Capítulo doce
Las luces parpadeantes del club nocturno inundaban la calle, reflejándose en el pavimento mojado por la lluvia reciente. Rocío y Marta caminaban hacia la entrada, riendo y compartiendo anécdotas del pasado, mientras se abrían paso entre la multitud que se agolpaba frente al local.
—Hay demasiadas personas. Nunca entraremos —indicó Rocío al ver la fila.
Mientras veía que otras chicas se quejaban con los enormes y robustos muchachos de seguridad, una rubia y una morena pasaron pro al lado de ella luciendo lo que parecía todo menos ropa.
—¿No tienen frío? —preguntó Rocío mientras la chica hablaba con el de seguridad y este las dejaba entrar.
—Parece que no, porque ellas sí lograron entrar —contestó Marta—. Dicen que este es el mejor club de la ciudad. En las paredes, dentro, hay cuadros de grandes pintores.
—¿De verdad? —preguntó Rocío, sorprendida—. De todas maneras, hace mucho frío aquí. ¿Por qué mejor no vamos a un bar y bebemos un café? Ya conseguí que mi ex me vea así…
—Déjame a mí —dijo Marta y se fue a hablar con uno de los chicos de la entrada. Y poco después lograron entrar.
Una vez dentro, la música vibrante invadió sus sentidos, sumergiéndolas en un mar de sonidos que inundaban cada rincón del lugar. Marta, con su espíritu contagioso, arrastró a Rocío hacia la pista de baile, desafiando cualquier reserva que pudiera tener.
—¡Vamos, Rocío! ¡No permitiremos que los problemas nos arruinen la noche! —gritó Marta, emocionada, mientras se movía al ritmo de la música.
—¿Qué le dijiste? —preguntó Rocío sorprendida.
—Es un secreto —indicó su amiga sonriendo.
Rocío se dejó llevar por la energía de su amiga, permitiéndose soltar tensiones y preocupaciones mientras se movía al compás de la música. Aunque al principio se mostraba tímida, pronto se sumergió en la atmósfera del lugar, liberándose de las restricciones que la habían atado durante tanto tiempo.
Ambas bailaron sin inhibiciones, riendo, cantando y compartiendo momentos de complicidad en medio de la algarabía del lugar. La música era una especie de bálsamo, despejando las preocupaciones y permitiéndoles disfrutar el momento, olvidando las vicisitudes que las habían rodeado.
—¡Esto es lo que necesitaba! ¡Gracias, Marta! —gritó Rocío por encima de la música, con una sonrisa radiante en el rostro.
Marta respondió con una risa contagiosa, su rostro iluminado por las luces neón del club. La amistad entre ambas se fortalecía, sellada por la complicidad de esa noche inolvidable.
Cuando la madrugada empezó a asomar tímidamente, Rocío y Marta se despidieron del club, con sonrisas cansadas, pero llenas de alegría. Caminaron hacia casa, recordando cada instante de esa noche que les había regalado una dosis de felicidad en medio de la incertidumbre.
—¡Esta noche fue increíble! —exclamó Rocío, agradecida, mientras abrazaba a Marta.
—Lo sé, ¡tenemos que hacerlo más seguido! —respondió Marta, devolviendo el abrazo con entusiasmo—. La última vez que salimos así fue cuando estábamos en la universidad.
—Ni me lo recuerdes. Fue la noche en la que me embaracé de Andrea —comentó Rocío mientras buscaba que un taxi se detuviera.
—¿No tomabas pastillas? —preguntó Marta corriendo para cruzar la calle junto a ella.
—Dicen que a veces fallan. De todas maneras, no me arrepiento. Amo a Andrea y a Victoria. Soy feliz con ellas —aseguró Rocío.
—Igual, esa niña tiene una actitud endemoniada —aseguró Marta cuando subían a un taxi.
—Su padre es su héroe y está en la adolescencia —aclaró Rocío.
—¿No les dirás lo que él te hizo? —preguntó Marta.
—Espero no tener que hacerlo nunca. Hoy me sentí mal por Marcelo, aunque después recordé que me amenazó con sacarme la custodia de las niñas, y mi lástima por él se esfumó.
***
Rocío estaba en la cocina, disfrutando de una taza de café mientras revisaba algunas cosas para su primer día en el nuevo trabajo. El lunes por la mañana, todo parecía tranquilo y enfocado en su nuevo camino profesional. En ese momento, Marcelo irrumpió en la casa, seguido de cerca por un abogado.
Marcelo se mantuvo en la puerta, con un gesto serio y decidido en su rostro. Rocío, sorprendida por su presencia, mantuvo la calma mientras dejaba su taza sobre la mesa.
—Buenos días, Marcelo. ¿Pasa algo? —preguntó, manteniendo la compostura a pesar de la tensión en el ambiente.
Marcelo, junto al abogado, se acercó con una expresión preocupada y decidida.
—Necesito acceso a nuestras cuentas. Bloqueaste todo y estoy teniendo problemas para resolver algunos asuntos financieros importantes —explicó, tratando de mantener la calma.
Rocío, sin perder la compostura, miró a Marcelo con seriedad.
—Tomé esa decisión para proteger nuestras finanzas hasta que podamos resolver todo legalmente. Mi abogado ya te envió el acuerdo, si lo firmas te daré las nuevas contraseñas de alguno de los proyectos —explicó con calma, pero con firmeza.
El abogado intervino con un tono conciliador.
—Entiendo que esta situación es complicada, pero podríamos encontrar una solución temporal que permita resolver las necesidades inmediatas, mientras se resuelve el tema legal —propuso el abogado, tratando de calmar la tensión entre ellos.
Rocío, manteniendo la compostura, asintió con seriedad.
—Estoy dispuesta a buscar una solución razonable. Pero por ahora, hasta que no firme el acuerdo de divorcio y la custodia de las niñas, no puedo ayudarlos. Sobre todo, porque recuerdo que, en un ataque de ira, mi esposo, perdón, exesposo, amenazó con sacarme de mi casa y no permitirme tener contacto con nuestras hijas —respondió, firme en su postura.
—¿Qué te hice para que trates de arruinar mi vida? —preguntó Marcelo haciéndose la víctima.
—Para empezar, cambié la cerradura y, sin embargo, lograste entrar sin mi permiso. Eso quiere decir que le sacaste a Victoria la llave de repuesto que le dejé. En segundo lugar, la empresa de tu familia no estaría donde se encuentra, sino fuera por todo el esfuerzo que yo hice a tu sombra y quiero que ese esfuerzo se me reconozca. Ya que sé muy bien que hablaste con tus amigos para que nadie me contrate. Además, no te estoy pidiendo que te arranques un brazo, solo firma el divorcio y has lo que quieras con tu vida —respondió Rocío mientras se ponía de pie.
—Tú no vas a decirme que hacer —reclamó él.
—Claro que no, pero sino sales de mi casa antes de que me vaya llamaré a la policía —dijo Rocío y miró al abogado que sabía que estaban invadiendo propiedad privada.
Marcelo, visiblemente frustrado, pero comprendiendo la situación, se retiró con el abogado después de un intercambio de miradas con Rocío. No dejaría las cosas así, la empresa de su padre estaba paralizada por culpa de su mujer.
Autora: Osaku
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 105 Episodes
Comments
Calo
actuante rápido Rocío
2025-02-20
1
Ivania Flores
gue lo joya y la indemnice z los año gue lo ayuda yebando proyecto x el es un buenos para nada gud solo save calentarle la cama ala amante
2024-11-13
0
Clara E.
Ahora sí Rocío es valiosa, no??
2024-11-01
0