Capítulo seis
Rocío decidió seguir a Marcelo a distancia. Se acercó lentamente, intentando no llamar la atención, y pudo escuchar parte de la conversación de su esposo.
—Sí, estoy en el hospital. No es tan grave como parece. Solo necesito algunos días para… Sí, claro, nos veremos en el lugar habitual. Necesito asegurarme de que no me siguen. Esto podría afectarnos a ambos si nos descubren. Mi esposa puede ser un problema si les cuenta a mis padres, así que debo seguir negándolo todo —decía él satisfecho, Rocío nunca lo había visto de ese modo tan arrogante—. Tranquila, solo es eso, si pudiera divorciarme de ella lo haría sin dudarlo. Solo tú me importas.
El corazón de Rocío se aceleró. Las palabras de Marcelo la golpearon como un balde de agua fría. Había mantenido contacto con su amante, incluso después de lo ocurrido. Se sintió traicionada una vez más.
A diferencia de lo que haría otra mujer en su lugar, no lo enfrentó. Alguien tan desalmado como Marcelo seguiría negándolo todo e incluso la haría pasar un mal momento. Por lo que dejó el sitio y fue a la sala de espera para tratar de calmarse, si no sería ella la que le rompiera las costillas restantes.
Mientras le escribía a Marta para que le pasara el número de varios abogados, un niño pequeño se acercó a ella. A penas tenía dos o tres años, ella le sonrió pese al dolor que había en su interior. Rocio siempre había querido tener un hijo varón, sin embargo, después de victoria había decidido no tener más hijos.
—Disculpe —dijo un hombre y tomó al niño para luego marcharse sin esperar su respuesta. Rocío suspiró y volvió a ver su móvil. Intentando dejar atrás el desconcierto, continuó con sus planes. Citó a varios abogados para obtener asesoramiento sobre su situación. Sin embargo, las respuestas que recibió no fueron las que esperaba.
—Disculpe que se lo diga así, pero su esposo no es el dueño de la empresa, sino su suegro.
Rocío intentó explicar su rol en la compañía, pero los abogados le advirtieron sobre las posibles consecuencias legales.
—Yo desde casa me encargo de todos los contratos y las asesorías —indicó ella tratando de que entendieran su punto.
—Debe saber que legalmente su suegro puede fingir que lo despide y no pasarle nada y querer obligarla a vender la casa que tienen a su nombre —explicó el abogado.
—No, la casa es mía. Me la heredó mi tía —aclaró Rocío casi desesperada.
—Pero la escritura la hicieron después del matrimonio. Podemos pelear para que sus suegros se hagan cargo de la manutención de las niñas; sin embargo, podrían solicitar la custodia debido a su situación laboral actual —explicó otro abogado.
Rocío se sorprendió al saber que su situación era más vulnerable de lo que creía. A pesar de que la casa había sido heredada, las leyes podían interpretarse de manera desfavorable para ella debido a los tiempos y la forma en que se había establecido legalmente la propiedad.
La sensación de desesperación se apoderó de Rocío. Sentía que cada puerta que intentaba abrir se cerraba ante ella. La incertidumbre sobre su situación financiera y la preocupación por el bienestar de sus hijas la agobiaban.
Rocío se encontraba desanimada ante las perspectivas que le ofrecían los abogados. Sentía que cada opción que le presentaban llevaba consigo consecuencias desfavorables. La idea de perder la custodia de sus hijas o verse obligada a vender la casa, a pesar de ser herencia familiar, la llenaba de angustia.
Marta, al notar la desazón de Rocío, se acercó para ofrecerle su apoyo. La abrazó, intentando infundirle algo de ánimo en medio de tanta incertidumbre.
—Rocío, cálmate, por favor. Haremos lo que tú quieras, pero debes estar serena —le pidió Marta, tratando de reconfortarla—. Quizás deberíamos considerar buscar un abogado especializado en casos de divorcio y derechos matrimoniales. Hay opciones, no perdamos la esperanza.
—No, no es necesario. Aunque me duela, ellos tienen razón. Si no tuvo escrúpulos para engañarme, aunque yo no sea capaz de creer que afectará a nuestras hijas, debo prepararme, vindicó Rocío con odio en sus ojos.
Necesitaba encontrar una solución que le permitiera resguardar la estabilidad de sus hijas y proteger lo que había construido con tanto esfuerzo.
—Tienes razón. No puedo rendirme ahora. Necesito una nueva estrategia —respondió Rocío, buscando un rayo de esperanza en medio de la oscuridad—. Si él cree que soy un estorbo ahora, es porque no sabe de lo que soy capaz.
Rocío cambió las contraseñas de todas las cuentas a las que tenía acceso, los correos electrónicos, dio de baja el móvil de su esposo que estaba a su nombre y resguardó los proyectos en su nube. Después de eso envió a su abogado al hospital para hacerle entrega del acuerdo de divorcio. Rocío solicitaba una compensación, ya que él había crecido laboralmente y ella no, por quedarse en casa y hacerse cargo de la familia. Sabía que eso no les gustaría, por lo que sus suegros serían los primeros en quejarse, algo que la tenía sin cuidado.
Sin embargo, debía hablar con sus hijas sobre eso, era algo que sí la afectaba. Cuando Marta las trajo del colegio, ambas fueron a verla a la cocina. Rocío les había hecho galletas.
—Mamá, ¿qué haces aquí?, pensé que iríamos a ver a papá al hospital —indicó Andrea ofendida con su madre.
—Debemos conversar —comentó Rocío y las dos niñas se sentaron—. Papá se quedará en casa de los abuelos durante su recuperación.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó Andrea poniéndose a la defensiva.
—Porque papá y yo, vamos a tomarnos un tiempo para pensar si queremos seguir juntos —indicó Rocío y sus hijas la miraron sorprendidas.
—¡Estás loca! —espetó Andrea y se marchó a su dormitorio.
—¿Qué pasará con nosotras? —preguntó Victoria.
—Nada, ustedes seguirán viviendo con mamá en casa y papá vendrá a verlas o irán a casa de la abuela para estar con ellos —comentó Rocío y su hija la abrazó mientras lloraba.
—No quiero que se separen —susurró la menor de sus hijas.
—Lo sé, nadie quería —dijo su madre con el corazón en la mano.
La situación para Rocío se tornaba más compleja y dolorosa. La reacción de sus hijas la afectó profundamente. El desafío de enfrentar la separación no solo conllevaba los problemas legales y financieros, sino también el impacto emocional en su familia.
Autora: Osaku
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Comments
JZulay
qué descaro.....no hay vergüenza 😤
2025-04-03
1
Calo
infeliz, solo por la plata sigue con ella y encima arrogante
2025-02-20
0
Clara E.
Madre feliz y paz trae como resultado hijos felices. Si Andrea no está de acuerdo que vaya a terapia. Con 17 años años es capaz de comprender los motivos
2024-11-01
0