erkan deseaba, más que a nada en su vida, volver a ver a Galadriel, pero el problema era que jamás en la historia de la humanidad, un diablo había podido entrar en una Abadía. Esos eran lugares mucho más sagrados que los templos o las iglesias, y ahora que había descubierto que su amada se encontraba en uno de esos, no sabía como poder entrar sin ser purificado por tanto poder espiritual.
Estoy tan cerca, maldita sea- maldecía en voz baja cerca de los muros de aquel peligroso lugar.
De pronto la pluma comenzó a brillar, abriendo un hueco en la pared para que él pasara. Ya no le importaba ser purificado, en cuanto vio la oportunidad se lanzó deseoso de poder reencontrarse con ella.
Corrió por las escaleras, abrió todas las puertas que encontró, hasta que en un pasillo alejado de todo, que él supuso que eran habitaciones, después de más de 15 puertas abiertas, la encontró. Galadriel estaba sentada pintando con diversas acuarelas sobre un lienzo de tela, miraba cada tanto por la ventana como si pudiese distinguir algo. Lo cierto es que a su avanzada edad de 72 años, ella había quedado ciega hace mucho. aun así dominaba a la perfección el arte del dibujo o quizás se debía a que siempre dibujaba lo mismo. Un hombre sentado en un trono, devastado por la pérdida ¿de un amor? ¿De alguien? Vaya a saber, pero lo cierto es que la postura del sujeto, su cabeza agachada, agarrada por su mano, demostraban la desesperación de su alma.
Quizás Galadriel había vivido muchas guerras, donde había visto muchas familias perder familiares, y por eso dibujaba aquel dolor, aunque para los que conocían realmente su historia, ese dolor era el de no haber podido compartir esta vida al lado de su amado. Ese hombre sentado, abatido en un trono, no era otro que Erkan.
Por fin llegaste- dijo ella sin dejar de pintar, lo que hizo que él dudase en ingresar a la habitación.
¿Sabías que vendría?- le pregunto con un poco de temor por la respuesta que recibiría.
Te he estado esperando desde que tengo memoria- le dijo volteando a verlo. Sus cabellos largos de color blanco y aquellos ojos del mismo color, que aún sabiendo que no veía nada parecía que te denudaban el alma.
Erkan no espero un solo segundo más, acortó los pasos que los separaban y la abrazo con fuerza pero al mismo tiempo con delicadeza de no lastimarla. la beso como si jamás la hubiese besado antes, necesitaba llenarse de ella y al mismo tiempo demostrarle cuanto la había extrañado. La amaba, lo amaba, se amaban, pero eso no era suficiente, aún llevando 3 vidas todavía quedaba pasar por el dolor 7 veces más. Ninguno quería soltarse, no querían volver a separarse. Ella correspondía tanto el abrazo como los besos, a pesar de que con el sentido del tacto sabía que era mucho más joven que ella, pero también sabía su verdad, que él no era humano.
Se acostaron suavemente en su cama y se quedaron varias horas hablando de todo y a la vez de nada, estuvieron en muchos momentos solo en silencio mirándose a los ojos o quizás mirando por la ventana. El paso sus manos por sus cabellos y se aseguró de volver a impregnar esa imagen de su amada en la retina de sus ojos. Ella lo acaricio suavemente en sus mejillas dándole la paz que únicamente su tacto podía darle.
Muchos antes de las 3 de la mañana, él sintió el último suspiro de ella y la retuvo un poco más entre sus brazos, no quiso dejarla ir rápido, esta vez no había tenido oportunidad de pasar ni siquiera 24 horas a su lado, que nuevamente se la habían arrebatado. Luego de un tiempo prudente, la alzó en sus brazos y se dirigió a la torre más alta de la Abadía, donde al igual que en las veces anteriores, se sentó en el piso con ella entre sus piernas y dejó que nuevamente una luz cegadora apareciera para elevar el alma al cielo, otra vez las lágrimas caían descontroladas por sus mejillas, otra vez se despedía de su único amor.
Pero no era el único que lloraba, abajo 5 niños y una señora estaban en llanto pleno mirando las imágenes que les devolvía un espejo, nuevamente su madre y nuera se había ido y ahora debían esperar su regreso, aunque otra vez en su cuarta vida no podían aparecerse cerca de ella por orden de Dios. Los niños apretaban sus manos en forma de puño dejando que sus nudillos se pongan blancos de tanta presión, mientras que las niñas se abrazaban y esperaban a que su padre regresara para poder consolarlo. Pues todos entendían que el que más sufría todas estas despedidas era él.
Por otro lado, Erkan estaba dispuesto a regresar a su castillo con sus hijos cuando un destello le llamó la atención. Era una alianza dorada en el piso, donde hacía instantes él se encontraba sentado con su mujer en brazos. La alzó casi sin pensarlo y al reconocerla miró al cielo.
Gracias Asrael- dijo en un susurro. Al parecer su cuñado había decidido darle a su hermana la alianza para qué guardará los recuerdos de esta vida. Ahora la pregunta que acechaba su mente era ¿cómo la había conseguido, si él la había guardado la última vez?.
una vez que se sintió un poco más liberado, fue primero a la pieza donde dormía su amada y se llevó el último cuadro que ella había pintado, antes de que el llegara y luego se dirigió por un portal a su reino, ahora solamente quedaba esperar a que pasara la cuarta vida para poder estar nuevamente a su lado.
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Comments
Alejandra Corrales huertas
ahhh escritora me tienes a lagrima viva por este amor......
2025-03-17
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Angeles Xatruch
lloro tanto 😭😭😭 que historia de amor más puro
2025-03-05
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Jessica Zabala
Yo he llorando más de lo que he leído 😂
2025-02-22
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