La mañana siguiente el rey Khwan amaneció con fiebres muy altas, los médicos de Susumira están tratando de aliviar su malestar; en medio de su delirio repite una y otra vez el nombre de Huimang, vagando en los recuerdos del día en que ella se convirtió en su esposa.
El príncipe Khwan sonreía ante la natural vergüenza de su reciente esposa, la tomó de la mano y se dirigieron al carruaje, después de saludar a todos subieron y luego de cerrar la puerta, empezaron el camino al palacio de Pallango para el gran banquete.
Khwan volteó a mirar a Huimang, quien yo tenía el rostro sonrojado sino un gesto adusto que hacía notar la molestia de la jovencita.
- “Para alguien que ya tenía novio, creí que tendría mayor experiencia en dar un beso”, expresó Khwan de manera natural.
- “Y para alguien que me supera en edad, no aprendió nada sobre la prudencia y el decoro. Esto es un negocio, no se sobrepase”, manifestó Huimang volteando el rostro, no tenía ganas de mirar al príncipe.
- “Creo que lo disfrutaste, no deberías estar tan molesta”, dijo Khwan volteándolo los ojos.
- “¿Tú solo te calificas?, de seguro más de una ha tenido que decir que eres excelente, después de todo eres el príncipe, las pobres no podían expresar sus quejas”, expresó Huimang, de la cólera que tenía no pensó en las consecuencias.
En segundos el príncipe se le acercó tanto que podía sentir su aliento, la hizo retroceder tanto que estaba casi echada en el carruaje; se puso nerviosa y su pecho bajaba y subía ante la inmensa presencia del príncipe Khwan.
- “Si crees que el servicio fue deficiente, podría repetirlo hasta que quedes satisfecha”, dijo Khwan mientras tomaba de la cintura a Huimang y la acercaba hacia él.
Ella volteó el rostro para alejarse de los labios del príncipe, se había puesto pálida; ante su silencio Khwan la soltó y tomó asiento en su lugar para que ella pudiera tranquilizarse, así como a él le sirva para controlar sus deseos, esa actitud desafiante de su joven esposa activaba emociones que creía había dominado; lo rebelde e inocente que era ella al mismo tiempo lo estaba atrayendo más de lo que pensó iba a ocurrir.
Pasearon por varios lugares de Pullango, antes de llegar al palacio, la jovencita no dijo ninguna palabra más, solo miraba por la ventana mirando el paisaje, había tratado de que él no se diera cuenta que dejó escapar algunas lágrimas, había aceptado ese trato, pero al tomar más conciencia de lo que eso significaba, cayó en cuenta que eso no iba a ser nada fácil.
Cuando llegaron al palacio, Khwan la ayudó a bajar y ella sonrió, la imagen perfecta de una pareja enamorada tal como se acordó que debía ser; al llegar al salón del baile hicieron la reverencia al rey y la reina, su cuarta esposa, y madre de la princesa Dogaji.
A diferencia de las madres de los dos primeros príncipes, de quienes el rey se divorció, la madre de Khwan murió a causa de terribles fiebres, cuando el pequeño solo tenía dos años, siendo la única mujer que el rey de Pallango ha amado con sinceridad.
El rey se mantuvo solo durante cinco años hasta que se casó con su actual esposa y con quien ya tiene diecinueve años de matrimonio, la reina Yatong trató de criar a Khwan como su hijo sin mucha suerte, pese a eso Dogaji y él se quieren mucho, a diferencia de sus hermanos mayores que los ven con receles por el gran amor que tiene el rey por sus hijos menores.
Después de la presentación de Huimang ya convertida en princesa, venía el baile de los novios, mientras ellos seguían el ritmo de la música, ella trató de no mirar directamente al príncipe, había demasiada gente a su alrededor, si él la molestaba tal vez no se iba a aguantar y haría algo imprudente.
- “Después de bailar con el rey, tendrás que bailar con el príncipe Bupae, no puedo evitarlo por ahora, no dejes que se acerque demasiado a ti, si a mi me consideras molesto, no sé cómo podrías considerarlo a él”, le susurró Khwan.
Ella no respondió, quería decirle que fue él quien la puso en la posición que estaba ahora, y que ahora buscaba asustarla con cualquier cosa. A diferencia de la manera de ser tan distante de Khwan, la imagen del príncipe Bupae era de alguien más cálido y alegre, la reputación que había creado para que nadie sospeche de él.
Cuando llegó el momento de bailar con el príncipe Bupae, Huimang pudo notar la sonrisa brillante de la que todas las señoritas hablaban en las fiestas de té, a las que iba para mantener las flores lindas; su expresión era más serena, era evidente que no tenía la belleza de su hermano, pero no era para nada un hombre feo, a sus treinta y cinco años y con dos matrimonios disueltos aún no había tenido hijos; su tercera esposa era una mujer muy bonita, la princesa Zerra; sin embargo, eso no había evitado que Bupae trate de involucrarse con toda mujer que se cruce en el camino, especialmente aquella que haya sido de interés de su hermano Khwan.
- “Es muy hermosa la esposa de mi hermano, ahora entiendo porque la tuvo tan escondida, cualquiera se volvería loco con una mujer como usted”, expresó Bupae mientras bailaba con Huimang.
- “Su esposa es muy hermosa, Su Alteza”, manifestó Huimang.
- “Seguro, pero no estoy hablando de ella. Si el idiota de mi hermano no te logra complacer, te aseguro que puedo compensar su falta”, dijo Bupae mientras puso su mano en la cintura de Bupae y la bajaba a sus caderas.
- “Creo que no conoce a su hermano, hace extremadamente bien su trabajo”, respondió molesta Huimang deteniendo la mano de Bupae.
El príncipe Bupae se encendió de colera, iba a traer hacia él a Huimang, pero sintió una gran mano en su hombro.
- “Es mi turno de bailar con la novia, primito”, comentó Lord Chien, apretando fuertemente el hombro del príncipe.
- “¿Khwan mandó a su perro fiel a defender lo suyo?”, preguntó Bupae con rabia.
- “Hasta ahora no lo conoces, todo lo que es suyo se defiende solo”, respondió Lord Chien, Bupae se dio cuenta de la violenta mirada de Huimang y se alejó del lugar.
- “Me presento, Su Alteza. Soy el general Chien Kwa del ejército de Pullango, y el primo de esos dos idiotas, que al fin de cuenta son príncipes. ¿Continuamos bailando o prefiere tomar aire fresco?”, preguntó Lord Chien con una sonrisa.
- “Necesito aire”, respondió Huimang, porque al mirar al príncipe Khwan mientras ella estaba pasando por esos momentos, notó que estaba muy sonriente con varias señoritas que lo rodeaban.
Lord Chien dirigió a Huimang hacia los jardines, mientras sacudía la cabeza ante la actitud indiferente de Khwan hacia su reciente esposa; sintió algo de pena por la nueva princesa no sabía nada del mundo de fieras en que se había involucrado.
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Comments
Tere Roque 🇨🇺
uyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy Khwan creo k le estás buscando la 4ta pata al gato 🐱 y noooooooo te va ha gustar encontrarla, cm dice 1 refrán, ""juega con la cadena ⛓️ y noooooooo con el mono 🐵 """
2025-01-15
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Tere Roque 🇨🇺
ésoooooooooooooooooooooooooooooooo la hará convertirse en 1 fiera peor k ése mundo 🌎 😱 😡 😒 😐 😑 serán muchísim@s l@s k se la tendrán k ver con ella, convertida en la fiera, mayor
2025-01-15
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LectoraPR
Jajajaja, no provoques la lengua de esa mujer, príncipe. Por el momento es un arma mortal para defenderse.
2025-02-11
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