Cap 7: La Noche Decisiva (continuación)

Pero la verdad era que la incertidumbre se aferraba a su mente. Cada victoria parecía acercarla a un abismo, y la amenaza de Enzo la seguía como una sombra inquietante.

La partida continuó, y Ana sintió cómo la atmósfera se volvía cada vez más pesada. Los jugadores restantes estaban en silencio, y el enfoque se centraba completamente en ella y en Enzo. La tensión era palpable, un juego no solo de cartas, sino de egos.

Ana sabía que cada mano que jugaba podría ser la última en la que se sintiera segura. Decidió que debía mantener la calma y actuar como si no sintiera la presión. Se centró en las cartas, tratando de mantener su mente en el juego.

Finalmente, después de varias manos exitosas, el juego llegó a un punto culminante. Enzo hizo una apuesta descomunal, y Ana sintió que su corazón se detenía. “Esto es tu momento, Ana. No puedes dejarte intimidar”, se dijo a sí misma.

“Voy a igualar”, afirmó, su voz resonando con fuerza en la sala. Los murmullos aumentaron, y la mirada de Marco se volvió preocupada. Enzo sonrió, satisfecho. Era como si hubiera estado esperando este momento.

Ana tomó un respiro profundo mientras las cartas eran reveladas. Cuando mostró su mano, una combinación poderosa, el silencio se apoderó de la sala. Enzo frunció el ceño, su confianza empezando a desvanecerse.

“Impresionante”, admitió él, aunque su tono era más oscuro. “Pero recuerda, las cosas pueden cambiar en un instante. No subestimes el juego que estás jugando”.

Ana sintió que la amenaza en sus palabras era real. La partida continuó, y aunque logró ganar otra mano, el aire se sentía cada vez más pesado. El ambiente se tornó tenso, como un resorte listo para estallar.

Enzo se volvió hacia Marco, burlón. “¿Estás seguro de que deberías permitir que ella juegue? No es más que una niña que se cree astuta”, dijo, y Ana sintió que sus palabras eran una provocación directa.

“Soy más que eso”, respondió Ana, enfrentando a Enzo con firmeza. “No estoy aquí para jugar a ser nadie. Estoy aquí para ganar”.

“Entonces, demuéstramelo”, retó Enzo, su mirada afilada. El desafío estaba lanzado, y la sala se llenó de un murmullo expectante.

Ana sabía que no podía dar marcha atrás. La próxima mano sería crucial. Se sintió preparada, con una confianza renovada. La partida continuó, y Ana tomó decisiones audaces. Al final de la ronda, su mano resultó ser la mejor, llevándose el bote con una sonrisa triunfante.

Pero la celebración fue corta. Enzo se levantó, visiblemente irritado. “No te creas que esto ha terminado. Hay más en juego de lo que puedes ver”, advirtió, y Ana sintió un escalofrío recorriendo su espalda.

Marco la miró, preocupado. “Tienes que tener cuidado, Ana. Enzo no es solo un jugador, es un hombre peligroso”, le susurró. Pero ella no estaba dispuesta a dejar que el miedo la detuviera.

La siguiente ronda comenzó, y Ana se sintió más concentrada que nunca. Los jugadores alrededor de la mesa estaban ansiosos, cada uno luchando por mantener su posición en el juego. Las apuestas estaban más altas que antes, y Ana sabía que debía jugar con astucia.

Enzo hizo un movimiento audaz, aumentando la apuesta nuevamente. Ana sintió que su corazón latía con fuerza, pero decidió que no se dejaría intimidar. “Igualo”, declaró, con firmeza.

Los ojos de Enzo se iluminaron con una mezcla de sorpresa y admiración. La sala se sumió en un silencio expectante. Ana sabía que estaba caminando por la cuerda floja, pero la adrenalina la mantenía alerta.

Cuando las cartas fueron reveladas, el momento se volvió crítico. Ana mostró su mano, y una vez más, salió victoriosa. Los murmullos se intensificaron, pero ella se centró en mantener su compostura.

Sin embargo, a pesar de sus victorias, la sombra de Enzo seguía acechando. A medida que avanzaba la noche, comenzó a notar una inquietud en la sala. Algo en el ambiente había cambiado, y no podía ignorarlo.

De repente, el ambiente se volvió aún más tenso. Un grupo de hombres entró al bar, su presencia inconfundible. Ana sintió un escalofrío al reconocer a algunos de ellos como miembros de la facción de Alessandro. La situación se volvió peligrosa.

“Esto no es bueno”, murmuró Marco, mirándola con preocupación. “Tienen un ojo puesto en ti”.

“Debo salir de aquí”, pensó Ana, pero sabía que no podía hacerlo sin perder lo que había ganado. La partida estaba en su punto culminante, y no podía dar la impresión de que estaba huyendo.

Enzo, percibiendo la llegada del grupo, sonrió con satisfacción. “Parece que el juego se está complicando, ¿verdad, Ana?” dijo, su tono burlón. “No te preocupes, siempre puedes abandonar”.

Pero Ana no iba a ceder tan fácilmente. “No estoy aquí para huir. Estoy aquí para ganar, y lo haré a pesar de las circunstancias”, respondió, su voz resonando con determinación.

La tensión aumentó mientras las cartas se repartían nuevamente. Ana sabía que la próxima mano podría cambiarlo todo. Se centró, sintiendo la mirada de Enzo y de los recién llegados en su espalda. La adrenalina la mantenía despierta, y cada latido de su corazón parecía sincronizarse con el ritmo del juego.

Las apuestas comenzaron a aumentar. Ana decidió ser agresiva, subiendo la apuesta una vez más. “Voy a ganar esta mano, cueste lo que cueste”, se prometió a sí misma. Enzo la miró con admiración, pero también con desdén.

Cuando el crupier reveló las cartas, Ana sintió que la sala se congelaba. Con cada nueva carta, su ansiedad crecía. Sin embargo, mantuvo la calma, sabiendo que su determinación era su mayor aliado.

Al final, cuando mostró su mano, el silencio se apoderó del lugar. Había ganado de nuevo. Pero en ese instante, la puerta del bar se abrió de nuevo, y Alessandro entró, su presencia dominante llenando la sala.

“¿Qué está pasando aquí?” preguntó, su mirada fulminante posándose en Enzo y luego en Ana. La tensión era palpable, y Ana sintió que la presión se volvía insoportable.

“Solo un juego amistoso”, respondió Enzo con una sonrisa. Pero Ana vio que la chispa en los ojos de Alessandro indicaba que no estaba satisfecho.

“¿Amistoso? Parece que has tomado algunas decisiones arriesgadas, Enzo”, dijo Alessandro, su tono helado. Luego se volvió hacia Ana. “Y tú, ¿quién te crees para jugar en mi territorio?”

Ana sintió que el aire se le escapaba. No podía permitir que el miedo la dominara. “Soy Ana. Estoy aquí para jugar, y he demostrado que puedo ganar”, respondió con una confianza que apenas sentía.

Alessandro sonrió, pero no era una sonrisa amable. “El juego tiene sus reglas, y tú no las conoces. En este mundo, jugar puede tener consecuencias serias”, advirtió.

Ana sintió que la habitación se oscurecía a su alrededor. Cada palabra de Alessandro resonaba con una advertencia clara. No era solo un juego de cartas; había mucho más en juego.

“Sé lo que estoy haciendo”, dijo Ana, su voz más firme. “Y estoy dispuesta a asumir cualquier consecuencia”.

“Eso es lo que todos dicen”, replicó Alessandro, su mirada fija en ella. “Pero muy pocos son realmente capaces de manejar el resultado. Te sugiero que lo pienses bien”.

Ana miró a su alrededor. La sala estaba llena de miradas curiosas, y sintió el peso de su desafío. No podía retroceder ahora. Había llegado demasiado lejos para rendirse.

“Estoy aquí para quedarme. Y no voy a dejar que me intimiden”, declaró, su voz resonando en el aire tenso.

Alessandro arqueó una ceja, sorprendido por su audacia. “Veremos cuánto dura esa determinación. El mundo de los hombres no es un lugar fácil para las mujeres, Ana”.

Ana sintió que su corazón latía con fuerza. “No soy solo una mujer, Alessandro. Soy una jugadora, y he venido para demostrarlo”.

La sala se llenó de murmullos, y Ana supo que había cruzado una línea. La tensión era palpable, y Alessandro la observó con una mezcla de curiosidad y desdén.

“Entonces, juega bien, Ana. Porque este es un mundo donde los errores se pagan caro”, dijo Alessandro, dando un paso atrás mientras la atmósfera continuaba cargándose de tensión.

Con la mirada de todos centrada en ella, Ana sintió que la noche se tornaba decisiva. Había entrado en un juego que la había superado, pero estaba dispuesta a luchar por su lugar. En ese momento, comprendió que había elegido este camino, y no podía permitir que el miedo dictara su destino.

La partida continuó, y a pesar de la presión que se cernía sobre ella, Ana decidió que no.

Capítulos
1 Cap 1: Encuentros Peligrosos
2 Cap 2: Sombras del Pasado
3 Cap 3: Decisiones Peligrosas
4 Cap 4: Entre el Juego y la Realidad
5 Cap 5: El Laberinto de Sombras
6 Cap 5: El Laberinto de Sombras (continuación)
7 Cap 6: La Trampa del Deseo
8 Cap 6: La Trampa del Deseo (continuación)
9 Cap 7: La Noche Decisiva
10 Cap 7: La Noche Decisiva (continuación)
11 # Capítulo 8: El Juego de Sombras
12 Cap 9: La Danza de las Sombras
13 Cap 10: La Noche del Abismo
14 Cap 11: A Través del Vértigo**
15 Cap12: El Filo de la Decisión
16 Cap 13: El Precio del Poder
17 Cap 14: El Umbral de la Traición
18 Cap 15: La Danza de la Supervivencia
19 Cap 16: El Hilo de la Esperanza
20 Cap 17: Ecos de Traición
21 Cap 18: La Trampa del Poder
22 Cap 19: La Doble Jugada
23 Cap 20: El Juego del Engaño
24 Cap 21: La Tensión en el Aire
25 Cap 22: En la Línea de Fuego
26 Cap 23: Sombras del Pasado
27 Cap 24: La Red enredada
28 Cap 26: El Eco del Caos
29 Cap 29: La Llama de la revolución
30 Cap 30: El Despertar de la Resistencia
31 Cap 31: El Último Enfrentamiento
32 Capítulo 32: El Legado de la Libertad
33 Capítulo 33: Nuevas Fronteras
34 Capítulo 34: La Conexión Global
35 Capítulo 35: Nuevas Generaciones, Nuevas Luchas
36 Capítulo 36: La Conexión Internacional
37 Capítulo 37: Ecos de la Revolución
38 Capítulo 38: La Sombra de la Desconfianza
39 Capítulo 39: La Amenaza Emergente
40 Capítulo 40: El Comité de Reconciliación
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1
Cap 1: Encuentros Peligrosos
2
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Cap 5: El Laberinto de Sombras
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