Estamos dentro de nuestra burbuja, sus labios prueban los míos con delicadeza y dedicación. Su aroma es embriagador y su calor me envuelve.
Alguien toca mi hombro y la magia se ve interrumpida.
- Amiga, lo siento- se disculpa Daniela avergonzada- Tu celular no deja de sonar.
Me entrega mi teléfono y puedo ver en la pantalla el nombre de la mejor amiga de mi hija.
📲 Hola, Regina. ¿Todo bien?
📲 Señora Johanna, perdón por molestarla, pero necesitamos que venga por nosotras.
📲 Explícame, Regina. ¿Mariela está contigo?
📲 Sí y se va a poner furiosa cuando sepa que la llamé.
📲 ¿En dónde están y qué sucede?
📲 Venimos a una fiesta y ambas hemos bebido de más.
📲 Envíame la dirección, voy para allá.
Tomo mi bolso y le explico tanto a Daniela como a Antonio lo que está sucediendo y que debo ir en busca de mi hija y de su amiga.
- No puedes ir sola, es tarde y es peligroso. Voy contigo- dice Antonio.
- No es necesario, de verdad puedo ir sola.
- Estoy de acuerdo con Antonio, es peligroso que vayas sola. Deja que él te acompañe y avísame en cuanto vuelvas a casa.
- Ok, gracias por ofrecerte a ir conmigo Antonio.
- No tienes nada que agradecer, no me perdonaría si algo te sucediera.
- Necesito llamar a Enrique.
- Lo haces en el camino, vamos.
Le entrego las llaves de mi auto a Antonio y subo al asiento del copiloto. Marco el número de Enrique y no responde.
Marco una vez más y por fin obtengo respuesta.
📲 Necesito que vayas a tu departamento y verifiques qué Luisito está bien.
📲 Claro que está bien, al igual que Mariela.
📲 Para tu información, nuestra hija está en una fiesta y Regina me llamo pidiendo que vaya a recogerlas. Por lo tanto, deduzco que los dejaste solos.
📲 Dame la ubicación de Mariela, voy por ella.
📲 Yo ya voy en camino, encárgate de Luisito. En un rato me comunico contigo.
Corto la llamada, estoy enojada y preocupada a la vez. Me doy cuenta que Enrique antepone sus necesidades sin importarle la seguridad de nuestros hijos.
- Tranquila, todo va a estar bien.
- De verdad no tengo como agradecerte, Antonio.
- Es lo menos que puedo hacer, quiero demostrarte que puedes confiar en mí y que puedo ser tu apoyo en cualquier momento y circunstancia. Tengo muy claro que quiero una relación contigo.
- Como puedes darte cuenta mi vida es complicada.
- Yo me encargaré de hacerla más fácil y sobre todo de hacerte feliz.
Toma mi mano y deja un tierno beso en ella. Mi celular suena nuevamente, es Regina.
📲 Voy en camino, ¿están bien?
📲 Sí, solo que Mariela está fuera de control.
📲 Tranquila, estoy a cinco minutos de llegar.
Estoy muy nerviosa, me sorprende la actitud de mi hija y no tengo claro que voy a hacer en cuanto la vea.
Llegamos al lugar de la fiesta, es más grande de lo que pensé. Hay muchísimos jóvenes bebiendo y fumando.
En cuanto nos ven intentan ocultar las bebidas y los cigarros. Regina me dijo que están en el baño de la planta baja y ahí nos dirigimos. Un joven alto se acerca a nosotros.
- Esto es una fiesta privada- dice con un tono de voz por demás altanero.
- Y nosotros venimos a buscar a nuestra hija- responde con autoridad Antonio- supongo que aquí hay menores de edad y si no quieres problemas es mejor que nos dejes pasar y nos indiques en donde está el baño de la plata baja.
- Lo siento, señor- responde el joven con un tono de voz totalmente distinto- pasen por favor. Por aquí.
Nos guía entre la multitud y por fin llegamos a la puerta del baño, toco con discreción.
- Regina, soy Johanna.
Ella abre la puerta e ingreso, Mariela se ve bastante mal.
- ¿Por qué llamaste a mi mamá?- le reclama a su amiga.
- Entiende, Mariela. Necesitamos salir de aquí, hemos bebido de más.
- ¡Vete, mamá! ¡No quiero verte!
- Te vas a ir conmigo, Mariela. No me importa lo que quieras, saliste sin permiso de tu papá, dejaste solo a tu hermano y para colmo bebiste alcohol.
- ¡No tienes derecho a decirme que hacer! ¡Eres una mala esposa y una pésima madre!
- Mariela, deja de decirle eso a tu mamá. Vámonos por favor.
- Quiero que me lleves a casa de papá, por nada del mundo me voy a ir a tu casa.
- Claro que vamos a casa de tu papá, también tengo cosas que hablar con él. Camina.
Salimos del baño y ahí nos espera Antonio.
- ¿Necesitas ayuda?- me pregunta preocupado.
- ¿Y este quien es?- cuestiona con tono despectivo- ¿Acaso es el hijo de alguna de tus viejas amigas?
- ¡Basta, Mariela! No voy a tolerar más groserías de tu parte. Te agradezco, Antonio, puede caminar sola.
- Lo siento mucho, señora Johanna. Mariela últimamente se está comportando así.
- No es tu culpa, Regina. Gracias por confiar en mí y llamarme.
- Sí, gracias chismosa.
- Camina y cállate Mariela.
Llegamos hasta el auto, las chicas suben atrás y me aseguró de que usen el cinturón de seguridad.
Antonio pone en marcha el auto y yo llamo a Enrique para informarle que vamos en camino a su apartamento. Me asegura que nuestro hijo está bien.
Dejamos primero a Regina en su casa, su mamá también estaba muy preocupada.
El resto del trayecto lo hacemos en completo silencio. Al llegar al edificio donde vive Enrique le pido a Antonio qué me espere en el auto.
Mariela apenas puede mantenerse en pie y, sin embargo, rechaza mi ayuda. Ya Enrique nos espera en la puerta.
- ¿Qué sucede contigo, Mariela? Mira en qué estado vienes- le dice al verla- Entra, tenemos que hablar.
- Yo no quiero hablar con ustedes. ¡Me tienen harta!
- Mariela, ve a tu habitación- le ordeno.
Se va y escuchamos un fuerte portazo.
- No vas a conseguir nada si quieres hablar con ella en ese estado Enrique. Tú y yo también debemos hablar.
- Sí, hice mal en dejarlos solos. Confíe en nuestra hija y me equivoque. Con respecto a la mujer que….
Levanto mi mano en señal de alto.
- Eso no es asunto mío y no requiero ninguna explicación. La que me preocupa es nuestra hija y si van a seguir viviendo contigo tendrás que buscar a alguien que se quede a cargo de ellos cuando tú tengas que salir.
- Por favor, Johanna. Escúchame.
- Entiende que no tengo ningún problema con el hecho de que tú tengas una nueva relación. La Audiencia para nuestro divorcio ya está fijada y en unos días será oficial. Nuestra principal preocupación debe de ser darles estabilidad a nuestros hijos. Te pido que nos reunamos mañana para hablar con Mariela y decidir que consecuencias tendrá por su comportamiento.
- Entiendo, mañana te llamo en cuanto ellos estén despiertos.
- Gracias. ¿Luisito, está bien?
- Sí, por suerte estaba dormido y no se enteró de nada.
- Ok, nos vemos mañana.
- Te acompaño.
- No es necesario, gracias.
- Insisto.
- Está bien, vamos.
En el auto me espera Antonio, en cuanto me ve salir baja, al ver a Enrique evita acercarse.
- ¿Ese tipo viene contigo?
- Su nombre es Antonio y sí, me hizo favor de acompañarme a buscar a Mariela.
- ¿Tienes una relación con él?
- Esa pregunta está totalmente fuera de lugar.
- Solo responde.
- No, no tengo una relación con él en este momento. Si me disculpas, es tarde. Espero tu llamada.
Camino rumbo al auto y Antonio como el caballero que es abre la puerta para mí.
Una vez dentro del auto, lo pone en marcha.
- ¿Todo bien?
- Se puede decir que sí, lamento que hayas presenciado y sido el blanco de los malos comentarios de mi hija.
- No te preocupes, es una adolescente y está pasando un mal momento.
- Mañana su padre y yo deberemos decidir que hacer para que entienda que lo que hizo estuvo muy mal.
- Seguramente encontrarán la mejor manera de guiarla.
- Eso espero.
- ¿Volvemos a la fiesta o prefieres que te lleve a tu casa?
- La verdad no tengo ánimos para volver a la fiesta.
- Te llevo a tu casa entonces.
- Pero tu auto se quedó allá. Vamos para que lo recojas y yo puedo volver sola a casa.
- No quiero que conduzcas sola a esta hora.
- Tranquilo, no pasa nada.
- Hagamos algo, vamos por mi auto y te escolto en él hasta tu casa.
- Ok, me parece bien.
Llegamos al estacionamiento, él baja primero para abrir mi puerta y ayudarme a bajar.
Me ofrece su mano y yo la tomo, un solo movimiento es suficiente para atraerme a su cuerpo y adueñarse de mi boca.
Es un beso diferente al que nos dimos en la fiesta, este es apasionado, desmedido. Ambos nos entregamos a la pasión que se apodera de nuestros cuerpos.
Mis manos se enredan en su cabello, las suyas rodean mi cintura y acarician con sensualidad mi espalda.
El ruido de un auto qué pasa junto a nosotros nos obliga a separarnos. Escondo mi rostro en su pecho y puedo escuchar los latidos de su corazón.
- ¡Me encantas, Johanna!- confiesa mientras levanta mi rostro con delicadeza para mirarme a los ojos.
- También me gustas mucho.
Nos quedamos abrazados sin decir nada más.
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