Y TE SORPRENDES

Exactamente eran las cinco y media cuando el timbre de la casa sonó. Salí de mi habitación a toda velocidad, con el celular en la mano y una necesidad de querer averiguar.

—¿A donde vas? —Preguntó mi madre.

Ella estaba bordando con hilo rosa una servilleta para las tortillas.

—Tengo un trabajo en equipo.

—¿Trabajo en equipo?

—Sí. Mi compañero vino a buscarme.

—Bueno. Pues vayan con cuidado.

—Claro ma.

—¿Como se llama tu compañero?

Dejó sus ganchos en pausa, mamá se veía muy bonita sentada en su sofá de terciopelo color negro.

—Félix.

—Salúdame a Félix entonces.

Asentí. Me acerqué a la puerta y salí de casa. El jardín de nuestra casa era lo mejor. De hecho todo esto era perfecto, las flores, las hojas verdes y los aromas a té limón. ¡Muy delicioso!

—¡Hola! —Dijo él.

Su rostro fue lo primero que vi, sus ojos color café oscuro que brillaban con la luz.

—¡Hola!

Me examino rápidamente por algunos segundos.

—¿Aún usas esos converse?

Mis tenis eran de color café, tenían una estrella blanca en un costado y en realidad, esos eran mis tenis favoritos.

—¿Como es que me conoces? —Evite su pregunta con otra pregunta.

No respondió. Se acercó a su motocicleta y me ofreció un casco de color blanco. ¡Recordé el viaje que hice con Roger el verano pasado!

—Sube, te llevaré a un lugar que te hará recordar.

Encendió el motor, no dude en hacerle caso, me aferré a su cuerpo una vez más y se sentía bien el viajar a velocidad. Esta vez, Félix traía puesto el casco de color negro.

¿Cómo se debe describir esa sensación de querer averiguar algo que no recuerdas, pero que sabes que existe en tu pasado? En este instante, abrazando el estómago de Félix, viajando a no se donde, la curiosidad era lo más potente en mi interior.

Apagó el motor. Bajamos de la moto y estábamos justo en la entrada principal de la escuela secundaria. ¿Por qué me había traído aquí?

—Tú estudiaste aquí —me dijo con mucha seguridad.

—Sí. ¿Como lo sabes?

Sonrió.

—Te he dicho que ya nos conocíamos.

—Eso me dices, pero lo dudo mucho. En realidad no tengo ningún...

—Yo también estudie en esta secundaria. Recuerdo tu primer día clases —me interrumpió de una forma muy casual que la sorpresa aumentó muchísimo en mi interior.

—¿Tú eres...?

Bajo la vista durante unos segundos. La simpleza del viento alborotó su cabello y finalmente centró su mirada en mí. ¿Que pensaba? ¿Que diría? ¿Por qué prefirió quedarse callado?

—Solían llamarme "El Bravo".

Cuando escuché esa palabra, todo mi mundo recordó por completo aquella etapa. ¡No podía ser cierto! En verdad que no se parecían. ¡No podía ser!

—¿El Bravo?

—¿Te suena familiar?

No pude evitar demostrarle mi incredulidad.

—La neta sí. Pero...

Me quede callado, lo examiné a detalle.

—¿Pero?

—Es que tú no te pareces en nada al Bravo.

Enarcó sus cejas y sonrió tenuemente.

—¿Por que no me parezco?

—Bueno, es que... —no fui capaz de terminar la frase.

Hice contacto visual con él.

—Dejé crecer mi cabello, me metí al gimnasio y ahora estoy mas mamado que antes. Ya no tengo acné y...

Ese no era el punto.

—¿Por que fuiste amable conmigo? Digo, lo hiciste con buena intención ¿o estás planeando algo? Si de verdad eres El Bravo, ¿que es lo que intentas esta vez?

La intranquilidad apareció en mí. ¡Esa sensación de saber que algo malo pudiera acontecer! Porque ahora mismo ya sabía con exactitud cómo era Félix. ¡El pasado se hizo presente en mi interior!

—No planeo nada. Yo he cambiado.

El viento hizo caer una rama del pino que estaba en la entrada.

—¿Por que me trajiste aquí?

Sus labios se curvaron en esa estúpida sonrisa llena de picardía.

—Te dije que te llevaría a un lugar donde podrías recordarme.

Le mire de forma extraña, en realidad no me estaba convenciendo.

—¿Entraremos a la escuela?

—¡Exacto!

—Pero está cerrada.

—Ese no es problema.

Tomó impulso y con mucha agilidad se deslizó por la puerta de malla hasta cruzar al interior del plantel.

—¡Estas loco!

—¿Y eso es malo? —Félix parecía ser muy ágil a la hora de hacer cosas por puro impulso.

¿Qué cosas pasaban por su mente?

—No. Pero...

—¡Anda! Te espero aquí.

Hice rodar mis ojos como gesto de fastidio, aún así, por algún motivo, mis impulsos apuntaron que debía seguirlo hasta el interior.

—Ya estoy aquí. ¿Y luego?

—Vayamos a caminar.

Recorrimos cada parte de la escuela. La luz comenzaba a opacarse a medida que los minutos pasaban. Estar en la secundaria me hizo recordar muchas cosas. ¡Como una mezcla del pasado con el presente! Pasamos por mis antiguos salones, corríamos por la cancha y ambos estábamos de locos riendo. Félix estaba muy interesado en que yo lo persiguiera, él muy mono empezó a correr como loco.

—¡Hey! ¿A donde vas?

—¡Corre! Atrápame.

—No voy a correr para atraparte.

Su sonrisa había cambiado, quizá y en todo este tiempo que no nos vimos, él realmente tenía un cambio en su forma de ser. ¿En que se había transformado?

—Claro que lo harás.

Así termine detrás de él. Persiguiendo al Bravo, atravesamos la cancha, subimos unos escalones, llegamos a los antiguos sanitarios y justo cuando el desapareció doblando en dirección al árbol de peras, yo me impacte con él. Mis cara se estampó con su pecho, sus manos me sujetaron y me acorraló contra la pared. ¿Que estaba pasando?

—¿Que es lo que intentas? —Pregunté mirando directamente a sus ojos.

—Te dije que me recordarías.

—No entiendo, yo...

Sentí más presión sobre mí. Sus manos me sujetaban de una forma fuerte, yo no hice el intento de liberarme y por alguna extraña razón, quería ver sus movimientos.

—Solo trata de hacer memoria.

Sus labios se acercaron casi al borde de tocar mis labios, sentía su respiración golpearme en la cara y me gustaba esa sensación nerviosa que en mi corazón dominaba. ¿Que estaba pasando conmigo? ¿Que se supone que debía recordar? ¿Que iba a pasar entre nosotros?

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