ANGEL + DEMON

ANGEL + DEMON

PARTE 1. Perfección...

...Yo amo la perfección....

...La perfección lo es todo para mi....

...La perfección es como una delicada rosa blanca cual nube de algodón, y brillante como la Luna. Una belleza que muchos pueden admirar, más está prohibido tocarla, ya que podrían mancharla y marchitarla....

...Muchos dicen que la perfección no existe, que es solo una idealización propiamente perspectiva sobre algo. Pero no es verdad. La perfección es real, y quien diga lo contrario, es un pecador....

...Porque la perfección solo tiene un nombre, y ese es Dios....

...Perfecto es Dios. Perfecto es su cielo. Perfecta es su creación en la tierra. Perfectas son las nubes blancas en que vive. Perfecto es su coro de ángeles con corazones puros y fortaleza espiritual....

...Yo amo la perfección....

...La perfección lo es todo para mi....

...Y como la perfección es todo lo valioso que Dios ha creado en el mundo, depende de mi defenderla de los que quieren destruirla....

...Defenderla de los perezosos que la descuidan, de la gula que la devora por capricho......

...De los sentimientos de ira que la envenenan, de los envidiosos que la desean, pero están lejos de tenerla....

...De la lujuria que mancha su pureza...

...Debo defender la perfección del pecado....

...La perfección es Dios, la perfección es su Luz y la pureza de las almas. La perfección es todo lo necesario para vivir en paz y armonía....

...Mi objetivo en el Coro de Ángeles, es defender la perfección divina de Dios y expandir su legado de Luz, para que su riqueza espiritual sea perpetua en la vida de los ángeles....

...Ese es mi objetivo, esa es la razón por la que yo, Luna la ángel, he de existir....

...Por eso Dios me trajo al mundo, y yo como su hija más devota, preservar su legado y su longevidad no es solo preocupación de mi creador, sino mía también....

...Como hija de la Luz, mi misión es conservar la perfección bajo el costo que sea....

—¡Bravo, Luna!

Los aplausos y silbidos en el salón de clases se hicieron escuchar. La ángel adolescente de cabellos rubios sonrió satisfecha al recibir la aceptación de sus compañeros y de su profesora que aplaudía de igual manera.

—Bien hecho Luna, un mensaje realmente inspirador. —La felicitó la maestra Lucrezia, un ángel que a pesar de los años mantenía su rostro delicado, lo que la hacía lucir como una muñeca de porcelana. —Estás aprobada... Estoy segura de que serás una gran serafina del Coro de Ángeles algún día.

—Muchas gracias, maestra, y a ustedes compañeros, por escucharme. —Luna hizo una leve reverencia y se sentó.

Luna era una adolescente de agraciados rasgos físicos, con largos cabellos rizados color miel que le llegaban a la cadera y ojos azules como el cielo. Era una de las ángeles más aplicadas de su joven generación, inteligente, educada y dócil, una muchacha que con su dulce sonrisa era el prospecto perfecto de lo que se conocía como un ángel...

Aunque claro, las personas siempre juzgan por apariencias.

—¿Quién falta por hablar? —Consultó la maestra.

El salón quedó en completo silencio, algunos se miraron entre si, sin respuesta. Después de todo, la mayoría ya habló de sus proyectos futuros, contando también que la hora de salida estaba cerca.

—¿Nadie? ¿Todos hablaron? —Preguntó la maestra una vez más.

—¡Falta Lucero, maestra! —Delató un chico repentinamente.

—¡Soplón! —Exclamó la ángel.

El salón comenzó a reírse de la ángel recién mencionada, quien apenada bajó la mirada y se hizo pequeña en su asiento. Las burlas terminaron liberando un alboroto en los ángeles adolescentes.

—Discúlpenme, un poco de silencio por favor. —Con aquel único dicho de la maestra Lucrezia el salón se controló y volvió al silencio. —Lucero, ¿No hiciste tu tarea?

Todas las miradas voltearon a la ángel de nombre Lucero. Ella asintió, pero los nervios la hicieron encogerse aún más en su asiento.

—Vamos, somos una familia y estamos en confianza. No tengas miedo. —La animó la tutora.

Lucero siguió pensando en si hablar o no. Su mirada se posó en su amiga Luna, quien le dedicó una cálida sonrisa en busca animarla. Con un profundo suspiro, Lucero se levantó quedando como centro de atención.

Al contrario de Luna, Lucero era una muchacha un poco más alta. Sus cabellos eran lisos y de color dorado, acostumbraba a llevar trenzas. Sus ojos eran de un azul un poco oscuro de lo usual, y casi siempre tenía un tic en el ojo que delataba su ansiedad. Como en ese momento.

—Yo emm... bu-buen día a todos, yo soy Lucero, aunque ya todos lo saben ¿No? Que estúpido... —Balbuceó demasiado nerviosa —Bien, vengo a hablarles sobre mi proyecto de vida. Pues... mi proyecto de vida es que cuando crezca quiero formar parte de la primera fila del Coro de Ángeles, y después de eso... supongo que seré feliz por el resto de la eternidad, jeje... ¡D-Digo! ¿Quién no sería feliz siendo serafín? E-es a lo que me refiero... Y ya, muchas gra-

—¿Por qué quieres unirte al Coro de Ángeles, Lucero? —Le preguntó la maestra Lucrezia.

—Pues para proteger a mi creador, y obedecerlo en todo lo que necesite... —Lucero comenzó a sudar frío, de vez en cuando miraba a Luna buscando algo de calma. —Para expandir su palabra y su luz a todos los seres, protegerlos del mal camino, y demás cosas que seguro han escuchado una y otra vez. En fin, eso es todo de nuevo, muchas gra-

—Perdóname, Lucero. Pero si mal no recuerdo dijiste que después de pertenecer al Coro serías feliz para la eternidad, ¿Por qué? —Intervino la maestra, la estudiante no supo que contestar. —¿No piensas en un futuro extender el legado de nuestro creador? ¿Predicar su palabra a las siguientes generaciones?

—Po-Por supuesto maestra Lucrecia, pi-pienso hacerlo también. —Lucero tragó en seco. —Pero antes de eso, me gustaría hacer otras cosas...

—¿Cosas? ¿Cómo cuáles?

—A-Aprender... aprender de magia, de historia tal vez. —Dijo la ángel jugando con sus dedos. —Hay muchas cosas que me gustaría aprender y explorar antes de formar una familia.

Los ángeles del salón empezaron a susurrar ante aquel propósito inusual en una mujer, Lucero comenzó a sentirse extraña... ¿Había dicho algo mal?

—La educación es importante, muchachos. —Habló la maestra Lucrezia, alzando la voz. —Siempre hay que estar en constante aprendizaje, sin importar que ya no estén en un instituto. Más sin embargo... la educación tiene sus límites, por mucho que se intente, es imposible saberlo todo.

—El único que lo sabe todo es Dios, maestra. —Recalcó Luna.

—Bien dicho Luna, ese es un detalle importante. —La maestra se levantó de su escritorio. —Los ángeles somos lacayos del creador, esa es nuestra razón de existir y debemos obedecer a toda costa... lo que trato de decir, pequeña Lucero, es que la curiosidad es buena, pero peligrosa si sobrepasas los límites. De todos modos son jóvenes, y es normal. Verás que esa curiosidad desaparecerá cuando te cases y seas madre...

—¿Y qué pasa si yo...? —Pronunció Lucero con inseguridad. —¿No quiero ser... mamá?

La sorpresa y la indignación despertó en el salón de clases, varios comenzaron a contradecirla. Eso no podía ser posible, si para algo existía el matrimonio forzado era para reproducirse nada más. Era una regla de vida, una norma. No podías simplemente negarte.

Vaya pensamiento ambiguo, ¿Eh?

—Supongo que sigues siendo muy inmadura, Lucero... —Desaprobó la maestra, lo que despertó la burla en sus compañeros. Afortunadamente, la campana que anunciaba el final de clases sonó. —Pero tarde o temprano crecerás, y lo entenderás. Pueden irse muchachos.

Los estudiantes salieron en estampida, el día de clases fue muy agotador y ya estaban ansiosos por llegar a casa.

En el camino de regreso, Luna acompañaba a su amiga Lucero, la cual se encontraba decaída por las palabras de la profesora y las burlas de sus compañeros.

—No estés triste, no fue tan malo como piensas. —Luna trató de motivarla al darle palmadas en la espalda.

—La maestra me odia. —Aseguró Lucero avergonzada. —Y el salón se rió de mi... soy la peor ángel que ha existido jamás.

—Eso no es cierto, hay muchas razones por las que eres increíble. —Afirmó.

—¿Cómo cuáles?

—Pues eres mi amiga, no muchos tienen la dicha de serlo. —Espetó Luna de forma soberbia, lo que hizo reír leve a Lucero. —¿Ves? Solo debes ponerle empeño a las clases, demostrarle a la maestra Lucrezia y a los demás que seremos las mejores serafines en el Coro de Ángeles.

—¿De verdad lo crees? —A Lucero se le iluminaron los ojos.

—¡Claro! Lo lograremos, de eso estoy segurisíma. —Aseguró Luna contenta. —¡Si yo puedo, tu puedes! Ya verás.

Luna y Lucero eran mejores amigas desde que eran unos pichones sin plumas en sus alas, y a pesar de ser totalmente opuestas se llevaban bien.

En el sentido de que Luna era la superdotada, hermosa y esperanzadora. Mientras que Lucero era la rara y la que veían sin un futuro prometedor. De cualquier manera eso no les importaba, iban a permanecer juntas hasta el final.

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Comments

Alison 📚

Alison 📚

x2

2024-03-26

1

Dayma Sánchez Pérez

Dayma Sánchez Pérez

me gustó la explicación de él y lu, al igual que la trampa, igual me gustan estos temas de ángeles

2024-02-08

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