Capítulo diez
Rocío se encontraba de regreso a casa, aún afectada por la frustrante llamada con su madre y el incidente con su teléfono. Apenas entró, se dispuso a preparar la cena para sus hijas, tratando de apartar de su mente las preocupaciones que la atormentaban. Se concentró en cada paso de la preparación, buscando mantener la calma en medio del caos emocional.
Sin embargo, su intento de crear un ambiente tranquilo y rutinario fue interrumpido por un fuerte golpe en la puerta. Al abrir, se encontró con sus suegros, quienes parecían determinados y visiblemente molestos.
—Rocío, necesitamos hablar contigo —dijo la suegra con un tono que denotaba preocupación y un toque de exigencia.
—¿Qué hacen aquí? —preguntó Rocío, sorprendida por su inesperada visita.
—Por favor, déjanos entrar. Es importante. Nos preocupa la situación de Marcelo y, sobre todo, la de las niñas —insistió el suegro, empujando ligeramente la puerta para pasar.
Rocío, sintiéndose abrumada por la situación, permitió que sus suegros ingresaran. Los tres se sentaron en la sala, creando un ambiente tenso e incómodo.
—Sabemos que están atravesando una crisis, pero esto está afectando a todos, especialmente a las niñas. No puedes negarles la oportunidad de crecer con sus dos padres —comenzó el suegro, intentando razonar con ella.
—Estoy tratando de hacer lo mejor para todos. Las cosas entre Marcelo y yo no se pueden arreglar. No puedo simplemente ignorar lo que ha sucedido —respondió Rocío, con voz firme, aunque su corazón latía con fuerza.
La suegra se acercó a ella con expresión de preocupación y tristeza en su rostro.
—Entendemos que estés herida y molesta, pero ¿no podrías darle otra oportunidad a Marcelo? La familia es lo más importante. Él está arrepentido y promete cambiar —suplicó la suegra, tratando de tocar la fibra sensible de Rocío.
—No puedo olvidar lo que ha pasado. No quiero que nuestras hijas crezcan pensando que es aceptable lo que ha sucedido. Me he esforzado mucho para llegar a esta decisión y no puedo dar marcha atrás —aseguró Rocío, con determinación. A pesar de las insistencias, no cedió ante la presión de sus suegros.
—¿No puedes pensar en tus hijas? —preguntó su suegra de mala gana.
—En ellas pienso y por favor le voy a pedir que no levante el tono de voz —indicó Rocío sintiendo que ya estaba cansada de tener que renegar con esas personas.
—Si te separas de mi hijo no pretendas tener anda de nosotros. La empresa es de mi esposo —espetó la mujer.
—¿Vienen a mi casa a faltarme el respeto? Su hijo me engañó, incluso estando en el hospital no pudo ocultar el deseo que sentía por estar con su amante —aseguró Rocío poniéndose de pie e invitando a sus suegros a marcharse—. Él tomó la decisión de destruir nuestro matrimonio, no yo. No quieran culparme de mi reacción ante sus acciones.
—¿Mamá, qué pasa? —preguntó Victoria y al ver a sus abuelos fue a saludarlos.
—No pasa nada, los abuelos vinieron a buscar la ropa de papá ya que se quedará con ellos unos días —indicó Rocío delante de sus suegros.
—¿Puedo ir el fin de semana a ver a papá? —preguntó la niña y su abuela fingiendo le aseguró que estarían ocupados, pero que su padre pronto volvería a casa.
—Victoria sabe todo, su padre y yo no volveremos a compartir residencia —indicó Rocío a sus suegros.
—¿Cómo puedes hacer esto? —preguntó su suegro y Rocío ignorándolo le pidió a Victoria que fuera a lavarse las manos para cenar. La niña se manchó y cuando lo hizo ella le pidió a la pareja que se marchara—. Su hijo los necesita, ya que no aceptó a la persona que puse para que lo cuide.
—Cuando te quedes sin dinero para darle de comer a tus hijas vas a suplicarnos venir —espetó su suegra.
—Si su hijo llega a querer hacer la tontería de no pasarle el dinero que le corresponde a nuestras hijas yo misma iré a los medios de comunicación y haré saber la clase de familia que son… —aseguró Rocío y les cerró la puerta en la cara.
***
Rocío se encontraba en la cocina preparando el desayuno para sus hijas, intentando mantener la normalidad en medio de la tensión que había vivido la noche anterior con sus suegros. La charla de esa noche aún resonaba en su mente, y aunque intentaba no darle demasiada importancia, era difícil no sentirse afectada.
Mientras extendía la mantequilla en una rebanada de pan tostado, escuchó un leve golpeteo en la puerta principal. Al acercarse, vio a Marcelo a través del cristal, sosteniendo un ramo de flores en una mano y una expresión de arrepentimiento en el rostro.
Rocío sintió un nudo en la garganta al verlo parado en la entrada. Abrió la puerta con cautela, manteniendo una distancia entre ellos.
—Hola, Rocío —indicó Marcelo, intentando parecer amable mientras le ofrecía las flores—. Pensé que te gustaría tener estas. Lo siento mucho por lo que ha pasado, la verdad es que no sé porque hice tantas tonterías. Dije cosas que no siento.
Rocío lo miró con una mezcla de incredulidad y molestia. Tomó las flores con cuidado, pero sin apartar la mirada de Marcelo.
—No puedes simplemente aparecer aquí y pensar que unas flores lo solucionarán todo. Las cosas no funcionan así, Marcelo. No después de lo que ha sucedido —respondió ella, con un tono firme pero entrecortado.
—Lo sé, Rocío. Cometí un error terrible. Pero te amo, amo a nuestras hijas. Por favor, dame la oportunidad de arreglar las cosas, de volver a empezar —suplicó él, con voz suave y dolida.
Rocío se mantuvo firme, tratando de ignorar el peso emocional que la situación estaba generando en su interior.
—No, entiéndelo. Solo nos haremos daño. Si tu quieres estar con esa chica solo hazlo. Ya no me importa, solo quiero paz en mi vida —aseguró ella, intentando mantener la calma.
Marcelo parecía desesperado por ganarse su atención y afecto de nuevo.
—Ella no vale nuestro matrimonio. Te prometo cambiar, puedo hacer las cosas bien esta vez. Solo dame la oportunidad de demostrártelo. Eres el amor de mi vida, te amo incluso antes de que empezáramos a salir, siempre me gustaste y lo sabes. Eres todo para mí —insistió él, con los ojos vidriosos—. Tomate unos días, iré a casa de mis padres y me llevaré a las niñas para que descanses. Te demostraré de lo que soy capaz por ti.
Rocío, sabiendo que no podía resolverlo en ese momento, cerró la puerta suavemente, dejando a Marcelo afuera. Las palabras de él resonaban en su mente, pero su determinación por no ceder a la manipulación se mantuvo fuerte.
Autora: Osaku
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Updated 105 Episodes
Comments
Clara E.
De verdad entre el marido, sus suegros y sus propios padres pareciera que compitieran por saber tira más veneno
2024-11-01
1
Mirla Loyo
ése tipo es un mediocre, a avanzado profesionalme a costa de la esposa 🙄
2024-06-24
3
Solisbella ortuño
así es no se deje seguir pisoteando!
2024-06-06
2