Capítulo once
Estando sola en casa, Rocío se sumergió en la búsqueda de empleo. Mientras revisaba anuncios y ajustaba su currículum, sentía la quietud del lugar. Las maletas de Marcelo descansaban en la entrada, un recordatorio tangible de la separación que se avecinaba. Para Rocío, ese momento fue una confirmación de su determinación por buscar una vida diferente, una centrada en su crecimiento profesional y su bienestar. Mientras saboreaba una copa, contemplaba un futuro sin las ataduras de su matrimonio, sintiendo la esperanza de nuevas oportunidades laborales y un camino personal más auténtico.
Sumida en pensamientos y enviando solicitudes de empleo. Las niñas se encontraban en casa de sus abuelos, y el silencio pesaba en la atmósfera. De repente, un golpe en la puerta interrumpió su búsqueda laboral. Era Marta, su amiga desde la adolescencia, con su energía contagiosa y una idea fija en mente.
—¡Rocío! ¡Es hora de un cambio! —anunció Marta con entusiasmo.
Rocío se sentía ansiosa mientras esperaba su turno en la peluquería. A su lado, Marta hojeaba revistas de moda, comentando sobre los cortes de cabello y los tonos de moda. La atmósfera bulliciosa del lugar la hacía sentir un poco nerviosa, pero la emoción por el cambio la mantenía emocionada.
Finalmente, el estilista la llamó y la condujo al asiento. Se miró al espejo y reflexionó por un momento, considerando cómo quería que fuera su nuevo aspecto. Después de hablar brevemente con el estilista, decidió optar por un cambio atrevido.
—Quiero aclararlo un poco y recortar las puntas, por favor — indicó amablemente, aunque con determinación en su voz.
El estilista asintió, comprendiendo su solicitud. Comenzó a trabajar en su cabello, aplicando los productos necesarios para aclararlo y añadir algunos reflejos sutiles que iluminarían su rostro. Rocío observaba cada movimiento con expectación, emocionada por el resultado final.
Mientras el estilista trabajaba, Marta se acercó con revistas en mano, mostrándole opciones de cortes de cabello modernos y sugiriendo algunos estilos que podrían quedarle bien. Ambas se rieron y conversaron animadamente, creando una atmósfera alegre y relajada. Marta quería que se decolorara todo el cabello y fuera rubia como en la preparatoria.
—¿Estás loca? Soy madre —protestó Rocío avergonzada.
—Me parece que te quedaría precioso —le indicó el estilista la ver la revista que Marta le había mostrado a Rocío.
—Vida nueva… sonrisa nueva —bromeó Marta y logró convencerla de arriesgarse más. Marcelo moriría cuando viera a su preciosa ex radiante, le aseguró a su amiga.
—Cariño, soy gay y ya me dan ganas de invitarte a beber algo —aseguró el estilista y los tres sonrieron—. Ese tonto nos abe lo que se perdió.
Después de unos momentos, el estilista terminó. Rocío se giró hacia el espejo para ver el cambio y una sonrisa iluminó su rostro al ver el nuevo look. Su cabello, ahora un tono más claro, enmarcaba delicadamente su rostro. Las puntas recortadas le daban un aspecto fresco y renovado.
—¡Me encanta! ¡Es justo lo que necesitaba! —exclamó Rocío, admirando el cambio en el espejo.
Marta asintió emocionada y el estilista le dio algunos consejos para mantener el color y el corte. Salió de la peluquería sintiéndose renovada y lista para la siguiente aventura.
—Es hora de ir por algo para que te pongas —aseguró Marta y le mostró su tarjeta de crédito.
—No exageres y gastes en vano —le pidió Rocío, pero Marta le aseguró que con ella nunca sería dinero perdido.
—Además, te debo el regalo de varios cumpleaños y es una inversión, cuando consigas empleo me invitaras tui a mí —le recordó Marta y Rocío se sintió feliz de tenerla.
A pesar de las dudas iniciales de Rocío, Marta la arrastró a una sesión de compras. En cada tienda, Marta sostenía prendas y le pedía a Rocío que las probara, animándola a salir de su zona de confort.
—¡Este color te quedará increíble! ¡Y este estilo te dará un nuevo aire! —exclamaba Marta, emocionada por la transformación que imaginaba.
Llegó la noche. Marta, con un brillo en los ojos, insistió en que Rocío se pusiera un atuendo que jamás se habría imaginado usando. Entre risas y suspiros, ambas se prepararon para lo que se presentaba.
—¡Vamos a bailar, a olvidar las preocupaciones! —exclamó Marta, arrastrando a Rocío hacia la puerta.
La noche se extendía, envuelta en un manto estrellado y una brisa fría que acariciaba suavemente las calles. Rocío salía de su hogar, su cabello recién teñido se movía suavemente con el viento nocturno. Sostenía su abrigo firmemente, tratando de mantenerse abrigada mientras caminaba hacia la tranquilidad de la calle.
En el silencio de la noche, el sonido de pasos rápidos se acercaba desde la distancia. Rocío giró la cabeza y se sorprendió al ver a Marcelo emergiendo de la oscuridad con un ramo de flores en una mano y una caja de chocolates en la otra. El brillo de la luz de la luna iluminaba su rostro, mostrando una expresión de esperanza y anhelo.
El aire gélido parecía intensificar la tensión en el encuentro. Rocío se detuvo, manteniendo una distancia prudente mientras observaba a Marcelo, su corazón latiendo con fuerza, pero su determinación intacta.
—Rocío… —susurró Marcelo, con voz temblorosa, buscando las palabras adecuadas para expresar lo que sentía.
Rocío mantuvo la compostura, resistiendo el impulso de ceder ante la nostalgia. Se quedó en silencio por un momento. La luz de la calle resaltaba sus facciones, completamente decidida a no mostrarle a su esposo el dolor que la atravesaba por dentro.
—Marcelo, ya lo hemos hablado. No va a cambiar nada —respondió Rocío, con una voz serena pero firme, manteniendo la mirada en él.
Marcelo, con la esperanza destellando en sus ojos, intentó acercarse, extendiendo las flores hacia ella. Rocío retrocedió un paso, dejando claro su límite.
—No puedo volver atrás, lo siento —aseguró Rocío, con una determinación que dejaba en claro su posición—. Ya no puedo verte con los mismos ojos.
El silencio se extendió entre ellos, lleno de palabras no dichas pero entendidas. Marcelo bajó la mirada, sus ojos reflejaban una mezcla de tristeza y frustración.
—Te amo, Rocío. Siempre lo haré —musitó Marcelo, con un hilo de voz cargado de emociones, dejando las flores y los chocolates a sus pies antes de girar lentamente para alejarse.
Rocío observó cómo se alejaba, sintiendo un nudo en la garganta y un torbellino de emociones en su interior. Mientras se desvanecía en la distancia, la noche estrellada y fría parecía envolverla en un abrazo silencioso, dejando en su piel la certeza de una nueva etapa por delante.
Autora: Osaku
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Updated 105 Episodes
Comments
Calo
esa actitud de Marcelo es falsa
2025-02-20
0
Clara E.
Admiro mucho su capacidad de mantenerse firme y tranquila
2024-11-01
0
Clara E.
En ese mismo momento hubiese preferido que sea un ladrón...
2024-11-01
0