Capítulo ocho
—Marcelo, le dije a las niñas que estamos separados. Entiende que no voy a estar contigo a partir de ahora —comentó Rocío tratando de no movilizar demasiado sus emociones.
—¿Qué es lo que te pasa? ¿Marta te está metiendo ideas en la cabeza de nuevo? Las divorciadas hacen eso, no quieren que tú seas feliz, porque ellas son todas unas amargadas. No la escuches, cariño. Sabes que sin ti no soy nada —comentó él tratando de mostrarse cariñoso, lo que le dio repulsión a ella.
—Disculpa, pero creo que te has equivocado. Me parece que le decías cariño a la mujer con la que hablabas hoy en el pasillo. Para ti soy Rocío y será mejor que busques un abogado porque ya no quiero saber más nada contigo —aseguró ella y por primera vez en dieciocho años fue la que colgó la llamada.
El dolor era inmenso, todo su matrimonio se había ido a la basura. Se sentía sucia, usada y defraudada. Sin embargo, él no le dio tiempo a nada ya que la volvió a llamar.
—¿Qué quieres? —preguntó Rocío hastiada.
—¿Enviaste a alguien para que me notifique? ¿Qué te pasa? ¿estás demente? —preguntó él furioso. Al parecer ya le había llegado la solicitud de divorcio.
—Te dije que nuestro matrimonio llegó a su fin. Pero hace tiempo que no me tomas en serio. Creo que después de hoy empezaras a hacerlo —indicó ella y Marcelo se sacó la máscara.
—No eres nadie, te sacaré la casa y a las niñas. Lloraras y rogaras porque quiera volver a tu lado —espetó él, haciendo que el corazón de Rocío se endureciera aún más.
—Bien —dijo Rocío y volvió a colgar. Era lo mismo que le habían dicho los abogados. Si no se quedaba a su lado trataría de hacerle la vida imposible.
***
La cocina, bañada por la luz matutina que se colaba a través de las cortinas blancas, era un espacio acogedor con muebles de madera en tonos cálidos. El aroma a café recién hecho flotaba en el aire, mezclado con el delicioso olor de pan tostado y frutas frescas dispuestas en un centro de mesa colorido y vibrante.
Rocío, con los ojos ligeramente enrojecidos por una noche de pocas horas de sueño, preparaba con cuidado el desayuno. El silencio pesaba en la atmósfera mientras se escuchaban los sonidos de los platos y utensilios. Andrea, su hija mayor, se sentó a la mesa con expresión seria, apenas jugueteando con su taza de té, sin tocar los alimentos que su madre había dispuesto frente a ella.
Victoria, la menor, observaba con ojos preocupados la situación. Había colocado sus brazos protectores alrededor de su madre, intentando brindarle apoyo en ese momento difícil. La niña había ayudado a organizar la mesa, colocando con esmero los platos y los utensilios, creando un ambiente de paz en medio de la tensión.
—¿Podemos hablar? —preguntó Rocío, tratando de mantener la calma a pesar del nudo en su garganta.
Andrea apenas levantó la mirada, su rostro reflejaba determinación y una pizca de enfado.
—No quiero escuchar nada. No es justo lo que estás haciendo. Papá y tú tienen que estar juntos. Esto no debería pasar. Eres una mala persona, dejarás a papá herido. No puedo creer que tú seas mi madre —reclamó Andrea con voz firme, mirando fijamente a Rocío.
Victoria, sintiendo la carga emocional, intentaba mantener la compostura mientras apoyaba a su madre.
—Mamá, yo entiendo por qué lo haces. No quiero que sufras más —dijo Victoria, con voz suave, colocando una mano sobre la de Rocío.
—Tú cállate. No entiendes nada. Mamá seguro quiere abandonarnos y usa cualquier cosa como excusa. Ella está cansada de que papá sea el único que tiene éxito en esta casa —espetó la adolescente.
El ambiente estaba tenso, y el silencio era ensordecedor. El desayuno, con sus aromas tentadores, parecía pasar desapercibido ante la batalla de emociones y palabras no dichas en la mesa. Era una escena que reflejaba la división entre madre e hija mayor, mientras la más joven buscaba consolar y entender la decisión de su madre.
—Mamá está cansada de papá. Eres tú la que está ciega. Él no la trata bien, ni la cuida, ella tiene derecho a trabajar si lo desea. Y no sé de qué hablas, mamá no abandonó a papá ya que lo cuidó en el hospital —indicó la más pequeña de sus hijas.
—No discutan. Ustedes deben saber que trataremos de que las cosas salgan lo mejor posible —indicó Rocío sin atender los reclamos de la mayor de sus hijas—. Que papá y yo no estemos juntos no cambia el hecho de que las quiero con todo mi corazón, al igual que lo que siente su padre por ustedes.
El dilema familiar se materializaba en esa cocina, un espacio que solía ser el epicentro de risas y conversaciones alegres, ahora lleno de tensiones y silencios incómodos.
—Te odio —dijo Andrea y salió de la cocina.
—Vamos a terminar de desayunar. ¿Si? —le pidió Rocío a la menor de sus hijas.
—Sé que estás triste por separarte de papá. Lo veo en tus ojos. Llora si lo deseas, ¿sí? —Las palabras de Victoria ablandaron el corazón de Rocío.
Rocío se esforzó por contener las lágrimas mientras Victoria intentaba consolarla con gestos de ternura.
—No quiero que te sientas triste, mamá. Sé que es difícil, pero estamos contigo, ¿de acuerdo? —dijo Victoria, abrazando a Rocío.
—Gracias, mi amor. Eres tan valiente y fuerte —respondió Rocío, limpiándose las lágrimas con un gesto rápido—. No quiero que te sientas atrapada en medio de esto, ¿puedes prometerme que, si alguna vez te sientes incómoda o triste, me lo dirás?
Victoria asintió con determinación, mirando a su madre con ojos llenos de empatía y amor filial. Rocío sabía que el camino sería difícil, pero estaba decidida a proteger a sus hijas y enfrentar las consecuencias de su decisión. Una vez terminaron, se levantó, abrazó a Victoria y se dirigió hacia la puerta de la cocina.
—Voy a llevar a Andrea al colegio. Apenas regrese, hablaremos más, ¿sí? —dijo, buscando una sonrisa reconfortante en el rostro de su hija.
Victoria asintió, deseándole a su madre fuerza y tranquilidad en medio de la difícil situación.
Mientras Rocío salía de la cocina, un sentimiento de incertidumbre y tristeza la invadía. Sabía que el camino sería complicado y lleno de obstáculos, pero también era consciente de que su determinación era por el bienestar de sus hijas y de sí misma.
Autora: Osaku
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Updated 105 Episodes
Comments
Calo
Andrea la juzga mal porque ella no les dijo que su oapa ya no la ama ya tiene otra pareja
2025-02-20
0
Norma Trujillo
yo no entiendo porque no le dice la verdad a la más grande, ya con 17 años ya no es una niña que no pueda entender la situacion
2024-11-17
0
Clara E.
Evidentemente Andrea es muy poco observadora con su madre. Pero también hay que reconocer que Rocío siempre hizo todo para dejar bien parado a su ex
2024-11-01
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