Un molesto y familiar sonido interrumpió mi sueño, al poco tiempo, el barullo de pasos y de voces comenzó a escucharse por toda la mansión impidiendo que pudiera volver a dormir.
Bostezando, caminé hasta una pequeña mesa en mi cuarto donde un jarra con agua descansaba y me serví un vaso que bebí a pequeños sorbos.
Me senté en una silla, y suspire pesadamente.
— Que molesto.
A mi alrededor el sonido de gente corriendo y gritando se intensificó, y sumado a él, también se escuchaba el crepitar de algo que podía parecer una gran fogata.
Me serví otro vaso de agua, debido a que empezaba a hacer calor.
Sin prisa ninguna, abrí el armario de mi habitación, saque una gruesa colcha, le derramé encima el resto del contenido de la jarra, y me dispuse a abrir la ventana.
Antes de continuar, me tomó momento y me miré al espejo, solo llevaba un ligero vestido de seda que usaba como pijama, sin contar el hecho de que estaba descalza, ¿de verdad saldría con estas fachas? Me pregunté mientras contemplaba mi reflejo.
Sin tiempo que perder, volví a mi armario para buscar un vestido más apropiado y unos zapatos a juego, que antes muerta que sencilla.
Con calma comencé a vestirme en silencio, un poco aliviada por seguir siendo una niña y que mis vestidos aún no tengan tantos adornos y piezas sueltas que son un verdadero dolor de cabeza a la hora de arreglar. Mientras pasaba una media de seda blanca por una de mis piernas, alguien comenzó a golpear la puerta de mi habitación, sin embargo, los golpes eran desesperados, y sin orden ninguno, no había ninguna señal de esa forma especial de tocar con la que había instruido a mis empleados. Al no reconocer a quien tocaba, simplemente lo ignoré y terminé de colocarme la media, para acto seguido amarrar un listón azul para mantenerla en su lugar.
Los golpes terminaron por desistir, y procedieron a abrir la puerta, pero sin importar cuánto lo intentarán, esta no se movería un solo centímetro, debido a que para evitar intrusos, la puerta tiene un truco para ser abierta, que solo conocen mis allegados, y tanto la madera como las bisagras de misma están reforzadas.
Una vez ya perfectamente vestida, los intentos por abrir la puerta se habían convertido en intentos por derribarla, y a mi alrededor, una negra capa de humo estaba inundando el ambiente con su desagradable olor.
Ahhh cierto, casi olvido mencionar, la mansión está en llamas.
Como mi habitación estaba en la parte trasera del edificio, el fuego aún no llegaba aquí, pero el humo poco a poco inundaba el aire, lo que empezaba a hacer difícil respirar, y más importante aún, dejar mal oliente mi ropa.
Comprobando mi aspecto una vez más en el espejo, y notando que la madera de la puerta empezaba a astillarse, camine a la ventana, y ahí, con leve nostalgia, recordé las veces que había muerto en la hoguera en vidas pasadas.
Por cierto, si una vez se encontraran en una situación similar, procuren respirar la mayor cantidad de humo que puedan, el dióxido de carbono los dejaría inconscientes y tendrán una muerte menos dolorosa, que ser quemada viva es molesto como mínimo.
Los golpes se intensificaron, y decidí tomarme un minuto más para analizar la situación ya que acababa de notar que hasta ahora no lo había hecho. La mansión ardía y los intentos por contener el fuego habían fracasado o eran inútiles, eso quiere decir que el fuego es de naturaleza mágica o que hay algo o alguien que impide apagarlo. Afuera hay gente que desesperadamente quiere entrar a mi habitación, pero no tienen idea de como abrir la puerta o cómo llamar para hacer que les abra. Durante esta situación de emergencia, mi persona más leal no se ha presentado, eso quiere decir que tiene otras órdenes mías que cumplir. Ahora tomando en cuenta esos tres factores, y el hecho que fui despertada por el sonido de metal golpeando metal, solo hay una explicación posible.
La inquisición había llegado.
Bostece y estire mis brazos para quitarme la pereza del cuerpo. Llegan muy temprano muchachos, muy temprano y muy tarde a la vez. Muy Temprano por que aun no se ha dado la primera cosecha de café, y no poseo el suficiente como para darles una cata de bienvenida, pronto será el producto estrella del reino y siempre es bueno tener la opinión de tan nobles caballeros venidos del centro, es por eso que me veré en la penosa necesidad de tener que ofrecerles un té.
Y muy tarde, porque he tenido el tiempo suficiente para prepararme.
Los golpes en la puerta de hicieron más fuertes, y presentí que estaban a nada de tirarla abajo, levemente avergonzada de haber desperdiciado tanto tiempo en llegar a una conclusión tan obvia, me envolví con la colcha y salte por la ventana, solo estaba en el segundo piso y entre los trabajos del jardinero hice que ponga una escultura de setos debajo de mi habitación, lo suficientemente grande como para amortiguar mi caída.
Entre las hojas y la colcha apenas me hice daño al caer, además, los niños son de goma, por lo que como mucho quizás solo esté adolorida mañana.
Rápidamente hice un chequeo general de mi cuerpo y no note nada más grave que un par de moretones, no había nada roto por lo que me escondí entre los setos y me puse a observar mi habitación, al poco tiempo, parece que lograron derribar la puerta, por lo que las vi la figura de varios hombres pasar por mi cuarto.
Una cara redonda e infantil se asomó por la ventana y empezó a observar por todos lados, desde la distancia me era difícil ver bien sus rasgos por lo que no era capaz de reconocerlo, pero la armadura que llevaban era inconfundible, una armadura de placas blancas con adornos plateados que destellaban con la luz. No había duda, era la décimo primera orden de los caballeros de la mano de plata, el grupo que era comandado por ese hombre.
El hombre con cara de niño finalmente noto la colcha que descansaba encima de la estatua de setos y lo vi llamar a uno de sus compañeros, en el acto vi aparecer a una mujer que reconocí enseguida. La mujer vestía la misma armadura que su compañero pero era casi una cabeza más alta que este y tenía una larga cabellera pelirroja amarrada en una cola de caballo.
— Hola Roja, ¿cómo has estado?
Susurre para mi misma mientras contemplaba la escena.
Roja, la mujer gigantesca cuyo nombre nunca soy capaz de recordar, miro a todos lados, y por una milésima de segundo nuestros ojos se encontraron, ella pareció no haberlo notado, pero para mi fue más que suficiente para hacerme saber que era hora de irme, si ella me hubiera visto es más que capaz de dar un salto por la ventana y atraparme en menos de un minuto.
Escondida detrás de la sombra que proyectaban las estatuas de setos, recorrí el patio en perfecto silencio, por el camino vi a muchas otras caras conocidas que se encargaban de hacer patrulla, Patillas, Tuerto, Bigotillos, Barba candado, Cuatro dedos, Nariz aguileña, etc.
Bueno, en realidad ellos no se llamaban así, supongo, quizás sí y simplemente no los querían en sus casas o que se yo.
Pese a que soy bastante buena con las caras y es difícil que olvide una, soy realmente mala con los nombres. Si no es alguien que me cause una gran impresión, me es difícil que se me quede grabado.
Sin ser descubierta atravesé el patio, y desde mi nueva posición podía ver el frente de la mansión. Aquí es donde lo vi, rodeado de algunos de sus hombres y de varios de los pobres sirvientes de la mansión que no se atreverían a ir en contra de la inquisición, estaba ese hombre.
El peor de mis 3 enemigos y la persona que más veces me ha asesinado.
Excluyendo al desecho humano y al trío de negligentes sirvientas claro está.
Lo miré y sonreí. Espero que te guste el té, me dije a mi misma mientras abandonaba el sigilo y caminaba al lugar que llevo meses preparando para este preciso momento.
El terreno de los Croiss era enorme, pero debido a la mala administración estaba prácticamente vacío, por lo que yo siempre mandaba a construir un gigantesco laberinto de setos que media alrededor de doscientos metros cuadrados.
El plano siempre es el mismo y contrató al mismo jardinero, por lo que en este momento yo conozco el laberinto como la palma de mi mano, y podría atravesarlo con los ojos vendados si me apeteciera, además, para hacerlo mejor, siempre preparaba unos cuantos juegos para entretener a mis invitados.
Detrás de mí, me pareció escuchar una voz que me llamaba, por lo que sonríe y comencé a correr. Ahora saben que estoy dentro, y las cosas no podrían ir mejor.
Una vez dentro del laberinto, sabía que estaba en mi territorio, por lo que deje de correr y me dispuse a preparar los juegos, en sitios específicos habían clavadas estacas donde habían cadena atadas, estás a su vez servían para contener a las bestias que había comprado al circo.
Sin el control de los magos, habían vuelto a su estado salvaje, gracias a todo el ruido de la mansión, y el intenso olor a humo que también ha llegado hasta aquí, estaban especialmente irritados.
Al liberarlos, algunos me vieron un momento antes de ponerse a correr, y verlos tan activos, me hizo saber que definitivamente el ruido de la mansión los tiene estresados y probablemente ataquen lo que se les ponga delante.
¿Por qué no me atacan a mí? Simple, por que soy la bruja.
Si bien la protagonista del juego tiene una absurda lista de habilidades además de su ridícula cantidad de magia, yo como la bruja solo tenía 3, pero había aprendido a sacarle el máximo provecho.
La primera de ellas era que los animales me son neutrales, no es que me respeten o que me teman, a sus ojos, yo no soy diferente a una roca, si yo no les hacía nada, ellos tampoco me hacían nada a mi. No me ven como alimento o como una amenaza, y gracias a este hecho soy más propensa a despertar la piedad de las criaturas más inteligentes, pero como tampoco están obligados a ayudarme si no les apetece, la mejor definición es que me son neutrales.
Continúe avanzando y sentí algo trepar por mi pierna, al mirar vi una serpiente, por lo que la tomé en mis manos y la acaricié.
Las sueño esmeralda eran hermosas, sus escamas eran preciosas y aun de noche brillaban con la luz de las estrellas, también eran terriblemente venosas y muy territoriales, a veces cuanto recolectaba sus huevos tenía la mala suerte de encontrar una aun en su nido y sus mordidas era bastante dolorosas. La acaricie un momento mientras pensaba en lo triste que era verlas morir poco después de morderme.
Deje a la serpiente en el suelo, y seguí mi camino, al avanzar note como los muros del laberinto habían sido invadidos por una vid de la que crecían flores moradas.
Los besos de viudas, son prácticamente una plaga que el reino inútilmente intenta exterminar, no necesitan mucho para crecer, y lo hacen muy rápido, son muy resistentes al fuego, y a ser cortados, por lo que al verlos por el bosque se deben alejar de ellos y avisar para que vengan a exterminarlos.
Quería tomar una flor, pero recordé que me reuniría con Irma por lo que desistí, las flores de los "besos de viudas" son la segunda cosa mas venosas de este mundo, y cuando la vid está estresada, las flores sueltan su veneno en forma de gas, eso sin contar que aún sin liberar el gas, solo con tocar la flor las personas suelen morir envenenados, y si tomo una tengo miedo de que el veneno se quede en mi ropa y pueda envenenar a Irma.
Por mi parte el veneno de los "sueños esmeralda" y los "besos de viuda" me tienen sin cuidado, ya que yo soy la cosa más venenosa de este mundo.
En el juego las víctimas de los asesinatos morían envenenados, pero el veneno no coincidía con ninguno conocido en este mundo, por lo que era uno de los misterios que envolvía el juego.
En el final verdadero, se revela que la sangre de Leonora es un veneno mortal, y esa es el arma que se usó en los asesinatos, y en el juego.
Por lo tanto, pese a estar relacionadas entre sí, mis otras 2 habilidades son que mi sangre es la cosa más venenosa conocida en el mundo, y soy inmune a cualquier otro tipo de venenos.
Por lo que pueden descartar devorada por animales salvajes y envenenada de la lista de mis muertes.
A lo lejos, escuché voces acercarse, e incluso risas. Eso último me irritó y casi consigue hacerme enojar, ¿Vienen a mi casa a matarme, y aún tienen tiempo para bromas estúpidas?
Ja, veamos cuanto tiempo mas les dura el buen humor.
Seguí avanzando, hasta llegar al centro mismo del laberinto, ahí hay construido una pequeña caseta, donde tengo guardado un equipo de emergencia que me permitiría sobrevivir por una semana, si se diera el caso de no haber preparado nada mejor, pero había tenido suficiente tiempo y mi ruta de escape ya estaba lista.
Fui a la caseta, y tomé una bolsa que contenía ropa limpia. No me avergüenza admitir que estuve a nada de cambiarme de nuevo, ya que mi vestido apestaba a humo. Terminé por desistir, y me dispuse a salir del laberinto por la salida secreta.
Camine por pasillos, y atravesé paredes falsas, fue entonces que finalmente a lo lejos pude escuchar los gritos de los idiotas que habían osado entrar en mis dominios.
Sin prisa recorrí el laberinto mientras escuchaba los gritos de horror y pánico mientras descubren una a una las sorpresas que les había preparado.
Estando a nada de llegar a mi destino, y sin tener la intención de buscarlo, al final del pasillo una peculiar sorpresa me aguardaba.
Tirado en el suelo, estaba lo que en algún momento debía ser una persona, pero su cara y su cuerpo estaban tan desfigurados que ahora era poco más que un manojo de carne, y arrodillado frente al montón, había un hombre. Su cabello era castaño y cortado al estilo militar, era alto, de hombros anchos y complexión robusta, debía apenas pasar los 20 años, aunque parecía un poco mayor, y cualquiera diría que es demasiado joven para su posición, pero esa no es excusa para su estupidez.
— Buenas noches inquisidor.
Susurré para mí misma, pero calculé mal el volumen de mi voz o lo atento que mi interlocutor estaba a los sonidos, ya que este noto mi presencia y lentamente dio media vuelta.
El me vio, y yo lo vi, ambos nos quedamos mirando fijamente por unos segundos o minutos enteros, y en su mirada sólo podía ver el esfuerzo que hacía por mantener la compostura.
ohhh, se me parte el corazón.
Arthuruz Kalefh, el más joven inquisidor en un siglo, era un personaje del juego. Aparecía invariablemente a la mitad de todas las rutas para culpar a Leonora de todos los crímenes, pese a que en perspectiva tenía razón, pues era verdad que ella era la responsable de todo, los argumentos y los motivos que daba no eran muy buenos.
Arthuruz era una persona obsesionada con la idea de cazar monstruos. Desde niño había soñado con la idea de ser un héroe de las leyendas, que viaja alrededor del reino ayudando a los necesitados, quizás por eso se unió a la iglesia, y a su vez a la mano de plata, sin embargo, el mundo no es tan bonito como en los cuentos, y el deber de un inquisidor es muy diferente a la imagen romántica de un héroe. Y a los pocos meses de ser inquisidor se da cuenta de 3 grandes verdades.
La iglesia a la que juró servir, está podrida desde dentro, su trabajo es una farsa creada para imponer miedo y mantener el orden. Y como guinda del pastel, toda su vida es una mentira.
Estas 3 verdades bastarían para que cualquiera recapacitara y decida cambiar el rumbo, pero él no, por razones que soy incapaz de comprender, Arthuruz es incapaz de aceptar la realidad y opta por la solución más simple cuando las cosas van mal.
Culpar a otra persona de todos tus problemas.
Es por eso que decide declarar a Leonora, la bruja, como la responsable de todo lo malo en el mundo, en un patético intento de justificar su penosa existencia.
Pero eso era antes, ya que desde hace tiempo que el inquisidor no es más que una molestia, un trozo de excremento en mi zapato que se niega a irse sin importar cuanto lo lavé.
Ante mí, solo ví un hombre aterrado y patético haciéndome sentir asco de mi misma por el tiempo que le había tenido miedo.
Me di media vuelta, y me fuí, pese a que me gustaría acabar con el de una vez, soy muy pequeña y no podría matarlo antes de que logre recuperar un poco de compostura.
Puede ser molesto, me dije mientras caminaba, si bien Arthuruz no era muy listo, era un perro de caza y jamás dejaba escapar una presa, por lo que realmente era una mala idea subestimarlo, pero dejarlo vivir un poco con su fracaso era una idea muy tentadora, y ya empezaba a planear nuestro próximo encuentro.
Seguí recorriendo el laberinto hasta llegar a la salida que daba con una carretera a espaldas del territorio, ahí estaba Irma con un carruaje muy viejo que podría pasar como el de un mercader ambulante.
El cómo hacía esta mujer, para escapar de la mansión, y de los hombres del inquisidor, mientras preparaba equipaje y un carruaje, estando perfectamente peinada y arreglada, sin ninguna mancha u olor a humo en su uniforme, era muchos de los misterios que la rodeaban.
— Todo lo que ordenó está listo, señorita Croiss.
Ella se mordió levemente la lengua y replicó.
— Discúlpeme por favor, usted ya no usará ese nombre, ya no me volveré a equivocar.
Sin darle importancia a su mínimo error, le pedí que me ayude a subir al carruaje.
— Todo está listo, ¿verdad? ¿No has olvidado nada?
Pregunté mientras me acomodaba en la cabina del carruaje, que era mucho más lujosa y cómoda de lo que podría parecer visto desde afuera.
— Todo está listo, he avisado a nuestro destino que vamos para allá, he cargado su equipaje, he liberado a los caballos para que no se note la ausencia de estos, y he preparado la mesa con el té, tal y como me lo ordenó.
Asentí en respuesta, e Irma cerró la puerta de la cabina, se puso frente a las riendas, y partimos en medio de la noche.
A lo lejos pude ver la mansión, pese a que nunca lo considere verdaderamente mi hogar, siempre me dejaba un sabor amargo tener que dejarla, y más cuando yo ya era que llevaba todo desde las sombras.
Me acosté en los suaves asientos, y me dispuse a volver a dormir, mientras pensaba en mi pequeño regalo.
En la profundidad del laberinto, le pedí a Irma que preparara una mesa con bocadillos y té, que puedo ser muchas cosas pero hospitalaria debe ser una de ellas
Bostezando recosté mi cabeza y cerré los ojos. A veces me pasó de buena persona, me dije a mi misma mientras el sueño me vencía.
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Brocoly 1 nena
lo tomaré en cuenta
2024-02-29
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GPE MARTIN
cómo debe de ser
2023-10-18
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Urpi
amo a esta prota pequeña diabla
2023-08-25
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