—Puedo pagarte el doble, o el triple si aceptas quedarte a mi lado.
Leandro parecía extremadamente seguro de sus palabras. Su fuerte e intimidante mirada lograba cohibir a cualquier. Pero Luka Mancini no era cualquier persona. Él había vivido con su familia paterna mucho más tiempo que Elio, por supuesto que estaba acostumbrado a esas miradas amenazantes.
—¿Por qué me quiere a su lado?, o mejor dicho, ¿Para qué?, para ser un simple secretario, ¿O pretende convertirme en uno de sus amantes? —Luka lo encaró.
Leandro agarró la barbilla afilada y le hizo verlo a los ojos. Amaba esos hermosos ojos azulados y brillantes. Era como si el inmenso y hermoso océano se reflejara en ellos.
—Por supuesto que me encantaría hacer que mordieras la almohada para mí, sin embargo, dije que no te iba a presionar e iba a esperar a que tú solito me rogaras.
La mirada de Leandro estaba marcada con total lujuria. Había estado esperando el momento exacto para arrancarle la ropa a Luka y ponerlo en cuatro, de rodillas ante él, o con sus pies sobre sus hombros, ¡Joder!, cualquier posición sería malditamente buena.
—También dijo que tenía una lista enorme, así que, vaya y busque a cualquiera de esas personas, yo no pienso tener sexo con usted. —Habló firmemente, mientras quitaba la mano de Leandro de su barbilla.
Aunque había sido rechazado varias veces, Luka tenía algo que le hacía querer poseerlo por completo. Tal vez era por la resistencia que ponía, pero cada día deseaba más poder tenerlo.
Él estaba por decir algo, sin embargo, el claxon de un automóvil los hizo girar la mirada. Era esa camioneta vieja color naranja que había visto en la casa de Emanuele. El universitario se asomó por la ventanilla.
—Bueno, señor Leandro, fue un placer trabajar con usted.
Luka, sin esperar a que Leandro dijera algo, paso a su lado, empujándolo un poco y yendo hasta Emanuele.
Y ahí, sin poder hacer nada para detenerlo, vio su mayor deseo, irse en el auto de otro.
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—Gracias por traerme. —Dijo Luka, mientras caminaban hacia la estación de tren. Ninguno había dicho nada desde que Emanuele lo recogió en la carretera. Él no quería preguntar, y Luka no quería hablar de, lo que consideraba, innecesario.
—Nos vemos mañana, cuídate.
Luka asintió y fue a comprar su boleto para regresar a la ciudad. Emanuele lo vio ir hacia las bancas para esperar el tren, deseaba acompañarlo, pero, por el semblante que tenía, dudaba mucho que quisiera compañía en ese momento.
Mientras más lo pensaba, más convencido estaba. Entre ese hombre, con una fea cicatriz en el rostro, y Luka, ocurría algo más. No se veía tan simple como una relación de jefe y empleado. Sin embargo, consideraba incorrecto preguntarle en ese momento. O en cualquier otro. Prefería que Luka confiara en él, y se lo contara por iniciativa propia. Aunque no sabía si ese momento llegaría.
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Luka llegó a su casa, era tarde y fue directamente a su habitación. La discusión con Leandro le hizo doler horriblemente la cabeza.
Se recostó en su cama, con el rostro hacia abajo, y se acurrucó en sus sábanas, abrazando su almohada. Odiaba sentirse tan miserable. Él había decidido terminar esa relación laboral, pero era él quien se sentía decaído por ello. Era lo mejor, de eso no había duda. Sin embargo, Leandro le había gustado durante mucho tiempo (aunque era un idiota), y en ese momento no sabía cómo lidiar con sus sentimientos.
Por el momento, dejaría que las cosas siguieran su curso. No iba a insistir y se olvidaría de él en algunos meses. Tal vez no volvería a tener la misma vida de antes, pero, al menos, ya no iba a estar atado a sentimientos unilaterales.
Al siguiente día, Luka se levantó temprano. Como ya no tenía un trabajo donde ganara bien, tenía que comenzar de nuevo. Emanuele dijo que un chef de la universidad estaba buscando ayudante y pensaba que él podía hacerlo. Estaba muy tentado a aceptar la oferta, pero prefería buscar por su cuenta un trabajo. No quería depender de los demás, y mucho menos de Emanuele. Ya suficiente había sido usarlo para que Leandro lo dejara tranquilo.
Después de salir de su casa, se dirigió a diferentes lugares en el centro de la ciudad. Había pensado en regresar al bar, después de todo, David era una persona que apreciaba su trabajo y entendería que quería estudiar. Sin embargo, seguramente vería muy seguido a Leandro, y era lo que menos deseaba en ese momento. Ese hombre únicamente traía descontrol a su vida.
Después de buscar mucho tiempo, y de ir de un lado a otro, decidió entrar a una pequeña tienda de comida. El lugar no era especialmente grande o elegante, pero el servicio siempre le había parecido, muy agradable. Además, la comida era muy buena. Por supuesto, nunca lo diría en voz alta, temía que la noticia llegara a oídos de Isabella y morir en el instante.
Al entrar fue directamente a la barra para hacer su pedido, luego de pagarlo y recibir su ticket, buscó una mesa libre en el rincón, por suerte había una.
—Hola. —La voz de una persona le hizo levantar la mirada del celular. Sus ojos se encontraron con unos hermosos ojos ámbares. El hombre frente a él, era completamente desconocido, pero con sólo una mirada, podía ver que cada cosa sobre su cuerpo, rebasaba los tres ceros.
—¿Te conozco? —Cuestionó con un ligero tono de molestia.
—De hecho, no, pero yo a ti sí. —Dijo, recogiendo uno de sus mechones teñidos y poniéndolo detrás de su oído izquierdo. Acomodó la silla y se sentó frente a Luka. Luka no recordaba haberlo visto en ningún momento. Él, definitivamente, era una persona difícil de ignorar u olvidad. Sus grandes ojos ámbares quedaban perfectos en el delicado y angelical rostro. El cabello estaba teñido de un hermoso color morado oscuro, era tan largo que le llegaba hasta la cintura, y, aunque usaba químicos para cambiar su color, se veía hermosamente cuidado.
—Nunca olvidaría a alguien como tú, y dudo que estés confundiéndote de persona. —Dijo. La persona frente a él le sonrió, por supuesto, que no se estaba confundiendo.
—No soy idiota, aunque sí eres muy parecido a tus hermanos. —Dijo, acomodando su hermoso cabello de un lado.
—De acuerdo, ¿Quién eres? —Luka miró por doquier, buscando una forma de escapar de ahí si las cosas se ponían difíciles con ese desconocido, no obstante, se dio cuenta de que estaba completamente rodeado.
—Tranquilo, no soy una mala persona. —Luka arrugó las cejas, aunque tenía un rostro lindo, no podía confiar en él.
—¿Cómo me conoces y cómo diste conmigo?
—David me habló de ti y me mostró una fotografía tuya, pasaba por aquí y te vi, esa es la historia. —Al escuchar el nombre de su antiguo jefe, pudo relajarse un poco.
—¿Qué es lo que quiere? —Luka se recargó contra el respaldo de la silla y dejó el espacio libre para que la mesera colocara su comida frente a él.
—Me mudé recientemente y necesito a alguien que cocine para mí. Entre la conversación que tuve con David, dijo que eras un buen cocinero, pero que tenías trabajo. —Él agarró una de las papas fritas que había en la comida de Luka de manera descarada—. Deja el trabajo que tienes, si quieres y aceptas mi oferta, puedo pagarte el doble por tus servicios.
Para Luka, que estaba desempleado y entraría a la universidad en unos días, parecía una propuesta realmente tentadora. Sin embargo, su cerebro le decía que era una muy mala idea aceptar ese empleo. Aunque la persona frente a él le dijo que iba de parte de David, aún era reacio a creerle por completo.
—¿Cuál es su nombre? —Luka elevó una ceja.
—Mi nombre es Geovanny D'Amato, es un placer conocerte, Luka Mancini. —Geovanny sonrió y extendió la mano hacia él. Luka, aunque dudando un poco, correspondió el saludo.
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El hombre en la oscuridad encendió un cigarrillo y la poca luz del encendedor iluminó sus ojos oscuros y una parte de su rostro deformada, igual a una quemadura grave. Delante de él, un hombre de mediana edad temblaba de miedo y de su boca escurría sangre a chorros.
—¿Qué fue lo que dijo? —Preguntó. La voz fuerte y aterradora hizo que el hombre que sangraba, se orinara en los pantalones.
—Nos faltan unos en la lista, señor, y están en Italia. —Respondió con sumo respeto el hombre armado frente a él.
Aunque no lo pudieran ver, él asintió—. Vayamos a Italia entonces. Busquemos a esas perras, y sigamos con nuestros negocios, sin embargo, tenemos que… —Sus palabras fueron interrumpidas repentinamente. La puerta de bronce se abrió en un rechinido sonoro.
El niño, de apenas nueve o diez años, entro corriendo, con la mirada aterrada y la respiración acelerada. Sus pequeñas y delgadas piernas apenas y podían sostenerse, si no hubiese estado agarrando la perilla de la puerta, seguramente estuviera en el piso, de rodillas. Con voz temblorosa y un semblante sumamente preocupado, dijo:—Padre, los militares han rodeado la casa.
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Comments
Lea
Este me da mal yuyu, tiene pinta de estar obsesionado con su propio primo y como vio que Leandro esta enamorado va a por luka
2025-01-29
0
insomnio 1.0
Omaiga OMAIGA AAAAA 👁👄👁
2025-02-14
1
Misdalia Canchila Ortega
Ándale, ahora este qué es lo que quiere? será malo? ay no, ya me estrese 😿😿
2024-11-06
3