Capítulo dieciséis
El hombre, aun sosteniendo su brazo con delicadeza, guio a Rocío hacia la enfermería. Caminaban lentamente por los pasillos. Él hablaba tratando de calmarla, ofreciendo palabras de aliento.
—Vamos, estamos casi allí. La enfermería está a un par de pisos —le informó su compañero, manteniendo una voz calmada y tranquilizadora.
—Fui una tonta, no debí usar esa máquina de café —espetó ella con molestia.
—No te culpes, debieron cambiarla. Lo bueno será que te podrás ir antes a casa —indicó él mientras subían al ascensor sin saber que más decir.
Rocío, se aferraba al brazo de su compañero sin sospechar que este era el dueño de la compañía. Por lo que, cuando pasaban al lado de sus compañeros, estos miraban con sorpresa la situación. La imposibilidad de abrir los ojos la llenaba de preocupación, pero la presencia reconfortante del hombre a su lado le daba cierta sensación de seguridad.
Finalmente, llegaron a la enfermería. Su jefe la condujo con cuidado hasta una silla, donde ella se sentó con precaución.
—Espera aquí, Rocío. Voy a buscar a la enfermera para que te atienda —dijo el CEO, asegurándose de que estuviera cómoda antes de salir en busca de ayuda.
Rocío permaneció sentada, intentando calmar su respiración agitada. La incertidumbre de no poder ver seguía presente, pero la gentileza y el apoyo de aquel hombre, cuyo rostro aún no podía distinguir, le brindaban cierto consuelo en medio de la situación desagradable.
Después de unos minutos, el CEO regresó con la enfermera. Esta última comenzó a examinar los ojos de Rocío con cuidado y a proporcionarle tratamiento para aliviar la irritación en los párpados, para su suerte el calor hizo que cerrara los ojos y estos no fueron afectados. Aunque tenía leves quemaduras en sus párpados, lo que producía inflamación y le impedía abrirlos.
—Vas a estar bien, Rocío. La quemadura no parece ser grave. Solo necesitas descansar un poco y seguir las indicaciones que te daré. Aunque pediremos que te hagan una evaluación por parte del equipo médico —le informó la enfermera.
Rocío asintió, agradecida por su ayuda. A medida que la situación se calmaba, la incógnita sobre quién era su compañero solidario persistía. Sin embargo, aún no podía ver su rostro.
—Gracias… a ambos —indicó Rocío, con gratitud en su voz, esperando que el desconocido comprendiera su aprecio.
El hombre asintió suavemente, pero antes de que pudiera decir algo, la enfermera continuó con su tratamiento, colocándole una crema en los ojos y vendándoselos.
—Tengo una duda, si no es grave. ¿Quiere decir que me puedo quedar? Aún tengo que terminar algo —indicó ella y ambos la miraron sorprendidos. Pese a eso, deseaba quedarse en el trabajo. ¿Qué le pasaba a esa chica?
—¿Por qué quieres quedarte? —preguntó el CEO sin poder contener su inquietud.
—Tengo que entregar un trabajo hoy, incluso iba a quedarme horas extras para resolverlo —indicó ella y él la miró más sorprendido que antes.
—Pero, no puedes ver —aseguró el presidente mientras le pedía a la enfermera que los dejara solos. Empezaba a molestarse con Rocío. ¿Por qué era tan terca?
—Ya he estado en esta situación, no será un problema. El hecho de saber que mis ojos están bien me deja tranquila. Una vez que el médico me firme el alta regresaré a mi escritorio —enfatizó ella.
Su jefe no lo podía creer. Nunca había conocido a alguien tan testarudo.
—¿Sabes que puedes darte de baja hasta que te recuperes? —preguntó el CEO molesto porque Rocío decidió no aceptar su consejo—. No te despedirán si no vienes después de lo que te pasó.
—Acércate —le pidió Rocío y él lo hizo, aunque no sabía qué quería.
—Escucha bien —susurró ella con la venda en los ojos y una sonrisa pícara—. ¿Tú eres del departamento de recursos humanos?
—No —aseguró él.
—Pues yo hacía mucho papeleo para la empresa de mi exmarido. ¿Sabías que la ley dice que si después de tres meses no demuestras un buen rendimiento pueden despedirte? Sé todo lo que un empleado y un empleador debe saber. No me conviene tomarme días, sobre todo porque esto ya me pasó una vez —indicó ella y suspiró sin saber que lo hizo sobre el cuello de él.
—Te aseguro que no te despedirán —le dijo el CEO alejándose un poco.
—¿Eres el dueño? —preguntó ella y no lo dejó responder—. Claro que no. Si fueras el dueño no perderías tu valioso tiempo con una empleada como yo. Ahora escucha esto, esta es la única empresa que me tomó pese a mi edad.
—¿Qué edad tienes? —preguntó él con una sonrisa y curiosidad. Su empresa no juzgaba a las personas por esa clase de cosas.
—Seguro que más que tú. Pero no tengo muchas posibilidades de trabajar de algo que me gusta en el mercado debido al divorcio que estoy atravesando. Así que solo llévame a un escritorio y te mostraré cómo puedo trabajar sin ver —aseguró ella con confianza—. ¿No te animas?
—¿Me estás retando? —preguntó él y la médica de la empresa entró y al ver al CEO se detuvo. Este le hizo señas de que pasara—. La médica está aquí. Dejemos que ella sea la que decida.
Una vez que evaluó a Rocío y se aseguró de que la enfermera le explicara cómo la había curado. Le pidió a Rocío que por favor pasara por recursos humanos para buscar su baja por unos días. —Pero, ¿por qué? Tengo mucho trabajo que hacer. Además, no necesito ver y con esa crema no me duele el rostro. Le prometí a mi supervisor que terminaría hoy lo que me pidió. Por favor, no me haga ir hoy. Si quiere puedo pasar el permiso mañana, pero debo terminar con eso —explicó Rocío casi suplicando. La médica miró a su jefe sin saber qué decir—. ¿Por qué no hablan?
—La doctora no está convencida de dejarte quedar —le indicó él. Y le pidió a la médica y a la enfermera que se fueran.
—Por favor, terminaré eso y me iré, lo prometo. Pero, es que no me gusta faltar a mi palabra —suplicó Rocío, lo que le quitó otra sonrisa a su jefe.
—Está bien, solo que debemos hacerlo a escondidas. ¿Qué dices? —preguntó él y ella le pidió que le extendiera las manos. Él lo hizo sin entender y ella recorrió sus brazos fuertes hasta llegar a sus brazos y le dio un gran abrazo.
—Te debo una grande —dijo ella y recuperó la compostura—. Espera, aún no sé tu nombre.
—Llámame Luca —pidió él.
—Te llamas igual que nuestro jefe. ¿No te hacen chistes por eso? —preguntó ella bromeando. Mientras le daba la mano para ir con él.
—Sí, todo el tiempo —mintió Luca.
No quería ponerla nerviosa diciéndole que él era su jefe.
Autora: Osaku
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Comments
Calo
🤣🤣🤣 buenísimo capitulo
2025-02-20
0
🤗 dannet
jajajajajaja esta es mas pendeja que yo
2024-12-07
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Ivania Flores
yega su media naranja 🍊 😋 🤤 🙊 😍 😱 🍊
2024-11-13
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