capítulo 8

Capítulo 8: El Árbol Madre

Después de terminar el encuentro, el Capitán Roderick se acercó a Lucía y le dijo:

—Tómate un día para desestresarte. También es un premio por capturar al asesino.

Lucía, muy entusiasmada, salió del campamento. Al salir, escuchó una pequeña voz diciendo:

—Ven a mí.

Curiosa por saber de quién era esa voz, siguió el sonido hasta un bosque cercano. Allí, se detuvo frente a un árbol inmenso que le dijo:

—Tú, joven descendiente de los elfos y futura salvadora del bosque, quiero darte un obsequio para que no te sientas sola.

Lucía, sorprendida, respondió:

—Alto, alto, alto. No entiendo de qué estás hablando. ¿Yo, descendiente de elfos? No me lo creo. ¿Y quién eres tú?

El árbol respondió:

—Yo soy madre de todo lo que puedes ver. Soy lo que equilibra el mundo. He estado observándote desde que tus padres fallecieron y desde tus logros. Quiero confiarte un pequeño amigo que te ayudará y te acompañará en tus aventuras y en tu destino. Te presento a Isis, el hada del viento. Ella será tu guía y tu compañera. Solo tú podrás verla.

Isis se presentó, pero Lucía la interrumpió diciendo:

—Alto. No entiendo nada. No soy alguien que merezca tu ayuda. Soy alguien nacida en las calles que tuvo que sobrevivir para vivir. Y ahora vienes y me dices que soy mitad elfo y que mi destino ya está elegido. Yo solo quiero ser alguien que pueda proteger a mis aliados y vivir bien.

El árbol madre respondió:

—¿Ya te tranquilizaste?

Lucía, sonrojada de vergüenza, dijo:

—Sí, lo siento. Exploté por tanta información de golpe.

El árbol madre se disculpó:

—Perdona por no explicarte con tranquilidad. Después de charlar, llegaron a un acuerdo y el árbol madre le dijo que en su futuro podría hacer contratos con otras hadas, pero que esta pequeña sería su nueva amiga.

De camino de regreso al campamento, Lucía se encontró con su mejor amigo, Mateo. Él la miró con preocupación y le dijo:

—¿Dónde estuviste? Te estuve buscando por todo el cuartel.

Lucía sonrió y respondió:

—Fui a comer helado y a hacer algunas cosas. Necesitaba despejarme un poco.

Mateo levantó una ceja, claramente no convencido, pero decidió no insistir.

—Bueno, me alegra que estés bien. ¿Nos vemos más tarde para entrenar?

—Claro, nos vemos luego —respondió Lucía, agradecida por la preocupación de su amigo.

Finalmente, Lucía volvió a su tienda, se echó en la cama y dijo:

—Hoy fue un día de locos.

Luego, comenzó a hablar con la pequeña hada.

—Hola, Isis. ¿Cómo estás?

Isis revoloteó cerca de su rostro y respondió con una voz suave:

—Estoy bien, Lucía. Estoy aquí para ayudarte en todo lo que necesites.

Lucía sonrió, sintiendo una extraña pero reconfortante conexión con el hada. Sabía que su vida estaba a punto de cambiar de maneras que nunca había imaginado, pero por primera vez en mucho tiempo, no se sentía sola.

(gracias por apoyarme en este proyecto)(voy a estar trayendo dos capítulos por día )

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