Capitulo XVI La cena familiar

Llevaba una semana en la que tocaba a Valeria, no quería seguir usándola y mucho menos arriesgarme a embarazarla, por si aún no lo estaba. Estaba en mi oficina, revisando los asuntos del casino, cuando recibí una llamada de mi madre.

“Hijo, ¿cómo has estado?”. Pregunto, la duquesa con cariño.

“Bien madre, ocupado con el trabajo”. Respondí cortante.

“Yo no tengo la culpa de lo que tu padre quiere hacer, sabes que Valeria me cae muy bien y me parece muy valiente de tu parte que la defiendas y defiendas tu matrimonio”. Dijo mi madre, haciéndome sentir más miserable.

“Perdón, madre, es solo que mi papá no quiere entender que no me interesa nadie más, yo soy feliz con Valeria y quiero formar una familia con ella”. Dije con sinceridad, aunque estaba por darse su libertad.

“Lo sé hijo, y no sabes lo feliz que me hace saber que estás luchando por tu amor. Ya se lo dije a tu padre, que no interviniera, pues tú eres un adulto y si no quieres estar con Mariana, esa era tu decisión”. Mi madre siempre había sido tan justa, ella nunca intervenía en mis decisiones y aunque no me apoyara, ella respetaba lo que yo hiciera o decidiera.

“Gracias madre”. Le respondí sinceramente.

“Te estoy llamando para decirte que hoy es la cena con la familia, sabes que es una tradición familiar y que me gustaría que estés presente, obviamente con Valeria que es tu esposa”.

“No lo sé madre, digo que mi papá va a querer hacerla quedar mal y no quiero que mi esposa pase un mal rato”.

“Eso no va a pasar, sabes que tu padre nunca haría algo que manche su apellido”. Respondió mi madre con seguridad.

Estaba escéptico de las palabras de mi madre, Don Sergio Rizzo ya había establecido una posición y él nunca aceptaría a Valeria, por no ser de su estatus social. Pero si no iba a esa reunión las cosas podrían ponerse peor, mi padre podría, tomarlo como una ofensa y hacerme la guerra.

Llame a Valeria para qué se preparará para la dichosa cena, le pedí a Marcela que fuera a la casa y ayudará a mi esposa, ella encantada acepto mi pedido. Mientras yo seguí trabajando en mis asuntos, los casinos no podían descuidarse, ya que eran mi propio negocio, yo no dependía del dinero de los Rizzo, eso también molestaba a mi padre, porque él siempre quiso que me hiciera cargo de sus negocios, pero estaría más obligado a hacer lo que a él le pareciera.

Ya era hora de ir por Valeria, como se me hizo tarde opte por cambiarme en el casino y solo pasar por mi esposa. Llegue a la casa, no baje del auto, pues Valeria saldría de la casa y así ahorraríamos tiempo.

Estaba esperando, cuando vi que la puerta principal se había abierto, y por ella salió Valeria, quien llevaba un vestido largo, de tela satinada que brilla suavemente bajo la luz, color azul marino que resaltaba el hermoso azul de sus ojos; un escote en forma de corazón que resaltaba delicadamente su cuello y los hombros, y la cintura acentuada con un cinturón fino que añadia un toque de glamour.

La falda era ligeramente acampanada, lo que le permitía un movimiento elegante al caminar. Las mangas eran de encaje transparente y para completar el look, llevaba unos pendientes brillantes y unos tacones altos que alargaban su figura.

Su cabello lo llevaba suelto, peinado de medio lado, con suaves ondas que caían sobre sus hombros, su maquillaje era natural, dándole un toque delicado.

Cuando la vi caminar hacia mí, no pude evitar bajar del auto y caminar hasta ella, Valeria se veía espectacular, ella sería la envía del lugar, ya que su belleza era indiscutible. No podía dejar de verla.

“Te ves hermosa”. Le dije besando sus labios.

“Tú tampoco te ves mal”. Respondió ella sonrojándose.

“No te vayas a sentir intimidada por mi familia, y no te separes de mí en toda la noche”. Tenía que advertirle que estuviera a mi lado siempre, ya que no sabía cuáles eran los planes de mi padre y conociéndolo seguramente tenía algo planeado.

Subimos al auto y conduje hasta la casa de mis padres, estaba completamente iluminada y el ambiente era muy festivo.

Ayude a Valeria a bajar del auto, sus manos estaban frías, era obvio que estaba nerviosa, este mundo era nuevo para ella.

“Si te sientes mal, solo tienes que decírmelo e inmediatamente salimos de esta casa”. Le dije acariciando su rostro.

“Voy a estar bien, no quiero hacerte pasar un mal rato”. Respondió con una hermosa sonrisa en su boca.

Entramos en la casa y ahí estaban todos los Rizzo y algunos invitados, personas exclusivas de la sociedad. Al entrar nos dirigimos a mis padres para saludarlos. Mi mamá toda elegante se acercó a nosotros y con mucha educación nos saludó.

“Bienvenidos a su casa. Hijo te ves muy guapo y tu querida pareces una princesa, te ves hermosa”. Mi mamá le dio un beso en la mejilla a Valeria, quien le devolvió el gesto con una sonrisa.

“Gracias, señora, usted también se ve increíble”.

“Espero que te sepas comportar delante de mis invitados”. Dijo mi padre mirando a Valeria.

Ella lo ignoro, cosa que al gran Don Sergio Rizzo no le hizo gracia, yo no pude evitar sonreír, sin querer discutir agarre de la mano a mi esposa y fuimos a saludar al resto de la familia.

Mi tío quien estaba junto a mi primo, quienes posaron su mirada sobre mi acompañante.

“Tío, tiempo sin verlo”. Saludé con amabilidad, aunque yo no me llevaba bien con ellos.

“Leonardo, sobrino. ¿Donde te habías metido?”. Contesto Fabricio mi tío.

“Ya sabes cómo es la vida de recién casado, uno solo quiere pasar los días junto a la mujer que ama”. Dije esas palabras mirando a Valeria.

“Entonces los rumores son ciertos”. Respondió Fabricio mirando fijamente a mi esposa.

“Así es tío, estoy felizmente casado con una hermosa mujer. Tío ella es Valeria Ruiz. Mi amor, él es mi tío Fabricio Rizzo”. Presente a Valeria con mucho orgullo, pues sabía que no habría mujer más hermosa en esta casa.

“Un gusto conocerlo señor Rizzo”. Saludo, Valeria a mi tío.

“El gusto es mío”. Mi tío besó el dorso de la mano de Valeria y a simple vista se notó la incomodidad en el rostro de ella.

“¿No piensas presentarme a tu esposa?”. Pregunto Ignacio, mi primo.

“Amor, el es mi primo”. Dije con el ceño fruncido.

“Valeria Ruiz, un gusto conocerlo, señor”. Valeria trataba de ocultar sus nervios y es que estos dos la miraban como si quisieran brindarle encima.

Lleve lejos de esos dos a mi esposa, no podía permitir que la siguieran incomodando, aunque ella manejo muy bien la situación. Le presente a varias personas más y luego nos sentamos a conversar entre nosotros.

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Comments

silvia

silvia

Ese viejo cabro quiere hacer una trampa para q ella caiga y puedaxavergonzarlo a él 😡

2024-12-15

4

Ada Aguilar

Ada Aguilar

el papá de el como que quiere humillarla

2024-11-08

1

Sonia Guzman

Sonia Guzman

ojalá no le de por ir al baño como en toda novela porque siempre pasa algo

2024-10-30

2

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