El sol brillaba intensamente a través de las ventanas de la mansión Romero, anunciando la llegada de un nuevo día. Gabriel, con su habitual semblante serio, reunió a su familia en la sala de estar.
Mariana, Lucía y Cielo se sentaron, esperando escuchar lo que Gabriel tenía que decir.
—En dos días, celebraremos un evento importante aquí en la casa —anunció Gabriel, mirando a todos con expresión imperturbable—. Asistirán personas influyentes y importantes para la familia. Quiero que todo esté perfecto.
Mariana asintió con una sonrisa complacida. Era una oportunidad para mostrar la grandeza de los Romero y reforzar su posición social. Lucía, siempre dispuesta a impresionar, también parecía emocionada. Cielo, por su parte, intentó ocultar su nerviosismo. Sabía que estos eventos eran una prueba más para ella, una oportunidad para demostrar que pertenecía a ese mundo de lujo y poder.
Durante los siguientes dos días, la mansión se llenó de actividad. Mariana y Lucía se encargaron de supervisar los preparativos, mientras que Cielo, como de costumbre, fue relegada a las tareas más simples y serviles. A pesar de los desplantes y humillaciones, Cielo trabajó arduamente, decidida a contribuir al éxito de la celebración.
El día del evento llegó, y la casa resplandecía con elegancia. Las mesas estaban decoradas con flores frescas y finos manteles de encaje. El aroma de la comida exquisita llenaba el aire, y los criados se movían con precisión, asegurándose de que todo estuviera en su lugar. Sin embargo, justo cuando todo parecía estar listo, Mariana y Lucía se acercaron a Cielo con una expresión de falsa amabilidad.
—Cielo, querida, ¿podrías ir al cuarto de servicio y asegurarte de que todo esté en orden allí? —dijo Mariana, con una sonrisa fría.
Cielo, sin sospechar nada, asintió y se dirigió al cuarto de servicio, un pequeño espacio en el fondo de la mansión. Apenas entró, sintió un golpe en la espalda, conjunto a un frío en el cuerpo por el balde de agua helada que le cayó, mientras escuchó el sonido de la puerta cerrándose bruscamente. Se dio la vuelta y se encontró cara a cara con Lucía, quien sostenía la llave en su mano.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Cielo, confundida.
Lucía sonrió con malicia y arrojó la llave a un lado.
—No queremos que arruines la noche, así que te quedarás aquí, fuera de vista, hueles mal así que te ayude a limpiarte, no queremos que sepan que eres parte de nuestra familia, solo nos avergonzarias—dijo con desdén.
Antes de que Cielo pudiera protestar, Lucía se dio la vuelta y salió del cuarto, cerrando la puerta con llave desde afuera. Cielo corrió hacia la puerta y comenzó a golpearla, pero sus gritos fueron ignorados. Desesperada, se dio cuenta de que estaba atrapada.
Mientras tanto, en el salón principal, los invitados comenzaron a llegar. Gabriel, vestido elegantemente, saludaba a los presentes con cortesía. Mariana y Lucía se movían entre la multitud, sonriendo y charlando animadamente. Gabriel miró a su alrededor, buscando a Cielo, pero no la vio por ninguna parte.
—¿Dónde está Cielo? —le preguntó a su madre Mariana, con una leve fruncida en el ceño.
Mariana fingió sorpresa y preocupación.
—No lo sé, hijo. Lucía me dijo que vio a Cielo salir de la casa hace un rato. Tal vez no quería estar aquí —respondió con voz dulce.
Gabriel sintió una punzada de enojo. No podía creer que Cielo hubiera decidido abandonar el evento. Sintió que su orgullo estaba herido y que su imagen frente a sus invitados estaba comprometida. Antes de que pudiera decir algo más, Lucía apareció con Isabela a su lado. La exnovia de Gabriel lucía radiante y encantadora, con una sonrisa seductora.
—¿Isabela? —preguntó Gabriel, sorprendido—. ¿Qué haces aquí?
—Lucía me invitó. Pensé que sería agradable verte de nuevo, además sería bueno re-integrarme a la sociedad, hace tiempo que no iba a una fiesta —respondió Isabel con una sonrisa coqueta.
Gabriel, aún enfadado por la supuesta ausencia de Cielo, decidió no cuestionar la presencia de Isabel.
En lugar de eso, la invitó a unirse a la fiesta. A lo largo de la noche, Gabriel e Isabel se mantuvieron juntos, conversando y riendo como en los viejos tiempos. Los invitados murmuraban y observaban con curiosidad, sorprendidos de ver a la pareja que alguna vez fue inseparable.
En el cuarto de servicio, Cielo se sentó en el suelo, con mucho frío y con lágrimas rodando por sus mejillas. Se sentía humillada y traicionada, no solo por el cruel encierro, sino también por la presencia de Isabela. Con cada risa que escuchaba desde el otro lado de la puerta, su corazón se rompía un poco más. La impotencia y la desesperación se apoderaron de ella, pero, a pesar de todo, se juró a sí misma que no dejaría que ese episodio la derrotara.
Aunque Gabriel y su familia parecían disfrutar de su desgracia, Cielo sabía que debía mantenerse fuerte. Ella tenía una promesa que cumplir y no permitiría que todo lo que había soportado y todo el esfuerzo que había hecho pasara en vano.
La noche continuó, y la celebración llegó a su fin. Gabriel, después de despedir a los invitados, se dirigió a su habitación, con la mente llena de confusión y enojo. Mariana y Lucía, por otro lado, disfrutaban de la victoria de haber humillado una vez más a Cielo. Sin embargo, lo que no sabían era que Cielo, a pesar de estar herida, estaba más decidida que nunca a enfrentar cada desafío que se le presentara.
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Comments
Majo Alvarez
Realmente se merece lo que le pasa, que la humillen más, la maltraten, que el tipo se traiga a vivir a Isalela a la casa y a ella la manden a dormir a la habitación de servicio y la pongan a atender a Isabella de manera personal.Sinceramente autora, acaso odia al género femenino. No existe una mujer así. Las hay tontas y crédula pero no a éste punto. A los seis meses ya hubieran pedido el divorcio
2024-10-11
10
Veronica Salas Perez
Que mujeres tan malas son unas víboras y cielo es una tonta esperando el amor de un hombre que claramente no la quiere, debería irse y tratar de conseguir sus metas si es que tiene alguna
2024-11-14
1
Nery Guerrero
Cielo deja de ser estúpida y empieza por arruinarlos. dejalos en la calle sin nada abre los ojos
2025-01-23
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