Capitulo tres "¿rescatada?"

Cuando despertó, Anelise estaba en una diminuta habitación. Estaba recostada en una cama de paja, con la ventana cerrada y tenía la boca seca. No había nadie a la vista y se pregunto dónde estaba. ¿Dónde estaba la madre superiora? ¿Era aquí a dónde la había traído?

—¿madre superiora?— dijo en voz alta Anelise

La puerta se abrió, pero en vez de entrar la vieja, entro una joven de castaños cabellos y boquita de piñón. Sonreía y tenía sus mejillas sonrosadas aunque luciera casi igual de cansada que Anelise. La princesa se mantuvo callada, no sabía que decir. Aunque tuviera muchas preguntas en su mente.

—Hola, ¿Ya te sientes mejor?— la muchacha quiso saber. Traía una charola en sus manos con vendajes limpios y agua en una jarra.

—Creo que si. — respirar era más fácil y la fiebre había bajado considerablemente. Aún le dolía un poco su cabeza y se sentía desorientada. —¿Puedo saber dónde estamos?

—Claro que sí. Estamos en Sutter’s. Estás en la casa de el doctor Watts. ¿De verdad no recuerdas nada?— la enfermera se acercó y la instó a levantarse. Fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba desnuda de pies a cabeza. Vianney vio que Anelise se sintió incómoda por aquel hecho pero le aseguró — No te preocupes, aquí vemos tantos cuerpos desnudos que creo que ya todos perdimos la pena. Así tú también deberías de hacerlo. Estuviste enferma y necesitaste que se te cuidara, no hay nada de malo que te haya visto sin ropa.

Anelise se quedó pensando en eso por un instante y encontrando lógica en aquella explicación, se puso de pie, dejando la sábana atrás. Vianney cambio la ropa de cama de una manera veloz y así la joven volvió a acostarse, encontrando la cama fresca y muy agradable.

—¿Sabes dónde está la Madre Superiora? ¿se ha ido ya?

—Me temo que al contrario, trajo más compañía.

—¿Compañía?

—Llegó una caravana de la capital. Estaban furiosos, al parecer estaban esperándolas desde antier.

—¿Antier? No lo entiendo.

—Señorita Anelise, ha estado dormida desde hace tres días.

Tres días. Su pobre cuerpo se desvaneció por completo y ella apenas recordaba lo último que había dicho en el carruaje . “morire aquí mismo” así había Sido, su mente murió y por eso no recordaba siquiera cuando llegaron a la casa de el doctor.

—¿De que caravana habla?

—Cuatro hombres, dos nobles y sus escoltas. Vinieron por ustedes. O más bien por ti.— explico Vianney, calmada y sentada en la orilla de su cama. Acomodo un mechón tras su oreja y sonrió a Anelise.

—Siguen aquí? Dijeron a dónde me llevarán? — Anelise empezó a temer, recordando lo que la madre superiora le había dicho: “a dónde vamos te necesitan virgen” “me pregunto si a dónde vamos te aceptarán”

—No querida, pero no creo que es algo de temer. No frecuento a esa gente pero se reconocer cuando son hombres de poder. Y estos definitivamente lo son— la idea parecía divertir a Vianney, se mostraba emocionada y risueña. Tener a hombres de tan alto rango cerca de ella debía ser excitante para ella pero para Anelise no, menos aún sabiendo que quizás no tenían buenas intenciones con ella.

Anelise se sintió sofocada y trato de jalar aire, ansiosa de nuevo. Vianney puso su mano en su frente y dijo que iría por el doctor. ¿Qué pasaría ahora? ¿Qué sería de ella? ¿Quiénes eran aquellos hombres?

Vianney se fue pero no regresó. Solo entro a su habitación el mentado doctor Watts. Ya habían tenido un roce pero ella no lo recordaba, de hacerlo, se hubiese sentido aún más incómoda de tenerlo en su cuarto. Desde que entró, tenía la mirada fijada en ella, especialmente en el bulto que se escondía bajo la sábana, tratando de adivinar y imaginando todo de ella. Desde la tersa piel hasta las voluptuosas curvas de sus piernas, todo en su bien formado cuerpo.

Anelise se sintió aterrorizada y asqueada . Se pregunto porque la enfermera no había vuelto con él. Tener a alguien más ahí la hubiese echo sentir más segura. El doctor se acercó a su cama. Le tocó el rostro, revisando su temperatura pero entonces dejo que su mano se fuera a sus cabellos cobrizos. Luego acarició sus labios con su dedo índice, haciendo que Anelise se sentará en la cama y empujara su mano.

—¡Tranquila! Tranquila…— el doctor volvió su voz más suave y sonrío, enseñando unos dientes oscuros y torcidos que le revolvieron el estómago a la joven. —No te haré daño. No te haré nada, de hecho. No puedo. Bueno, si puedo y si quiero pero no debo, espero lo entiendas y no lo encuentres ofensivo. No deberías, cualquier hombre se volvería loco por tenerte.

Anelise sintió su corazón acelerarse. El hecho de que estaba desnuda volvía la situación aún peor y dudaba que aquel hombre tuviese el mismo pensamiento de Vianney, sobre ver los cuerpos desnudos sin morbo. Verlos como lo que eran, seres indefensos. O bien, él sabía que era un cuerpo indefenso el que estaba ante él pero en vez de compadecerse, lo veía como una ventaja.

—¿no hablas mucho, verdad? — el doctor volvió a tocar el rostro de la asustadiza peliroja y entreabrió sus labios, emitiendo un jadeo, como si el simple hecho de tocar su rostro le provocará placer. —Esta bien, así es mejor. No me agradan las parlanchinas como Vianney.

Anelise trato de hablar, articulando las palabras con dificultad — Por favor, no me toque. Se lo ruego…

—No te tocare, preciosa. No te haré nada. No te haré daño— repitió, acercando su rostro al de Anelise, al punto de que pudo oler su asqueroso aliento y escuchar su respiración jadeante, —Solo quiero verte— susurró muy suavemente.

Anelise meneo la cabeza y lo empujó, lo que hizo enfurecer a aquel asqueroso hombre. Gruño y entonces abofeteo su rostro y trato de jalar la sábana que cubría a Anelise. Ella reaccionó rápido y la jalo, contrarrestando la fuerza de aquella bestia. Pero él era más fuerte y termino por despojarla de la sábana, rasgando aquel objeto por el medio. Ella gritó y saltó de la cama, a lo que él la jalo de su cabello y puso su mano sobre su boca.

—te dije que solo quiero verte!— le gritó ese hombre, Anelise le mordió la mano y este volvió a propinarle un bofetada en su rostro que la mando al suelo de nuevo. Ahí, le pateó en El abdomen y la joven gritó.

Ahora, watts había perdido cualquier rastro de cordura. Perdió el miedo a las consecuencias y hizo lo que le dictaba su mente torcida. Se abalanzó sobre ella en el piso, cubriéndola con su pesado cuerpo. Anelise lo rasguño pero el hombre ni siquiera se inmutó. Ella gritaba con todas sus fuerzas pero todo se sentía en vano. Lo sintió tratando de desabrochar su pantalón, para liberarse y forzarse en ella, haciéndola sentir una desesperación indescriptible.

Presionó su apestosa boca en la de ella, para callarla y cuando Anelise lo mordió en un labio, volvió a golpearla. Entonces, Anelise alcanzó a ver desde la esquina de su ojo a Vianney parada en la puerta. Se sintió feliz de saber que sería ayuda, imagino que Vianney entraría a la habitación y la liberaría de aquella bestia horripilante. Pero le rompió el corazón ver cómo Vianney se alejaba rápidamente, quizás no queriendo meterse en problemas.

Soltó un último grito antes de que su cabeza fuera azotada otra vez contra el piso, haciéndola ver borroso de nueva cuenta. Sintió su nuca mojada y caliente y su corazón parecía que iba a detenerse de nuevo. Luchar se había vuelto demasiado cansado y ahora su cuerpo dejaba de responderle. Cuando pensó que el hombre iba a lograr su cometido, cerró sus ojos en un lloroso llanto, solo para sentir como fue liberada del pesado bulto sobre ella cuando un hombre entro a la habitación y levantó al doctor de los brazos solo para aventarlo contra la pared.

Anelise se sentó, cruzando los brazos en su pecho el cabello largo cayendo sobre su rostro mojado de lágrimas. Entonces sintió como era abrazada por unos brazos delgados. Era Emma, quien lloraba con ella.

—No hubiera podido yo sola nunca. ¡Fui por ayuda!— le explicó Emma cuando Anelise la miro acusadoramente con los ojos lagrimosos.

Juntas vieron como llego otro hombre, vestido igual que el primero, para ayudar a su compañero a golpear a aquel monstruo frente a ellas. En cuestión de segundos, el hombre dejo de quejarse, de moverse incluso y Anelise estaba lo suficiente familiarizada con la muerte para saber que aquel hombre había muerto. Su mirada oscura se lo dejo saber.

Los escoltas dejaron caer el cadáver por la ventana de aquella habitación y Emma suprimió un grito de sorpresa mientras continuo abrazada a Anelise. Parecía que había pasado una eternidad desde que todo comenzó, pero apenas pasaron unos minutos desde que el doctor había entrado a su habitación.

Entonces, entraron otros dos hombres. Un rubio y uno de cabello negro. Uno más viejo que el otro. Se acercaron a las chicas, ofreciendo sus manos para que se levantaran pero cuando Anelise iba a aceptar la mano del moreno, cuando recordó que estaba desnuda y un profundo sentimiento de vergüenza la inundó. El moreno pareció darse cuenta de su pena así que giro su cuerpo para no verla. El Rubio parecía inmutado ante aquella situación, su rostro se mantuvo estoico y calmado.

—La señorita Anelise se encuentra bien?— pregunto el moreno, aún volteado.

—Me duele…— lloriqueo Anelise, tocando su nuca y viendo su mano manchada de sangre.

—¡Está herida! ¡Iré por vendajes!

—¡No! No quiero estar sola de nuevo.

—No tema, no le sucederá nada.— le aseguró el rubio.

—Ya no quiero estar aquí. ¡Ya no quiero a la madre Superiora conmigo! Ella me acabará matando!— Anelise tomo a el moreno por la pierna y rogó, llorando y sangrando con el cuerpo adolorido.

Ambos hombres se miraron el uno al otro, desconcertados. Emma se puso de pie y con ella, levantó a Anelise. El moreno le ayudo a mantenerse de pie, tomándola por los brazos.

—señorita Anelise, ¿de que habla?

—La madre superiora, me golpea por ninguna razón…me humilla frente a otros, me desprecia por completo y no se porqué…— lavoz de Anelise se empezó a quebrar y decía aquellas palabras en una mezcla de gritos susurrados. Tenía miedo de que la monja entrase en cualquier momento y la castigara. Incluso ahora sabía que corría el riesgo de que aquellos hombres le contarán a la madre superiora sobre aquellas acusadiones. Después de todo, eran aliados de la monja y no de ella.

—¿Cree que en el palacio les agrade enterarse de esto?— el moreno le pregunto a el rubio maduro.

El hombre no respondió a su pregunta. Tan solo exhaló con fuerza y les hizo un gesto a los escoltas para que salieran de la habitación.

—La joven debe salir también. — El rubio miro a Emma quien se aferró a Anelise.

—No la dejaré. No lo haré. Ni siquiera está vestida.— Anelise la cubrió con su cuerpo, aunque los hombres no mostraban interés alguno hacia la desnudez de Anelise.

—Tenemos que hablar con la señorita. Sobre un asunto muy íntimo.

—Sé como ser discreta, despreocupese sobre eso.— le prometió la joven, —lo que hablen, jamás saldrá de aquí.

—De así ser, usted morirá. Se quedará bajo su propio riesgo, ¿Entiende, señorita?— el rubio preguntó.

—Lo entiendo. Pero antes de que empiecen a hablar déjeme vestir a Anelise.— Emma pidió.

Los caballeros se dieron la vuelta para ya no incomodar a Anelise. Mientras ella se vestía, Emma preparó los vendajes para la cabeza de la muchacha, preocupada por su estado. Pero ahora, a Anelise le interesaba más lo que le dirían aquellos hombres que las heridas que tenía.

—Antes que nada, debemos presentarnos, yo soy el duque Arnold Truswell de Tibaris. Y mi acompañante es el Conde Henry Eckhart de Townvalley. Pertenecemos a la leal corte de Peter Invictus, el rey de este país y hemos Sido enviados hasta aquí por usted.

Anelise los miro desconcertada. —¿Por mi? ¿Por qué por mi?

—Usted está prometida a el Príncipe Ernest Invictus, señorita.— le dijo Henry a Anelise.

Aquel se sintió como un golpe en el estómago. Anelise retrocedió un paso, perdiendo el equilibrio y sintiendo como si su esqueleto quisiera dejar su cuerpo. —¿El…el príncipe?— repitió ella. —Ni siquiera lo conozco. ¡Es imposible!

—Usted fue prometida a este hombre desde hace varios años atrás. Usted le pertenece. Es su princesa. — le informó.

—¿Yo? ¿Su princesa? ¿Pertenecerle? ¡No soy un objeto! ¡No soy de nadie!— por primera vez en años, Anelise se quejó.

—Si lo es. Usted fue entregada a los Invictus una vez que su familia perdió la guerra contra ellos.— le informó el Duque Truswell — pertenece a las riquezas de la Familia Real, Anelise.

—Soy una criada. No un botín de guerra, como usted trata de decirme— Anelise se sentó en la cama, sin aire, — Alguna vez fui una princesa y por ende, se me debería de respetar aunque sea un poco…no soy la prometida de nadie…de nadie. — parecía entrar en un estado delirante de nuevo.

—Si, fue princesa. De una Casa Real muerta, de un linaje inexistente a el día de hoy. La respetaremos nosotros y el reino cuando recupere su título, aunque sea con un nuevo nombre.— el Conde Eckhart dijo.

Anelise empezó a llorar, con el rostro cubierto con las manos. —Nunca quise volver a ser princesa. ¡Nunca quise estar prometida a los Invictus! Soy una Deschamps y no lo cambiaré jamás, lo seré hasta el día en que muera.

El recuerdo de la sangre de sus hermanos manchando el collar de sus camisas vino a ella, pudo ver claramente de nuevo los profundos cortes en sus gargantas y escuchar los extraños sonidos que emitieron antes de caer a el piso. Recordó también a uno de los hombres que se encargó de aquella masacre. Aquel que enterró la daga en el corazón de su padre, después de obligarlo a presenciar las muertes de sus príncipes.

Jamás lo olvidaría, sus ojos oscuros llenos de sadismo y su cabello grisáceo con las sienes blancas en su totalidad. Había rezado por su muerte apenas unos días antes y ahora se estaba enterando de que había una alta probabilidad de volver a verlo, peor aún, emparentar con él.

—Debí morir ese día yo también.— sollozó Anelise. —Asi, no estaría pasando por este momento.

—De nada le sirve lamentarse, Anelise. Su matrimonio sucedería de un modo u otro.— Truswell sacó unos guantes de montar de su saco y se los puso en sus manos lentamente sin prestar atención a el llanto de la chica.

—¡Eso no puede ser verdad! Y de ser así, ¡Me niego! ¡No voy a desposar a un miembro de la familia que nos traicionó y se encargó de matar a mis hermanos!— gritó una histérica Anelise.

—No se le está dando opción. Le diré algo: haga que todo esté dolor valga la pena. No desaproveche su oportunidad y recupere lo que alguna vez fue suyo.— Truswell parecía estar fastidiado de sus lloriqueos y la tomo del rostro con una mano enguantada, presionando sus dedos en las mejillas pálidas. —Pronto será una dama muy poderosa. Hasta entonces, solo será la mujer vendida a el rey. ¡Aguante! Deje de llorar y prepárese, aún nos espera un largo viaje hasta el palacio. Trate de lucir bien para su prometido.

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Comments

Reyna Obregón

Reyna Obregón

pobre chica no sale d una cuando ya callo otra

2024-03-13

0

Kelina Escobedo

Kelina Escobedo

Odiosas ambas todo por el poder. Pobre Anelise va a seguir sufriendo con estas arpías que le harán la vida imposible

2024-02-24

0

Maru

Maru

Y continúa la violencia👊😡👊 contra mujeres eso gf ace que otras escritoras como 🙋yo abandonemos la novela

2023-11-26

1

Total
Capítulos
1 capitulo uno "el viaje"
2 capitulo Dos "Enferma"
3 Capitulo tres "¿rescatada?"
4 capitulo cuatro "La Princesa Perfecta"
5 capitulo cinco "mi aliado el conde"
6 capitulo seis "escapando"
7 capitulo siete "Llegando a el palacio"
8 capitulo ocho "Deshonrada"
9 capitulo nueve "Planes"
10 capitulo diez "reencuentros inesperados"
11 Capitulo once "La marquesa"
12 Capitulo doce "Una lady y su dama"
13 Capitulo Trece "Verde"
14 Capitulo Catorce "Mujeres Peligrosas"
15 Capitulo 15 "La orden de la princesa"
16 "Pasiones Dañinas"
17 Capitulo diecisiete "Un viaje al pasado"
18 Capitulo dieciocho "La misión de Emma"
19 Capitulo diecinueve "El obsequio"
20 Capitulo Veinte "Lucha"
21 Capitulo 21 "Enemistades y amores errados"
22 Capitulo 22 "La Coronación"
23 Capitulo 23 "Belleza Inesperada"
24 Capitulo 24 "Contigo"
25 Capitulo veinticinco "Adiós, Majestad"
26 Capitulo veintiséis "Otra desgracia?"
27 capitulo veintisiete "Confesión"
28 Capítulo veintiocho "Misterio en la corte"
29 capitulo veintinueve ''el beso de un príncipe "
30 capitulo treinta "Impulsos"
31 capitulo treinta y uno " Rechazos y sueños "
32 capitulo 32 "Huye conmigo"
33 Capitulo 33 "entre las sábanas de un rey"
34 capitulo treinta y cuatro "Discusión"
35 capitulo treinta y cinco "Sorpresa I "
36 Capitulo treinta y seis “Peticiones”
37 Capitulo treinta y siete “Sorpresa II”
38 Capitulo 38 “Hermanas”
39 Capitulo 39 “Reina”
40 Capitulo 38 “Hermanas”
41 Capitulo 40 “guerra declarada”
42 Capitulo 41 “Lejos de la Ciudad”
Capítulos

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capitulo uno "el viaje"
2
capitulo Dos "Enferma"
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Capitulo tres "¿rescatada?"
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capitulo cuatro "La Princesa Perfecta"
5
capitulo cinco "mi aliado el conde"
6
capitulo seis "escapando"
7
capitulo siete "Llegando a el palacio"
8
capitulo ocho "Deshonrada"
9
capitulo nueve "Planes"
10
capitulo diez "reencuentros inesperados"
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Capitulo once "La marquesa"
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Capitulo doce "Una lady y su dama"
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Capitulo Trece "Verde"
14
Capitulo Catorce "Mujeres Peligrosas"
15
Capitulo 15 "La orden de la princesa"
16
"Pasiones Dañinas"
17
Capitulo diecisiete "Un viaje al pasado"
18
Capitulo dieciocho "La misión de Emma"
19
Capitulo diecinueve "El obsequio"
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Capitulo Veinte "Lucha"
21
Capitulo 21 "Enemistades y amores errados"
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Capitulo 22 "La Coronación"
23
Capitulo 23 "Belleza Inesperada"
24
Capitulo 24 "Contigo"
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Capitulo veinticinco "Adiós, Majestad"
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Capitulo veintiséis "Otra desgracia?"
27
capitulo veintisiete "Confesión"
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Capítulo veintiocho "Misterio en la corte"
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capitulo 32 "Huye conmigo"
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Capitulo 33 "entre las sábanas de un rey"
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capitulo treinta y cuatro "Discusión"
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capitulo treinta y cinco "Sorpresa I "
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Capitulo treinta y seis “Peticiones”
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Capitulo treinta y siete “Sorpresa II”
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Capitulo 38 “Hermanas”
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