El Secreto Revelado

La luna llena colgaba en lo alto, su luz pálida bañando el claro donde Amaris y Griffin permanecían inmóviles, rodeados por el silencio del bosque. El fuego de la hoguera aún crepitaba a lo lejos, pero en ese instante, ni las llamas ni el trol derrotado a sus pies parecían importantes. Griffin, aun sosteniendo su espada, miraba fijamente a Amaris, que había tomado su forma humana justo frente a sus ojos.

El aire estaba cargado de tensión, y durante unos largos segundos, ninguno de los dos habló. Amaris, con el pecho aún agitado por la batalla, mantuvo la mirada fija en él, sus ojos ámbar brillando bajo la luz de la luna. Sabía que este momento llegaría, pero no esperaba que fuera así. No tan pronto.

Griffin fue el primero en romper el silencio.

—¿Qué eres? —su voz era baja, pero el peso de la pregunta la hacía sonar más profunda de lo habitual.

Amaris desvió la mirada por un instante, intentando encontrar las palabras adecuadas. Sabía que no podía mentirle, pero tampoco podía decirle toda la verdad. No todavía.

—Soy una hija de la luna —dijo finalmente, volviendo a mirarlo—. Una mujer lobo. Mi raza ha existido en secreto durante generaciones, protegida y oculta de los ojos humanos. Solo los reyes y aquellos de alta nobleza conocen nuestra existencia. Es un secreto que debe mantenerse.

Griffin bajó lentamente su espada, pero no la guardó del todo. El desconcierto en sus ojos era palpable, pero no había miedo en ellos. Después de todo lo que había visto y enfrentado, el hecho de que Amaris pudiera transformarse en un lobo no lo sorprendía tanto como cabría esperar. Sin embargo, había algo más que lo inquietaba.

—Mi espada… no brilló —murmuró, más para sí mismo que para ella. Alzó la mirada hacia Amaris—. No eres una amenaza. Si lo fueras, Herodio habría iluminado mi hoja. Pero no lo hizo. ¿Por qué?

Amaris sintió el peso de su pregunta, pero en lugar de responder de inmediato, caminó hacia donde estaba su ropa, tirada cerca del fuego. Se agachó con calma, sin apresurarse, consciente de que Griffin no apartaba los ojos de ella, y se vistió rápidamente. Solo entonces volvió a enfrentarlo.

—Porque no soy una criatura de oscuridad —respondió, acomodando su capa sobre los hombros—. Mi raza, los hijos de Selene, estamos bendecidos por la diosa de la luna. No buscamos destruir, ni propagar la oscuridad. Nuestro propósito es proteger, y nuestros juramentos nos atan a los reyes del reino. Es por eso que tu espada no brilló. Porque no soy tu enemiga, Griffin.

Griffin asimiló la información en silencio. Lo que ella decía tenía sentido, pero aún quedaban muchas preguntas sin respuesta. Siempre había sabido que existían secretos en el reino, fuerzas ocultas que ni siquiera los cazadores de recompensas como él podían comprender del todo. Pero esto… esto era diferente. Amaris era diferente.

—Esto… esto debe permanecer entre nosotros —dijo Amaris finalmente, su tono más serio—. Nadie puede saberlo. Si alguien descubre que soy una mujer lobo, mi vida, y la de mi manada, estará en peligro. Somos una raza oculta, y debemos permanecer así. El rey nos protege, pero si otros supieran lo que somos… no dudarían en cazarnos.

Griffin asintió lentamente. Había visto lo que los humanos eran capaces de hacer cuando algo que no comprendían se les presentaba. Amaris y su gente serían perseguidos, cazados como bestias. Lo comprendía mejor que nadie. Guardó su espada en la vaina y dio un paso hacia ella, su mirada aún fija en sus ojos dorados.

—Tienes mi palabra —dijo con una firmeza que no dejaba lugar a dudas—. No diré nada. Si mi espada no brilló, significa que no hay razón para verte como una amenaza.

Amaris dejó escapar una pequeña exhalación de alivio, aunque una parte de ella sabía que las cosas no serían tan simples. Sabía que Griffin era un hombre de palabra, pero también sabía que él seguiría haciendo preguntas. Demasiadas preguntas. Preguntas a las que no estaba preparada para responder.

—Gracias —dijo en voz baja, su tono sincero.

Sin embargo, Griffin no estaba dispuesto a dejar el tema ahí.

—¿Cuánto tiempo has mantenido este secreto? —preguntó, su curiosidad creciente—. ¿Cómo es que nadie más lo sabe? Debes haber sido entrenada para ocultarlo… y no solo tú, sino toda tu manada.

Amaris apretó los labios, sintiendo la presión de sus palabras. Era cierto que la manada había sido entrenada para mantener su identidad en secreto, y solo los reyes sabían la verdad. Pero la naturaleza de su vínculo con Griffin complicaba las cosas. Había una línea delgada entre lo que podía revelar y lo que debía ocultar.

—Solo los reyes conocen nuestra existencia —repitió ella, intentando mantener el control de la conversación—. Selene, nuestra diosa, nos dio la habilidad de cambiar de forma para proteger nuestro reino. No podemos permitir que los humanos lo sepan. Si lo hicieran, nos cazarían como a cualquier otra criatura que temen. Por eso mi manada y yo nos mantenemos ocultos, sirviendo al reino en secreto.

Griffin asintió, procesando sus palabras. Pero aún no estaba satisfecho.

—Dime más —dijo, dando un paso más cerca, su mirada intensa—. ¿Por qué te ocultas incluso de mí? ¿Por qué yo no debo saber más? Si somos aliados, si luchamos juntos, deberíamos ser sinceros el uno con el otro.

Amaris sintió el calor de su presencia, el vínculo tirando de ella con fuerza. Sus palabras la golpeaban más fuerte de lo que Griffin sabía. Pero justo cuando estaba a punto de responder, un sonido a lo lejos los interrumpió. Un aullido, profundo y resonante, se escuchó desde las sombras del bosque.

Amaris se tensó al instante. Reconoció ese sonido. No era el de un lobo común. Era su manada.

—Debemos irnos —dijo rápidamente, su tono urgente—. No es seguro aquí.

Griffin frunció el ceño, pero no discutió. Había algo en el comportamiento de Amaris que le indicaba que era mejor no hacer preguntas en ese momento. Ella sabía algo que él no, y aunque quería respuestas, el instinto de supervivencia siempre prevalecía.

Amaris comenzó a caminar hacia donde estaban sus cosas, recogiendo rápidamente lo que necesitaba. Griffin la siguió de cerca, aún con preguntas en su mente, pero sin pronunciar ninguna. Sabía que ahora no era el momento.

Mientras recogían su campamento improvisado, el aullido se escuchó nuevamente, esta vez más cerca. El viento comenzó a soplar con más fuerza, y las sombras del bosque parecían alargarse a su alrededor, como si algo se moviera en ellas.

—¿Qué sucede? —preguntó Griffin mientras ajustaba su arco a la espalda—. ¿Es tu manada?

Amaris asintió, su mirada fija en las sombras del bosque.

—Sí, pero si están aquí, significa que algo va mal. No debieron haber dejado Amanecer. Debemos regresar, rápido.

Griffin no necesitó más explicaciones. Sabía que algo grave estaba sucediendo, y cualquier distracción podría costarles más que solo tiempo.

Sin decir más, ambos montaron en sus caballos, y sin demora, emprendieron el camino de vuelta a Amanecer. El bosque que antes les había parecido tranquilo y acogedor ahora se sentía peligroso, como si algo acechara entre los árboles. El viento frío azotaba sus rostros, y los sonidos de la noche parecían haberse intensificado.

A medida que cabalgaban, Griffin notaba la tensión en Amaris. Su postura, normalmente relajada, ahora era rígida, y sus ojos estaban fijos en el camino frente a ellos, como si esperara que algo les cayera encima en cualquier momento.

—¿Qué crees que está pasando? —preguntó finalmente, su voz apenas audible sobre el sonido de los cascos de los caballos.

Amaris no lo miró, pero su respuesta fue inmediata.

—No lo sé. Pero si mi manada ha salido del castillo, debe ser porque han sentido una amenaza. Algo está mal, y debemos regresar antes de que sea demasiado tarde.

El resto del viaje fue silencioso, con la urgencia marcando cada paso. La luna seguía brillando en lo alto, pero el ambiente ya no tenía la paz de antes. Amanecer los esperaba al otro lado del horizonte, pero había un nuevo peligro que se cernía sobre ellos. Un peligro que, por el momento, aún no podían identificar.

Mientras cabalgaban hacia su destino, las preguntas de Griffin seguían girando en su mente. Sabía que Amaris estaba ocultando algo más. Algo mucho más profundo que simplemente el secreto de su raza. Pero lo que fuera, tendría que esperar.

El aullido resonó una vez más a lo lejos, y esta vez, ambos lo ignoraron, sabiendo que no había tiempo para detenerse. Amanecer los llamaba, y con ello, un nuevo desafío que pondría a prueba no solo su habilidad para luchar, sino también el frágil vínculo que estaban empezando a formar.

Las respuestas tendrían que esperar.

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Comments

mimar silva

mimar silva

estos protagonistas son espectaculares, los imagino atléticos, Pero con la naturaleza en pleno

2024-10-29

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Capítulos
1 El Comienzo de la Misión
2 El llamado del destino
3 Encuentros Reveladores
4 El cazador solitario
5 Las decisiones del corazón
6 El apóstol
7 Cazador en la Oscuridad
8 Deseos en la Sombra
9 Paso a Paso
10 El Nigromante de las Sombras
11 El enfrentamiento con el nigromante
12 La Caza y el Secreto Revelado
13 El Secreto Revelado
14 El Secreto de la Espada
15 El Enfrentamiento en Amanecer
16 El Inicio de la Guerra
17 El Lazo Oculto
18 El Vínculo Oculto
19 Entre la Espada y el Lazo del Destino
20 : El Retiro en la Selva
21 El Fuego de Herodio
22 El Dolor del Vínculo
23 El Regreso a Amanecer
24 Conversaciones Bajo la Luna
25 Un Nuevo Amanecer
26 Revelaciones en la Mañana
27 Encuentros y Sombras del Pasado
28 Caza en el templo
29 Las Sombras del Aire
30 La Bestia de Joryit
31 El Camino de Regreso
32 El Primer Beso
33 Un Corazón Completo
34 Un Regalo y una Decisión
35 Huellas en la Oscuridad
36 El Laberinto de Selene
37 La Fuente Corrompida
38 Huyendo de las Sombras
39 La Energía de la Luna
40 Hacia el Norte
41 Entre Sombras y Acero
42 La Cumbre y la Flor
43 El Regreso Urgente
44 Renacida por la Luna
45 Cazando Sombras
46 Silencio Mortal
47 Sombras en Amanecer
48 Cazador en la Oscuridad
49 La Llamada del Instinto
50 Llamado de la Manada
51 Los Muros de la Herejía
52 Caminos Peligrosos
53 Fuego de Desesperación
54 El Peso del Fuego Divino
55 El Camino de Sanación
56 La Llamada del Vínculo
57 En Aguas Profundas
58 El Enigma de la Dama Plateada
59 La Prueba del Equilibrio
60 La Prueba del Equilibrio II
61 Tras el Rastro del Fuego
62 Pistas en las Sombras
63 Una Alerta Silenciosa
64 Forjando el Fuego
65 Bajo las Sombras del Fuego
66 La Confesión Silenciada
67 La Llama en el Camino
68 Bajo la Luz de la Luna
Capítulos

Updated 68 Episodes

1
El Comienzo de la Misión
2
El llamado del destino
3
Encuentros Reveladores
4
El cazador solitario
5
Las decisiones del corazón
6
El apóstol
7
Cazador en la Oscuridad
8
Deseos en la Sombra
9
Paso a Paso
10
El Nigromante de las Sombras
11
El enfrentamiento con el nigromante
12
La Caza y el Secreto Revelado
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El Secreto Revelado
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El Secreto de la Espada
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El Enfrentamiento en Amanecer
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El Inicio de la Guerra
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El Lazo Oculto
18
El Vínculo Oculto
19
Entre la Espada y el Lazo del Destino
20
: El Retiro en la Selva
21
El Fuego de Herodio
22
El Dolor del Vínculo
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El Regreso a Amanecer
24
Conversaciones Bajo la Luna
25
Un Nuevo Amanecer
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Revelaciones en la Mañana
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Encuentros y Sombras del Pasado
28
Caza en el templo
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Las Sombras del Aire
30
La Bestia de Joryit
31
El Camino de Regreso
32
El Primer Beso
33
Un Corazón Completo
34
Un Regalo y una Decisión
35
Huellas en la Oscuridad
36
El Laberinto de Selene
37
La Fuente Corrompida
38
Huyendo de las Sombras
39
La Energía de la Luna
40
Hacia el Norte
41
Entre Sombras y Acero
42
La Cumbre y la Flor
43
El Regreso Urgente
44
Renacida por la Luna
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Cazando Sombras
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Silencio Mortal
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Sombras en Amanecer
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Cazador en la Oscuridad
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La Llamada del Instinto
50
Llamado de la Manada
51
Los Muros de la Herejía
52
Caminos Peligrosos
53
Fuego de Desesperación
54
El Peso del Fuego Divino
55
El Camino de Sanación
56
La Llamada del Vínculo
57
En Aguas Profundas
58
El Enigma de la Dama Plateada
59
La Prueba del Equilibrio
60
La Prueba del Equilibrio II
61
Tras el Rastro del Fuego
62
Pistas en las Sombras
63
Una Alerta Silenciosa
64
Forjando el Fuego
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Bajo las Sombras del Fuego
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La Confesión Silenciada
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La Llama en el Camino
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