Capítulo 3 Intersección

En menos de diez minutos, el área se llenó de policías. Las patrullas iluminaban la zona con luces rojas y azules que destellaban sobre el asfalto, mientras los cuatro secuestradores permanecían arrodillados y esposados, rodeados por agentes. La adrenalina aún corría por las venas de Aristoteles Dimitrakos mientras un paramédico, con su botiquín en la mano, se acercaba a él para evaluar su estado.

—¿Cómo se siente? —preguntó el paramédico, evaluándolo con ojos atentos y profesionales.

Aristoteles lanzó una rápida mirada hacia Alice, quien estaba de pie cerca de una ambulancia, acompañada por James. A primera vista, cualquiera pensaría que no había pasado nada, que no acababa de enfrentar un intento de secuestro.

Su postura, su expresión serena, e incluso la forma en que sostenía sus manos con una calma imperturbable la hacían ver como una mujer completamente en control. Pero Aristoteles notaba pequeños detalles: la tensión en su mandíbula y la ligera rigidez en sus hombros, casi imperceptibles, pero evidentes para alguien tan observador como él.

Antes de que pudiera responder al paramédico, un hombre con uniforme de policía se acercó y se presentó.

—Oficial Cortes —dijo, extendiéndole la mano.

Aristoteles aceptó el saludo y asintió, manteniéndose alerta.

—Aristoteles Dimitrakos.

El oficial lo observó con curiosidad y cierto respeto.

—La señora Crawford y el señor Porter mencionaron que fue usted quien neutralizó a los asaltantes. —Cortes mantuvo una expresión inquisitiva, esperando una respuesta.

—Así es. —Aristoteles asintió, manteniendo la mirada fija en el oficial—. ¿Qué dijeron los sujetos?

—Ya están siendo trasladados a la comisaría. Pero ahora, tengo que preguntar… —el oficial alzó una ceja, escaneando a Aristoteles con interés—, ¿cómo es que un chófer fue capaz de inmovilizar a cuatro hombres en perfectas condiciones?

Aristoteles tomó aire antes de responder, sin dejar de vigilar a Alice y James, quienes seguían hablando en voz baja junto a la ambulancia.

—Estuve en el ejército griego —respondió, su voz profunda y firme—. Capitán de la Guardia Nacional Helénica. Me retiré hace ocho años.

El oficial Cortes lo miró, visiblemente impresionado.

—Capitán… Entiendo. —El oficial asintió y bajó la mirada a su libreta de apuntes—. ¿Cuánto tiempo lleva en el país?

—Hace tres años —respondió Aristoteles—. Mi esposa, fallecida, era estadounidense. De Nueva Jersey.

Cortes hizo una breve pausa, asimilando la información, y asintió de nuevo, pareciendo satisfecho con la explicación. Justo en ese momento, un sedán negro de alta gama, con vidrios polarizados, se acercó a toda velocidad y se detuvo bruscamente junto a la escena. Del asiento del conductor bajó un hombre que, con agilidad, abrió la puerta trasera. Un segundo hombre salió, erguido y con paso rápido: Jonathan Fairfax, el congresista.

Aristoteles lo reconoció de inmediato. Fairfax era el esposo de Alice, y también un nombre importante en la política local. Sabía que era considerado por su partido para la próxima campaña a la alcaldía de Nueva York, y estaba al tanto de su estilo de liderazgo y la imagen pública que cultivaba con esmero.

Fairfax se acercó rápidamente a Alice, sin detenerse a analizar la escena. Su atención estaba completamente centrada en su esposa.

—Cariño, ¿cómo estás? —preguntó, con una expresión preocupada, mientras la rodeaba con los brazos en un abrazo posesivo y protector.

Alice respondió al abrazo con una leve reticencia, su postura rígida y su cuerpo manteniendo una distancia sutil, aunque visible solo para quien supiera observar con detalle. Aristoteles lo notó de inmediato, con una mezcla de incomodidad y una extraña punzada de irritación.

—Estoy bien, Jonathan —respondió Alice, su tono carente de emoción mientras él la soltaba, aunque su mano se quedó en el hombro de ella, como si quisiera retenerla.

Jonathan la miró con una mezcla de preocupación y frustración.

—Esto pasa porque te niegas a aceptar seguridad. —El tono de su voz estaba impregnado de irritación—. Te dije que te pondría una escolta. No entiendo por qué te resistes tanto.

Alice suspiró y apartó un mechón de cabello detrás de la oreja, con una paciencia que claramente estaba siendo puesta a prueba.

—Esto habría pasado con o sin seguridad, Jonathan. Además, ya todo está bien. —Hizo una pausa, y su expresión se volvió dura, casi desafiante—. Y si esos malditos quieren venir por mí otra vez, que lo hagan. No me dan miedo.

Jonathan la miró con incredulidad y luego bajó la voz, lanzando una rápida mirada alrededor, preocupado de que otros escucharan.

—No digas eso. —Se inclinó ligeramente hacia ella—. Necesito que tengas más cuidado con lo que dices. Sabes que no es solo por ti… Esto puede afectarme también.

Alice arqueó una ceja. Sabía que su esposo veía la situación desde un ángulo político y, aunque entendía la necesidad de mantener una imagen intachable para las aspiraciones de Jonathan, no podía evitar sentirse cansada de su preocupación por la opinión pública.

—Lo sé, Jonathan. —Su tono era seco y firme—. Pero no pienso vivir con miedo.

Mientras tanto, cerca de ellos, el chófer del congresista se acercó al oficial Cortes y a Aristoteles. El hombre, un sujeto corpulento y de aspecto serio, extendió la mano al oficial.

—Elijah Hartford, jefe de seguridad del congresista Fairfax —dijo con un tono autoritario—. Me gustaría que me informaran de todo lo sucedido.

El oficial Cortes asintió y comenzó a explicarle los detalles del intento de secuestro. Aristoteles observaba a Elijah con curiosidad, notando el aire de superioridad que emanaba, propio de alguien acostumbrado a tomar el control en situaciones de crisis.

Mientras tanto, la mirada de Aristoteles se desviaba constantemente hacia Alice. A pesar del caos y la tensión del momento, la atracción que sentía hacia ella era innegable. Había algo en su postura fuerte y serena, en la forma en que mantenía la cabeza erguida y el rostro impasible, que lo cautivaba. Sabía que ella era una mujer acostumbrada a enfrentarse a desafíos, una líder nata, y ver su temple inquebrantable bajo presión solo hacía que su interés creciera.

Alice, consciente de la presencia de Aristoteles, giró ligeramente la cabeza hacia él, como si pudiera sentir su mirada. La sensación de su atención la envolvió de una forma inesperada; algo en su mente le decía que Aristoteles era diferente a cualquiera que hubiese conocido. Había algo en su energía, que le transmitía una calma que no lograba encontrar en otros.

Jonathan, al notar la dirección de la atención de Alice, frunció el ceño ligeramente.

—¿Quién es ese hombre? —preguntó, mirando a Aristoteles con desconfianza.

Alice no perdió el tiempo en responder.

—Es el chófer temporal que envió Blackwell Chauffeurs. Anderson está enfermo, y él vino en su lugar.

Jonathan asintió, aunque su expresión seguía siendo de cautela.

—Asegúrate de pedirle a Blackwell alguien más permanente —sugirió, con un tono casi despectivo hacia Aristoteles.

Alice simplemente asintió, sin confirmar ni negar la sugerencia de su esposo, mientras Jonathan seguía observando a Aristoteles con una mezcla de recelo y curiosidad.

Aristoteles captó la mirada de Jonathan y no pudo evitar mantener la compostura, sin revelar ni un ápice de incomodidad. Sabía quién era y lo que representaba. Pero en ese momento, el interés del congresista no le preocupaba. Su atención estaba fija en Alice, en su postura firme y en su habilidad para manejar la situación con una fuerza que, a su parecer, iba más allá de lo común.

Finalmente, Jonathan suspiró y volvió a mirar a Alice.

—Volvamos a casa, ¿te parece? —dijo, suavizando el tono, aunque su mano seguía firmemente apoyada en el hombro de su esposa.

Alice asintió, aunque lanzó una última mirada en dirección a Aristoteles antes de dejarse guiar hacia el sedán negro. Un leve movimiento de su cabeza fue su forma de despedirse, y Aristoteles lo interpretó como un agradecimiento no dicho.

Mientras los observaba subir al coche y alejarse, sintió un extraño vacío. La sensación de estar atrapado entre la atracción por una mujer que parecía intocable y el deber de protegerla a pesar de todas las complicaciones.

El oficial Cortes finalmente se volvió hacia Aristoteles, rompiendo el silencio.

—Tendrá que venir a la comisaría en algún momento para dar una declaración formal —dijo, con un tono comprensivo—. Pero, créame, hizo un trabajo excelente aquí.

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Comments

ana castaneda

ana castaneda

hola autora, felicitaciones. muy interesante y atrapante tu historia.
sugiero que coloques imágenes de tus personajes. gracias, ánimo

2024-12-03

0

Nery Guerrero

Nery Guerrero

bueno yo también le echaría miradas a ese papasito de Aristóteles

2024-11-30

0

Soraida Gomez

Soraida Gomez

OYE SU NOVELA ME ATRAPA EN CADA CAPITULO.

2024-12-06

0

Total
Capítulos
1 Capítulo 1 Encuentro
2 Capítulo 2 Prueba
3 Capítulo 3 Intersección
4 Capítulo 4 Refugio
5 Capítulo 5 Decisión
6 Capítulo 6 Encrucijada
7 Capítulo 7 Compromiso
8 Capítulo 8 Revelación
9 Capítulo 9 Umbral
10 Capítulo 10 Percepción
11 Capítulo 11 Negociación
12 Capítulo 12 Reencuentros
13 Capítulo 13 Pensiones
14 Capítulo 14 Protección
15 Capítulo 15 Rastros
16 Capítulo 16 Confidencias
17 Capítulo 17 Reflexiones
18 Capítulo 18 Vigilancia
19 Capítulo 19 Confrontación
20 Capítulo 20 Conexión
21 Capítulo 21 Revelaciones
22 Capítulo 22 Conexiones
23 Capítulo 23 Vínculos Renovados
24 Capítulo 24 Intrigas
25 Capítulo 25 Sincronia
26 Capítulo 26 Preparativos
27 Capítulo 27 Partidas
28 Capítulo 28 Arrivo
29 Capítulo 29 Igualdad
30 Capítulo 30 Revelaciones
31 Capítulo 31 Duplicidad
32 Capítulo 32 Contrastes
33 Capítulo 33 Extasis
34 Capítulo 34 Secuestro
35 Capítulo 35 Desesperación
36 Capítulo 36 Conflictos
37 Capítulo 37 Despedida
38 Capítulo 38 Desesperación
39 Capítulo 39 Revelación
40 Capítulo 40 Confusión
41 Capítulo 41 Confrontación
42 Capítulo 42 Estrategia
43 Capítulo 43 Humanidad
44 Capítulo 44 Pasado
45 Capítulo 45 Sacrificio
46 Capítulo 46 Rescate
47 Capítulo 47 Caos
48 Capítulo 48 Redención
49 Capítulo 49 Enfrentamiento
50 Epílogo
51 Gracias
Capítulos

Updated 51 Episodes

1
Capítulo 1 Encuentro
2
Capítulo 2 Prueba
3
Capítulo 3 Intersección
4
Capítulo 4 Refugio
5
Capítulo 5 Decisión
6
Capítulo 6 Encrucijada
7
Capítulo 7 Compromiso
8
Capítulo 8 Revelación
9
Capítulo 9 Umbral
10
Capítulo 10 Percepción
11
Capítulo 11 Negociación
12
Capítulo 12 Reencuentros
13
Capítulo 13 Pensiones
14
Capítulo 14 Protección
15
Capítulo 15 Rastros
16
Capítulo 16 Confidencias
17
Capítulo 17 Reflexiones
18
Capítulo 18 Vigilancia
19
Capítulo 19 Confrontación
20
Capítulo 20 Conexión
21
Capítulo 21 Revelaciones
22
Capítulo 22 Conexiones
23
Capítulo 23 Vínculos Renovados
24
Capítulo 24 Intrigas
25
Capítulo 25 Sincronia
26
Capítulo 26 Preparativos
27
Capítulo 27 Partidas
28
Capítulo 28 Arrivo
29
Capítulo 29 Igualdad
30
Capítulo 30 Revelaciones
31
Capítulo 31 Duplicidad
32
Capítulo 32 Contrastes
33
Capítulo 33 Extasis
34
Capítulo 34 Secuestro
35
Capítulo 35 Desesperación
36
Capítulo 36 Conflictos
37
Capítulo 37 Despedida
38
Capítulo 38 Desesperación
39
Capítulo 39 Revelación
40
Capítulo 40 Confusión
41
Capítulo 41 Confrontación
42
Capítulo 42 Estrategia
43
Capítulo 43 Humanidad
44
Capítulo 44 Pasado
45
Capítulo 45 Sacrificio
46
Capítulo 46 Rescate
47
Capítulo 47 Caos
48
Capítulo 48 Redención
49
Capítulo 49 Enfrentamiento
50
Epílogo
51
Gracias

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