Uno de los médicos corre por los pasillos del imponente palacio de Susumira, e ingresa con respiración agitada al comedor, donde están tomando desayuno el rey Carpio y la princesa Majic, quienes se ponen de inmediato al ver la escena.
- “Lo siento Su Majestad, pero creo que el invitado que usted trajo está a punto de morir, hemos hecho de todo para bajarle la fiebre, pero ha sido imposible”, expresó con pesar el médico.
El rey y su hija corrieron a la habitación, los médicos ya se habían rendido y el rey estaba por dar su último suspiro.
Mientras tanto, la reina Huimang y Lord Chien se apresuraron al llegar al salón del trono, los miembros del concejo real ya estaban ahí, también había venido algunos cancilleres del Consejo de Buenas relaciones de la Comunidad Mágica de Hurmaya, había corrido la noticia en los reinos más cercanos que la reina había recuperado la corona de Pullango. Después de los saludos protocolares, empezó una discusión que Lord Chien sabía iba a ocurrir y aunque le advirtió a la reina, ella aún no había tomado real conciencia del asunto.
- “Mientras ustedes se escondían dejando a su gente desamparada, nosotros batallábamos día y noche contra las huestes del príncipe Bupae, y ahora se atreven a traer hasta los cancilleres del concejo para tal requerimiento, el rey solo tiene días de muerto, no tuvimos cadáver para velar”, profirió la reina con furia.
- “Entendemos su dolor Su Majestad, pero lamentablemente usted no tuvo hijos con el rey, por lo que la sucesión al trono no existe, la ley de Pullango le asegura mantener su poder de gobierno como reina al ser la viuda del legítimo rey; sin embargo, solo es aplicable si garantiza un heredero con magia con algo de la sangre de la familia real, por lo que deberá casarse pronto con algún miembro de la familia real”, expresó el duque de Leeya con una sonrisa burlona, a pesar de su tono conciliador.
- “Alguno de los tíos del rey Khwan, primos del antiguo rey, podría convertirse en su consorte, y garantizar un heredero de sangre real y poderes mágicos. Los cancilleres están acá para garantizar que le dimos la opción de mantenerse como la reina gobernante, sino cumple con tal requisito lamentablemente, Su Majestad, tendrá que dejar la corona, lo cual sería una pena después de tanto esfuerzo”, manifestó el duque de Song, con la misma mirada que tuvo cuando la mandó a las mazmorras.
La reina Huimang miró a todos en la sala, los tíos del rey Khwan también estaban presentes, hombres que no tendrían jamás los necesario para ser un monarca, siendo ya hombres con muchas canas, no habían dejado su vida licensiosa y para contar a sus amantes no bastaban los dedos de las manos.
Luego, miró a Lord Chien, ese hombre siempre había tenido la mirada serena a pesar de las circunstancias, además de ser la voz de la conciencia del rey Khwan, se había convertido en un casi un hermano para ella, recordando el pasado cuando se convirtió en su entrenador.
Cuando llegaron al palacete del príncipe Khwan aquella noche de bodas, fue acompañada por la dama principal de aquel lugar a su habitación; era bastante iluminada y espaciosa.
- “Su Alteza dijo que usted estaba muy cansada por la ceremonia y el baile, en los armarios está toda la ropa que el príncipe escogió para usted, encontrará ropa cómoda para dormir, en unos minutos llegaran las criadas para ayudarla”, dijo la dama principal del palacete.
- “Gracias, pero en verdad puedo hacerlo sola”, comentó Huimang.
- “Es ahora la esposa de Su Alteza, nos meteríamos en problemas si no la atendemos como corresponde, por favor colabore con nosotros”, manifestó la dama principal.
Después que ayudaron a Huimang a arreglarse para dormir y acomodaron la cama para que ella se pudiera recostar, las criadas abandonaron la habitación.
- “Dejaré esta lámpara en la mesa de noche, apáguela antes de dormir; la habitación de Su Alteza está frente a la suya, me dijo el príncipe que le dijera”, comentó la dama principal con una sonrisa.
- “Gracias, lo tendré en cuenta”, respondió Huimang.
Cuando la dama principal la dejó sola, Huimang se apresuró a cerrar la puerta y arrastró una de las cómodas para asegurarse más, el príncipe Khwan escuchó el ruido del arrastre y no pudo evitar reírse de las ocurrencias de su esposa; mientras seguía leyendo unos documentos.
Al día siguiente, mientras las criadas terminaban de arreglar a la princesa Huimang para que bajara a desayunar, ella escuchó el sonido de las espadas en el patio, preocupada de lo que pudiera estar ocurriendo se apresuró a mirar por la ventana, observando que el príncipe Khwang y Lord Chien entablaban una lucha magistral.
- “Hiciste noticia en una sola noche Khwan, todo el mundo está hablando de la amenaza que le hiciste a tu hermano, nunca había escuchado que hayas usado el término ‘mi mujer’ para referirte a una chica que te interesara, todos dicen que la princesa Huimang te tiene embrujado, y ha hecho que al frío príncipe Khwan le hierba la sangre”, expresó Lord Chien sin evitar reírse.
- “Deja de decir tonterías y pelea mejor, no voy a caer en tus provocaciones, sé que intentas que me equivoque”, comentó el príncipe Khwan.
Escucharon los pasos presurosos de alguien buscaba llegar al patio, cuando miraron hacia dentro notaron la presencia de Huimang.
- “¿Por qué hacen eso?, no es bueno que dos amigos se peleen”, expresó con preocupación Huiming.
Lord Chien se río de la sincera preocupación que puso la princesa y Khwan hizo un gesto de molestia bastante marcado.
- “Es un entrenamiento princesa. Le voy a presentar a mi amigo y primo. Es el hijo del primo de mi padre, el conde de Gao y de la fallecida princesa Cira, hermana del monarca del reino de Balgeun, ahí como lo ves tiene tiene sangre real de dos reinos, aunque claro es más apegado al reino Pallango, su familia materna es algo más complicada que nuestra familia y a él no le gusta hablar mucho de eso”, expresó Khwan con los ojos fríos de siempre.
- “Lo conocí en el baile, poniendo un alto al príncipe Bupae, mientras usted conversaba alegremente con algunas señoritas. Conversamos un rato en el jardín del palacio”, manifestó molesta Huimang.
- “¿En el jardín?”, preguntó Khwan con cara de pocos amigos.
- “Ella necesitaba tomar aire, te aseguro que no la toqué, no quiero ser eunuco”, manifestó Chien de manera graciosa.
- “Como digas”, dijo de manera indiferente Khwan para luego ingresar a la casa.
Chien suspiró como siempre su primo se volvía un tempano de hielo cuando sentía que sus emociones tomaban control de él. Hizo una seña para que la princesa también ingresara y él siguió a la pareja, el general más joven de Pullango tenía cierta pena por Huimang sabía que nada iba a ser fácil para ella siendo la esposa del príncipe Khwan.
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Comments
Karen Albornett
Rey muerto, Rey puesto, literal...
Otro reino .. Cuántos son???
2025-01-08
0
indira avila
que pena, como será que falleció la princesa Cira 😢🤔
2024-12-12
1
Renata Pineda
Yo tengo pena también, se nota que Khwan no va a ser fácil
2024-02-10
3