Todos los presentes en aquel lugar habían quedado atónitos cuando el extraño ser salió pútrido de la manta acompañado del pez y sus escamas. La gente que estaba sentada en la banca soltó un grito de sorpresa. Los caballeros que acompañaban a Samantha dieron un paso atrás y Samantha había soltado a Rala para quedarse perpleja y estática mirando el cadáver. Rala palideció por completo al ver que las palabras de Samantha se confirmaban por mi acción.
—Esto no puede ser posible. ¿Tú hiciste esto?—preguntó Samantha acercándose e inclinándose en cuclillas junto al ser.
—Esa cosa apareció volando por mi espalda y se llevó la canasta con todas las cosas que había recolectado. Solamente el pez y las escamas sobrevivieron—explicaba—. Yo lo seguí y cuando estaba por robar mis cosas simplemente tome mi navaja y la arroje en su dirección como niño encolerizado. No supe qué ocurrió, pero la navaja salió disparada y atravesó por completo a esta cosa—señalé con la mano extendida el cuerpo.
Samantha estaba asombrada tocando el cadáver. Tomo los colmillos e hizo que el inerte cuerpo abriera sus fauces. Un fuerte olor a pescado lleno por completo la planta baja y varios de los presentes se cubrieron la nariz.
—¿Ahora lo ves Rala? Esta es la clase de cosas que queríamos evitar. Estas cosas no habían aparecido en zonas civilizadas durante 2 siglos enteros, ¡y mira ahora! Uno de tus chicos trajo algo que funciona mejor que mis palabras—decía ella mientras se levantaba después de inspeccionar el cuerpo. Miro a Rala—. Ahora estas cosas están cada vez más cerca y atacaron a tu hombre. Si no interferimos en este lugar toda la gente correrá el riesgo de morir a manos de ellos.
Rala, que se había incorporado y permanecía de pie con una mano en el mostrador, tenía un temblor visible en sus extremidades y no dijo palabra alguna. Algunos de los hombres de Samantha habían salido fuera del local, mareados por el olor a pescado; los demás permanecían vigilando el lugar muy cerca siempre de Samantha.
—¿Dejarás que los 6 y los reyes brinden seguridad a tu gente?—preguntó con una mirada determinada.
—Yo... Sí, ayúdame a proteger a mi gente...—respondió con una voz apagada y diálogo cortado.
Antes de que Samantha y sus hombres se marcharán, la gente alrededor se había acercado más.
Firmaron el acuerdo con un apretón de manos que, por su nerviosismo e incredulidad destrozada, Rala pareció aceptar totalmente manso. Ante ello, la gente dentro del local pareció alegrarse y se acercaron a Samantha y sus hombres para llenarlos de halagos y esperanzas. Uno de los hombres le arrebato la manta a Carter cuando intentaba hacer un nudo para evitar que el aroma siguiera esparciéndose; después le explico que todo era un protocolo y que debían conservar el cuerpo y llevarlo a examinar. Carter no sé negó, pero su curiosidad lo hacía querer mirar más al ser que ahora se marchaba en la manta y en la espalda del gran caballero. Samantha se acercó a Carter finalmente y tocando su hombro hablo:
—Estamos agradecidos de que, incluso si fue algo incondicional, hayas protegido a esta gente. Una sola de esas cosas es demasiado peligrosa y podría atraer a todo un grupo—dijo con un rostro totalmente sereno y distinto al rostro rabioso que minutos antes había visto—. ¿No eres de aquí cierto? Desde la mañana que te vi en la puerta del lugar lo pensé. ¿Te interesaría unirte al ejército de algún rey? Estamos siempre dispuestos a nuevos miembros, y son contados los que han logrado matar a una Cría de Lerna. Estaríamos orgullosos de tener a alguien con ese historial como miembro. Además de que podrías proteger a la gente de éste pueblo una vez que los muros estén construidos.
Carter estaba abrumado por las preguntas y los comentarios. Sabía que debía mentir de nuevo, no creía tener control sobre su habilidad física o mágica como la mayoría. Lo que sucedió en el bosque fue mera coincidencia, se decía. Estaba abrumado, la gente que estaba dentro: las personas que antes estaban en la banca y ahora estaban despidiéndose lo miraban, el anciano hace segundos que había bajado al mostrador a lado de Rala, y esté último lo miraba atónito y perdido.
Presionado, se decidió por contar la mentira de la amnesia.
—Yo... no lo sé. No tengo idea de dónde soy o a dónde se supone que debo ir. Llevo solo tres días aquí. Dos pueblerinos me salvaron de las garras de un Ua'bi cuando desperté sin recordar nada en el bosque y desnudo. Yo conseguí este trabajo para poder pagar la ropa que ellos me brindaron—dije, la misma mentira de siempre—. Es la verdad, y tanto Rala como los pueblerinos lo saben.
—¿Un Ua'bi?
—Si, el oso me araño la espalda, pero ahora está curada.
Samantha estaba atónita con la revelación de Carter. Se quedó en silencio. <<¿También aquí han empezado a aparecer?>>, se preguntó. Jamás había hablado con una persona que haya perdido la memoria. Honestamente, no sabía que responder. Sintió empatía y finalmente le propuso a Carter ser entrenado por Rala como se instruye a los infantes que no conocen su magia ni sus usos. A fin de cuentas Rala era mago y su biblioteca tenía el conocimiento suficiente para alguien sin experiencia.
Samantha y sus hombres se fueron del pueblo con los restos del ser. Carter había aceptado lo dicho por Samantha y finalmente ante Rala una vez que todo y todos se calmaron hablo con honestidad y sonriendo internamente ante lo inesperado y emocionante del escenario en dónde desarrollará sus habilidades en este mundo:
—Rala, ¿me entrenarás?—dijo mientras se acercó con entusiasmo y la gente lo veía.
Ante la presión de todos, Rala aceptó a regañadientes.
Carter estaba entusiasmado por todo lo nuevo que ocurriría en su vida en este mundo en tan poco tiempo.
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Comments
Dora Guzman Pacherres
Espero y aprenda y sobre todo recupere la memoria para poder entender quien en realidad. Sigo leyendo esta muy interesante.
2025-01-04
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