Cielo permanecía en la cama del hospital, con el corazón destrozado y la mente atrapada en un torbellino de emociones. Las palabras de Gabriel resonaban en su cabeza, pero solo habían alimentado su dolor y su rabia. Sentía que había tocado fondo, que su vida estaba marcada por la traición, la humillación y la pérdida. Sabía que tenía que tomar una decisión drástica, y esa noche, con la luna brillando débilmente a través de la ventana, tomó su teléfono y marcó el número de su madre.
El tono de llamada resonó en sus oídos, cada segundo prolongando la tensión que sentía en su pecho. Finalmente, la voz de su madre, firme y segura, respondió al otro lado.
—¿Cielo? —La voz de su madre, aunque sorprendida, sonaba calmada.
Cielo cerró los ojos, conteniendo las lágrimas que amenazaban con desbordarse. Sabía que esta conversación marcaría un antes y un después en su vida.
—Mamá… —su voz temblaba, y se tomó un momento para recobrar la compostura—. Necesito tu ayuda.
Hubo un breve silencio al otro lado de la línea, como si su madre estuviera asimilando la gravedad de sus palabras. Cielo sintió que el peso de su situación se hacía más real con cada segundo que pasaba.
—¿Qué ha pasado, Cielo? —preguntó su madre con una mezcla de preocupación y autoridad en su voz.
Cielo respiró hondo antes de responder, dejando que las palabras fluyeran con una sinceridad que no había sentido en mucho tiempo.
—He fallado, mamá… he fallado en todo. Este matrimonio ha sido un infierno, y no puedo soportarlo más. Gabriel… él nunca me ha amado. He sido humillada, despreciada y... —la voz de Cielo se quebró— he perdido a mi bebé. Todo por culpa de su amante. Isabel me empujó por las escaleras, y no pude hacer nada, no pude luchar para que siga conmigo. Necesito divorciarme. Por favor, ayúdame.
El silencio que siguió fue ensordecedor. Cielo sabía que su madre había estado en desacuerdo con su matrimonio desde el principio, pero nunca había imaginado que llegaría a este punto, rogando por ayuda en su momento de mayor desesperación.
Finalmente, la voz de su madre se escuchó, llena de una calma peligrosa.
—Cielo, sabes que siempre me opuse a este matrimonio. Te lo dije, te advertí que no era un hombre para ti, pero eras tan terca y me retaste, cortaste los lazos conmigo por ellos… —La voz de su madre se suavizó, mostrando un destello de la compasión que había estado guardada bajo su severidad—. Sin embargo, eres mi única hija, y nunca te dejaría sola en un momento como este. Olvidemos lo que pasó entre nosotras. Voy a ayudarte, Cielo. Esto termina aquí, luego veremos qué hacer porque esto no se queda así, nadie se mete con los Astradas y se queda así como si nada.
Cielo soltó un suspiro tembloroso, sintiendo una mezcla de alivio y dolor al escuchar las palabras de su madre. La herida en su corazón seguía sangrando, pero al menos ahora tenía a su familia de vuelta, dispuesta a apoyarla en su decisión.
—Gracias, mamá —murmuró Cielo, sintiendo una oleada de emociones inundarla.
—Voy a verte al hospital. No te preocupes por nada, hija. Nos encargaremos de esto juntas.
Cielo asintió, aunque sabía que su madre no podía verla. Cuando colgó el teléfono, sintió un peso caer de sus hombros, aunque la tristeza seguía envolviéndola como una manta fría.
Horas más tarde, la puerta de la habitación del hospital estaba resguardada por media docena de hombres y ella entro, cuando se abrió la puerta lentamente, y Cielo levantó la vista para ver a su madre entrar. La mujer, cuya presencia siempre había emanado poder y autoridad, se acercó a su hija con una mirada que combinaba amor y determinación.
—Cielo, no estás sola —dijo su madre mientras se sentaba al borde de la cama, tomando la mano de su hija con firmeza—. Esto se acaba hoy. Nadie volverá a hacerte daño.
Cielo no pudo contener las lágrimas que rodaron por sus mejillas. La fuerza de su madre se sentía como un escudo, protegiéndola en un momento en que más lo necesitaba. Sabía que el camino hacia el divorcio no sería fácil, pero con el apoyo de su madre, se sintió capaz de enfrentar lo que viniera.
Juntas, madre e hija, comenzaron a trazar un plan, una estrategia para liberarse del yugo que había sido su matrimonio con Gabriel. Cielo había llegado a su límite, y ahora, con su madre a su lado, estaba decidida a recuperar su vida, su dignidad, y a construir un futuro en el que nadie volviera a pisotearla.
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Comments
Nery Guerrero
bueno mamá aplasta a todos y a Isabella a parte de mandarla presa dale una tunda para q aprenda
2025-01-23
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Norma Costilla
x fin ....llega un punto en la vida de una mujer que toca fondo .que de tanto sufrimiento y tanto dolor que este da fuerza para resurgir como un ave fénix,...aunque creo que esta perdida le hizo un clik a su esposo ....gracias autora estoy atrapada en la continuidad de todo tu relato
2024-11-03
3
Veronica Salas Perez
si tenía una madre que podía apoyarla porque aguantar las limosnas de atención de quien no la quiere debió reconocer que se equivocó y no sufrir tanto
2024-11-14
1