Veinte

La mañana en la floristería transcurrió tranquila, después de la conversación las chicas volvieron a abrir y siguieron con su rutina diaria de recibir clientes y orientarlos con sus compras para que se fueran de allí complacidos.

- Vamos a comer- Ninete ya venía con su bolso en el hombro y el de su cuñada en la mano- Y esta tarde la que no regresará soy yo, mi esposito no tiene nada importante que hacer en esa empresa en la que la dueña lo esclaviza llenándolo de trabajo y va a quedarse conmigo en la cama.

- Mmmm, eso promete.- le contestó haciendo caso omiso a la broma con lo de la dueña de la empresa.

- Y mucho que promete.- le dijo levantando las cejas insistentemente.- La niñera hoy tendrá que jugar en la terraza con mi pobre hijo, no quiero que se me vaya a traumar mi bebé pero yo necesito que me den hasta con la sandalia de Moisés.

Las dos chicas rieron mientras Mariana pasaba el cierre a la puerta de la floristería para irse a comer y Ninete pensaba en como resultaría la tarde para su amiga que tendría que enfrentarse sola a el inglés que había prometido una visita y de la que ella no le había hablado.

El almuerzo transcurrió tranquilo como casi todos los días y al terminar cada una tomó su camino.

Casi cinco minutos después de abrir la tienda al regresar de su horario de descanso entró el primer cliente y Mariana sintió que sus piernas temblaban y su boca se secaba.

- Buenas tardes señorita Mariana. - la voz del hombre puso el corazón de la pelinegra a latir el doble y ella pasó las manos con disimulo por su vestido al notarlas sudada.

- Buenas tardes señor Hudson ¿Qué desea hoy?- intentó que su voz no temblara, hacía mucho tiempo que mirar a un hombre no la ponía así de nerviosa.

Él la observó y achicó los ojos- Deseo comerte la boca hasta que te quedes sin aire en los pulmones- esa fue la respuesta que tuvo en su cerebro pero enseguida se dio cuenta que no era a eso a lo que venía, así que fueron otras las palabras que dijo.

- Verla a usted- contestó sin ningún tipo de vergüenza, principalmente porque no era mentira, no sabía porqué,  pero estaba pensando en ella más de lo que le gustaría y no verla le hacía difícil hasta dormir- Y por favor no me diga señor Hudson, mi nombre es Gabriel.

Ella se quedó sin palabras, nunca pensó que el hombre fuera tan directo.

- ¿No le gustó mi nombre?- le preguntó al ver que ella no reaccionaba.

- Eh, sí, no, no sé, no es eso.- Mariana empezó a trastocar una palabra con la otra y él sonrió, se había dado cuenta de que la ponía nerviosa.

- ¿Le gusta o no le gusta?- intentó jugar con ella y caminó un poco hasta pegarse al mostrador y ella retrocedió del otro lado como si temiera que él pudiera alcanzarla- ¿Puedo decirte simplemente Mariana?- le hizo otra pregunta al ver que ella no respondía la primera.

- Es mi nombre. - le contestó temblorosa y el sonido de la puerta se escuchó indicando la llegada de otro cliente.

Gabriel se movió un poco hasta un costado del mostrador y la dejó atender a un par de chicos que venían en busca de un ramo para agasajar a una amiga, la vio sonreírles con agrado y quiso una sonrisa así para él, aunque también quiso muchas más cosas de ella y en casi todas se incluía su boca.

- Mariana, aceptarías ir a cenar conmigo.- le soltó nada más que volvieron a estar solos y la chica abrió los ojos como platos.

- No creo que sea prudente.- le contestó. - Yo no lo conozco de nada, comprar flores no me dice nada de usted.

- Tanto como nada no, te dice que quiero agradarte, y si cenas conmigo podrás preguntar lo que quieras para conocerme.

- No es así como funciona señor Hudson.

- Por favor dime Gabriel, simplemente Gabriel, sin señor y sin apellidos.- a ella le pareció que el tono de la voz del hombre había cambiado, se escuchó como más profunda y un cosquilleo subió por su espina dorsal.

- Ah, está bien, Gabriel. - ella vio una sonrisa en el rostro del hombre y de pronto le vino un recuerdo de Greg, no sabía por qué en estos días llevaba tan presente a el padre de su hijo.

- Mariana acepta aunque sea un almuerzo, por favor, uno solo, y si lo que averiguas de mi no te agrada o te molesto en algo juro que no voy a volver a buscarte.- el hombre estaba convencido de que eso no iba a pasar, ella no iba a escaparse así como así- Si no estás segura por no saber quien soy puedes poner GPS al teléfono, te diré antes a donde iremos, lo dejas dicho a quien tú quieras, anota la placa de mi auto, has todo lo que desees para sentirte segura.

Ella lo miraba hablar, no había dudas de que el hombre era un negociador nato.

- ¿Puedo pensarlo?

- Claro- otra gran sonrisa dibujó el rostro hermoso del rubio- Y me gustaría decirte que dejaré que lo pienses todo lo que desees pero te mentiría, estoy desesperado por compartir un poco contigo y saber más de ti.

Y otra vez la dejó sin saber que contestar y con el pecho desbocado como un potrillo al que dejan salir a correr a una pradera.

- ¿Puedo venir mañana a buscar mi respuesta?- ella siguió mirándolo como si no estuviera en este mundo.- ¿Mariana?

- Eh, sí, sí, regrese mañana.- le contestó reaccionando y otra vez aquella sonrisa que la hacía respirar sin control.

- Pues entonces hasta mañana beautiful blue eyed fairy(hermosa hada de ojos azules).- le habló en inglés quizás pensando que ella no podía entenderlo, pero por la expresión de su rostro se dio cuenta de que supo perfectamente lo que le dijo.

A la mañana siguiente Mariana estaba en la oficina de la floristería envuelta en un mar de papeles, habían recibido nuevos envíos de flores que se debían de pagar y ella era la encargada de esa parte del negocio.

- ¿Puedo saber que sucedió ayer en la tarde mientras yo no estaba que afuera está Gabriel esperando a que lo atiendas? Dice que tú sabías que él vendría. - Ninete le pidió de forma jocosa una explicación a su amiga y esta puso una mano en su cara para esconder el color que estaba segura que tenían sus mejillas.

- Quiere que vaya a comer con él. - Mariana habló rápido, como si no quisiera que su amiga la comprendiera pero por la sonrisa ladina que puso la francesa supo que entendió perfectamente.- Dile que espere un momento, que ya salgo.

- No, no te preocupes, ya lo dejo pasar yo, tú sabes que en las mañanas afuera es complicado y aquí pueden hablar con calma.- Ninete nunca había insistido tanto en que su cuñada aceptara una nueva relación, pero tampoco la había visto nerviosa por la presencia de un hombre desde Greg y eso le daba una señal.

- ¿Te agradezco?- ironizó los intentos de la francesa porque ella tuviera una nueva pareja y esta le lanzó un beso al aire.

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Comments

Mery Peña Sangama

Mery Peña Sangama

Jajaja jajaja qué graciosa

2024-12-27

1

Sandra Garnica

Sandra Garnica

Cuando Gabriel se de cuenta de que Antonella fue la que lo engaño y que posiblemente para esa fecha ya habría humillado y quien sabe que mas cosas le habrá hecho a Mariana va a lamentarse y sobretodo por haber enamorado a su cuñada y cuando Mariana sepa todo lo que el tramo para enamorarla y "vengar" a su hermano ojala hay si la tonta de la prota se despierte y deje de ser tan ilusa en creer en cualquier aparecido😠 y enamorarse como una tonta😡

2024-07-19

1

Verónica Bustos

Verónica Bustos

pobre ninette ,cuando Mariana sufra por culpa de Gabriel te vas arrepentir y estarás en peligro de perder tu matrimonio y familia.

2024-06-20

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