La semana siguiente transcurrió con una tranquilidad engañosa. Emma y Gabriel continuaron compartiendo miradas significativas y conversaciones profundas en la biblioteca, pero en la escuela, sus interacciones eran más breves y esporádicas. Emma notaba que, aunque Gabriel se mostraba más abierto con ella, seguía manteniendo una distancia emocional con los demás.
Un martes por la mañana, mientras Emma caminaba hacia su casillero, sintió una inquietud que no podía explicar. Había algo en el aire, una tensión que parecía impregnar el ambiente. Al abrir su casillero, encontró una nota doblada cuidadosamente en el interior. La sacó con curiosidad y la leyó:
"Encuéntrame en el pasillo detrás del auditorio. G."
Emma sintió un escalofrío de anticipación. Guardó la nota y se dirigió al lugar indicado, preguntándose qué era tan importante como para que Gabriel dejara una nota en su casillero.
Cuando llegó al pasillo detrás del auditorio, encontró a Gabriel esperándola. El lugar estaba desierto, un rincón olvidado de la escuela donde pocos se aventuraban. Gabriel parecía más serio de lo habitual, sus ojos reflejaban una preocupación que ella no había visto antes.
—Gracias por venir —dijo Gabriel, su voz apenas un susurro.
—¿Qué sucede, Gabriel? —preguntó Emma, sintiendo que algo importante estaba a punto de revelarse.
Gabriel miró a su alrededor, asegurándose de que estaban solos antes de hablar.
—Hay algo que necesito contarte, Emma. Algo sobre mi pasado... y sobre por qué me mudé aquí.
Emma asintió, dándole ánimo para continuar.
—Hace un año, tuve un accidente de coche. Fue... brutal. Perdi a alguien muy cercano a mí y... me dejó cicatrices, tanto físicas como emocionales. Mis padres decidieron que necesitábamos un cambio de escenario, así que nos mudamos aquí, lejos de todo lo que me recordaba a esa noche.
Emma sintió un nudo en la garganta. Ahora entendía la melancolía en los ojos de Gabriel, las sombras que parecían seguirlo a todas partes.
—Lo siento mucho, Gabriel. No puedo imaginar lo difícil que debe haber sido para ti.
Gabriel asintió, sus ojos encontrando los de Emma.
—Ha sido duro, pero estar aquí, conocerte a ti, ha sido... diferente. Me siento menos solo cuando estoy contigo.
Emma dio un paso hacia él, sintiendo la necesidad de ofrecer consuelo.
—Gabriel, no tienes que cargar con todo esto solo. Estoy aquí para ti, y puedes contar conmigo.
Gabriel esbozó una leve sonrisa, agradecido por sus palabras. En ese momento, el timbre sonó, indicando el comienzo de la siguiente clase. Ambos sabían que tenían que regresar, pero algo en ese pasillo silencioso había cambiado entre ellos. Habían compartido algo profundo y personal, creando un vínculo que solo se fortalecía con cada palabra y mirada compartida.
Mientras caminaban de regreso a sus respectivas clases, Emma sentía que había dado un paso importante hacia la comprensión de Gabriel y las sombras que lo rodeaban. El pasillo detrás del auditorio había sido testigo de una revelación significativa, y Emma sabía que, aunque el camino por delante sería difícil, no lo recorrerían solos.
En el silencio de ese pasillo, habían encontrado una conexión que prometía llevarlos a ambos hacia un futuro más brillante, dejando atrás las sombras del pasado.
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