Capítulo diecinueve
Luca miró a Rocío con una sonrisa comprensiva y un brillo juguetón en los ojos. Se acercó a la encimera donde ella estaba y tomó un tomate del bol, examinándolo con una expresión de falsa seriedad.
—Creo que te ha quedado una versión nueva de tomate confitado —bromeó, mostrando el tomate blandito entre sus dedos.
Rocío rio, sacudiendo la cabeza con fingida decepción. Luca se unió a la risa y comenzó a recoger los ingredientes que necesitaban para la ensalada, trabajando en sincronía con Rocío. La conversación entre ellos fluía con naturalidad mientras se dedicaban a la preparación de la cena.
Luca continuó cocinando, demostraba una habilidad sorprendente para cortar los vegetales. Por su parte, Rocío, aunque con cierta torpeza, lograba desenvolverse en la cocina, ayudada por las indicaciones de su nuevo compañero de cocina.
—Mi madre me decía que no hay más ciego que el que no quiere ver —bromeó él y ella le dio un codazo.
—Muy gracioso, a mi favor, soy una gran cocinera, pero desde que me separé he pedido mucha comida a domicilio. Por lo que no recuerdo donde está todo en la cocina —aseguró ella sin verle.
—¿Hace cuánto estás separada? —preguntó él dándose cuenta de que era una cuestión incómoda—. Lo siento, no debes responder si no lo deseas.
—Casi un mes, no puedo creer que ya haya pasado tanto —confesó ella. Para ella su separación iba por fuera de los papeles de divorcio, esta se concretó cuando se dio cuenta de que Marcelo la engañaba.
—No ha pasado mucho —dijo Luca mientras se secaba las manos.
—A mí me parece una eternidad, aunque aún duele mucho —aseguró ella con una sonrisa triste—. Lo peor de todo fue que pude haberlo dejado antes, pero decidí esperar a que me engañara. Soy patética. ¿No crees?
—¿Por qué te hablas así a ti misma? Solo tú sabes lo que viviste en ese matrimonio. Mi madre también decía que uno solo puede ver la verdad cuando está preparado para hacerlo. Tal vez necesitabas algo que ya tienes para poder decidirte —le indicó Luca haciéndola sentir mucho mejor.
—Tu madre es una mujer muy inteligente —le aseguró Rocío.
—Lo era, falleció hace mucho —comentó él mientras terminaban de cocinar.
—Lamento escuchar eso, yo no me llevo bien con mi madre, pero, aun así, la quiero mucho —respondió ella y él la mojó con agua sorprendiéndola—. ¿Qué haces?
—Te saco del drama o te podrás a llorar y eso, querida mía, hará que tus ojos se hinchen más y no me gustaría que una empleada faltara más de la cuenta —argumentó él.
—Si eras de recursos humanos. Me mentiste —dijo ella en tono acusador, pero bromeando. Y fue entonces, que Luca se dio cuenta de que aún no le decía a Rocío que era su jefe.
—Aquí está el secreto para que la ensalada sea perfecta —dijo Luca con tono dramático, tomando una botella de vinagre balsámico y dejándola en la encimera frente a Rocío—. Este es el malvado gemelo del edulcorante. ¡Cuidado con él!
Luca decidió esperar para decirle que era el CEO de la empresa, ya que la estaban pasando demasiado bien como para que ella empezara a comportarse extraña. Rocío rio y, tomando el vinagre balsámico con cuidado, cuando giró la cabeza en dirección a Luca con picardía. Ambos compartieron una sonrisa cómplice mientras continuaban con la preparación de la cena.
A medida que iban avanzando en la receta, Rocío se sentía cada vez más relajada, disfrutando del momento y olvidándose por completo del día agitado que había tenido. Luca también estaba disfrutando de la experiencia, a pesar de las pequeñas catástrofes culinarias que ocurrían. Juntos, lograban encontrar soluciones creativas para cada problema que surgía, convirtiendo lo que podría haber sido un desastre en una experiencia divertida y memorable.
Entre risas y charlas animadas, Luca le mostró cómo manejar cada ingrediente, a veces riendo por las ocurrencias que surgían mientras ella trataba de seguir sus instrucciones. La atmósfera en la cocina se llenó de risas, charlas animadas y un sentido de camaradería. Mientras trabajaban, la complicidad entre ellos parecía crecer, y Rocío se encontraba cada vez más cómoda con la presencia de Luca, disfrutando de su compañía y de la manera en que se complementaban en la cocina.
Finalmente, cuando terminaron la cena, la mesa estaba lista y ambos se sentaron para disfrutar de lo que habían cocinado juntos. El aroma delicioso inundaba la habitación, y Rocío se sorprendió al darse cuenta de que la velada había sido mucho más especial de lo que esperaba cuando abrió la puerta a Luca esa noche.
—¿Lista para probar las exquisiteces que tu compañero suele cocinar? —preguntó Luca y le acercó la comida a la boca.
—Lista —respondió ella.
Un trozo de la comida preparada por Luca, llegó a la boca de Rocío, quien saboreó la mezcla de texturas con una sonrisa en el rostro. La comida era deliciosa, pero lo que hacía especial aquel momento era la compañía. El gesto amable de Luca al darle de probar la comida tenía algo más que cortesía; había una conexión entre ellos que iba más allá de la preparación de la cena.
Rocío no podía evitar sentirse agradecida por la noche tan especial que estaba viviendo. Había pasado por momentos difíciles, pero esa cena compartida con Luca la estaba ayudando a olvidar las preocupaciones por un rato.
Mientras continuaban disfrutando de la comida, la charla fluía entre risas y anécdotas. Hablaban de sus familias, de momentos graciosos en la cocina y de algunas experiencias laborales que les habían marcado.
—Mi madre no era buena cocinando, por suerte para ella, mi padre no la quería, por eso —reconoció Luca sonriendo.
—Debió ser una buena madre si te crio. Pareces una persona excelente vindicó ella.
—Solo lo dices porque sin mí te estarías muriendo de hambre —indicó él sintiendo que las palabras de Rocío habían pesado más que de costumbre, a diferencia de cuando salía con una mujer—. Entonces… ¿Te gustó la cena?
—¡Me encantó! Y no solo por el sabor, gracias, Luca. Gracias por todo, aunque no debías estás aquí —respondió Rocío sinceramente.
—Deja de agradecerme o me llevaré toda la comida y te dejaré con tu ensalada de tomates dulces —protestó él.
Ambos continuaron compartiendo historias y risas, sumergidos en esa atmósfera de complicidad que habían encontrado. Cada gesto, cada palabra, era un nuevo descubrimiento el uno del otro.
—Creo que tengo que confesarte algo —dijo Luca con una sonrisa nerviosa, rompiendo un poco el ambiente relajado. No era de las personas que disfrutaba mentir y eso no había dejado que se relajara.
Rocío giró la cabeza expectante, preguntándose qué confesión podría hacerle en ese momento tan especial.
—Soy… —comenzó a decir Luca, pero en ese preciso instante, el timbre sonó.
Autora: Osaku
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Updated 105 Episodes
Comments
Clara E.
No me digas que va a llegar el ex a romper la linda velada que tuvieron 🤦🏻♀️
2024-11-01
0
Clara E.
Así es, ni antes ni después. Todo se da cuando es el momento correcto.
2024-11-01
0
Linilda Tibisay Aguilera Romero
ha cuando le podrá decir que es su jefe
2024-04-02
4