Sashi le extendió una invitación a Sandra para la hora del almuerzo, ambas estaban solas, habían perdido a sus familias, era bueno que empezaran a tratarse.
Las dos féminas fueron a un modesto restaurante, pidieron una mesa y el mozo les entregó el menú, Sashi pidió Pollo en salsa Alfredo, Sandra pidió un sandwich de pavo y una ensalada capresse.
- ¿Hace cuánto trabajas para la compañía? - preguntó Sandra.
- Hace casi 2 años. - respondió la felina.
- ¿Hace cuánto llegaste a Francia?, tengo entendido que vienes de un país llamado Colombia, no conozco mucho de aquel lugar. - se sinceró.
- Bueno, llegué a este país hace ya más de 7 meses, y sí, soy colombiana, ¿tú eres de dónde?
- Soy de la India, vine a Francia porque mi familia fue asesinada. - ante la confesión de aquella cruda realidad, Sandra no pudo contenerse y las lágrimas comenzaron a brotar - Oh, diosa, lo siento... - tampoco pudo controlarse y ante aquella situación hizo lo que hace mucho no hacía, llorar.
A pocos metros de allí, cruzando la calle, dos lobos se pusieron inquietos, uno sabía perfectamente porqué, pero el otro no tenía idea de qué le ocurría.
Sébastien se levantó, sacó unos billetes y los puso sobre la mesa y salió del lugar, guiado por su instinto y olfato, que pese al mundo de gente que transitaba a esa hora por esa congestionada avenida, el reconocía el aroma de su mate, mezclado con tristeza.
¿Quién la hizo poner así de triste?, se sentía desesperado.
Al llegar al modesto establecimiento de comidas, vio a Sandra junto a Sashi, llorando a moco tendido, con desconsuelo ambas. Él conocía la historia de la hindú, siempre investigaba a sus empleados, también conocía la tragedia de su destinada, se enteró a la semana de haber entrado a trabajar en la compañía. Un sentimiento de protección lo invadió y casi sin pensarlo, caminó hacia la mesa donde estaban el par de secretarias que al verlo, tomaron compostura.
- Se... se... ñor Du... mont. - dijo Sandra con los ojitos chiquitos de tanto llorar.
Ver su carita así, no le gustó para nada, él sabía lo que el corazón de esa humana guardaba.
- Es una casualidad encontrarlas aquí, mi primo y yo estábamos buscando algo... - miró a su alrededor, es obvio que él jamás comería en un lugar así - sencillo para comer. - concluyó.
- Este lugar es modesto, pero vende los mejores sandwiches de toda esta zona. - habló Sashi también con ojos achicados por el llanto.
- ¿Podemos acompañarlas?, la verdad es que muero de hambre. - dijo Ernest, mirando a su dulce Sashi que tenía si nariz colorada.
- Sí, pue... den. - tartamudeó la felina.
El par de apuestos hombres se sentaron junto a las chicas, el mismo mozo de antes entregó el menú y espero a que ordenaran.
- Yo deseo un emparedado de cordero y un jugo de frutas. - pidió Ernest.
- A mí me da un emparedado de res y queso azul y también deseo jugo de frutas- pidió Sébastien.
Mientras traían sus órdenes, les preguntaban a las chicas por qué habían estado llorando, a lo que por primera vez, Sashi habló, contando que ambas compartían el dolor de una pérdida irreparable. Ambos lobos estaban preocupados por ese par de chicas que significan mucho para ellos.
- Esto está, buenísimo. - dijo Ernest dando otra mordida a su emparedado.
- Es cierto, jamás imaginé que la comida en este lugar fuera tan buena, de ahora en adelante, señorita Jaramillo, deseo que mi desayuno sea comprado en este lugar. - ordenó su jefe y ella asintió.
Luego de comer, se dispusieron a regresar a la oficina, al llegar a su piso, Sébastien ingresó a su oficina, topándose con Arleth, su amante más concurrida y quien estaba convencida de que lograría ser la próxima luna de Lune de Sang, la loba estaba casi desnuda, de no ser por la provocativa ropa interior que aún traía puesta. Sébastien quería que la tierra se lo tragara justo en esos momentos, miró detrás de él con el rabillo del ojo y vio a Sandra tiesa justo detrás de él.
Sin decir palabra alguna, entró en la oficina y cerró la puerta tras de él, cuestión que a Sandra le dio una punzada de dolor que el lobo sintió como suya.
- ¿Quién mierda te dejó entrar a mi oficina? - preguntó con su voz de alfa, provocando miedo en la loba - Te lo diré una sola vez, no quiero volver a verte nunca más en mi oficina y menos en esas fachas.
Arleth sabía que quien hablaba era Paris, el lobo de Sébastien, lo que significa que es muy posible que la luna de lunas haya aparecido ya. Jamás lo había escuchado y visto molesto por su presencia.
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Comments
Rocio de jesus Navarro
andi pues.. el miedo no anda en burro jajajajajajaja
2025-02-20
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Diana Araque
uyy que intensidad de zorrilla por Dios j8jiji
2025-01-30
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Luz Angela Fonseca Alvarez
Como siempre las busconas no faltan
2025-03-11
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