundidades del infierno.

—Pero… —quiso oponerse, pero no sabía cómo y las palabras se le atoraron. 

Percibí que quería huir y esconderse, se estaba convenciendo a sí misma de que estaba soñando o delirando, hasta leí su mente tratando de aceptar la idea de que estaba loca. Pero no podía comprender por qué ella y era complicado para mí.

También empezó a repasar todos los posibles pecados que la habían llevado a ese punto. Por alguna razón que no logré descifrar entonces, al darse cuenta de que era un ser sobrenatural, esperó respuestas de otro tipo, una disculpa de mi parte por todo lo que habían hecho con ella en su pasado. Pero, ¿qué tipo de ser sobrenatural creía que era yo? Divino no, eso estaba claro.

—¿Por qué yo?

«¿Por qué ahora?» fue lo que quería decirme realmente. Ahora cuando de había alejado de su asquerosa familia. Ese pensamiento le atormentó un momento, creyó que tal vez el resentimiento que sentía era lo que la había traído a esto.

—No lo comprendo —dijo con una voz más apagada— ¿Qué hice mal? No, es que no lo entiendo.

Respiré profunda y pesadamente.

—Comprende que tú no hiciste nada —eso sonó a un intento de consuelo para ella; le pareció insultante—. Digamos que tu alma me llamó la atención. Y la quise.

Me miró, como si fuera un disparatado. El sentimiento en sus ojos cambió de dirección al escucharme. Advertí que la rabia estaba reemplazando su miedo y se atrevió a levantarme la voz.

—¡¿Qué?! ¿Tú me estás diciendo que me van a torturar eternamente solo porque te ‘llamé la atención’?

No era precisamente de ese modo, pero diremos que sí.

—Sí, justamente eso. Tu alma ya me pertenece.

Estaba horrorizada. Pensó en mí como un niño caprichoso y eso me fastidió. Únicamente, no se lo reproché porque creyó que la estaba poniendo al nivel de un asesino al castigarla de ese modo, solo porque a mí se me antojó su alma. 

—Y no será que, no lo sé —modificó el tono de su voz, después de analizarlo quería probar a buscar algo que pudiera convencerme de desistir—. ¿Puedes elegir otra alma? Quizá alguien que sea útil.

Ilusa.

Yo ya estaba negando lentamente con la cabeza antes de que acabara su frase.

—Ni lo intentes, esa no es una opción. A mí la tuya me parece mucho más interesante.

—¿Pero qué te puede interesar de mi alma? —protestó—. No tengo nada que ofrecer, ni siquiera tengo amigos, mi trabajo es miserable —qué lástima—, y mi familia —hizo una pausa, saboreando el amargo de la palabra—. No quiere ni verme.

Y era mejor así, después de leer todo lo que pensaba de su familia, no entendí por qué se quejaba de ellos. En fin, incoherencias mortales.

—Aun así me interesa —levanté los hombros—. ¿Qué puedo hacer yo? Tu alma es menos común de lo que piensas. Y no vas a hacer que cambie de opinión —me tiré en el mueble con las manos en la cabeza, en una actitid relajada—. Lo siento.

Resopló, ya no se le ocurría con qué más intentar, su paciencia ya había llegado al límite.

— ¿Y tienes que hacerlo justo ahora?

La observé en silencio, pensando en lo que acababa de preguntar. Ciertamente, quizá no era muy justo para ella que venga de repente un demonio a llevársela. No tenía apuro en hacerlo, no por ahora. 

—Supongo que podría darte algo más de tiempo si es lo que quieres.

Capítulos
1 Primera etapa: Negación
2 Apatía
3 Ruptura de realidad
4 La maldad ante mis ojos
5 Cambio de fortuna
6 Tiempo prestado
7 Hijo del infierno
8 La rutina del destino
9 Tensión silenciosa
10 Propiedad indebida
11 Sin refugio en la mente
12 Cadena invisible
13 La doble cara del control
14 Sombras de contrición
15 El eco de lo divino
16 El precio de la indiferencia
17 Apresada en el pasado
18 Visión del abismo
19 Cicatriz invisible
20 A punto de romperse
21 Eco del recuerdo
22 Duda culposa
23 Ajetreo desmedido
24 El barista del infierno
25 Lo que calla la mente
26 El cine reacio
27 Aversión contenida
28 Defensa silenciosa
29 El peso de mi alma
30 Fragilidad en desgarro
31 Abismo interior
32 Máscara mal hecha
33 Cautiva en la asfixia
34 Prisión de vértigo
35 Enclaustrada
36 Aguijón de paranoia
37 El precio de mi paz
38 Caminos en paralelo
39 Desagradable
40 Callar para escapar
41 Cadena rota
42 El extraño de los ojos verdes
43 La invitación
44 Un juego de incitación
45 Desde el otro lado
46 El arte de la provocación
47 Cuando el plan se rompe
48 En el nombre de Dante
49 Sangre en el filo
50 Un alma en juego
51 Presa del cazador
52 Mensajes de Auxilio
53 La muerte dulce
54 Confía o perece
55 El último respiro
56 Sombras carmesí
57 Si las emociones me traicionan
58 Verdades que arden
59 La decisión imposible
60 El jardín perdido
61 El sacrifico del alma
62 Epílogo
Capítulos

Updated 62 Episodes

1
Primera etapa: Negación
2
Apatía
3
Ruptura de realidad
4
La maldad ante mis ojos
5
Cambio de fortuna
6
Tiempo prestado
7
Hijo del infierno
8
La rutina del destino
9
Tensión silenciosa
10
Propiedad indebida
11
Sin refugio en la mente
12
Cadena invisible
13
La doble cara del control
14
Sombras de contrición
15
El eco de lo divino
16
El precio de la indiferencia
17
Apresada en el pasado
18
Visión del abismo
19
Cicatriz invisible
20
A punto de romperse
21
Eco del recuerdo
22
Duda culposa
23
Ajetreo desmedido
24
El barista del infierno
25
Lo que calla la mente
26
El cine reacio
27
Aversión contenida
28
Defensa silenciosa
29
El peso de mi alma
30
Fragilidad en desgarro
31
Abismo interior
32
Máscara mal hecha
33
Cautiva en la asfixia
34
Prisión de vértigo
35
Enclaustrada
36
Aguijón de paranoia
37
El precio de mi paz
38
Caminos en paralelo
39
Desagradable
40
Callar para escapar
41
Cadena rota
42
El extraño de los ojos verdes
43
La invitación
44
Un juego de incitación
45
Desde el otro lado
46
El arte de la provocación
47
Cuando el plan se rompe
48
En el nombre de Dante
49
Sangre en el filo
50
Un alma en juego
51
Presa del cazador
52
Mensajes de Auxilio
53
La muerte dulce
54
Confía o perece
55
El último respiro
56
Sombras carmesí
57
Si las emociones me traicionan
58
Verdades que arden
59
La decisión imposible
60
El jardín perdido
61
El sacrifico del alma
62
Epílogo

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