Los días seguían pasando y Lixy se sentía inquieta, su hijo pronto cumplirá un mes de nacido y Telesto sigue sin aparecer, Ana, Joseph, Carlos y Miranda, ninguno de ellos la ha visitado
Se siente sola y algo deprimida. Miró a sus dos hijos dormir y sonrió feliz, se sentó en una silla cerca de su cama y los observó dormir. Sus preciosos hijos, quienes ella ama mucho.
—No deben preocuparse, su padre pronto va a venir incluso si debo de ir por él, así lo haré —. Sonrió ella.
...
—Hermano.
Ana al caminar por el jardín observo a Telesto y lo llamo, este fastidiado mascullo molesto y sed estuvo, espeto a Ana y al estar cerca la observo esperando que hablara.
—¿Ahora que sucede?—. Preguntó él con obvio enojo.
—¿Por qué lo haces? ¿Por qué hacerle daño a Lixy? Ella te ama y te ha dado dos hijos.
—Por favor Ana, ya detente estoy harto de todo esto, déjenme ser feliz, yo merezco ser feliz con quien yo desee —. No quiso gritar ni nada parecido — comprende que no amo a Lixy, es una buena persona y lo acepto, pero no la amo y estoy cansado de fingir que si lo hacía, ya no puedo seguir con ella. No la amo y ella me hace infeliz.
El rostro de Ana se lleno de lágrimas, esas palabras le dolieron y no son para ella, comenzó a llorar.
—Ana por favor no llores —. Pidió él —pero esa es la verdad, ya deja de llorar.
..
—Señora —. Apareció Robin — el señor le ha enviado esto —. Le extendió una caja de madera.
Lixy que cargaba en brazos a Lester sonriendo se acercó.
—¿En serio? ¿Para mí? ¿De Telesto?—. Se acercaba muy feliz.
—Si señora —. Volvió a mentir Robin.
—Por favor ábrelo —. Pidió ella.
Robin obedeció y abrió la pequeña caja de madera, dentro se pudo observar un hermoso collar rosado, la de ojos azules sonrió feliz.
—Es hermoso —. Dijo ella feliz —puedes dejarlo en la cama.
—Si señora —. El mayordomo sonrió de ver feliz a su señora, aunque le estén mintiendo él es feliz de verla sonreír y llena de vida.
Al quedar sola se acercó al collar y sintió algo raro.
—Nuevamente la energía de Joseph —. Pero aun así no evito sonreír.
Las cosas que le ha estado enviando Telesto tienen la magia de Joseph, tal vez le pide que él haga algo increíble para ella.
.
Sonia sonreía y caminaba feliz por la mansión de Callisto, estaba feliz y porque nuevamente estaban juntos los tres, Lixy no fue suficiente para acabar con el amor que ellos sienten por ella.
—Somos una hermosa pareja de tres —. No dejaba de sonreír.
—Sonia.
La nombra detuvo sus pasos, se dio media vuelta y sonrió al ver a su madre.
—¡Mamá!—. Se acercó corriendo feliz y al estar cerca recibió una bofetada.
—¡¿Cómo puedes ser tan descarada?!—. La señora lloraba de tristeza y enojo — ¿Cómo puedes arruinar un matrimonio? Yo no te di esta educación, ¿por qué me avergüenzas? ¿Por qué deshonras a tu familia?
—Mamá yo no he hecho nada malo, ellos me aman a mí y debemos estar juntos —. Dijo Sonia sonriendo.
—Te amen o no, ellos están casados, no seas una ramera —. A la condesa le dolía mucho tratar de esa forma a su hija —ahora mismo vas a regresar a casa, tu compromiso ya está arreglado, mañana por la mañana saldrás del imperio para casarte.
—¡Pero Mamá! No me pueden obligar.
—No queríamos obligarte, pero eres una tonta que no puede entender que los hombres que amas son prohibidos.
Sonia no podía gritarle a su madre, no le gusta eso, pero tampoco va a renunciar a sus dos hombres.
—No me pienso casar con un desconocido.
—Sonia ¿que sucede?—. Apareció Callisto.
—No es nada, no debes preocuparte —. Sonrió la de cabellos castaños.
—Usted está casado, no sea desvergonzado —. La condesa habló enojada. El de ojos rojos oscuro agachó la cabeza y no dijo nada — dejé en paz a mi hija.
—No puedo hacer eso señora, yo amo a su hija —. Habló con seriedad.
—Mamá por favor no sigas.
—Si tanto la aman ¿por qué se casaron? Si al final de todo la iban a perdonar ¿por qué arruinarle la vida a dos mujeres que no tienen culpa de nada? —. Se enojaba más —¡Sonia también eres una mujer. ¿Cómo es que no sientes aunque sea pena?
—Mamá por favor vete... no quiero discutir.
—Eres mi hija y vendrás conmigo, no me importa lo que quieras, ahora mismo nos vamos —. La señora agarró del brazo a su hija y la comenzó a jalar.
—Señora por favor no le haga daño —. Pidió Callisto.
—¡Mamá me lastimas!
La señora ignoró los gritos y pedidos de esos dos, ella se sentía tan miserable, avergonzada, su amada hija había destruido dos matrimonios, si una ya era vergonzoso dos eran demasiado. Las personas hablan y ella como mujer también se siente mal, porque tanto la futura duquesa del sur como la del norte han estado siendo la burla de la sociedad de la aristocracia, ella como mujer y madre no puede con eso, se detuvo y llorando dijo:
—¡¡¿POR QUÉ HACES ESTO?!! SIENTAN ALGO DE VERGÜENZA POR LO QUE ESTÁN HACIENDO, ESTO ES IMPERDONABLE, COMPRENDAN QUE ESTA ES UNA RELACIÓN PROHIBIDA —. Grito con dolor en su pecho, soltó a su hija y cubrió su rostro.
Sonia sintió algo de tristeza de ver de esa forma a su madre.
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—Su alteza, la señorita Sonia nos ha enviado las piedras de Erno.
—Bien, entonces envíalo a Lixy y regresa hasta que ella lo haya visto —. Ordenó.
—Si su alteza, me retiro.
Frank sabía que pronto Lixy iba a dejar a Telesto, ella no sería tan tonta como para dejar que ese tonto la humille.
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—Si tienes frío debes decirlo —. Dijo Lixy cubriendo a su primer hijo.
—No... no —. Sonreía el pequeño.
—No seas así, debes dormir —. Ella caminó hasta su cama y recostó a su hijo, miró a su segundo hijo se inclinó hacia él para darle un beso —mi precioso Galateo, sigue creciendo, vamos Lester debes dormir —. Ella se acostó y jalo la sábana cubriéndose —si sigues haciendo esto te voy a prohibir ir y jugar con los caballos —. Ella sonrió al ver a su Lester cubrirse con la sábana —buen niño, ahora duerme.
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Sonia estaba molesta e iba a hacer que Telesto y Callisto se divorcien.
—Debes mostrarle esto a Lixy, no regreses hasta que ella lo haya visto —. Ordenó ella, le entregó la piedra de Erno a una criada.
—Si señora, como ordene.
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Ana que se enteró tarde de lo que Sonia trataba de hacer, salió de la mansión del norte y se dirigió hacia la mansión de sus padres, la mansión de la capital donde vive Lixy y sus hijos. Ella sabía que la criada había ido en caballo y no la enviaron por medio de magia, Ana tampoco podría ir por magia debido a que Telesto no la iba a dejar.
Ana estaba asustada y temblaba, le rezaba a Dios que no permita que Lixy se entere.
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Una semana después Ana finalmente había llegado, tiro sus tacones y corrió por la mansión en busca de Lixy.
—¡¿Dónde está Lixy?!—. Preguntó sin detenerse.
Robin se asustó y dijo:
—Sigue en su habitación.
Ella siguió corriendo y al llegar al pasillo que lleva a la habitación de Lixy pudo ver a la criada que Sonia había enviado, asustada se acercó y al estar en la habitación miró a Lixy.
—¿Qué sucede?—. Preguntó la de ojos azules, se bajó de la cama y se acercó.
—¡No es nada!—. Ana jaló de los cabellos a la criada y la saco de la habitación, cerró las puertas y miró con odio a esa criada.
Robin se acercó con cuatro criados.
—¿Qué sucede señorita?—. Preguntó el mayordomo confundido y asustado.
—Llévate a esta criada, encierra a esta insolente—. Ordenó.
Lixy que se sorprendió miró una piedra de Erno tirado cerca de ella, se agachó y lo agarro. Miró el objeto dorado y luego presiono el botón y la grabación se mostró.
—¡Ah, ah, ah!
La voz de Sonia se escuchaba, Lixy que se asustó había tirado la piedra de Erno, se acercó al reconocer la voz. Y vaya sorpresa que se llevó al ver que era una grabación de Sonia, Callisto y Telesto teniendo relaciones sexuales.
Lixy comenzó a llorar y al ver a Ana se levantó.
—Lo sabías todo... —. Ella lloraba.
—No... Lixy —. Ana también comenzó a llorar —juro que yo... yo... —. No sabía que decir, su visto se nubló por las lágrimas.
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