Capítulo 20: Sabía que algún día me preguntarás esto

Los días pasaron rápidamente, sin embargo, al mismo tiempo se me hicieron eternos, debido a la ausencia de Aidán. Lo extrañaba demasiado, me había acostumbrado tanto a su presencia que ahora que no estaba a mi lado sentía un inmenso vacío dentro de mi corazón.

Al final, lo único que me consolaba era saber que dentro de un mes lo podría volver a ver, un mes que podía cambiar todo o al final nada.

Después de hablar con mis padres, descubrí muchas cosas que antes no sabía. Me di cuenta de que Edén realmente se tomó mi petición en serio en cuanto a proteger a mis padres.

Ellos me relataron que después de que me había ido las cosas poco a poco empezaron a mejorar, primero luego de hablar con los usureros así como con el banco pudieron recuperar la casa, mi madre que había sido despedida de su trabajo luego de varios intentos pudo conseguir un trabajo como jefa de personal en un hotel.

Mi padre, luego de recuperarse de su lesión, encontró trabajo como jefe de bodega en una de las mejores corporaciones del país.

Curiosamente, todos estos negocios pertenecían a la familia Cassano. Por lo que me di cuenta de que Edén había cumplido su promesa.

Mi madre me comentó que desde aquella última vez no hubo ningún atisbo de esa familia, era como si hubiera desaparecido por completo.

Pero yo sabía que eso no era cierto, ellos sin se encontraban en el pináculo.

Al pensar en la mirada helada de aquel hombre llamado Thomas Maxwell, se me erizo la piel, aunque no era de miedo, debido a que yo nunca podría tenerle miedo a alguien que era capaz de hacer cualquier cosa con tal de cumplir sus objetivos.

Más bien los sentimientos que tenía hacia ese hombre que era mi padre eran demasiados, no sabía realmente cuál era más fuerte si mi odio hacia esa persona o mi repugnancia.

No podía evitar preguntarme si aquel hombre tenía corazón como para tratar a alguien que tenía su sangre como alguna especie de objeto que debería estar disponible para su disposición.

Mientras miraba a mi madre regar las macetas, empecé a preguntarme cuál era la historia detrás de mi nacimiento. Porque, sinceramente, dudaba que fuera una historia de amor.

Aquella vez que había venido esa mujer llamada Verónica, esa persona solo había hablado de manera general todo el asunto que pensé que mi madre había tenido alguna especie de aventura con un hombre rico, pero esas eran solo mis suposiciones, así que en realidad nunca tuve la oportunidad de sondear en profundidad la verdad detrás de todo.

Yo no podía quedarme a ciegas, aunque sabía que preguntar esto haría que mi madre se sienta mal, tampoco podía abandonar mi búsqueda de la verdad, al menos necesitaba entender por qué aquel sujeto era tan indiferente conmigo cuando con su otra hija era un sol.

— Mami — la llamé haciendo que detuviera lo que estaba haciendo.

Ella sonrió por un momento antes de acercarse a mí, el vestido color celeste que usaba revoloteo al son del viento haciendo que un olor agradable se extendiera por mi nariz.

Arriba, en el cielo, el sol brillaba de manera radiante, haciendo que su rostro se mostrará mucho más apacible de lo que ya era.

— ¿Qué pasa, Frida? — cuestionó.

Yo dudé por un segundo, sin embargo, apreté los puños a mis costados y solté aquellas palabras que habían estado martillando en mi mente durante mucho tiempo.

— Ese sujeto de apellido Maxwell, ¿cómo lo conociste, madre? Él… ¿Por qué, a pesar de que es mi padre, parece odiarme? — le pregunté mirando directamente sus ojos.

De un momento a otro la sonrisa que adornaba su rostro se deshizo para dar paso a un ceño fruncido, ella parecía estar molesta, el cielo azul por un momento se vio ensombrecido por una nube haciendo que el sol se oculte por un momento.

Mi madre suspiró por algún tiempo antes de dejar aquella regadora en el suelo, para luego tomar mi mano y mirarme con una expresión llena de angustia.

— Sabía que algún día me preguntarás esto, pero es solo que no creí que fuera tan pronto — murmuró — Mi niña linda, lamento haberte ocasionado todos estos problemas, pero…

Apreté su mano en señal de apoyo, luego mi mamá me atrajo hasta sus brazos como cuando era una niña, después me soltó y me guío hasta el sofá que se encontraba adentro antes de empezar a relatar una historia que tocó cada fibra de mi alma.

Durante todo su relato ella mantuvo sus ojos cerrados, era como si no quisiera ver las emociones que me habían hecho sentir sus palabras.

Ella me contó durante casi una hora su historia de desesperanza y desilusión.

Mientras yo solo pensaba en lo valiente y fuerte que era, en lo orgullosa que estaba de que ella sea mi madre.

Mi madre en el pasado había pertenecido a una familia en ascenso, sin embargo, ella era una niña fuera del matrimonio, una bastarda, debido a su identidad fue tratada de una manera terrible, los hijos legítimos la acosaban, la señora de la casa la odiaba, las únicas personas con las que ella podía relacionarse eran los empleados. Fue en ese entonces que conoció a mi padre, no a Thomas Maxwell, mi verdadero padre, sino a mi amado padre Alfred, el cual me había criado como si fuera su propia sangre, él era el hijo del chófer.

Ella junto con mi padre crecieron como amigos de la infancia que poco a poco fueron desarrollando sentimientos, mi madre trato de sobrevivir de la mejor manera en aquella casa hasta llegar a la edad adulta en dónde había planeado escapar junto con mi padre, sin embargo, la cosas para este par de amantes se complicaron.

La madrastra de mi madre era alguien llena de ambiciones y codicias, en aquel entonces la familia Maxwell estaba llena de prestigio, no como ahora que estaba en constante decadencia.

Aquella mujer había planeado utilizar a mi madre para que esta sedujera al primogénito de la familia Maxwell, sin embargo, debido a la negativa de mi madre, tuvo que utilizar otros medios, que no eran nobles ni puros, más bien despreciables.

Ella realizó una gran fiesta en dónde realizó las más viles hazañas, aquella mujer conspiró en contra del primogénito de la familia Maxwell dándole un licor adulterado para luego encerrarlo mediante engaños en la habitación de mi madre, en dónde ella se encontraba drogada.

Tras estas acciones, las cosas se tornaron oscuras, todo había llegado a un punto de no retorno, no había nada que se pudiera hacer para que lo inevitable no sucediera.

En aquella noche desolada, bajo medios viles, mi madre fue despojada de su virginidad y de su dignidad, debido a que luego, cuando la mañana llegó y las huellas de lo que había sucedido la noche anterior eran imposibles de borrar, aquel hombre trató a mi madre como la villana cuando era una víctima más. Incluso cuando ella trató de explicarle la situación, él no le creyó.

Aquel hombre hizo un gran alboroto en la mansión haciendo que todo el mundo viese la vergüenza de mi madre, incluso mi padre.

Mi madre se sintió tan sucia luego de aquel suceso que terminó la relación que tenía con mi padre, el cual creyó en ella siempre, él mismo le había dicho que si estaba terminando con él por lo que había pasado, que no debía preocuparse que él creía en ella y aunque mi madre se conmovió con él por lo que había dicho de igual manera terminó rechazando porque pensaba que ya nada sería igual.

Su madrastra, que había planeado hacer que aquel hombre de apellido Maxwell se hiciera cargo de mi madre y así unir a las dos familias, se llevó un gran fiasco debido a que aquel hombre ya tenía a alguien más en su corazón y no había lugar para nadie más.

Por eso, luego de aquella transgresión hizo todo lo posible por llevar a la ruina a la familia de mi madre, actuó de una manera tan despiadada que incluso ni los pequeños animales se salvaron de sus garras.

Sin embargo, aquella mujer no se dio por vencida, porque en cuanto descubrió que mi madre estaba embarazada del hijo de aquel hombre, fue y le dijo aquello con la intención de recibir alguna recompensa.

Pero, lo único que ganó fue una paliza y que la echaron peor que un perro, en cuanto a mi madre, ella fue interceptada en un callejón oscuro, fue golpeada de manera brutal, que si no fuera por la rápida aparición de mi padre, incluso su vida podía correr peligro.

No sé si fue una bendición o una maldición, tal vez simplemente fue un milagro, pero el bebé que llevaba en su vientre no resultó herido y fue también en ese entonces que mi padre se enteró de la situación de mi madre.

Él, al enterarse del embarazo de mi madre, le ofreció ayuda, le digo que él podía protegerla, le explicó que no lo estaba haciendo con la intención de que volvieran o incluso con malas intenciones, él solamente no podía ver cómo la mujer que amaba se encontraba en el fango.

Mi madre, algo reacia, aceptó su oferta y se escudó bajo su protección durante todo el embarazo, a pesar de que sabía que la mejor decisión para el bebé en el vientre hubiera sido abortarlo, hasta había pensado en entregarlo a una familia para que lo críen, sin embargo, ella no podía hacerlo, ella después de todo, sabía muy bien lo que era crecer siendo despreciada por todos, por ende, aunque aquellas opciones eran viables no pudo llevarlas a cabo.

Ella solo deseaba darle todo el amor que alguna vez se le negó a aquella bebé que crecía en su vientre. Por eso, cuando aquella niña nació y vio como Alfred la sostenía entre sus brazos como si fuera su tesoro más preciado, quiso inventarse una mentira, quiso eliminar por completo todos esos meses oscuros y empezar desde cero.

Mi madre deseaba volver al principio, cuando ella y mi padre aún eran novios y habían planeado un futuro juntos.

Así que le contó a mi padre su decisión, el cual de manera gustosa aceptó debido a que él desde hace mucho tiempo consideraba a aquella bebé que sostenía entre sus brazos su hija.

— Ella crecerá de forma magnífica, será valiente y noble, aunque no tendrá las comodidades que le corresponden, ella estará rodeada de amor, mucho amor — le había dicho mi padre con los ojos llorosos.

Fue en ese tipo de situación que mi madre se dio cuenta del amor inmenso que sentía mi padre por ella.

Su amor era demasiado reconfortante para ella, que solo había deseado esconderse bajo sus alas y ser bañada por su luz.

— Ella se llamará Frida — le había mencionado mi madre en un mar de lágrima — Porque ella es tu hija Alfred, ni Fredo, yo lo siento, lo siento, lo siento tanto.

Mi padre la había abrazado rápidamente ante sus palabras.

— No es tu culpa, no hay nada que lamentar.

Lo siguió repitiendo durante mucho tiempo.

Al final, con el pasar de los años casi olvidó todo ese pasado, sin embargo, luego de dieciocho años, la burbuja en la que habían vivido estalló haciendo que todo ese pasado olvidado hiciera mella en su vida.

— Mi dulce niña, lamento mucho haberte arrastrado en todo, esté embrollo que me corresponde a mí terminar — susurró antes de abrir sus ojos que ahora se encontraban llenos de lágrimas.

— No necesitas lamentarse de nada, mami, no hiciste nada malo, es más, eres alguien maravillosa que merece todo lo mejor del mundo — le dije mientras la abrazaba.

Ahora sabía por qué aquel hombre sentía indiferencia hacia mí, realmente, era un reverendo imbécil.

Debido a los valores con los que había sido criada en el pasado, lo había llamado padre, al menos en mis pensamientos, sin embargo, ahora que conocía la verdad y lo vil que podía llegar a ser, llamarlo así era un insulto para mí.

Yo no necesitaba un padre como él, no necesitaba sentirme mal por no ser amada por él, ni siquiera necesitaba esperar algo de él.

Desde este momento, yo solo tenía un padre y ese no era él.

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Comments

Marina Hinostroza

Marina Hinostroza

Realmente no le correspondía a ella hacer nada por el disque padre, sólo estaba la amenaza por falta de dinero. Sin embargo, salió bien a pesar de los sucesos con su esposo.

2023-06-29

5

Topy71 🇦🇷

Topy71 🇦🇷

, que gran tipo Alfred ❤️😍

2023-05-14

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